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UNA REVOLUCIÓN CINEMATOGRÁFICA



El cine desde sus comienzos ha mostrado dos tendencias paralelas. Por un lado, una corriente centrada en la realidad, en documentar lo que está sucediendo ante la cámara, y por otro, la que representa la ficción, la fantasía. Ambas se combinaron con el tiempo, y se beneficiaron de los avances técnicos, como la incorporación de sonido y la mejora de las cámaras de grabación. El cine se convertiría en una industria que disponía de grandes estudios y una red de salas específicas de proyección. Se convertiría en una disciplina artística, la séptima y en un medio de comunicación de masas. La edad de oro, uno de los momentos de mayor desarrollo de su historia, se produjo después de la Segunda Guerra Mundial en EEUU, representado por las grandes compañías situadas en Hollywood y el llamado Star System. Sin embargo, no tardaría en producirse un cambio sustancial en Francia hacia un cine más cercano a la vida cotidiana, sin grandes recursos técnicos, rodado en la misma calle. Nos lo cuenta la película, NOUVELLE VAGUE, dirigida por Richard Linklater, sobre la producción y el rodaje de Al final de la escapada, de Godard, una película que dio paso al movimiento cinematográfico de ese nombre en la década de los sesenta.






El nuevo movimiento surgió entorno a la revista Cahiers du Cinema, cuando un grupo de sus críticos, entre lo que se encontraban, Françoise Truffaut, Claude Chabrol, Jacques Rivette y Jean-Luc Godard, pasaron a dirigir sus primeras películas. Fue el último, que se encontraba rezagado, y un tanto preocupado y frustrado ante lo demás, quien dio la medida más radical de entender el cine. Para su primera película, se valió de sus compañeros; de un guion de Truffaut, que por aquel entonces recibía los elogios del Festival de Cannes por Los cuatrocientos golpes, y la participación de alguna manera de los demás, como actores o ayudantes en la producción. Por aquel entonces, el grupo recibió los sabios consejos del director italiano, Roberto Rossellini, para realizar una película, entre ellos, no valerse del guion, sino utilizar notas, que Godard seguiría, incluso cambiándolas de continuo. Entre lo primero que hizo también, fue la elección de los actores principales, que recayeron en Jean Paul Belmondo, un joven desconocido que había participado en su primer cortometraje, y la actriz norteamericana, ya famosa, Jean Seberg, persuadida por su marido.






La película nos cuenta un rodaje muy improvisado, establecido en 20 jornadas, de las cuales, en algunas, se rodaban apenas dos horas, y en otras, nada, según las directrices de Godard, que cada mañana a primera hora decidía lo que había que hacer. No utilizaba sonido directo, y se empleaba siempre luz natural. El técnico de fotografía era a la vez el que portaba la cámara casi siempre en el hombro o en vehículos improvisados para la realización del travelling, ya sea el techo de un coche, una silla de ruedas o una carretilla. Además, se rodaba en la calle, en medio de los transeúntes a los que había que avisar que era un rodaje en el momento, improvisación que era empleada interesadamente para dar autenticidad a las imágenes. Godard no daba importancia a aspectos técnicos como la continuidad de la línea de toma o rácord, sin importarle los cambios de vestuario, los objetos que aparecen en la escena o la mirada precisa de los actores. No seguía la línea temporal de la historia al rodar, sino la conveniencia y la necesidad de la producción. También el final de la película no llegó del todo hasta el montaje, limitado por un metraje que debía estar entorno a los 90 minutos.






El resultado fue la película, Al final de la escapada, À bout de souffle, un hito en la historia del cine, la ópera prima de Jean-Luc Godard, el director cinéfilo y periodista, que revolucionó el cine partiendo de la tradición cinematográfica y de la filosofía del arte. Desde ese momento, numerosos directores en Francia y en otros países, se vieron motivados a llevar a cabo sus proyectos. El cine en general cobró nueva vida, ahora lleno de una energía proveniente de los cambios socioeconómicos de la época, de la llegada y la comprensión de la modernidad, sin las ataduras impuestas por una industria clásica, que favorecía sus intereses económicos y limitaba la creatividad.
 

DELIRIO EXTRATERRESTRE


 

La humanidad se ha vuelto vulnerable tras la pandemia del Covid. Se ha dando cuenta que podría perecer de forma masiva por una nueva enfermedad. Los adelantos en la investigación médica la pudieron atajar relativamente rápido mediante las vacunas. Además, fue esencial la acción de la comunidad internacional cerrando fronteras e implantando duros confinamientos. Muchos no vieron con buenos ojos lo que consideraron una privación de la libertad individual: tenerse que inyectar un producto totalmente desconocido y permanecer en los hogares sin apenas poder salir. Igualmente, se vio como la actividad de los sectores económicos se redujo, y en consecuencia, la riqueza. Por otro lado, cada vez son más evidentes, las consecuencias del cambio climático en forma de grandes catástrofes naturales, las prolongadas olas de calor y la degradación del medioambiente. No es de extrañar la proliferación de teorías conspiratorias fruto del miedo o la incertidumbre que padece la sociedad, y que son difundidas por Internet. Este es el contexto de la película, BUGONIA, del director Yorgos Lanthinos, que cuenta como dos jóvenes atenazados por una de esas teorías, deciden secuestrar a la presidenta de una compañía farmacéutica porque consideran que se trata de una extraterrestre que quiere destruir el planeta.



Teddy y su primo, Don, residen en una casa suburbana donde tienen abejas para producir miel. El primero trabaja en la paquetería de la empresa farmacéutica, a la que acusa de explotación laboral y crear substancias que afectan a las abejas y a las personas, en concreto a su madre, que se encuentra en estado terminal en una residencia. Tiene la teoría que la dirige una extraterrestre de la galaxia Andrómeda, cuyo interés es extinguir a los humanos. Para ello urden el plan de secuestrar a esta alta ejecutiva para llegar a un acuerdo con los alienígenas para que se vayan del planeta. El momento preciso para el encuentro coincidirá con el eclipse de luna que se producirá tres días después. De esta manera, la secuestran, no sin dificultades, y la mantienen atada en el sótano de su casa. Le cortarán el pelo, pues piensan que se comunica con el cabello. Antes los primos se han castrado químicamente para no dejarse llevar por la influencia de sus instintos sexuales. Los secuestradores tratan de hablar lo menos posible con Michelle, la presidenta, sobre todo Don, el menor de los primos, que no entiende muchas veces la manera de proceder de Teddy, que sufre de ira cada vez que se relaciona con la víctima. 



Al final, las cosas no salen como ellos esperaban. Michell es persuasiva, y si al principio, trata de hacerles ver las consecuencias de sus actos, después de mostrar las motivaciones de los mismos, fruto de la enfermedad de su madre y su enganche a la dark web, luego pasa a reconocer que si es una alienígena con poderes extraordinarios. Así,  mientras el sheriff les hace una visita, para averiguar si sabían algo del secuestro, Don se suicida en el sótano, convencido que será salvado por Michelle. Teddy, desesperado mata al policía, y es convencido por ella para que la lleve a su despacho, donde tiene la capacidad de llevarle delante del emperador de Andrómeda. Sin embargo, en un momento dado, Teddy estalla por los explosivos pegados al cuerpo que llevaba. Michelle, entonces, descubre quién es verdaderamente, y lo que parecía una patraña, se convierte en realidad con consecuencias fatales para toda la humanidad.