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LA TRANSFORMACIÓN DE PICASSO


 

El Museo Reina Sofía organiza la exposición, PICASSO 1906. LA GRAN TRANSFORMACIÓN, que reúne un conjunto de obras maestras realizadas en ese importante año de su carrera. Obras pictóricas, de dibujo, grabado y escultura, de su mano y de otros artistas que influyeron de alguna manera en su conocimiento para cambiar su propio estilo. Una nueva forma de entender la pintura más moderna y que le introduce en las vanguardias artísticas antes del cubismo. Este corto tiempo de un año constituye como se dice en la exposición un periodo más, ni un epígono de la época rosa y azul, ni un antecedente del cubismo, aunque sea un periodo propio de consolidación estética. Se muestra creativo, optimista y expansivo, un año con tres residencias, París-Gosol-París. Además, es joven, 25 años, pero profundamente maduro para experimentar tres registros: el cuerpo, la forma y la interculturalidad. Diría que nuestro afamado pintor muestra sus texturas, lo que le inquieta, y está en la base de su enorme creatividad.



En la exposición Picasso dialoga con obras y autores pertenecientes a la Historia del Arte: El Greco, Corot, y sobre todo Cézanne. Se deja seducir por el llamado arte primitivo, por formas de arte que sus autores no consideraban como tal. Eran obras singulares de carácter religioso perteneciente al arte ibérico, griego o el arte africano, en forma de esculturas o máscaras, que influirán decididamente en un conjunto de retratos de ese año. El artista, por tanto, se dirige a lo primitivo para gestar un estilo más cerca de la modernidad y alejarse de la tradición. Busca la lengua común de la forma para alcanzar un nivel excelente y a la vez original. No cae como se ha dicho el pasado año de conmemoración en fijarse exclusivamente en la forma, sino que es respetuoso con la tradición ritual y religiosa de las piezas que le inspiran, como si no fueran indisolubles. Tampoco supone una mirada colonialista, de aquellos que se apropiaron de una cultura ajena. 



A Picasso le acompañó este año fundamental de 1906 su pareja Fernande Olivier, que posó como modelo pictórico y que convirtió en significante y significado suyo. Referencia en sus experimentaciones sobre el cuerpo femenino, que desvelan la intimidad femenina. El cuerpo humano, también masculino, cobra entidad propia. Tuvo conciencia de la alteridad de género. El artista crea iconotipos que se repiten una y otra vez, donde a veces interacciona el fondo con la forma, y esta se disuelve: el contorno de la figura particularmente en su rostro desaparece. El diálogo con Gertrude Stein, su mecenas, fue fundamental. La exposición muestra su famoso retrato de este periodo con su rostro en forma de máscara. De la misma manera, el famoso desnudo con las manos unidas que fue de su propiedad. Picasso siguió viviendo en el Bateau-Lavoir cuando su proceso creativo se dirigió decidido a la vanguardia pictórica, pero apoyándose en sus amigos poetas como Apollinaire, Max Jacob y André Salmon. Sus tendencias libertarias estaban unidas a su apuesta artística como una manifestación personal de su genio. La exposición, por tanto, congela y enraíza un periodo creativo fundamental del autor que pervivirá en el desarrollo de su larga trayectoria artística. 


LA MUJER EN EL ANTIGUO EGIPTO


 

El otoño madrileño se ha volcado con el antiguo Egipto. Junto a la exposición del Caixaforum, nos encontramos con otra muestra dedicada a la civilización del Nilo. En este caso financiada por una empresa de servicios, el Grupo Eulen, y situada en el Palacio de las Alhajas, que fue sede de muchas muestras de la Fundación Caja de Madrid. Se titula HIJAS DEL NILO. MUJER Y SOCIEDAD EN EL ANTIGUO EGIPTO, y hace un recorrido sobre el papel de la mujer en esa civilización, organizada en cinco secciones, un primer ámbito general; otro dedicado a aquellas que fueron gobernantes, Mujeres reales; el tercero, como participantes de la religión, Diosas y templos; un cuarto, para mostrar su influencia en los rituales funerarios, De la muerte a la eternidad, y finalmente, el dedicado a su importancia en el siglo XX, denominado Egiptomanía.



La sociedad del antiguo Egipto era bastante igualitaria, a diferencia de otras en este periodo de la historia. Las mujeres no se encontraban subordinadas al hombre para ejercer oficios desde los más humildes hasta los más prestigiosos. Las leyes las hacías iguales en la familia y en la propiedad privada. Prueba de ello son los múltiples restos de esculturas y pinturas que demuestran tal poder de la mujer, que fue exaltado en un Himno a Isis, recogido en el Papiro de Oxirrinco. La exposición recoge principalmente piezas pequeñas que muestran los convencionalismos estilísticos, de la perspectiva frontal, el hieratismo, y de los colores para representar los cuerpos de las figuras. La mujer tenía acceso a oficios en apariencia reservados a los hombres como ser escriba o médico. Si bien la mayoría de la población era campesina, caracterizada por un trabajo duro, el papel que desempeñaban en la familia era relevante, al tener derecho a la propiedad, tras el divorcio o la herencia respecto al marido.



En la exposición podemos observar el cuidado del cuerpo, por la búsqueda de la belleza y la salud, mediante los cosméticos, las joyas y el vestuario de lino, cómodo en una región de altas y contrastadas temperaturas. La mujer debió ser protagonista en el ámbito musical asociado a funciones religiosas y de ocio. Se valoraba la maternidad y la fertilidad dentro de la familia. Los hijos eran imprescindibles para asegurar la mano de obra en la agricultura, de ahí su protección por numerosos amuletos. Igualmente, el erotismo y la sexualidad demostrada en las representaciones del cuerpo desnudo y de actos orgiásticos. Por otro lado, la mujer tenía un papel relevante en la política al ser Gran Esposa Real, y madre obligatoria de faraones. Sin embargo, en la historia de Egipto, hubo mujeres que pudieran considerarse como reinas como Nefertiti, Nefertari, Hatshepsut y Cleopatra VII, que aparece en las monedas junto al romano Marco Antonio.



Las mujeres tienen un papel relevante en la religión egipcia. Por una parte, como diosas, que atendían, no solo a la maternidad, como Isis y Horus, que se ha relacionado posteriormente con la Virgen María y el Niño Jesús en el Cristianismo, sino también con la guerra y la muerte. Por otra, con las ceremonias dentro de los templos, asociadas a la música en los rituales. El recorrido de la exposición tiene un punto álgido con el video que reproduce la tumba de Nefertari, en la sección dedicada a las tumbas. Su tumba fue una de las más hermosas encontradas, propia de la esposa del gran Ramsés II. Finalmente, en el ámbito de la Egiptomanía, descubrimos la figura de Eduardo Toda, cónsul español en El Cairo, y pionero de la arqueología, que excavó la tumba de Sennedjem, un constructor de la tumba de Amenofis I, que también se reproduce con primor en la exposición, creando un conjunto muy atractivo al visitante.

MOMIAS EGIPCIAS EN MADRID



 El CaixaForum de Madrid en colaboración con The British Museum organiza la exposición MOMIAS DE EGIPTO. REDESCUBRIENDO SEIS VIDAS, que reúne un conjunto de piezas arqueológicas de la antigua civilización del Nilo desde una perspectiva original. Divide la exposición en seis momias, y desde su análisis y estudio, explica las creencias y costumbres funerarias, además de otros aspectos culturales. Las élites sociales como los faraones y su familia momificaban el cuerpo para luego depositarlo en tumbas acompañadas de completos ajuares. Una costumbre, la momificación, que pervivió miles de años. Consistía en sacar los órganos del cuerpo salvo el corazón, para que mediante líquidos pudiese conservarse. Éstos también eran momificados y depositados en vasijas. Luego, se envolvían junto un conjunto de amuletos necesarios para preservar al difunto de los malos espíritus.




Los egipcios tenían la creencia en el más allá donde su espíritu viviría en un paraíso eterno lleno de abundante agua y abundancia de la agricultura. Para ello debían pasar por el juicio de Osiris donde la balanza debía de ser favorable frente a la verdad. Los difuntos para llegar al paraíso eterno debían estar acompañados de amuletos, comida, textos que les guiasen, como El libro de los muertos, figuras de dioses, sobe todo, el referido Osiris, Isis, y su hijo, Horus, entre los muchos dioses que existieron en Egipto, pues una de las informaciones que proporcionan las momias es de la compleja religión que tuvieron. El análisis de los cuerpos sin dañar su envoltorio de telas por la avanzada técnica de la tomografía computarizada, ha permitido realizar el perfil de cada una.




La exposición se basa en seis momias pertenecientes a un funcionario, dos sacerdotes, una mujer casada, un niño de cuatro años y un joven, ya en el Egipto Grecorromano. Todas ellas con una cronología que oscila entre el 800 a. C y el 100 d. C. De los cuatro primeros se ha conservado su nombre, no así de los más jóvenes. De los adultos se sabe que murieron entre los 35 y 49 años, mientras el joven a los 17 o 18 años. Aunque la técnica de análisis es muy precisa, no se sabe con exactitud las enfermedades que tuvieron, pero se puede decir en varios ejemplos se han encontrado problemas cardiovasculares y en una hay una incidencia grave de cáncer. Deducimos así, una esperanza de vida pequeña y una gran mortalidad infantil. Los egipcios, por otra parte, valoraban la familia, y dentro de la infancia los juegos de mesa y la educación con escritura y lectura.




Muchos aspectos de la civilización egipcia se pueden deducir de los ajuares de las tumbas. En primer lugar los referidos al arte escultórico y pictórico, también arquitectónico por algunos recintos representados en las mismas.  Ya hemos comentado sus creencias religiosas y sus dioses y la importancia de la familia, a lo que añadimos los conocimientos médicos, como se demuestra en la técnica de embalsamiento; el empleo de los cosméticos y el cuidado de una imagen idealizada de la juventud: los egipcios se rapaban o cortaban al mínimo el cabello, cuya cabeza cubrían con pelucas de pelo natural. Los niños se dejaban una coleta lateral. Igualmente se maquillaban. También proporcionan las momias y sus enterramientos información de la alimentación, que para las élites era variada, e la que se incluía la carne. Finalmente aspectos como la música que acompañaba los ritos funerarios, como se puede observar en los numerosos instrumentos conservados como el Sistro, el laúd, la flauta y el arpa.

PICASSO EN MADRID


 La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y la Fundación Beyeler, organizan la exposición PICASSO: ROSTROS Y FIGURAS en el edificio del Museo en Madrid. El artista malagueño vuelve al centro de formación artística donde se matriculó para el curso 1897-1898 ciento veinticinco años después. Reúne un conjunto modesto de medio centenar de obras, pero sin duda, igualmente significativo y con extraordinaria fuerza expresiva. De la fundación suiza provienen los  siete lienzos y dos esculturas, y de la academia, los grabados, principalmente las series, La obra maestra desconocida, y la Suite Vollard, además de tres dibujos y una escultura. Constituye un diálogo preciso entre las dos instituciones que mantuvieron una relación con el genio español.




Los comisarios de la exposición informan al visitante que no se han encontrado ningún ejercicio de copia del natural o de yesos que tenían encomendados los alumnos de la academia, que fuera de mano de Picasso. El propio artista contó en vida que aprendió tanto o más en sus escapadas al Museo del Prado. Sin embargo, la huella sobre el artista se nota en el valor que da a la representación del pintor o escultor y la modelo, al propio oficio de ser artista. Por tanto, aprendió a serlo en la institución madrileña. El conjunto de obras, por otra parte nos informan de su evolución estilística desde principios del siglo XX, especialmente, desde el nacimiento del cubismo hasta su última época, siendo su hilo conductor, los rostros de sus parejas, desde Fernande Olivier hasta Dora Maar.




La trayectoria de Picasso fue larga. Desde el cubismo, hasta el clasicismo pasando por el surrealismo. Una trayectoria marcada por su dominio del dibujo, que en esta exposición queda patente ante el público. Un dibujo hecho pintura o grabado, siempre poderoso y preciso con trazo impetuoso. Lo mismo atento al detalle, que constructor de la forma y el volumen, lo dos igualmente definitorios.

LA PINTURA DE GUILLERMO PÉREZ VILLALTA


 
La sala de exposiciones Alcalá 31 muestra una original retrospectiva titulada GUILLERMO PÉREZ VILLALTA. EL ARTE COMO LABERINTO. sobre las distintas facetas del artista gaditano. De su formación como arquitecto, el diseño del espacio expositivo, que da soporte a su principal actividad, la pintura, completada con un conjunto de muebles de formas originales y joyería. Todo un hombre del Renacimiento, un artífice, como le gusta llamarse. Algún mueble o maquinaria de madera, recuerda a los objetos salidos de la mente de Leonardo Da Vinci, dibujados, y nunca llevados a la práctica. Para cualquier historiador del arte, su pintura, que se podía clasificar dentro del postmodernismo de los ochenta, por sus numerosas referencias culturales, resulta muy valorada. 




La exposición en la sala alargada del edificio de Antonio Palacios alude a una perspectiva de su obra. El arte comprendido como un laberinto. Una referencia clásica al mito del Minotauro. Los cuadros aparecen expuestos en una estructura de paredes a modo de laberinto cuyo punto de fuga es un templo circular que nos recuerda el templete de San Pedro in Montorio de Roma construido por Bramante, decorado con una inscripción interior que dice: La vida surge para tener consciencia de la belleza. Arriba, en el segundo piso, hay un retrato gigante, tal vez el rostro del mismo autor, porque en los laterales hay dos dibujos, con sus autorretratos, uno a los 35 años y otro a los 66, con textos de su mano. Podemos decir, de esta manera, que la exposición trata sobre su obra, y el mismo como centro a lo largo de su vida.




La pintura de Guillermo Pérez Villalta representa mundos imaginarios, que estructura a través de construcciones geométricas dentro de un paisaje frente al mar. Sin duda alguna iluminado con la luz de la costa mediterránea o atlántica de su Andalucía natal. Valora en muchos ejemplos la perspectiva abierta por galerías cuyo fondo se pierde en el horizonte. En otras imágenes, los edificios guardan un depósito de agua donde se desarrolla la escena. Los protagonistas son tanto las pocas figuras humanas, principalmente hombres desnudos, como las estructuras arquitectónicas donde se encuentran. Es el espacio idóneo para el mito clásico, para una vida simbólica, cercana a las imágenes surrealistas, a la manera de Giorgio de Chirico, Dalí o Miró. Y sobre todo, la búsqueda de la belleza a la que llega la imaginación del artista, y que lograda a través del arte, la muestra al espectador para su contemplación.




LA MUJER EN EL ARTE ESPAÑOL (1833-1931)


 La lucha por la igualdad entre el hombre y la mujer continúa en la actualidad. Un proceso cada vez más intenso asociado a la modernidad, para tratar de superar la subordinación al varón, y poder así, desarrollar una vida independiente con las mismas aspiraciones culturales y artísticas. El Museo del Prado, organiza la exposición, INVITADAS. Fragmentos sobre mujeres, ideología y artes plásticas en España (1833-1931), una muestra extensa de 17 secciones temáticas, que gira sobre dos planteamientos. Por un lado, las imágenes de la mujer en la pintura, aquellas que mejor se adaptaban al ideal liberal-burgués que se estaba implantando en nuestro país, por otro, el referido a las mujeres artistas, las dificultades para practicar el arte y su reconocimiento personal.


La mayoría de las obras de la exposición provienen de los fondos del propio museo. Antiguas adquisiciones del Estado con motivo de las Exposiciones Nacionales, muchas de ellas premiadas en las mismas. En la actualidad son desconocidas al gran público pues están cedidas fuera del propio museo o en organismos oficiales de acceso restringido. De ahí la novedad temática y material de la muestra que saca a la luz obras ajenas a los prototipos generados por la historia del arte oficial. En total forman un conjunto de ciento treinta, en la que se mezclan, de ahí, otra novedad, no sólo pintura, sino también escultura, fotografía, miniatura, cine y artes decorativas. Proporcionan una visión completa del papel de la mujer en el arte español al comienzo del mundo contemporáneo.




En la exposición queda demostrada la relación entre el arte y la situación política y social de España. El reinado de Isabel II, aún desde un punto de vista conservador, dirigió el país hacia un régimen liberal burgués. La propia reina, al igual que su madre, María Cristina, que ejerció la regencia, practicaron la pintura como copistas y favorecieron a las mujeres artistas. Sin embargo, la mujer estaba subordinada al hombre, dentro del ámbito de la sociedad patriarcal, que la situaba en tareas domésticas asociadas a la maternidad. La imagen que proporciona la pintura o la escultura, si bien refuerza la capacidad de lucir la corona, también se las toma como inestables emocionalmente si se salen de su papel dentro de la familia tradicional. Incluso susceptibles de extraviarse, de caer en la prostitución o en el adulterio. El arte oficial refuerza la ideología establecida, y solamente unos pocos ejemplos critican la explotación femenina por la exhibición de su cuerpo desnudo o la lactancia subrogada.




La mujeres artistas demostraron su talento desde comienzos del periodo analizado por la exposición. Sufrieron fuertes restricciones en la formación que las relegaba a tareas sin importancia. Aunque se aceptó la practica del dibujo de las damas de la aristocracia, pronto se iban a incorporar otras mujeres cuyos progenitores eran artistas, participando en los talleres. En la mayoría de los casos fueron náufragas, sus nombres desaparecieron de la historia del arte, al ser apenas estimadas por la cultura oficial a pesar de un talento que supo sobreponerse a una falta de formación tan profunda como la masculina. De ahí que se dedicasen a la práctica de la miniatura o a la de copista de grandes maestros, como la propia reina Isabel II, donde hallaron el auténtico lugar de estudio.


El peso y el control masculino de las instituciones culturales, hace que las artistas se especializasen además, en géneros considerados como menores, y adecuados a su carácter específico, como la pintura de bodegones, especialmente de flores. También a la incipiente fotografía de retratos, la mayoría de las veces asociadas a sus maridos. La crítica tuvo que aceptar a finales del siglo XIX su valía como auténticas artistas, y no simplemente como aficionadas, ante la proliferación de ellas en las exposiciones públicas. Unas artistas que recelaban ellas mismas de mostrarse como tales, en vez de como damas, y perder así su estatus social. De todas formas, la presión social en contra de su actividad fue muy intensa, y sólo aquellas, provenientes de familias cosmopolitas, pudieron desarrollar con mayor libertad sus carreras.

MIRADAS AFINES EN LA PINTURA BARROCA

Los oficiales del gremio de pañeros, Rembrandt, 1662, Rijksmuseoum

El Museo del Prado organiza la exposición VELÁZQUEZ, REMBRANDT, VERMEER. MIRADAS AFINES, un conjunto de  setenta y dos obras principales de los grandes pintores españoles y holandeses del siglo XVII, para llamar la atención del prejuicio de la historiografía que ha visto más diferencias entre el arte español y el holandés, cuando existe una sorprendente similitud en el trabajo de muchos de los pintores barrocos. Dicha perspectiva consideraba a las dos naciones contrapuestas debido a la Guerra de los Ochenta Años (1568-1648), que condujo a la independencia de los Países Bajos, entre los cuales se encuentra Holanda, del resto de la Monarquía Española en este periodo. 

El geógrafo, Vermeer, 1669, Städel Museum

La historiografía ponía de manifiesto que las diferencias entre una nación católica y otra protestante, se veían con claridad en el arte. Sin embargo, la exposición madrileña, que reúne un conjunto excepcional de obras maestras, por un acuerdo extraordinario de colaboración entre el Rijksmuseum de Amsterdam y el Museo Nacional del Prado, demuestra que el uso del arte como argumento para afirmar la singularidad de las naciones ha sido utilizado de forma exagerada. Los artistas no pretendían expresar una esencia de las mismas, sino unos ideales estéticos compartidos por muchos artistas europeos, plasmados a través de unos recursos técnicos también comunes.

Demócrito, Ter Brugghen, 1628, Rijksmuseum/Demócrito, Ribera, 1630, Museo del Prado

La exposición se organiza en una introducción y seis secciones donde se realiza la comparativa de obras entre los autores holandeses y españoles. En la misma introducción se establece ya el hilo conductor de la muestra. A pesar de las diferencias entre las sociedades de las naciones enfrentadas, el arte tiene rasgos comunes, no vinculados al enfrentamiento bélico. En el primer apartado titulado, Imagen, moda y pintura en España y los Países Bajos se evidencia la similitud en la tipología del retrato, difundido a partir de modelos flamencos e italianos de finales del siglo XV y XVI, y la vestimenta de color negro. El Greco, Murillo, Frans Hals y Rembrandt, emplean tipologías similares.

Cuatro figuras en un escalón, Murillo, 1655-60, Kimbell Art Museum

La sección tercera, titulada, Ficciones realistas, muestra la semejanza en el tratamiento realista o naturalista de los temas de la pintura. Ter Brugghen y Ribera contribuyeron al conocimiento del realismo en Holanda y España a principios del siglo XVII. Fue desarrollado, por un lado, por Rembrandt y Vermeer, y por otro, por Velázquez y Zurbarán. En el apartado cuarto, referido a la Pintura de naturalezas muertas, la afinidad es evidente al ser un género paneuropeo. Las obras de Pieter Claesz, Juan Van der Hamen, Pieter Steenwiljck y Francisco de Zurbarán, muestran la habilidad de sus autores para reproducir fielmente los objetos para destacar el estatus, la cultura o los valores morales del propietario.

Fragmento de Vista de casas en Delft, Vermeer, 1658/ Fragmento de Vista del jardín de Villa Medici, Velázquez, 1630

La siguiente sección, Pintar a golpes de pincel groseros, se centra en aspectos técnicos comunes, en la pincelada suelta y empastada de origen veneciano, llevada a cabo por Tiziano y Tintoretto en el siglo XVI. De esta manera se comparan, Velázquez y Frans Hals, Ribera y Rembrant, y finalmente, Vista del jardin de Villa Medici en Roma, del primero, con Vista de casas en Delft, de Vermeer. El último apartado, Contactos entre artistas y mecenas, demuestra, especialmente con obras de Murillo como Cuatro figuras en un escalón o El joven gallero, que éste autor debió conocer cuadros holandeses mediante contactos con comerciantes de ese origen residentes en Sevilla, que le influyeron en el ilusionismo pictórico y el tono satírico.

LA PINTORA DEL ART DÉCO

Chicas jóvenes, 1930

En el Palacio de Gaviria se exhibe la exposición, TAMARA DE LEMPICKA. REINA DEL ART DÉCO, una retrospectiva de la artista polaca, contextualizada dentro de vestidos, muebles, esculturas, guantes, sombreros, joyas, pertenecientes a esta estética, predominante en los llamados, felices años 20. Constituye un conjunto de unas 200 piezas, organizadas principalmente según el tema. El recorrido que propone la comisaria, Giola Mari, para la empresa Arthemisia, sumerge al espectador en aquellos años, teniendo como hilo conductor la biografía intensa y apasionada de la pintora. Una de aquellas mujeres independientes, modernas y vinculadas al arte, que logró la fama. 

Bailarina rusa, 1924

Partió su carrera con el descubrimiento de su vocación en un viaje a Italia. Luego vendría el primer matrimonio con un aristócrata ruso. Tras la revolución, tuvo que instalarse en París. Allí entraría en contacto con la efervescencia cultural más vanguardista de Europa. Estudió pintura con Maurice Denis y André Lothe. Se vió influenciada por el cubismo y los planteamientos del futurismo de buscar la belleza en la vida moderna, en los diseños de los coches, en las nuevas máquinas recién inventadas, que proporcionaban más libertad y goce al ser humano. Además, la influencia de los pintores del Renacimiento y Barroco, le llevan a crear un estilo personal, clásico y figurativo, comprendido dentro de la estética del Art Déco.

La bella Rafaela, 1927

Desde joven estuvo vinculada al mundo de la moda como ilustradora. Las numerosas fotografías de los años 20 y posteriores, nos informan de una artista, no sólo en cuanto pintora, sino en la manera de vestir, perteneciente a la alta burguesía y la aristocracia, mundo en el que entraría definitivamente con su segundo matrimonio, al casarse con un rico coleccionista de su obra y amante, el barón Raoul Kuffner. En la Exposición Internacional de París de 1925, logró exponer cuadros de su mano. Por aquellas fechas consigue un gran éxito entre el mundo del glamour y la cultura. Llegó a tener como modelos a escritores, nobles y reyes, compartido con el ambiente bohemio proporcionado por sus numerosas amantes debido a su bisexualidad, expresión de la mayor libertad alcanzada por la mujer en esa época.

Con Salvador Dalí, 1941

En 1932, Tamara de Lempicka realizó un viaje por España. La exposición madrileña es la primera que se lleva a cabo en nuestro país. Presenta como novedad, el retrato inacabado del rey Alfonso XIII, exiliado en Italia, para quien posó varias veces, a quién recuerda como muy hablador. La consolidación de los fascismos en Europa y la amenaza de la guerra, hizo que emigrara con su marido a EEUU, donde terminaría su carrera en el mundo del arte y la moda, después de entrar en contacto con la edad dorada de Hollywood, y luego con el Nueva York que se abría al mundo como nuevo centro del arte moderno internacional.

La artista coloca a la modelo, 1940

HISTORIA DE AMISTAD


Literatura y arte pictórico confluyen en la película, CÉZANNE Y YO (Cézanne et moi) realizada por la directora francesa, Daniéle Thomson. Dos grandes genios, el pintor postimpresionista y el escritor, Emile Zola, tuvieron una fuerte amistad que perduró en el tiempo, desde la infancia hasta la vejez. Tan importante que se sobrepuso a los gustos e inclinaciones de cada uno y fue en sentido contrario a sus orígenes sociales. Uno alcanzó el éxito desde un entorno social humilde apostando por la novela naturalista en la segunda mitad del siglo XIX. Criticaba a la burguesía y defendía a los más desfavorecidos. Otro, no fue reconocido hasta los 50 años para convertirse en un precursor de la pintura contemporánea, de los movimientos de vanguardia de principios del siglo XX.


Cézanne tuvo un origen acomodado, pero su apuesta por el arte le supondrá incomprensión y privaciones económicas. Hasta la última década del siglo XIX su pintura no fue valorada ni por aquellos compradores que aceptaron a los impresionistas. Su estilo pictórico era distinto. Aunque se inspiraba en la naturaleza su pintura no la refleja de manera realista o a través de los efectos de luz y color, sino por medio de una visión personal que sirve de interpretación de la misma. La tendencia geométrica que le llevó a representar los paisajes de Provenza o a la figura humana y los objetos supondrán una revolución como las aportaciones de Van Gogh y Gauguin. Para llegar a ella tuvo que superar su propia desesperación de no ser reconocido como artista.


El escritor Emile Zola siempre animó a Cézanne para seguir pintando. Le reconocía un gran talento artístico y ayudó para que nunca le faltase el dinero para subsistir hasta que heredó la fortuna de la familia. Sin embargo le reprochaba un carácter amargo por la falta de éxito de su estilo entre el público. Un carácter y experiencia vital problemática que le sirvió de inspiración  para escribir la novela, La obra, que supondría un distanciamiento entre ambos. A Cézanne no le gustó que reflejase episodios de su vida tal como fueron y que admirase mucho más a Manet. La película gira entorno a este episodio y la disputa entre ellos con sucesivos flash back de la biografía pasada. Después de este encuentro las vidas de ambos cambiaron, la de uno hacia el éxito tras ser reconocido por los aficionados, la de Zola, hacia la felicidad personal al tener una nueva familia.

ARTE Y CINE

Marcel Duchamp, Rotorelief, 1935

El Caixa Forum Madrid organiza la exposición, ARTE Y CINE. 120 AÑOS DE INTERCAMBIOS, en la que participa La Cinemáthèque Française, con sus propios fondos y la colaboración de otras instituciones. Reúne un conjunto variado de materiales, fragmentos de películas, carteles, esculturas, pinturas, videoinstalaciones, libros, grabados, dibujos, fotografías y objetos relacionados. Ordenados cronológicamente, sobre todo, desde el cine más primitivo, muestra el constante intercambio de ideas, técnicas, visiones, movimientos y contactos entre éste y el resto de las artes. El conjunto se ordena en nueve apartados, que se inicia con el denominado 1800, le sigue 1900, luego cada una de las décadas del siglo XX, para terminar con la sección más reciente, titulada, 1980/2010.

Auguste y Louis Lumière, Danza serpentina II, 1897-99

El recorrido arranca para el visitante descubriendo la intención del hombre de representarse así mismo y a la realidad de la manera más fidedigna. Dos elementos son fundamentales en ella, el tiempo y el movimiento, que quedan concretados en los dioramas, y en las investigaciones de Étienne-Jules Marey y Eadweard Muybridge. Desde las primeras películas que realizaron los hermanos Lumière se observa cómo guardaron un parecido con los motivos de los pintores impresionistas. La llegada del tren a la estación de La Ciotat se compone según los códigos de la representación pictórica. Hasta la Primera Guerra Mundial, el cine seguía la tradición del arte pictórico, y éste, llegaría a inspirar a los pintores.

Charles Chaplin, Tiempos modernos, 1936

El cine fue un gran impulsor de los movimientos de vanguardia del siglo XX. También formó parte de ellas. Se puede relacionar a Chaplin con el cubismo y el futurismo. Una relación más intensa se establece con el expresionismo y, especialmente, con el surrealismo. Fueron grupos que unieron literatura y artes plásticas, a las que se incorporó el cine y la fotografía. Los ejemplos de Dalí y Luis Buñuel destacan sobre todos. Marcel Duchamp y Francis Picabia cambiaron los pinceles por la cámara. Posteriormente, Hitchcock invitó a Dalí a colaborar en la película, Recuerda. Max Ernst, se inspiró en el cine para la creación de collages. Con el tiempo, la importancia del cine se acrecienta, y artistas como Picasso, se dejaron seducir, al participar en la película de Henri-Georges Clouzot.

Mimmo Rotella

Un hito fundamental en esta historia de intercambios mutuos entre el cine y las demás disciplinas, fue la aportación de la nouvelle vague, al cuestionar la narrativa cinematográfica, volviéndose hacia la pintura moderna y al arte conceptual. Lo podemos comprobar en la obra de Jean-Luc Godard y su relación con artistas como Ives Klein o Andy Warhol. Durante la etapa más reciente, que abarca desde los años ochenta del siglo pasado hasta los actuales años dos mil, el cine mantiene su vitalidad. Sigue estructurando, narrativa y estéticamente, tanto el videoarte como las instalaciones en la que se utiliza la imagen en movimiento.  

Alain Fleisher, Lo que el viento se llevó, 1979

Finalmente, la tecnología digital no se ha convertido en una amenaza para el cine, sino que han ampliado su capacidad de investigación formal, y ha permitido que formase parte de los museos como se intentó ya desde los años 70. Al poderse exponer las películas en las paredes sin riesgo para las cintas de celuloide, rivalizan con las imágenes inmóviles de la pintura, la escultura y la fotografía.

TESOROS DE LA HISPANIC SOCIETY

Archer Milton Huntington, José María López Mezquita, 1926

El Museo del Prado organiza una amplia exposición dedicada a las colecciones de la Hispanic Society Museum and Library de Nueva York. Constituyen el conjunto más importante fuera de la Península Ibérica de arte español y de América Latina de obras de arte y libros, representativos por su calidad y cantidad. Fueron reunidos por Archer Milton Huntington, filántropo, coleccionista e hispanista  en apenas cincuenta años con la intención de fomentar la apreciación rigurosa de nuestra cultura y profundizar en su estudio, a través del arte y la literatura. La institución abrió sus puertas en 1908 en la Ciudad de los Rascacielos desarrollando desde esa fecha esta labor sobresaliente.

Retrato de niña, Velázquez, 1638

La exposición de Madrid presenta unas 220 obras, especialmente 74 pinturas y 13 esculturas, desde la Prehistoria hasta el siglo XX, distribuidas en dos ámbitos, divididos a su vez en 10 secciones. La primera parte llega hasta el siglo XIX y supone un recorrido por la producción artística en España y Latinoamérica. Llama la atención por la riqueza y profundidad de los fondos al mostrar desde vasos campaniformes del calcolítico, mosaicos y esculturas romanas,  pinturas medievales, tejidos islámicos, hasta ejemplares singulares de su biblioteca, con importantes documentos firmados por reyes y artistas. Podemos citar  los privilegios firmados por Alfonso X el Sabio y Juan II y los escritos que llevan la firma del emperador Carlos V a su hijo Felipe II o a Tiziano, o la carta de la reina Isabel de Inglaterra.

Mapamundi, Giovanni Vespucci, 1526

La pintura del Siglo de Oro y el siglo XVIII muestra su mayor protagonismo con importantes ejemplos del Greco, Antonio Moro, Luis de Morales, Zurbarán, Murillo, Alonso Cano, Juan de Valdés Leal, Goya y sobre todo Velázquez, del que se exponen tres retratos, uno del Conde-duque de Olivares, otro de una niña, y el de Camillo Astalli. Además, se puede ver una carta de éste a Damián Gotiens. El recorrido de esta primera parte termina con el arte colonial y la sección cartográfica en la que destaca el Mapamundi de Giovanni Vespucci. 

Retrato de Juan Ramón Jiménez, Joaquín Sorolla, 1916

La segunda parte, situada en la planta superior,  es más ligera para el visitante. Ofrece una amplia selección de la pintura española del finales del siglo XIX y principios del XX, con obras de Beruete, Anglada Camarasa, Nonell, Rusiñol, Solana o Viladrich. Destaca sobre todo en esta última parte, la excepcional galería de retratos de la intelectualidad española de la época con la cual Huntington estableció relación, realizada por Joaquín Sorolla e Ignacio Zuloaga.

EL ARTE DENTRO DE LA PINTURA

Huyendo de la crítica, Pere Borrell del Caso, 1874

El Museo del Prado organiza la exposición, METAPINTURA. Un viaje a la idea del arte, en la que se nos muestra un recorrido introspectivo o de reflexión sobre la concepción de la Pintura y la Escultura que se realiza dentro de las propias obras artísticas, desde finales de la Edad Media hasta los inicios de la Contemporánea. Estas se convirtieron en ventanas de una realidad exterior o espejos en los que sus autores reflejaron una serie de cuestiones referidas a su actividad, al arte mismo. El recorrido o viaje es progresivo, a través de quince etapas donde se habla de la relación de éste con el artista y la sociedad. Reúne un conjunto de 137 obras, principalmente pinturas, aunque también hay dibujos, estampas, libros y esculturas. La mayoría provienen del Prado, lo que se inscribe en una muestra que propone una perspectiva diferente sobre sus propias colecciones.


El origen de la pintura, Matías de Arteaga, 1665

El recorrido termina en 1819, fecha de la creación del Museo del Prado, lo que supuso para España que la pintura o la escultura debían ser protegidas por el Estado y servir a la educación y la cultura del país. Un viaje donde el visitante se da cuenta de la importancia que han tenido las Colecciones Reales y el arte español para la institución. En un principio se concebía al arte como universal sin fronteras hasta llegar a ser entendido dentro de nuestra historia nacional. Para mostrar las distintas perspectivas de análisis y el desarrollo, el conjunto se organiza en quince etapas o secciones. Las dos primeras aluden a las concepciones, religiosa o pagana, mitológica de la imagen. Son los orígenes. La misma divinidad es un artista, incluso la propia Naturaleza. Necesitan la pintura para mostrar su propia imagen. San Lucas fue pintor de la Virgen.

Autorretrato, Murillo, 1670

El mito de Narciso alude a la creación de una imagen artística, la reflejada en el agua donde se ahogó.  En la sección, Cuando no basta el arte: el poder de la imágenes, se alude a su poder mágico o religioso. Cobran vida y se aparecen a los hombres con los que establecen una relación milagrosa. En La pintura como signo, se muestran varios ejemplos de cuadro dentro del cuadro, que nos ayudan a comprender el significado de la obra donde se encuentran. Le sigue, Los límites del cuadro, la escena o los personajes representados parecen sobrepasar los marcos de la representación pictórica. La parte intermedia de la exposición nos informa que Las Meninas pintada por Velázquez y el Quijote de Cervantes, la primera representada por una fotografía de Laurent y el segundo por los ejemplares de la primera edición, son los mejores ejemplos de obras autorreferenciales, uno de una novela sobre la novela, y otro de una pintura sobre la pintura.

El Archiduque Leopoldo Guillermo en su galería de pinturas de Bruselas, David Teniers, 1647-51

En la segunda parte de la exposición nos plantea nuevas perspectivas entorno a la representación pictórica y a los propios artistas. Son las secciones tituladas, Historia y Tradición: Tiziano; Arte Infinito, donde se expone Las Hilanderas de Velázquez, como ejemplo paradigmático; y el Rostro del Arte, un conjunto sobresaliente de autorrretratos y retratos de artistas. Sabemos cómo quieren ser percibidos, nos falta, donde deben exponerse sus obras. Así se presenta la sección, Los lugares del arte, que muestra los grandes palacios de la monarquía absoluta conteniendo conjuntos extensos de pinturas que estimulan nuestro sentido visual. 


Giovanni Battista Casseli, Sofonisba Anguissola, 1557-58
La llegada de la Ilustración y el fin de la Edad Moderna, es el momento para surgir un nuevo relato o interpretación sobre el arte. Lo comprobamos en las últimas secciones, denominadas, La Historia del Arte; Goya y la crisis de la imagen religiosa; Hacia un nuevo artista: entorno afectivo y subjetividad; y Mitos modernos: amor, muerte y fama. La obra y la personalidad del artista aragonés son esenciales. Jovellanos llevará a cabo la primera historia moderna de la pintura española. Los usos tradicionales de la imagen religiosa se pone en cuestión. Los artistas representan con frecuencia su entorno afectivo, y se prima la subjetividad en los artistas, lo relacionado a su personalidad y la fama. La última sección se titula, El fin del viaje, lo preside el retrato de la reina Isabel de Braganza, esposa de Fernando VII, impulsora del Museo del Prado.