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JUDÍOS EN LAS BRIGADAS INTERNACIONALES


 

El Centro Sefarad-Israel presenta la exposición, POR VUESTRA LIBERTAD Y LA NUESTRA. LOS JUDÍOS EN LAS BRIGADAS INTERNACIONALES, que reúne fotografías, libros, documentos, objetos, y vídeos, que resaltan la relevancia del contingente judío entre los voluntarios internacionales que ayudaron a la República durante la Guerra Civil. Un porcentaje cercano al 25%, de un total de unos 40 mil participantes, que desarrollaron diversas actividades, además del combate: como la medicina, la enfermería, el periodismo, la fotografía, y la literatura, entre otras. De algunos de ellos, tal vez, los mejor documentados y relevantes, recoge un resumen de su biografía, a lo largo de la visita, y el destino, la mayoría de las veces, trágico, que les esperó tras la contienda española. Un recorrido que se inicia destacando la persecución iniciada por los nazis en Alemania y otros países, desde 1933, que provoca una fuerte emigración hacia el occidente europeo. El golpe de Estado de Franco en julio de 1936 les sorprendió a muchos de ellos en Barcelona celebrando las Olimpiadas Populares para protestar de las oficiales que se celebraban en Berlín. Lo que fue el momento oportuno para ayudar a defender la democracia y la justicia frente al antisemitismo y el totalitarismo.



Las Brigadas Internacionales provinieron de unos 50 países, destacando los contingentes más numerosos de Francia, unos 10 mil, compuesto de franceses y exiliados, seguidos de los alemanes y austriacos. Desde la capital francesa se canalizaron los que llegaron, a su vez, de otras regiones del mundo, cuyo trayecto pasaba por Barcelona, Valencia, y terminaba en Albacete, convertida en centro logístico, donde se organizaba, primero la instrucción militar, luego el apoyo concreto. Fue un contingente de respuesta al criterio de no intervención asumido por las democracias liberales, y a la ayuda directa a los rebeldes de armamento y hombres de los regímenes fascistas de Hitler y Mussolini. Las brigadas representaban la pluralidad ideológica de la época. Destacaba la militancia comunista, aunque también socialista, socialdemócrata, anarquista, o liberal, unidas frente al propósito de enfrentarse a la uniformidad defendida por Franco, que se apoyaba en la política de los Reyes Católicos, y que estigmatizaba a sus enemigos como defensores de un contubernio marxista y judeo-masónico.



El compromiso y la participación de los judíos fue numerosa alentada por el Consejo Judío Internacional como una oportunidad contra los que pretendían aniquilarlos. Solamente en el contingente norteamericano supuso casi el 40%. Desde muy pronto participaron en la defensa de Irún, posteriormente, en las grandes batallas de la guerra. Se recuerdan la centurias Thaelmann y Tom Mann; la participación de los intelectuales, Simone Weil y Carl Einstein en la Columna Durruti; la militancia en el POUM, hasta su ilegalización en 1937; la existencia de una compañía de judíos, la Naftali-Botwin; la participación de escritores y periodistas como Arthur Koestler, Emma Goldman, e Llia Ehrenburg, así como las fotógrafas, Kati Horna, Margarete Michaelis, y Gerda Taro, que trabajó junto a Robert Cappa y David Seymour, para la revista Regards. Finalmente, la exposición termina con un vídeo que recupera las imágenes de la despedida de las brigadas en 1938. Además, pone el énfasis, que esta muestra contribuye a realizar un acto de justicia histórica en virtud de la Ley de Memoria Democrática de 2022, que otorga la nacionalidad española a sus descendientes, sin renunciar a la suya previa, siempre que mantengan un compromiso  activo con la preservación del recuerdo de sus ascendientes y la defensa de los valores democráticos.

RETRATO DE UN ARQUITECTO ATORMENTADO


 

Pocos judíos sobrevivieron tras ser recluidos por los nazis en los campos de concentración. Aquellos que lo hicieron llevaron siempre el trauma de las torturas y privaciones que padecieron. Aquellos con la condición de artista, transmitieron de alguna forma u otra en sus obras, reflexiones, escenas, o crearon monumentos inspirados por tales experiencias extremas. La película, THE BRUTALIST, escrita y dirigida por Brady Corbet, cuenta la vida de un arquitecto judío desde que llegó a EEUU en los años cuarenta, tras la Segunda Guerra Mundial, hasta los años ochenta, ya anciano, centrándose en los episodios más definitorios. Constituye una larga película, más de tres horas, dividida en tres episodios: el primero, El enigma de la llegada (1947-1952); el segundo, El centro de la belleza (195-1960); y un Epílogo (1980).



El protagonista es el arquitecto húngaro, Laszlo Toth, perteneciente a la famosa escuela de arte de la Bauhaus, que desarrolló antes de la guerra un reconocido trabajo en Budapest. Estuvo preso en el campo de concentración de Buchenwald, pero la película comienza cuando llega a Nueva York como inmigrante sin más bienes que una pequeña maleta. Los primeros tiempos son muy duros. Su mujer y su sobrina han quedado en Europa, y sin reconocimiento, tiene que ganarse la vida como puede. Un primo suyo que tiene una tienda de muebles en Pensilvania le da alojamiento y trabajo. Todo cambiará cuando un rico empresario le encargue la reforma de su biblioteca, donde atesora su colección de libros. Una reforma que al principio provocará su rechazo, pero luego, admiración por su estilo funcional y bello. Harrison Lee Van Buren, que así se llama el magnate, le tendrá a partir de ahora como empleado en su casa para desarrollar un gigantesco edificio que es un conjunto de espacios que incluyen capilla, biblioteca y teatro.



Las relaciones con el empresario, a pesar de su interés y apoyo, son difíciles. Tiende a reducir gastos del encargo, e imponerle cambios, a través de otros arquitectos interpuestos. De todas formas, consigue traer con el tiempo a su mujer y sobrina, que sufren las huellas también de la reclusión nazi, a quienes ayuda a conseguir trabajo e integrarse en la sociedad norteamericana.  Nada es fácil para el protagonista por el trabajo diario y todos los obstáculos que tiene que sortear. Un accidente de un transporte del empresario, provocará su despido. Seguidamente, le vemos en Nueva York, desarrollando su talento como diseñador de edificios. Su mujer se encuentra cada vez más enferma y su sobrina tiene pensado trasladarse a Israel con su novio. Entonces, es llamado por Harrison, para que regrese a Pensilvania, y termine su proyecto, que al final concluirá, no si antes producirse un suceso que desvelará la personalidad de su mecenas.



Laszlo Toth es un arquitecto muy creativo adscrito al estilo moderno, funcional, como lo fueron Mies Van Der Rohe o Le Corbusier, pero que introduce una visión cruda, desde los materiales empleados y la formas, creando un nuevo estilo llamado Brutalismo. Su obra carece de referencias historicistas, potenciando la geometría y la articulación característica de volúmenes. En el epílogo, la Primera Bienal de Venecia en 1980 organiza una exposición retrospectiva sobre él, que lleva como título, La pervivencia del pasado. El arquitecto se encuentra en una silla de ruedas, y su sobrina explica las verdaderas motivaciones del arquitecto, sobre todo para el gigantesco proyecto de Pensilvania que concluyó en 1973. Nos explica que se inspiró en las medidas y espacios de los campos de concentración donde estuvieron recluidos Laszlo y su mujer. Hay que entender así, la angostura de sus pasillos, y la luz cenital en especial, como un rayo de esperanza en la libertad futura. Se explica, también entonces, la fijación por los detalles que le llevó a enfrentarse a múltiples dificultades, pues estaban relacionados con el significado intrínseco se su arquitectura.

UN TOUR SOBRE EL HOLOCAUSTO


 

La persecución de los judíos provocó la migración de un importante contingente de población en Europa. Asentados principalmente en el centro del continente partieron con la llegada al poder de los nazis hacia los países occidentales, para embarcarse muchos de ellos hacia EEUU. Fueron los de mayores recursos económicos, previendo la futura violencia. La gran mayoría pereció en el Holocausto, el genocidio de los campos de exterminio. Los pocos supervivientes después de la guerra abandonaron sus antiguos países de residencia para no volver jamás. Atrás quedaron parte de sus vidas, recuerdos de su infancia, las casas y los pueblos que habitaron. Hoy se ofrecen rutas turísticas en Polonia que te llevan por los lugares más significativos del Holocausto. Este es el contexto de la película, A REAL PAIN, escrita, dirigida e interpretada por Jesse Eisenberg, que cuenta el viaje a Polonia de dos primos cuya abuela era judía para visitar la casa donde residió.



David y Benji, los protagonistas, se reencuentran después de mucho tiempo tras la muerte reciente de su abuela. Con el dinero que les dejó, tienen previsto realizar un pequeño tour en Polonia, donde conocerán algunos lugares destacados para los judíos, especialmente la casa donde vivió. Aunque se formaron durante la infancia de manera similar, sus trayectorias con el tiempo se separaron. David ha logrado un buen trabajo y ha reunido una familia, mientras Benji, es una persona atormentada, que recientemente ha intentado suicidarse. Vive todavía en casa de sus padres y no tiene un empleo. Ambos no están vinculados a la religión y a las costumbres judías, pero el pasado de su familia, inmigrantes en EEUU, después del genocidio nazi, les marcó, especialmente a Benji, que estaba muy unido a su abuela. Los dos primos tienen una personalidad diferente. Mientras uno es tímido, educado y respetuoso; el otro es sociable, alocado y gamberro.



El viaje a Polonia es una oportunidad para volverse a ver. También para que choquen en cualquier situación por sus personalidades diferentes. Mientras uno quiere adaptarse a la disciplina del grupo, el otro no las cumple, lo que provoca que en una ocasión se pasen de estación en el tren o lleguen tarde por las mañanas o consuman mucho alcohol o fumen droga. Benji tampoco quiere muchas explicaciones históricas, ni datos. Tampoco se adapta a otros miembros del grupo, todos de origen o vinculados a la religión o cultura judía. No ve adecuado que ellos viajen en primera clase para visitar los lugares donde vivieron sus antepasados, y de los que fueron expulsados o asesinados. Piensa que serían polacos si la historia hubiera sido diferente. De esta forma, visitan la ciudad de Lublin, el campo de exterminio de Madjanek cercano, y finalmente, ya terminado su tour, la casa de su abuela, en un pueblo polaco, donde intentan dejar una piedra en recuerdo al lado de la entrada, pero unos vecinos, que no comprenden lo que hacen, se lo impiden. Al fin regresan a Nueva York, pero a pesar de los intentos de David, Benji prefiere estar solo. Ambos portan un dolor antiguo, el real, que les inquieta interiormente, y el viaje ha sido acertado para comprenderlo e iniciar su reparación.

PROPAGANDA CRIMINAL


 

Hoy vivimos en la era de la posverdad. La desinformación se emplea a diario por los agitadores y gobernantes de derechas y extrema derecha. Quieren acceder al poder mediante bulos que minan la credibilidad de los oponentes políticos. La verdad y la mentira se confunden lo que hace más fácil que la gente acepte la tergiversación de los hechos reales. Tratan de manipular sus emociones para obtener sus objetivos propuestos. Crean temores con noticias trágicas y nuevas víctimas propiciatorias a quien culpar de todos lo males. Utilizan a menudo las redes sociales, frente a los medios tradicionales de comunicación, que también se ven afectados por la manipulación interesada. Emplean los mismos mecanismos de propaganda que fueron desarrollados por los nazis en los años treinta y cuarenta del siglo XX, que provocaron 60 millones de muertos en la Segunda Guerra Mundial, de los cuales, 6 millones fueron judíos que perecieron en el Holocausto. La manera de cómo lo hicieron se ficcionaliza, basándose en fuentes históricas, en la película, EL MINISTRO DE PROPAGANDA, dirigida y escrita por Joachim Lang.



La película se narra desde la perspectiva de los perpetradores, y así, se avisa desde el inicio. Transcurre entre 1938 y 1945, centrada en Joseph Goebbels, ministro de propaganda, que tenía un trato personal con Hitler, que le contaba sus proyectos e inquietudes. El argumento se basa en fuentes históricas y los diálogos están documentados. De esta manera, se cuenta la anexión de Austria y los Sudetes; de Checoslovaquia; del Tratado de Münich; el sorprendente Pacto de no agresión entre Alemania y la URSS de Stalin, que suponía la conquista y el reparto de Polonia, y el inicio de la Segunda Guerra Mundial, porque, si bien, las potencias occidentales tuvieron una política errónea de apaciguamiento, luego ante las verdaderas intenciones alemanas, solamente quedaba el enfrentamiento bélico inevitable. Se observa cómo Hitler toma las decisiones en todo momento ayudado por los jerarcas del régimen según su ámbito. Establece la estrategia a seguir: por un lado, la de anexionarse territorios; por otro, la de la misma guerra y la aniquilación de los judíos.



Goebbels tuvo su papel fundamental en reorientar la opinión pública. Exaltar como líder a Hitler, empleando multitudes y banderas para agasajarle; convencer de sus polémicas decisiones, como iniciar una guerra que el pueblo no quería. Para ello emplea de manera magistral, el diría artística, la propaganda, manipulando la verdad de los hechos. Si había que iniciar el proceso de marginación y desposeimiento de los judíos, el suceso de la muerte en París de un diplomático alemán, le sirvió para sus propósitos. Lo mismo para su expansión hacia el este, al mostrar la inferioridad racial de los eslavos, luego de los bolcheviques integrados por judíos. Sus planes de conquistar la URSS fracasaron en la batalla de Stalingrado. Hitler se negó a auxiliar a sus tropas cercadas. Empezó desde ese momento a perder la guerra. Goebbels apuesta por mostrar el valor heroico de la resistencia hasta el final, pues el Führer no piensa nunca rendirse. 



La película muestra entre las imágenes ficcionalizadas, pero rigurosas, discursos reales, documentales originales pocas veces mostrados, como fusilamientos ante muros y fosas excavadas, ahorcamientos crueles, además, de escenas filmadas de los seis hijos de Goebbels, así como de sus cadáveres, después de haber sido asesinados en el búnker por sus padres, como el de éstos tras su suicidio. Igualmente películas que se hicieron a propósito, como las de Leni Riefenstahl u otras marcadamente antisemitas de carácter histórico. La propaganda se mantuvo hasta el final, tratando de evitar mostrar la decadencia física de los últimos días en el búnker. Hitler se suicidó el día 30 de abril de 1945 junto a su esposa Eva Braun. Su cadáver fue incinerado en presencia de su ministro de propaganda, que le seguiría en su destino, al día siguiente. Daban por perdida la guerra. No querían asumir responsabilidades por  sus atrocidades y por haber llevado al pueblo a la ruina. Temían caer prisioneros de los soviéticos que cercaban sus últimas posiciones solo defendidas por niños y ancianos. Finalmente, la película concluye, con las palabras de una superviviente del Holocausto, que habla de la igualdad de los seres humanos, y del riesgo de hacer perder a otras personas su carácter humano, circunstancia que deviene en violencia. También, la frase de Primo Levi, de que Esto ocurrió, y puede volver a suceder. 


SALVADOS DEL EXTERMINIO


 

Las guerras sacan lo peor de la condición humana. Son sucias, tramposas, ciegas, llenas de odio al enemigo, en las que los animales superan a los hombres. Solamente observar las actuales. Se producen de continuo hechos que se pueden identificar como crímenes de guerra. Armas disparadas a distancia que no discriminan a propósito los objetivos, causan enormes víctimas entre la población civil. Creíamos haber superado la extrema violencia que sucedió durante la Segunda Guerra Mundial con el establecimiento de los derechos humanos y una comunidad internacional garante de la paz. Pero se ha caído otra vez en un nacionalismo exacerbado y la pretensión de eliminar naciones y pueblos enteros, basándose en una supuesta superioridad racial y moral. Conviene volver al pasado, hacer memoria de hechos que rompieron la tendencia general, para que iluminen continuamente nuestro presente. Es lo que nos cuenta la película, LA PROMESA DE IRENE, de la directora, Louise Archambault, cuando una joven polaca es obligada a servir a un comandante alemán, y aprovecha las circunstancias para salvar a un grupo de judíos del exterminio.



Mantener la memoria de las víctimas de sucesos violentos del pasado es una obligación del presente. En situaciones extremas de intensa violencia por la guerra y la represión, se produjeron muchos hechos para recordar. Podríamos decir que la realidad superó a la ficción. Crear una película o una obra literaria de los mismos nos llevaría a una cierta banalización de la misma. No caemos en la misma si nos referimos a hechos reales como esta película, donde una joven polaca, obligada primero a trabajar contra su voluntad en una fábrica de armas, pasa al servicio personal de un comandante alemán, para terminar como su pareja en los años finales de la guerra mundial. Mientras, la joven Irene Gut, mantiene escondidos a una docena de hombres y mujeres judíos. Los tiene en un espacio escondido del sótano que sirve de despensa. Tienen que guardar silencio ante los numerosos peligros del entorno. Las SS se encuentran a la caza sin piedad, no solo de los judíos, sino de quienes les ayudan. Además, el comandante agasaja a oficiales invitados con numerosos banquetes.



Irene hace lo posible para que no se sepa su secreto. El entorno polaco lo descubre y recibe una denuncia, pero le salva el hecho que en la villa viva el comandante del ejército, que terminará con el tiempo de enterarse, porque los judíos ayudan a Irene en las tareas de la casa. Lo más sorprendente, que éste no los detendrá, sino por el afecto que tiene a Irene, y a cambio de vivir en pareja con él, los mantendrá ocultos como hasta ahora. En los meses finales de la guerra, Irene con apoyo de la resistencia polaca, irá sacando a los judíos de la casa. Los rusos apresarán a la protagonista por colaboracionista, pero será liberada por los mismos a quienes salvó. Ella con un nuevo pasaporte e identidad, pudo llegar a occidente donde emprendió una nueva vida en EEUU. Al final, en los títulos de crédito, podemos conocer las imágenes reales de los personajes de la película, según el paso del tiempo. Irene con su esposo después de la guerra; la reunión de la protagonista con sus hermanas; el comandante anciano protegido por una de las parejas de judíos que salvó, tras haber caído en la indigencia; el sanguinario jefe de las SS que murió sin ser condenado; finalmente, Irene, se abraza con el niño, ya adulto, que nació de una de las mujeres judías que ayudó.

REENCUENTRO CON LOS REFUGIADOS


 

Las principales víctimas de los conflictos bélicos se encuentran en la población civil a consecuencia de las bombas y la represión. Los podemos comprobar actualmente con las guerras de Ucrania y de Gaza. Los bombardeos se dirigen contra viviendas y hospitales de manera indiscriminada. En el caso de la primera, los países europeos han recibido con generosidad numerosos refugiados, principalmente mujeres y niños. En la segunda, la población se ha visto atrapada sin poder salir del territorio asediado por las tropas israelíes. Se ha producido miles de víctimas, y entre ellas, un número considerable de menores. En los prolegómenos de la Segunda Guerra Mundial, Hitler, se fue anexionando territorios de habla alemana. Uno de ellos fueron los Sudetes al norte de Checoslovaquia, que provocó la huida de la población judía hacia Praga. Este es el contexto de la película, LOS NIÑOS DE WINTON, del director James Hawes, sobre la biografía de Nicholas Winton, su protagonista, basándose en hechos reales.



Nicholas, interpretado por Anthony Hopkins, era un agente de bolsa de Londres en 1938, que se propuso rescatar a los niños refugiados en Praga por esas fechas. Huían del avance de los nazis en el territorio y vivían en condiciones precarias con sus familias. La tarea era enorme pues tenía que conseguir visados ingleses para cruzar las fronteras. Unos documentos de elevado coste, asociado a una familia que quisiese acogerlos. Además deberían hacer un censo con los niños a salvar, la mayoría judíos. Recibiría el apoyo de su madre, y fue de gran ayuda que parte de sus abuelos fueran de origen judío, emigrados a Inglaterra en el siglo XIX. Lograron que los trámites burocráticos fuesen rápidos y que hubiese una colaboración económico entre el público inglés. En total, Nicholas logró salvar a 669 niños en ocho trenes que salieron de Praga. Al noveno, el último le impidieron salir las tropas nazis, que ya habían invadido la capital, pues había comenzado la guerra. 



En 1985, Nicholas Winton, recuerda estos hechos con el dolor de no poder haber rescatado a más niños. Conserva todavía un libro con las cartas y recortes de aquellas época, que incluye, además las fotografías de los refugiados y sus nombres. Lo conserva en una cartera que habilitó en los años treinta, bien guardada en un cajón de su despacho. Su mujer le ha encargado que aligere los numerosos documentos que almacena, después de una vida de trabajo ayudando a los más desfavorecidos. Va a tener un nieto, y necesitan espacio en casa. Se pregunta qué sería de aquellos niños rescatados que fueron entregados a familias de acogida. Nicholas quiere sacar a la luz aquel hecho del pasado. De esta manera se pone en comunicación con la prensa y quien estuviera interesado. Será en un programa de entretenimiento de la BBC donde se le de publicidad. La sorpresa es que se encontrará con una de las niñas supervivientes, justamente la última que pudo salvar, y en concreto, con un visado falso.



En un programa posterior de That´s Life, le sorprendieron con un público compuesto con todos aquellos niños, ya adultos, e incluso alguno entrando en la vejez, que salvó la vida. Unos niños que rehicieron su existencia, cambiando sus nombres, pero que recordaban el triste destino de sus verdaderos padres que acabaron en los campos de exterminio. La reina reconocería el trabajo heroico de Nicholas Winton nombrándole caballero. Un personaje que tendría una larga vida hasta los 106 años siempre junto a sus niños salvados. Sus fotos reales aparecen al final de la película en los títulos de crédito, y la información de lo que supuso, la importancia de preservar aunque fuera una sola vida.

LA BANALIDAD DEL MAL


 

El Holocausto tuvo como centro principal de exterminio el complejo de Auschwitz donde más de un millón de judíos fueron asesinados. Varias líneas de ferrocarril conducían al lugar situado en Polonia. Sólo una minoría que se la veía capacitada para trabajar en las fábricas cercanas, sobrevivían. La gran mayoría, especialmente mujeres, niños y ancianos iban directas a las cámara de gas. Ser deportado a este complejo era sinónimo de morir. La maquinaria asesina establecida estuvo en funcionamiento casi hasta el final de la guerra. Los nazis lo abandonaron precipitadamente para huir frente al avance de las tropas soviéticas. Fue entonces cuando algunos prisioneros pudieron salvar la vida. Hoy se conservan muchos de los edificios originales, y se ha convertido en un museo y lugar de la memoria, junto a numerosos objetos originales que les arrebataban a los prisioneros, porque los nazis robaban y comerciaban con las pertenencias de las víctimas. El organizador y comandante de este siniestro establecimiento fue Rudolf Höss, sobre cuya vida cotidiana en familia, la cuenta la película, LA ZONA DE INTERÉS, escrita y dirigida por Jonathan Glazer, sobre la novela del mismo título de Martin Amis.



Rudolf Höss y su esposa Hedwig vivían con sus cinco hijos en una casa unifamiliar de dos pisos junto al muro que les separaba del complejo. Desde el principio, habían procurado las máximas comodidades. Una pequeña piscina, un huerto y amplio jardín. Cumplía con sus aspiraciones sirviendo al régimen nacionalsocialista. En su casa solamente entraba la familia y mujeres alemanas y polacas que se ocupaban de los niños y de las tareas del hogar. La película comienza el día del cumpleaños del padre cuando recibe la felicitación de la familia y de los guardianes del centro. El comandante lleva una vida apacible con los suyos. Frecuenta mucho las riberas de un río próximo donde se bañan. Igualmente, da paseos en caballo junto a su hijo mayor por los campos cercanos. En ningún momento entran juntos en los barracones del campo o donde hay judíos. Un día corriente mientras Höss está dentro del agua pescando, y dos de sus hijos bañándose, tienen que salir precipitadamente del río porque las aguas están llenas de restos de las cremaciones.



La familia, también, tiene que convivir con el sonido infernal de los hornos crematorios, las 24 horas activos, y los ruidos de la represión y asesinato que se oyen en la lejanía. Es lo más que se ve y se oye de estos tristes sucesos en la película. Por otra parte, los miembros de la familia y los sirvientes se sirven de las pertenencias de los judíos que traen a la casa, como la ropa interior de las víctimas desposeídas, los dientes de oro y algún abrigo de piel para Hedwig. Un día llega la madre de ella para visitarle y quedarse unos días. Comprueba el confort del jardín y la casa, pero parece que se horroriza del resplandor y el ruido de fondo de los hornos, que provoca su marcha inesperada. Höss ante la cámara aparece casi siempre pensativo, fumando. Es metódico y organizado. El último que se va a la cama, no si antes no cierra todas las puertas, especialmente de su despacho y apaga las luces. Normalmente se encuentra con una de las hijas que no puede dormir y la tiene que leer un cuento, momento en el que el director proyecta imágenes de una niña polaca que se adentra en la noche en las cercanías del campo para recoger algún objeto perdido por los esclavizados prisioneros.



En ese periodo de tiempo le comunican a Höss que ha sido nombrado inspector de todos los campos de exterminio de Alemania. Tiene que vivir en la ciudad organizando el traslado a los mismos de los judíos desde otras zonas de Europa. La esposa no quiere por las comodidades en las que viven en Auschwitz, por lo que se irá sólo a este nuevo puesto. La decisión de deportar miles de judíos húngaros, será uno de sus encargos más importantes. Además le llevará de vuelta con su mujer porque el comandante que le había sustituido no era lo suficientemente cruel y organizado para llevar tal labor. Porque Rudolf Höss tiene como única preocupación realizar con la mayor efectividad y rapidez la eliminación de los judíos, que sería capaz de superar cualquier obstáculo que se opusiese en contra de este objetivo. Es el personaje central de la película, que al final se traslada al tiempo actual, cuando las pruebas de sus asesinatos se muestran en el hoy museo del campo. Otra parte protagonista y sustancial de la misma son los sonidos, y rara vez alguna conversación que se oyen en la casa del comandante, lo mismo que la banda sonora, que es la más apropiada para esa fábrica de la muerte. Tal argumento y contenido hizo merecer a la película el Gran Premio del Jurado en el pasado Festival de Cannes.

MEMORIA DE MAUTHAUSEN


 

El Centro Sefarad-Israel y la Secretaria de Estado de Memoria Democrática organizan la exposición, MAUTHAUSEN: MEMORIAS COMPARTIDAS, sobre la trayectoria compartida por los republicanos españoles y los judíos que fueron internados en ese campo de concentración. Nos informa a través de paneles con texto, vídeos con testimonios de supervivientes e imágenes de la liberación, fotografías, documentos y objetos conservados, en un recorrido que se inicia con los aspectos previos a la deportación, con el día a día de los prisioneros tanto en el campo principal como en algunos de los anexos. Las explicaciones se complementan con los relatos y la identificación de un grupo de protagonistas para rescatarles del olvido y realizar un homenaje, mientras se contribuye a la construcción de la memoria de estos hechos.





Mauthausen fue el segundo gran campo de concentración construido por los nazis tras Dachau. Tenía asociados otros centros de menor importancia. Se encontraba en Austria en una colina frente al río Danubio. Fue un campo de trabajo, no de exterminio, aunque de condiciones extremas para prisioneros que se consideraban irrecuperables. Los presos trabajaban principalmente en la cantera con su famosa escalinata donde tenían que subir grandes piedras. Fue en este complejo donde pasaron unos 7.500 españoles de un  total de 10.000 que estuvieron en centros de reclusión alemanes. Sobrevivieron unos 2.500 que dieron testimonio de las duras condiciones que sufrieron. Algunos escribieron libros de memorias e incluso novelas, otros como Francisco Boix llegó a preservar las fotografías que la oficina del campo realizó a los presos y a sus instalaciones.





En agosto de 1940, llegaron los primeros presos españoles. Rápido se iniciaba un proceso de deshumanización. Tenían que vestir un traje blanco con rayas azules con una doble identificación, un triángulo invertido, en el caso de los españoles de color azul por ser apátridas, no prisioneros de guerra, y debajo un número sobre fondo blanco. La mayoría debían trabajar en condiciones extremas durante 12 horas diarias bajo la presión violenta de los guardias. Otros estuvieron destinados a tareas de construcción, oficinas, cocinas, viviendas y cámara de gas. Las condiciones de vida eran todavía más duras en el campo cercano de Gusen, cuyo destino suponía una condena a muerte. Otros lugares fueron el trabajo en fábricas de armas; la construcción en Ebensee de túneles para proteger los cohetes V2 o el castillo de Harthein donde se realizaron experimentos médicos y había un horno crematorio.






La muestra destaca la biografía y el testimonio de un grupo de españoles. En primer lugar,  de dos que participaron en los juicios contra los jerarcas nazis, como  el citado Francisco Boix, fotógrafo, y Joan Romero, el secretario del campo. Otros que dejaron importantes recuerdos fueron: Eliseu Villalba, Enrique Calcerrada, Pascual Castejón, Marcelino Bilbao, Alfonso Maeso, Joaquín Amat-Piniella, que escribió la novela, K.L. Reich, Mariano Constante, Antoni Cirera, y Juan Romero, el último superviviente en fallecer. Por otra parte, los republicanos tuvieron unas vivencias compartidas con los judíos que allí fueron llevados, un total de 50.000. Sobresale la relación entre el joven de 11 años, Siegfried Meir y Saturnino Navazo, un futbolista que trabajaba en las cocinas, actividad que le permitió su cuidado hasta la supervivencia. Igualmente, se mencionan ejemplos de judíos sefarditas de Salónica, que hablaban el español, ladino, y aquellos brigadistas internacionales, algunos de origen judío, como Arthur London.






El campo fue liberado el 5 de mayo de 1945 por la 11 División del ejército de EEUU. Unos 80.000 prisionero de distintas nacionalidades sobrevivieron al horror. Los españoles retornaron principalmente a Francia donde rehicieron su vida.  Poco después de la liberación, para preservar la memoria de lo ocurrido y ayudar a los antiguos prisioneros, se creó  la Federación Española de Deportados  e Internados Políticos (FEDIP). En 1962 se construyó un monumento a los republicanos, y se creó en Barcelona, la Amical de Mauthausen y otros campos, legalizada en 1977. La memoria ha continuado viva desde esta asociación además de que algunos presos contribuyeron con sus escritos. Después, otras entidades y profesores trabajan para luchar contra el olvido. Hoy existen dos días de recuerdo donde participan las autoridades gubernamentales, el 27 de enero, Día Internacional de Conmemoración  en Memoria de las Víctimas del Holocausto y la Prevención de los Crímenes contra la Humanidad, y 5 de mayo, cuando se realiza el Homenaje a los españoles deportados y fallecidos en Mauthausen y en otros campos y a otras víctimas del nazismo en España.

LAS MEMORIAS DE SIMONE VEIL

 


La película, SIMONE, LA MUJER DEL SIGLO, escrita y dirigida por Olivier Dahan, cuenta los recuerdos de uno de los personajes más extraordinarios de la historia de Francia y de Europa. Una auténtica luchadora por la justicia y los derechos humanos, por la solidaridad con los más débiles y el feminismo. Llegó a ser la primera presidenta del Parlamento Europeo en 1979, además, tras estudiar ciencias políticas y derecho se convirtió en magistrada de prisiones y la Ministra de Sanidad que consiguió la despenalización del aborto. Antoine Veil, su marido, entró en política muy joven y la introdujo pronto en la administración francesa de postguerra a la que se acercó con timidez. Compatibilizó la crianza de sus tres hijos con sus numerosos compromisos a lo largo de su vida.



Rodeada por su familia, al final de su trayectoria, escribe sus memorias frente al mar Mediterráneo, donde había vivido en la niñez. La película muestra esos recuerdos sin orden cronológico, fragmentados, pero que constituyen un cuadro completo de todo su importante pasado. La infancia fue feliz junto a sus padres y hermanos en la Costa Azul. La madre fue una figura que le influyó de manera decisiva en su talante combativo frente a las arbitrariedades del poder. Tras acabar la guerra y haber sobrevivido al Holocausto, conoció en la universidad a su futuro marido con quien formaría una familia, y le introduciría en la política. Luego sería ella, sin militar en ningún partido, quien alcanzaría altas responsabilidades, que le permitirían luchar por las injusticias y las desigualdades.



En una ocasión, mientras ponía la primera piedra de un centro sanitario como ministra, una autoridad se sorprendió de su habilidad en el manejo de la paleta para dar cemento. Ella le contestó que del campo de concentración. Es sin duda esta experiencia traumática la que perduró toda su vida y la influyó decisivamente. Al principio el dolor era tan fuerte que tenía crisis de ansiedad y quería dormir solo en el suelo. La familia fue detenida en mayo de 1944 en el sur de Francia. De su padre y de su hermano apenas se supo más, años después se descubrió que fueron deportados a Lituania donde desaparecieron. Simone junto a su madre y su hermana fueron trasladadas a Auschwitz, donde evitaron morir en las cámaras de gas al cambiar su edad. También sobrevivieron en las llamadas Marchas de la Muerte tras el avance ruso, para acabar siendo liberadas en Bergen-Belsen.



Simone Veil sobrevivió con 17 años al genocidio judío, pero ella se consideraba antes francesa y patriota, como sus padres. También de formación familiar, era agnóstica y defendía la laicidad. Tras la guerra, la sociedad francesa evitó tratar su responsabilidad en el Holocausto. La protagonista, sin embargo, no olvidó nunca, y aquella experiencia fue esencial en sus diferentes luchas por la justicia y los derechos humanos. Diferenciaba entre historia de la que ella era un ejemplo vivo, y la memoria, que atiende a la conciencia, para defender la relación entre las generaciones y evitar el olvido. Confiaba en la idea de Europa para superar todo el horror al convertir al continente en un territorio de democracia y libertad. En 2004, casi al final de su vida, volvió a Auschwitz junto a sus hijos y nietos. Saber de donde provenimos, mantener activa la memoria, nos hace luchar, conscientes, por un presente justo, y prepararnos, alertados, para un futuro mejor.

FUGA DE AUSCHWITZ

 

Al final de la película, EL INFORME AUSCHWITZ, del director Peter Bebjak, cuando pasan los títulos de crédito, no suena una melodía, sino los discursos de líderes políticos actuales que hablan sobre cerrar fronteras, luchar contra la inmigración o los homosexuales y gitanos. Sus voces son reconocibles porque han aparecido continuamente en los medios de comunicación. Nos recuerdan aquellas ideas fascistas que llevaron al poder a un régimen criminal como el nazi, que fue el responsable del Holocausto, la construcción de campos de concentración y exterminio, donde se torturó sin límite a los detenidos hasta una muerte violenta. La Segunda Guerra Mundial fue fruto del enfrentamiento entre los sistemas políticos democráticos y los totalitarios, que provocó millones de muertos.




La película del director Peter Bebjak se basa en hechos reales. Dos judíos eslovacos lograron fugarse del campo más sanguinario del nazismo, Auschwitz-Birkenau en abril de 1944, con la pretensión de que el mundo se enterara de la muerte continua de miles de judíos en las cámaras de gas. La llamada Solución Final no era conocida en su toda extensión entre las potencias aliadas durante la guerra. Se sospechaba el trato inhumano en los campos de concentración alemanes, situados en el este de Europa. La Cruz Roja tenía conocimiento de la situación de campos como el de Theresienstadt, presentados como modélicos en el trato a los judíos, aunque en la realidad no fuese tal. Ésta organización recibía cartas de los internos cuando iban a ser deportados, y enviaba ayuda en comida y medicina a los mismos.




La verdad del trato a los judíos lo recopilaron con datos y pruebas los prisioneros, Alfred Wetzler y Rudolf Vrba, que se fugaron después de haber conocido lo que sucedía en las distintas lugares del campo de exterminio. Ellos eran trabajadores, principalmente escribientes, que fueron anotando los camiones de prisioneros que llegaban y los que iban destinados a las cámaras de gas. Tras esconder la información, decidieron huir con ella, un día que salieron a trabajar fuera del perímetro de los barracones. Allí permanecieron escondidos varios días en condiciones extremas de temperatura, hasta que, acabada la intensa búsqueda por parte de los vigilantes alemanes, lograron alejarse de los límites del campo. Iniciaron, así, una huida a pie con dirección a la frontera de Eslovaquia por inmensos bosques, hasta llegar a su país natal.




Recibieron ayuda desde el primer momento para cumplir su heroico destino en ropa, alimento y protección, a costa, sobre todo en sus compañeros de barracón, de tortura y muerte. Sortearon, en el camino a la libertad, a las tropas alemanas apostadas en las vías de comunicación. Tras superar distintos percances, heridas y cansancio, pudieron difundir al mundo la información que llevaban escondida. Al principio recibida con incredulidad, incluso por parte de la Cruz Roja Internacional, y que se concretaría en un informe, parcialmente recortado, pero que lograría impedir el transporte de miles de judíos húngaros a Auschwitz al final de la guerra. En este valioso informe se basa el guion de esta película, que demuestra, una vez más, la dificultad de la representación en imágenes de los horrores, tan inhumanos, del genocidio judío.

LA LENGUA DEL VERDUGO


 Los nazis en plena guerra mundial pusieron en marcha desde 1942 la llamada Solución Final, que suponía el exterminio de todos los judíos de Europa. Los campos a los que iban destinados se encontraban en Polonia, existiendo otros, de tránsito, hasta su trágico final. Así sucedió hasta que el avance de los frentes, muchos de ellos quedaron abandonados y sus meticulosos registros destruidos para borrar las pruebas del genocidio. Todo lo que allí se vivió, los trabajos forzados, las torturas continuas, el trato inhumano, las vivencias personales, pasaron al olvido, si no fuera por los testimonios de los escasos supervivientes. La película, EL PROFESOR DE PERSA, del director ruso, Vadim Perelman, basándose en la novela de Wolfgang Kolhaase, cuenta la peripecia personal de un prisionero judío, que haciéndose pasar por persa, logra salvar la vida de una muerte segura.



Gilles, el protagonista, hijo de un rabino cae prisionero de las SS. En el trayecto al campo de tránsito, situado en Francia, los guardianes deciden ejecutar a los prisioneros que llevan en el camión. Pero logra salir con vida al fingir que es persa, en vez de judío. Luego se entera, que el capitán cocinero del campo está buscando un prisionero de ese origen para aprender el idioma. Quiere viajar a Teherán para montar un restaurante y estar junto a su hermano. La dificultad será máxima para Gilles, que tendrá que inventarse un idioma para lograr sobrevivir. Todos los días deberá presentar al capitán después de trabajar en la cocina, una lista de palabras para que éste las aprenda. Al principio son pocas palabras de fácil invención. La situación se complicará cuando le pida muchas más.



Lo paradójico es que él las tiene que memorizar a su vez, para evitar ser descubierto. En una ocasión se le olvidará una de ellas, y casi muere al ser trasladado a trabajos forzados en la cantera. Con el tiempo se ganará la confianza de Klaus, el oficial nazi, hasta el punto que logrará crear una lengua para entenderse con él, sin utilizar el alemán. El secreto de Gilles para crear las palabras del supuesto persa, eran los nombres de los prisioneros judíos, mientras escribía en el registro del campo las entradas de nuevos prisioneros. Todo termina cuando el frente de guerra se encuentra cerca del campo, y los nazis huyen, no sin antes ejecutar a los prisioneros allí alojados y quemar cualquier documento escrito. Gilles, al final, podrá contar estos hechos, porque el capitán Klaus, en su destino hacia Persia, le ayudará a escapar de los guardianes. La lengua creada, el falso persa que le resultó útil para engañar a los nazis, es, por tanto, a la vez el testimonio de unos pocos miles de víctimas, que pasaron por el campo sin dejar otro rastro, que la invención de palabras con sus nombres, guardadas en la memoria del protagonista.

HUIDA DEL NAZISMO


  Hitler llega al poder en Alemania tras las elecciones de 1933. Rápido suprimirá cualquier oposición democrática e implantará una dictadura. Meses anteriores a esta victoria, un gran número de ciudadanos veían con peligro la progresión del partido nazi y las acciones violentas de sus seguidores. Prominentes escritores y científicos se dieron cuenta del peligro que se avecinaba, especialmente si eran de origen judío. Entonces, tomaron la decisión de buscar refugio en otro país y ponerse a salvo de la persecución que iba a desencadenar. Esto le sucedió a la familia de la protagonista, Anna Kemper, en la película, EL AÑO QUE DEJAMOS DE JUGAR (Als Hitler das Rosa Kaninchen stahl), de la directora Caroline Link.



El guion de la película se basa en la novela de Judith Kerr, Cuando Hitler robó el conejo rosa, cuyo título es el mismo que el original de la película. Anna Kemper, la niña protagonista, sería la propia escritora que contó años después de establecerse en Reino Unido, su experiencia personal en este famoso bestseller. Anna, junto a su hermano Max, y sus padres, tuvieron que huir precipitadamente de Berlín ante la información que iban a detener al cabeza de familia, una vez que Hitler consiguiera el poder. Así, el mismo día de la votación huyeron a Suiza, dejando una vida acomodada en Alemania. Iniciaban, entonces, una existencia de dificultades ante la progresión del fascismo en Europa.




El padre era un famoso periodista y escritor, actividad que le había proporcionado un alto nivel de vida entre la sociedad berlinesa. Pero fuera de Alemania, no podía conseguir fácilmente trabajo. Anna y la familia pasaron en primer lugar el verano de 1933 alojados en un pueblo de Suiza, para marcharse a vivir a París, con la esperanza del padre de escribir para un periódico judío de la capital francesa. En ella tuvieron dificultades para comer y pagar el alquiler. También, a Anna y al hermano les resultaba  complicado el nuevo idioma francés, pero pronto destacarán por su talento entre sus compañeros de colegio. La situación cambiará cuando el padre logre vender un guion en Londres, que será a partir de ahora su nuevo destino.



La historia se centra en todo momento en las vivencias de Anna, en cómo afronta los cambios políticos y económicos que sufre la familia. Todo fue muy rápido desde el principio. Apenas pudo llevarse una poca ropa y algún juguete. Tuvo que elegir entre sus dos peluches favoritos, al perro frente al conejo rosa. Luego supo que todos los bienes que había dejado en Berlín fueron robados por los nazis. De todas formas, dentro de las circunstancias, ella y la familia fueron afortunados al huir, frente a otros judíos que les esperaba un destino trágico.

PROTAGONISTAS DE LA VIOLENCIA


Los tiempos de la Segunda Guerra Mundial fueron terribles para la población civil y para sus protagonistas. Los años precedentes anunciaban una experiencia trágica de bombardeos, represión y exterminio. La población huyó del triunfo del totalitarismo nazi, pero un amplio grupo de la población se dejó seducir por una ideología que pretendía poner fin al aparente caos de la democracia. Su debilidad provocó el triunfó de un régimen criminal que con la promesa de un futuro paraíso, consiguió el genocidio de los judíos y millones de víctimas en el mundo. Entre sus filas muchos fueron conscientes que sus ideas provocaban la violencia irracional y el crimen, una guerra que terminaría en un auténtico suicidio colectivo.


La película, PARAÍSO (Ray), escrita y dirigida  por Andrei Konchalovsky combina las imágenes de una supuesta confesión de tres personajes relacionados entre ellos con el relato de parte de sus vidas durante la guerra mundial. Uno es un jefe de policía francés colaboracionista con los nazis en apresar judíos y miembros de la resistencia. Será ésta la que le ejecute de un disparo en la cabeza en presencia de su hijo. El segundo, es una aristócrata rusa, emigrada desde la URSS a Francia, y miembro también de la resistencia, que es arrestada por ocultar a dos niños judíos. El tercero, un alto oficial de las SS, de origen noble, que tiene el encargo de supervisar los campos de concentración. Tienen en común, que Olga, la aristócrata rusa, es apresada por el primero, y es antigua amante en Italia de Helmut, el miembro de las SS, que la encontrará en prisión.


Cada uno muestra al espectador su lado más personal, la familia, sus ideas, lo que le sucedió en la guerra. Jules, el oficial de policía francés colaboracionista, dice que no es cómplice de los nazis, pero sigue sus intrucciones sin importarle la corrupción y la tortura. Olga, aristócrata rusa, logró emigrar de la Rusia revolucionaria y ahora está comprometida con la libertad frente al fascismo. Teme la violencia de la represión de aquellos tiempos, en la facilidad con la que un hombre pasa a convertirse en un animal. Acaba en un campo de exterminio donde la encuentra Helmut, también aristócrata, convencido del paraíso que prometen los nazis desde que se afilió en 1933. Es una excepción, por su origen, en las SS, por lo que Himmler le encarga supervisar la organización económica del exterminio.


Sin embargo, como persona culta, experta en literatura rusa, no quiere mancharse con la sangre de los judíos y de otros prisioneros, que por otra parte odia. Pensaba sería uno de los líderes nazis para el futuro. El amor por Olga, le llevará a preparar la huída de los dos a Suiza. Luego, decidirá morir en el campo de exterminio, junto a la primera, sin saberlo, al ceder ésta su pasaporte con el que iba a escapar a una compañera de barracón, destinada a la cámara de gas. De esta manera, la película se convierte por una parte en un retrato de un tiempo de violencia y destrucción, de irracionalidad de muchas personas ciegas por falsos ideales, y por otra, en un homenaje a aquellos que entregaron la vida por ayudar a los demás.

EL TERROR DEL HOLOCAUSTO

Desde hace tiempo se esperaba el estreno de una película que vuelve a tratar el tema del Holocausto, un hecho que ha provocado la reflexión si es moralmente adecuado mostrar los sucesos violentos que le caracterizaron. Venía avalada por los premios recibidos en el Festival de Cannes, el Gran Premio del Jurado y el FIPRESCI. Seguramente reciba otros muchos, entre ellos, tal vez, el Oscar de este año. La película, EL HIJO DE SAÚL, escrita y dirigida por el realizador húngaro, László Nemes, destaca por la originalidad en el tratamiento y en el enfoque del genocidio judío.


El argumento se centra en un miembro de los sonderkommandos, las cuadrillas de presos obligados a conducir a otros presos a las cámaras de gas, incinerar sus cadáveres y hacer desaparecer sus restos. De nombre Saúl, cree descubrir a su hijo en un joven que ha sobrevivido a la cámara de gas y luego es asesinado para hacerle la autopsia por los médicos de Auschwitz. Pretende, jugándose la vida y la de sus compañeros enterrarle según el rito judío, lo que le obligará a buscar un rabino que quiera arriesgarse. Para ello ocultará el cadáver hasta el final.


La película se basa en informaciones reales que reproduce. Los encargados de los judíos que iban a ser metidos en las cámaras y luego incinerados estaban organizados en grupos al mando de un jefe, llamado Kapo. Cada cierto tiempo eran ejecutados antes incluso de dar relevo al grupo siguiente. Vivían aislados y no podían advertir a los grupos de presos su destino. Entraban engañados con la esperanza de trabajos forzados. Todo estaba organizado en una cadena horrible que empezaba con despojarles de sus pertenencias en el vestíbulo; para ser ejecutados con el gas Zyklon B; luego eran incinerados los cuerpos. Las cenizas acumuladas eran sacadas por ellos de los hornos para ser arrojadas al río.


Miembros de estos comandos escribieron y enterraron los testimonios de lo que vivieron. Apoyados por un trabajador polaco al servicio de la Resistencia en el almacén de objetos que se arrebataban llegaron a introducir una cámara de fotos dentro del campo y fotografiar el proceso de exterminio. Algunas imágenes se conservan en la actualidad después de ser sacadas de forma clandestina. En el verano de 1944, los miembros del sonderkommando se sublevaron contra los guardianes, coincidiendo con la deportación de 430.000 judíos húngaros, y el incremento de ejecuciones, dentro y fuera de las cámaras,.


La película cuenta todos estos hechos. Al final, Saúl logra escapar del campo junto a un grupo llevándose el cadáver del niño para ser enterrado sin mucha fortuna. La forma de contarlo resulta muy original al emplear planos secuencia sin profundidad de campo por lo que el espectador se centra en el rostro y en parte de la figura de los protagonista. El resto de encuadre queda borroso unido a un constante movimiento de la cámara. Si a esto unimos un sonido hiperrealista, el espectador recibe el impacto del terror de los que vivieron y participaron en el mecanismo del genocidio.


El director trata de hacer sentir el padecimiento de los protagonistas desesperados que no saben si van a morir en las horas siguientes, lo aleatorio de la muerte desde el interior de la experiencia, en sus propias palabras. Una experiencia encuadrada en una percepción humana limitada. Ellos no sabían, por las condiciones en las que se movían, lo que ocurrían en otras partes del campo, lo que refuerza el realismo y la calidad auténtica del mensaje cinematográfico.