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ANDY WARHOL Y JACKSON POLLOCK


 

El Museo Thyssen presenta la exposición, WARHOL, POLLOCK Y OTROS ESPACIOS AMERICANOS, que reflexiona a través de un conjunto magnífico de obras de dichos artistas y sus contemporáneos, sobre la relación entre sus formas de entender y aplicar la pintura, más allá de las clasificaciones historiográficas. Según éstas, uno es la máxima figura de la pintura abstracta, y otro, del arte pop. Pero sabemos que el primero evolucionó desde la figuración, y muchas veces mantuvo restos de la misma en sus lienzos, elaborados por medio de capas de pintura aplicadas de forma particular por el artista. También, que Warhol sintió siempre fascinación por Pollock, por tener una obra suya en su colección, o por su prematura muerte en accidente de coche, que le influiría para representar hechos similares. El relato de la exposición demuestra cómo Pollock en los años cuarenta se apartó de la figuración evidente, y Warhol, posteriormente, se inclinó por la representación de objetos de los medios de masa, sin ser campos opuestos, manteniendo fronteras difusas.



La exposición se divide en seis apartados. El primero, El espacio como negociación: Figura y fondo, otra vez, nos sitúa en un momento de partida en la evolución de Pollock cuando abandona la figuración hacia la abstracción progresiva. Se muestra, igualmente, la decisión del propio Warhol de elegir la botella de Coca-Cola, fría, sin pinceladas perdidas. Ambos, sin embargo, coincidentes, a su manera en cuestionar la relación tradicional entre esos elementos fundamentales. La segunda, denominada, Rastros y vestigios, no sólo se ciñe a los protagonistas, sino a una serie de artistas que podríamos situar entre la abstracción y la figuración, una vez roto los límites estancos establecidos por la historiografía. Unos heredan de Warhol, el gusto por la repetición y la imagen seriada, como Robert Rauschenberg, otros, la energía del trazo y la corporalidad del proceso pictórico como Marisol Escobar, artista venezolana, o Anne Ryan y Perle Fine.



En el tercer apartado, El fondo como figura, reflexiona cómo el primero se convierte en el segundo, transformando la visión tradicional. Sobresalen las obras de Warhol en las que emplea la técnica fotográfica, acompañadas por las de Sol LeWitt y Cy Tombly. Unas obras que juegan con los encuadres fragmentados, la simetría y las imágenes seriadas, una característica que la convierte en fondo. La trágica muerte de Pollock está presente en la cuarta sección, Repeticiones y fragmentos. Un suceso que alimentó en Warhol un interés obsesivo por la muerte y los accidentes, ilustrado con dos obras, Choque óptico de automóviles, de 1962, y Desastre blanco I, de 1963. Destaca, además, las diez serigrafías dedicadas a la silla eléctrica, que impactan en el espectador según entra en la sala. Si hay un apartado donde hay una aproximación entre los dos autores, es el quinto, llamado, Espacio sin horizontes, donde el artista pop emplea su orina, sus propios fluidos para pintar sobre lienzo y sobre cobre, en Pinturas de orina y Oxidaciones. De esta manera, sigue el procedimiento de Pollock al poner su cuerpo sobre la obra.



El último apartado, El espacio como metafísica, nos habla sobre la angustia existencial de la contemplación contemporánea. Una tensión y un vacío que se encuentra en el propio espectador. Para ello se establece el paralelismo entre la serie Sombras de Warhol y los campos de color de Mark Rothko. El primero vuelve al tema de la muerte, pero no solo biológica, sino la ausencia del sujeto y la despersonalización, la perdida de identidad en la sociedad moderna. El recorrido, además de este último espacio desolado, tiene un subespacio final de videos que retratan en primer plano a personalidades de su época como Bob Dylan, Susan Sontag, entre otros. Componen, así, un recorrido extraordinario, en primer lugar sobre la obra de Andy Warhol, de quien se muestra una perspectiva totalmente novedosa, acompañada de ejemplos significativos de Pollock, y de otros artistas, con quienes entabla un diálogo fructífero.



LAS IMÁGENES DE ROBERT RAUSCHENBERG


 

La Fundación Juan March presenta la exposición, ROBERT RAUSCHENBERG: EL USO DE LAS IMÁGENES, que pretende reinterpretar su obra como una práctica esencial y estructuralmente fotográfica, que coincide con el centenario de su nacimiento, cuarenta años más tarde, en 1985, que la fundación organizase su primera exposición en nuestro país. A lo largo de su trayectoria, la manera habitual de trabajar del autor fue fotografiar y usar y reusar imágenes. Lo destacado es el cómo lo realiza, que supone además la experimentación de distintas técnicas de transportarlas al lienzo. La exposición se divide en seis secciones que marcan los hitos clave de su evolución a través de cinco décadas entre 1949 y 2000. La primera de ellas, se dedica a su práctica fotográfica, que arrancó en los años de formación en el Black Mountain College. Para el autor la cámara era un medio de comunicación fruto de su timidez. Pretendió en un principio fotografiar América palmo a palmo, pretensión que tuvo que abandonar por la enormidad del proyecto. Luego fotografió distintos países del mundo como el que realizó junto al pintor Cy Twombly por Europa y el norte de África en los años cincuenta.



El eje de la producción artística de Rauschenberg fue la experimentación y la incorporación de nuevas técnicas. De esta manera, en el principio de su carrera realizó los Blueprints (cianotipos), imágenes de objetos o cuerpos enteros obtenidas sobre papel fotosensible. Por la misma época, empezó con los llamados Combines (combinados), unas piezas concebidas a modo de collages tridimensionales, donde incluía fotografías tomadas de la prensa. Además, experimentó con la transferencia de esas imágenes ejerciendo presión y sirviéndose de disolventes. Son sus Transfer drawings (dibujos transferidos). Posteriormente, con la finalidad de reproducir una misma imagen en más de una ocasión, aprendió a realizar litografías, y sobre todo, serigrafías, tras visitar el taller de Andy Wharhol a comienzos de los años sesenta. De esta técnica fueron creadas las Silkscreen Paintings (pinturas serigrafiadas), que le llevaron a ganar el Gran Premio Internacional de la Bienal de Venecia de 1964. Una técnica que le permitía jugar con la escala y usar varias veces la misma fotografía. Unas imágenes que se presentaban con un orden aleatorio, aparentemente anárquico, pero que tenían en realidad, una lógica interna, sin jerarquías.



Un nuevo hito de su trayectoria, fue la realización de escenografías para espectáculos de danza junto a la coreógrafa y bailarina, Trisha Brown, en dos espectáculos, donde el artista empleó sus propias fotografías. En uno, Glacial Decoy (Cebo Glacial) caracterizado por cuatro pantallas donde se proyectaban; en el segundo, Set and Reset (Ajuste y reajuste), las serigrafió en una tela que sirvió de vestuario. Por otro lado, en 1984, presentó en las Naciones Unidas el proyecto ROCI (Intercambio Cultural Transoceánico Rauschenberg), que pretendía el intercambio cultural y diplomático con países que era imposible por su régimen político. Pensaba el contacto artístico produciría paz y entendimiento. Para ello durante los años ochenta viajó a la Unión Soviética, Alemania del Este, Tíbet, Cuba, México, Venezuela o China donde organizó una exposición con los resultados a partir de fotografías tomadas en cada uno de los lugares. 



A principios de los años noventa empezó a utilizar impresoras de inyección de tinta para reproducir sus imágenes y luego, transferirlas, lo que le ahorraba gran parte del trabajo. Su experimentación le llevó a transferir, de nuevo,  imágenes sobre un fondo de yeso, que recuerda a la pintura al fresco. La última sección termina con una serie de características autobiográficas realizada en huecograbado, llamada Ruminatios (Rumiaciones). Finalmente, recordar una de sus ideas, hoy de actualidad,  que es la necesidad de comprender  que la destrucción es el subproducto defensivo de la ignorancia y de las mentiras y que en último término la paz está en manos del único vehículo que queda sin corromper: el arte.



POSTERS DE ANDY WARHOL


 

La Fundación Canal presenta la exposición, ANDY WARHOL. POSTERS, sobre una de las facetas más características y medio de expresión del famoso artista pop, durante dos décadas y media, desde que consiguió la fama hasta su repentina muerte en los años ochenta. Antes de conseguir su aureola artística a mediados de los años sesenta, fue un reputado ilustrador publicitario, que se transformó en ese adalid de un nuevo movimiento artístico, que ha perdurado hasta nuestros días.  Un movimiento adaptado al desarrollo de la sociedad de consumo, impulsada por los medios de comunicación de masas, que elevan a iconos de la cultura popular, personajes y mercancías cotidianas. Su aportación personal fue la forma que empleó, la repetición de las imágenes, y la técnica empleada, la pintura a partir de una fotografía, para imprimirla en distintos soportes, en concreto, utilizó la serigrafía, y diferentes sistemas de impresión para la reproducción masiva. El cartel, por tanto, va a ser constante en su trayectoria, con distintas finalidades: anunciar una exposición suya, los más comunes, con su firma destacada; un producto comercial; un evento cultural o deportivo; una celebridad política, cinematográfica o musical, entre otras.





La exposición reúne unas 133 obras, la mayoría carteles, aunque también portadas de discos y revistas, desde los más recientes en los años sesenta, hasta sus obras finales. Parece ser que Warhol diseñó unos 33 carteles en dos décadas y media, pero supervisó y dio instrucciones para más del doble de impresiones. Sabemos que tuvo que adoptar un método de trabajo en equipo para poder afrontar todo tipo de encargos, centralizado en el famoso estudio, The Factory. De esta manera, la exposición madrileña, organizada a partir de los fondos donados al Museum für Kunst und Gewerbe, nos permite acercarnos a la figura multifacética del artista norteamericano, que se ocupó igualmente, de la fotografía y del cine, para centrarse en una multitud de temas, que van de objetos de lujo a los de consumo cotidiano, de la realeza a la farándula, del capitalismo al comunismo, de la actualidad del cine y la televisión, del deseo sexual, la música y la moda, todos frutos de sus obsesiones que conforman un universo propio, organizado en seis secciones temáticas, según la tipología de las obras.






Las cuatro primeras secciones, Primeros carteles; Papeles pintados; Adaptaciones y series gráficas; y Carteles tardíos, ocupan un amplio espacio central, tras un vestíbulo de introducción limitado con barriles metálicos. Un espejo al fondo amplifica la visión del visitante, que encuentra las series de carteles a un lado y otro, como si estuvieran, así dispuestos, para su venta. Una solución ingeniosa para contemplarlos sin dificultad. El valor de la exposición se descubre según inicias el recorrido, pues te encuentras imágenes icónicas del artista, como el retrato de Lyz Taylor, o el motivo Flowers. A partir de ahí, una secuencia de toda la iconografía conocido del artista: el cartel de la película Couch, dirigida por el artista en 1964, de carácter pornográfico; aquél que representa a la Pastillas de Jabón Brillo, de 1970. Por otra parte, enfrente ejemplos de wallpapers y carteles de la Vaca en diferentes combinaciones de colores; y de Mao, y del candidato contra Richard Nixon, McGovern





En la tercera sección, observamos adaptaciones de sus obras para sus nuevos contextos de exposición;  creaciones originales, como el cartel de la película de Fassbinder, Querelle, realizado a partir del posado de dos jóvenes, y proyectos como Reina Reinantes, con la icónica imagen de Isabel II. La sección dedicada a los carteles tardíos corresponden a aquellos que reproducen las imágenes muy conocidas del ya célebre artista, como las latas de sopa Campbell, los Dollard Signs, así como carteles publicitarios para conocidas marcas como Levi´s, Absolut Vodka o Playboy. Ya en otra sección, Retratos, el visitante puede admirar una de sus iconografías más célebres, y por la que recibió numerosos encargos. Podemos destacar los dedicados a Marilyn o Elvis Presley. Finalmente, el recorrido termina con las portadas de discos, como los icónicos de The Velvet Underground y Nico, y de Rolling Stones, como las de las revistas Time e Interview, que él mismo editaba. Un cartel realizado cuatro meses antes de su muerte compuesto por su autorretrato, nos da la despedida.




MADRID EN LOS AÑOS OCHENTA


 

Se cumple el 40º aniversario del Estatuto de Autonomía de la Comunidad de Madrid, que se proclamó en los años ochenta del siglo XX. Fue uno de los acontecimientos fundamentales de una década gloriosa de la capital y su zona de influencia, y de toda España, por los cambios producidos tanto en la política, la sociedad, y la cultura. En 1980 se podría decir que todavía no había terminado la Transición, no se había consolidado la democracia en nuestro país. La huella de la dictadura se vivía de manera cotidiana. Pero todo cambió a lo largo de la década. España superó un intento de golpe de Estado; se integró en las instituciones europeas, la económica y militar; y se fortaleció institucionalmente desarrollando nuestra constitución. Mientras tanto, explosionó creativamente la capital, una efervescencia cultural que se transmitió al resto del país.



La exposición, MADRID, CRÓNICA CREATIVA DE LOS 80, da cuenta de los cambios sociopolíticos y económicos en la Comunidad desde la aprobación del Estatuto de Autonomía, también los habidos en todo el país entre 1980 y 1989. Están representados en dos espacios, la primera con paneles explicativos, y la segunda a modo de línea del tiempo donde se recogen los principales acontecimientos. Un buen resumen de aquella década prodigiosa, en la que los gobiernos socialistas, tanto en la ciudad de Madrid, como en la capital jugaron un papel fundamental. Nosotros, los veinteañeros de aquella época, hijos del baby boom, coincidirían, además, con un periodo de explosión de las artes, de la cultura joven, especialmente de la música, pop-rock, de la fotografía, el cine, la moda y el arte contemporáneo. Un movimiento surgido en las calles de la capital; en sus lugares de ocio nocturno, en las inquietudes más underground. Madrid me mata y De Madrid al cielo son las frases más emblemáticas.



La fotografía artística y documental tuvo un papel fundamental en aquellos años de que se estaba viviendo una nueva época. Se decía el futuro está aquí. Las imágenes de Miguel Trillo de los jóvenes y músicos de las tribus urbanas que asisten a los numerosos conciertos de música son ejemplos contundentes. Lo mismo podríamos decir de las fotografías de Marivi Ibarrola, que coincide con otra exposición estos días. Pero fueron muchos fotógrafos y diseñadores que participaron junto a músicos y artistas en esta ola de modernidad, conocida como La Movida madrileña. Destacan nombres como Ouka Lele, Pablo Pérez-Mínguez, Alberto García-Alix, Javier Campano, Ceseepe,  Costus, Pedro Almodóvar, Alberto Corazón, y una larga lista, que muestran su actividad creativa en los diseños de las portadas de discos, en las imágenes de la moda del momento, en las películas que se llevan a cabo, en la recepción del arte contemporáneo. En estos años Miquel Barceló alcanzó la fama muy joven. 



Además, por aquellos años, se inició Arco, la Feria de Arte Internacional. Se recuerda la exposición y la visita de Andy Warhol a la capital. El inicio del grafiti, siendo la firma Muelle, la que ha pasado a la historia. La creación del Centro de Arte Reina Sofía, hoy Museo Nacional, que sustituía al antiguo Museo de Arte Contemporáneo. La literatura de aquellos años fue, igualmente, memorable. Podemos recordar ejemplos como Las edades de Lulú, de Almudena Grandes, La ciudad de los prodigios de Eduardo Mendoza, o la Lluvia amarilla, de Julio Llamazares. Por otra parte, la producción cinematográfica fue muy amplia y rica. A parte de Almodóvar, vinculado a la actividad artística de la capital, destacan, Garci, Fernán Gómez, Berlanga, Saura, Trueba, Vicente Aranda, Eloy de la Iglesia, Fernando Colomo, una larga lista de directores que realizaron obras fundamentales. Finalmente, la exposición recuerda la publicidad y algunos programas de televisión, como la Edad de Oro o Aplauso, que fueron partícipes en la creatividad de la época.


EL FOTÓGRAFO DE LA MOVIDA MADRILEÑA


 

Madrid vivió una efervescencia cultural a finales de los años 70 y durante toda la década de los ochenta entorno a la música pop que protagonizaba la noche de la capital. A ello se unió la literatura, la pintura, el cine y la fotografía, de la misma manera, cómo la sociedad estaba viviendo el cambio de costumbres hacia un país más libre y abierto. La influencia del Arte Pop, de las acciones performativas, la estética de la postmodernidad, están en la base de gran parte de sus planteamientos. La Sala de Exposiciones del Archivo Regional exhibe la exposición, PABLO PÉREZ MÍNGUEZ. MODERNIDAD Y MOVIDA DE UN FOTÓGRAFO TRANSGRESOR, que muestra la obra del artista madrileño, testigo de los cambios de los ochenta, a la manera de Andy Warhol, en Nueva York. En él se unen los aspectos sustanciales de la estética de ese momento, que unía arte visual, pintura, cine y fotografía, con la alegría de vivir.



La exposición reúne un conjunto heterogéneo de materiales: revistas, catálogos, libros, carteles, flyers,  pinturas, muchos objetos personales, y sobre todo las fotografías de Pérez Mínguez, organizadas en distintas secciones que proporcionan al visitante diferentes perspectivas entorno a su obra. Ayuda la decoración a propósito y las luces en el que se muestran. El recorrido comienza con una cronología de su vida y su obra. Le siguen secciones como la dedicada a sus amigos, muchos de los que fueron protagonistas de la noche madrileña. Pedro Almodóvar tiene un apartado especial. Fue retratado numerosas veces por él y colaboró en el rodaje de sus películas. Los colores de ellas las encontramos en las fotografías de Pérez Mínguez, así como otros conceptos que definen una estética particular. La música fue protagonista de la movida, los conciertos y los músicos. P.P.M. hizo las fotos de los grupos y las portadas de los discos.



P.P.M. participó en revistas de contenidos gay, mucho antes de que se festejase el día del Orgullo. El fotógrafo captó con su cámara numerosos desnudos masculinos delicados y sugerentes. Inmortalizaban la juventud fugaz que se vivía intensamente. Igualmente valora el autorretrato y el retrato, como hemos apuntado de personajes cercanos que compartían su amistad y sus inquietudes artísticas. Por otra parte, se propuso renovar la fotografía española, elevarla a una consideración de arte a través de su trabajo en la revista Nueva Lente y en El Photocentro. Otra perspectiva es la llamada estética mística/ecléctica en la que se inspira en los grandes maestros de la pintura barroca, de los que hace una lectura particular. Realiza un proceso de mitificación, de convertir en leyenda personajes de los ochenta. 



Su fotografía en general selecciona instantes mágicos, aparentemente invisibles a los demás, donde se combina, el saber ver, y el saber vivir nuestras vidas, donde importa la luz, el humor. la amistad y sobre todo el amor. Los espacios finales del recorrido nos conducen hábilmente a un piso superior. En las escaleras se reproducen las páginas de su diario. Finalmente, dos apartados, uno que recuerda su proyecto, Foto-Poros, que inició en 1980, el retrato de la cara de la gente, amigos y conocidos con los que se encontraba por Madrid; y el apartado, Casa-Estudio, homenaje a su vivienda particular, con funciones de estudio, plató de rodaje y galería de arte. Casa de puertas abiertas donde posaron personalidades de la cultura y otras anónimas. Como punto final, en ese lugar, el público puede hacerse fotos, unas con un sillón rosa, y otras en un fondo con la figura de cartón de P.P.M., para la que puedes escoger elementos que te proporcionan en un baúl, como carteles conceptuales, que utilizaba el fotógrafo, máscaras, coronas y sombreros. Te haces, así, partícipe de aquél tiempo, y obtienes un recuerdo inolvidable de la mano de uno de sus artistas más importantes.


ARTISTAS DEL ARTE POP


 

La sala de exposiciones CentroCentro en el Ayuntamiento de Madrid organiza la muestra, THE POP ART CULTURE, que es una aproximación significativa y precisa al estilo Pop Art, a través de cuatro artistas, Roy Lichtenstein, Robert Rauschemberg, Andy Warhol y Keth Haring. Se ordena siguiendo esta secuencia de autores, y pequeñas secciones como, Amor y guerra, Series modernas, Autobiografía, Pelican, Silla eléctrica, Marilyn, Flash November, Sopas Campbell, Santa Apollonia, y Carteles. Reúne un conjunto no muy amplio de obras, y breves y claras explicaciones de las mismas. Podemos entender claramente las aportaciones de cada uno de los autores al estilo. Un estilo que eleva a la categoría de Arte, los contenidos de la cultura, y algunas técnicas de los medios de comunicación de masas y la sociedad de consumo, como la fotografía, el cómic, y el cartel publicitario.



El cómic será fuente de inspiración para Roy Lichtenstein, que realizará grabados y serigrafías. Rauschemberg es el más comprometido y crítico con la sociedad de su tiempo. A la expresión plástica, une la danza y la performance. El más famoso, cuya personalidad, ella misma es objeto de interés, es Andy Wharhol, al que se le dedica más espacio y obras. Descubridor, inspirador y colaborador con otros artistas de la imagen, fotógrafos, cineastas y músicos, reunidos en La Factoría, su taller de New York. Elevó a la categoría de Arte la lata de sopas Campbell, e inmortalizó con sus retratos a las estrellas de Hollywood como Marilyn Monroe, que se muestra en la exposición, y hoy tiene un elevado precio en el mercado. Finalmente el malogrado, Keith Haring, el más joven artista, que se hizo famoso en la década de los ochenta, con su original estilo y trazo, cuyo origen se encuentra en la calle y el underground.




LA BIOGRAFÍA DE ELVIS PRESLEY


 A finales de los años 50 comenzó una auténtica revolución cultural y de costumbres que culminaría en la siguiente década. La música y moda joven se convertirían en predominantes en la sociedad de consumo. La guerra mundial quedaba ya lejos y el desarrollo capitalista llegaba a niveles nunca vistos. La explosión demográfica se extendía por el mundo occidental. Las costumbres puritanas de la sociedad tradicional se transformaron en otras más abiertas asociadas al nacimiento del rock and roll y del pop. Uno de aquellos adelantados fue el cantante Elvis Presley, llamado el rey del rock. Esto nos lo cuenta la película ELVIS, del director australiano, Baz Luhrmann, que narra su biografía, centrada en las relaciones con su peculiar manager, el Coronel Tom Parker, que era un farsante de feria, un empresario de barraca.





El Coronel Tom Parker organizaba espectáculos itinerantes que incluía una actuación de música country pero de escaso éxito. Necesitaba, así. un cantante que actuase de telonero y atrajese a los jóvenes. Por aquel entonces, la radio emitía constantemente con éxito una canción grabada por un desconocido que entusiasmaba a blancos y negros. Este joven que había aprendido de estos músicos los estilos Rhythm and blues y góspel, se llamaba Elvis Presley. Tenía lo que necesitaba, capacidad de seducción de multitudes, y un estilo musical nuevo, el rock and roll. Entonces, desplegó sus habilidades como negociante, e hizo firmar un contrato a la familia de Elvis, y a este mismo, que le convertían en su manager. El cantante estaría desde ese momento bajo sus directrices para desarrollar su carrera, y obtener la mitad de los beneficios.




El control que ejercía sobre él era tal que le hizo alistarse al ejército cuando empezó a tener problemas por sus movimientos de cadera que exaltaban a sus fans y escandalizaban a los políticos puritanos. Después, en los años 60, obligarle a ser actor y protagonizar películas musicales de Hollywood, mientras surgían grupos ingleses como The Beatles o The Rolling Stones. Finalmente, a residir principalmente en Las Vegas y dedicarse a dar conciertos en la ciudad de los casinos, porque Tom Parker no tenía pasaporte y una identidad dudosa. Decía que las giras internacionales no serían rentables y que temía por la seguridad del cantante. 




De esta manera, Elvis intentaría librarse de su tutela, dar un giro a su estilo de música, y recuperar los enormes ingresos, que obtenía con él. Sin embargo, mientras Tom Parker se había hecho rico, el cantante y su familia que tenían enormes gastos, no podías afrontar las deudas. La frustración del cantante ante su falta de libertad; el deterioro de su matrimonio con su mujer Priscilla por el continuo consumo de drogas ante su ritmo infernal de conciertos, le abocaron a tal deterioro físico, que le causaría su muerte prematura a edad de 42 años, convertido ya en un mito e icono cultural.

LA LOCURA DEL JOKER


Este fin de semana se ha estrenado el que puede considerarse como el acontecimiento cinematográfico de la temporada. La película, JOKER, escrita y dirigida por Todd Philips, con la colaboración de Scott Silver, tiene el respaldo de la crítica y el flamante León de Oro en el Festival de Cine de Venecia. Un merecido premio para la precuela de la saga de Batman, que el director trata como el origen del personaje que encarna el mal. El director transforma una historia de ficción basada en un cómic, en un relato realista, de cómo un enfermo mental se transforma en un sanguinario asesino. Todo sucede en la decadente ciudad de Gotham, sumida en el caos. 


La desigualdad y la falta de buenos servicios públicos como la limpieza viaria y el transporte caracterizan la oscura ambientación de la película. La mala gestión de los políticos que únicamente favorecen a los ricos frente a los pobres y marginados es la causa del problema social que acucia a toda la población. Arthur Fleck, el protagonista, vive con su madre en un humilde apartamento. Los servicios sociales le proporcionan medicamentos y ayuda para combatir la demencia, que en su caso consiste en reírse a carcajadas. De todas maneras, su motivación es divertir a la gente. Pretende ser humorista, y se gana la vida disfrazado de payaso.


Todo se tuerce cuando los recortes económicos limitan los servicios públicos y la ayuda a los enfermos. Deja de recibir la medicación diaria. A partir de ese momento todos los acontecimientos se precipitan. Da muerte a tres jóvenes de clase alta, que acosaban a una joven en el metro. Aparece en los medios como un payaso asesino, y a la vez como un justiciero. La policía le persigue siguiendo la pistola utilizada. Descubre la verdad de su origen, cuando lee una de las cartas que su madre envía a un candidato a la alcaldía, para pedirle ayuda porque estuvo en su casa trabajando. Lee que es hijo del político, aunque éste hizo lo posible para que pareciera adoptado. 


Desde este momento comienza su venganza contra aquellos que le han humillado o engañado. Asesina a un compañero en la agencia de payasos que le denunció a la policía. A su madre en el hospital. Y a un famoso humorista de televisión, en directo, tras ridiculizarle en público. Mientras tanto los habitantes de la ciudad de Gotham se rebelan contra las autoridades por la crisis que padecen. Todos portan una máscara de payaso, la de aquel que asesinó a los tres jóvenes de clase alta, que abusaban de la gente, símbolo del proceder de los gobernantes. El argumento de la película, por tanto tiene una causa social injusta, que provoca, la locura sangrienta del ahora llamado Joker, interpretado de forma extraordinaria por el actor, Joaquin Phoenix, protagonista de todas las escenas.


El argumento de la película, tratado de forma realista, no sería suficiente para dar entidad al conjunto, sin el lenguaje visual que emplea el director. Una forma que cuida el ritmo y la composición de los planos, junto a las luces y sombras que caracterizan la espléndida textura visual. Por tanto, el cine de género, basado en el cómic, se transforma, en un cine personal, de autor.

EL SUEÑO DE HOLLYWOOD


El mundo de la producción audiovisual ha cambiado en los últimos 50 años. Los EEUU, California y Hollywood viven situaciones sociales y políticas muy difierentes. La película, ÉRASE UNA VEZ EN...HOLLYWOOD, escrita y dirigida por Quentin Tarantino, recrea el mundo del cine y la televisión en 1969, cuando los movimientos juveniles se oponen al mundo dividido entre las dos grandes superpotencias con una cultura propia manifestada en la música y en una revolución de las costumbres, protagonizada por los hippies. Esta recreación la protagonizan un actor de televisión, Rick Dalton, y su doble, Cliff Booth, venidos a menos, tras años de éxito a finales de los años cincuenta y comienzos de los sesenta.


Rick, interpretado por Leonardo Dicaprio, empieza el rodaje de una serie del oeste, mientras Cliff, a quien da vida, Brad Pitt, apenas encuentra trabajo, convirtiéndose en ayudante del primero. La lucha por la fama y lo papeles relevantes en las películas es dura en la meca del cine. Rick vive en las colinas de Hollywood con los recuerdos de las series protagonizadas en el pasado, mientras trata de salir adelante aceptando papeles secundarios. También viajando a Italia para interpretar spaghetti western. Tiene como vecinos a la pareja del momento, el director Roman Polansky y la actriz Sharon Tate, que inician su carrera con éxito, a cuyo trágico final se alude en la película de Tarantino, al contar el ataque de un grupo de hippies a la casa de Rick, en agosto de 1969.


En la película aparecen personajes célebres de la California del momento. En la fiesta de la mansión de Playboy, destacan el actor Steve Mcqueen, los cantantes del grupo The Mamas and the Papas, además del director Roman Polansky y Sharon Tate. En varias escenas divertidas, interviene el famoso Bruce Lee. La historia recrea la ciudad de Los Ángeles con una rica puesta en escena, en los cuales se incluye una buena banda sonora, de las principales canciones del momento, las del grupo vocalista antes citado con dos temas, junto a los Rolling Stones o Simon and Garfunkel, además de las sintonías de radio o imágenes de televisión de la época, que nos hacen viajar en el tiempo 50 años atrás.

VIDA Y CREACIÓN CINEMATOGRÁFICA


Los directores más personales de cine, como los escritores, imprimen a su obra un estilo propio, producto de la época que le ha tocado vivir. Se muestra, por una parte, como una síntesis de los gustos, las inclinaciones y las pasiones de un grupo de creadores destacados en el momento en el que se dio a conocer o llegó a la fama. Por otra, de su propia historia familiar, de aquello que le condicionó desde lo más íntimo y emocional. La última película escrita y dirigida por Pedro Almodóvar, DOLOR Y GLORIA, tiene como protagonista a un director de cine en el ocaso de su carrera, llamado Salvador Mallo, que sufre el dolor de sus numerosas patologías crónicas, que le impiden dirigir cine, y la gloria de ser el artista que supo, mejor que nadie. expresar los gustos estéticos de una época, y es admirado por las nuevas generaciones.


El protagonista está retirado de la dirección. Se ve incapaz de ponerse al frente de una nueva película. Tiene que medicarse a diario para poder soportar sus diferentes patologías. La más severa, unos fuertes dolores de espalda. Mercedes, su secretaria se encarga de hacer desistir a cualquier institución, centro cultural o admirador de su pretensión de contar con él para alguna entrevista o un acto cultural. La reposición de una de sus películas en la Filmoteca, es el momento del reencuentro con el actor principal de uno de sus éxitos hace treinta años, llamado Alberto Crespo. Habían acabado enfrentados, pero ahora le inspira de nuevo, le anima a superar la depresión, mediante el recuerdo y la droga. Vuelve, de esta forma, a evocar su infancia feliz en un hogar modesto. El talento innato que poseía para el arte expresado por su afición al cine.


Salvador Malla, en estos años de postración había escrito sobre su vida más íntima. La relación que tuvo con Federico. El azar hace que el texto sea oído por éste en la representación dramática que realiza Alberto Crespo. Los dos jóvenes amantes se vuelven a encontrar por unas horas en Madrid tras muchos años. Sin embargo, no pueden volver hacia el pasado. Cada uno ha seguido una trayectoria vital diferente. El protagonista, por tanto, desvela ese pasado, a modo de flash back, que le estimula la heroína, recordando las circunstancias familiares cuando vivía con sus padres en una cueva; la aceptación en un seminario para poder estudiar, por la influencia de una beata; la convivencia con el joven vecino analfabeto a quien enseña a leer y a escribir; las opiniones encontradas con su madre a punto de morir.


Aquel pasado que el protagonista se ha encargado de escribir como única terapia para olvidar lo inolvidable, será el mejor remedio para superar el vacío, la depresión que le causa la imposibilidad de seguir haciendo cine, sobre todo cuando le informa el médico, tras unas pruebas, que su nueva dolencia no tiene tanta importancia como parecía. Desde este momento, Salvador Mallo hablará de sí mismo, porque vuelve a sentir un sentimiento apasionado de contar la historia de su primer deseo, cuando descubre en una galería de segunda la acuarela, un retrato, que el joven albañil le hizo en la cueva de su infancia.

EL ARTE POP DE ANDY WARHOL


El CaixaForum de Madrid exhibe una restrospectiva del artista más famoso del Arte Pop, titulada, ANDY WARHOL. EL ARTE MECÁNICO, una muestra que no deja indiferente al espectador al resultar extraordinariamente entretenida, como es propio de un estilo artístico centrado en los productos y realizado con las técnicas de fabricación propias de la sociedad de consumo. En las pinturas, las serigrafías, los carteles, los diseños para discos de vinilo, trata de convertir en arte, las imágenes que la sociedad capitalista de la segunda mitad del siglo XX presentaba en los bienes de uso cotidiano, desde una lata de salsa, hasta los retratos de los famosos, que protagonizaban la actualidad de los medios de comunicación de la época. Para Warhol, la obra de arte no es un objeto único e irrepetible, sino suceptible de ser reproducido por los sistemas mecánicos de impresión para llegar a todos los aficionados al arte.

Autorretrato, 1986

Su trayectoria artística comenzó a finales de los años cincuenta como diseñador para revistas para adquirir la fama en la década siguiente hasta convertirse en un artista fundamental del nuevo estilo surgido en la época frente al Expresionismo abstracto. Igualmente asociado a la preponderancia de Nueva York como centro mundial de arte. Las grandes fortunas se dan cita en la Ciudad de los Rascacielos y se sienten atraídas por una forma de entender la imagen que auna distintas ramas de la cultura popular. Además de pintor, Andy Warhol experimenta con el cine y mantuvo siempre el interés por la ilustración. Llegó a crear una imágenes producidas por la cultura norteamericana, donde tanto los ricos como los pobres bebían Coca-Cola, según llegó a afirmar. Se puede decir, de la misma manera, que disfrutaban y admiraban a las estrellas de Hollywood, que el retrató, especialmente a tres grandes mitos: Marilyn Monroe, Elisabeth Taylor y Elvis Presley, cuyos lienzos aparecen en la exposición.


Fundó un famoso estudio en Nueva York llamado The Factory, donde se rodeó de ayudantes para el desarrollo de su actividad creativa, a la vez que fue centro de atracción del mundo contracultural de la ciudad. Llegó a ser mánager del grupo de música, The Velvet Underground, liderado por Lou Reed, a quien diseñó la portada de su famoso álbum. Por otra parte, no descuidó sus relaciones con otros artistas emergentes de la época como Jean-Michel Basquiat o Julian Schnabel, así con otros pertenecientes a la Transvanguardia europea en los años ochenta. A principios de la década visitó España donde se expusieron sus cuadros y conoció la famosa Movida madrileña. De todo ello, muestra ejemplos la exposición igualmente. Andy Warhol creó un arte, por tanto,  asociado al momento que le tocó vivir, que le proporciónó el calificativo de icono del pop, una fama mucho mayor, según afirmó, que los 15 minutos que tendría todo el mundo en el futuro.