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COMPROMISO CON EL ARTE


 

Se ha repetido muchas veces que los grandes actores mueren en el escenario. Estamos acostumbrados a verles trabajar hasta edades prolongadas, a diferencia de otras profesiones cuya retirada es más temprana. En ello interviene su capacidad para producir arte, crearlo o interpretarlo a partir de los textos inmortales de la literatura. Es todo un espectáculo escuchar su voz y disfrutar de los gestos con que acompañan sus palabras, que sin su aportación, carecerían de tanto sentido y valor artístico. A ello se une una elegancia natural, un carisma propio, surgido de su experiencia y el reconocimiento del público a través del tiempo. Una de estas intérpretes es la que retrata la película, ELEONORA DUSE, LA DIVINA, escrita y dirigida por Pietro Marcello, que cuenta el regreso de esta diva, tras permanecer doce años alejada de los escenarios por la necesidad de reafirmar su personalidad y sus carencias económicas, en una época de rápidos cambios tras la Primera Guerra Mundial y el surgimiento del Fascismo.



Eleonora Duse, la protagonista, decide volver a los escenarios ya mayor y enferma de tuberculosis, a pesar de la oposición de su hija Enrichetta. Acompañada siempre de su asistente, Desirée, lo primero que hace es reunir su compañía, un grupo de actores dispuestos a compartir su aventura, en una época convulsa de la historia de Italia, cuando los Camisas Negras se imponen violentamente en las calles. Las dificultades son máximas por la crisis económica del momento. Al principio, les va bien, Eleonora vuelve a recibir masivos aplausos en los mejores escenarios, entre ellos, de la misma Sara Bernard, presente entre el público en una ocasión. Sin embargo, sus intereses chocan pronto con los objetivos económicos y artísticos de otros. La colaboración con un amigo escritor le lleva al fracaso y a los abucheos del público. Entonces, decide pedir ayuda al que fuera su amigo, Gabriele D´Annunzio, el famoso poeta y escritor, hoy al servicio del régimen fascista.



De esta manera, no tarda en llegar la llamada de Mussolini, que en un breve encuentro le propone condonar sus deudas y premiarla con una pensión vitalicia. Por su parte, ella sugiere la construcción de un teatro singular que imaginó en sueños. Tiene también en mente llevar a los escenarios una obra de Gabriele D´Annunzio, pero éste le advierte que el Duce, la quiere manipular, ponerla a su servicio para reforzar su poder. Con graves síntomas de su enfermedad, permanece retirada en su palacio de Venecia, pero en un momento dado, decide volver a trabajar, que es su razón de existir, y marcharse a EEUU donde morirá en 1924 aclamada por el público. Al margen de la historia, la película destaca por la forma en la que el director la cuenta, mezclando las imágenes rodadas, donde lleva el protagonismo las palabras de la famosa actriz, con otras de la época, procedentes del archivo, que muestran el viaje del féretro del Soldado Desconocido en tren hasta Roma, que refuerza, la ya de por si, la belleza y elegancia de las imágenes de una época ya desaparecida.

LA DESESPERACIÓN DE MODIGLIANI


 

A comienzos del siglo XX, se desarrolla una auténtica revolución en la pintura. La protagonizaban los artistas de vanguardia. Aquellos que educados en unas formas tradicionales, querían aportar una concepción nueva, más avanzada, de entender el arte. Unos, como Pablo Picasso y Henry Matisse, alcanzaron pronto el reconocimiento, y encabezaron estilos novedosos como el Cubismo o el Fauvismo; otros, en cambio, no tuvieron ese reconocimiento o murieron jóvenes, quedando relegados al juicio de la posteridad. Es el caso del famoso artista del mismo nombre, que protagoniza la película, MODIGLIANI, TRES DÍAS EN MONTPARNASSE, dirigida por Johny Depp, basada en la obra de Dennis Mcintyre, que cuenta la frustración por no ser suficientemente valorado por los coleccionistas en el París de 1916, durante la Primera Guerra Mundial.



La obra de Amedeo Modigliani alcanza hoy en las subastas precios astronómicos, pero a comienzos del siglo pasado, era escasamente valorada. El artista vivía por ello en la pobreza, junto a otros de su misma condición, como Maurice Utrillo y Chaim Soutine, que los vemos en la película, unidos por sus juergas nocturnas por las calles de París. Modigliani buscaba el reconocimiento de su creatividad, no tener que vender sus cuadros y esculturas como un artista ambulante. También, haciendo retratos de damas en restaurantes y cafés, que muchas veces acababan con altercados. Si bien confiaba en su marchante, Zborowski, se dio cuenta rápido, que se beneficiaba por las ventas de sus pinturas, sin retornarle los ingresos que obtenía. En esos días de 1916, que narra el argumento, ante esta situación improductiva, Modigliani le pide dinero para regresar a su ciudad natal, Livorno, lugar donde se sitúan muchos de sus sueños de la infancia.



La guerra, sus recuerdos de una infancia difícil junto a su madre, la muerte que se apodera de la capital francesa por la incesante violencia, la tuberculosis que le hace toser sangre, llenan los días y las noches de aquella época. Solamente la compañía de su novia, la periodista, Beatrice Hastings, que a la vez hace de modelo, le alivia el sufrimiento y la espera de un coleccionista que parece interesado en sus obras, un personaje llamado, Gangnat. Luego se enterará, que era un engaño del marchante para retenerle en París. Además, el encuentro con el coleccionista será la causa que incremente su ira por no tener el suficiente reconocimiento. Le dirá que su pintura apenas valen unos pocos francos, a diferencia de su esculturas. La película termina cuando Modigliani, desesperado, destruye las obras que tenía en su casa taller lanzándolas por la ventana. 

ALEMANIA ENTRE GUERRAS


 

El Caixaforum de Madrid presenta la exposición, TIEMPOS INCIERTOS. ALEMANIA ENTRE GUERRAS, sobre el periodo bajo el régimen de la República de Weimar, entre 1919 y 1933. Un periodo convulso de crisis económica y social, pero a la vez profundamente democrático, de desbordante creatividad cultural en todos los ámbitos. La muestra hace una explicación sobria y pedagógica del periodo, primero desde el punto de vista histórico, luego económico, para centrarse en distintos apartados específicos que merecen una precisa puntualización. Fue un periodo que arranca y termina de la misma manera a través de una trinchera de altos muros negros donde se proyectan, primero el número de muertos y heridos de la Primera Guerra Mundial, y al final, las cifras incrementadas del segundo conflicto internacional. Antes, se conoce la deriva totalitaria de Alemania con el ascenso de Hitler al poder que provoca la creación de una dictadura. De esta manera, podemos conocer, con amplio conjunto de pinturas, esculturas, fotografías, documentos escritos y sonoros, películas originales, vídeos y maquetas, éste rico periodo.



Alemania cayó derrotada por los aliados en noviembre de 1918. Las consecuencias no se hicieron esperar. El Kaiser abdicaría y el régimen se convertiría en una república parlamentaria que tuvo que hacer frente a la revolución comunista liderada por Rosa Luxemburgo. La constitución de 1919 establecería un Estado plenamente democrático regido por el sufragio universal y la defensa  de los derechos de la libertad e igualdad. Sin embargo, tuvo que hacer frente desde el principio a fuertes problemas sociales a causa de la crisis económica producida por las reparaciones de guerra establecidas en el Tratado de Versalles y cuyo síntoma más importante fue la hiperinflación. Una crisis que finalizaría en 1924 debido al apoyo mediante créditos de EEUU. Se iniciaba una época dorada hasta 1929, cuando se produce el famoso crack bursátil, que implicaba la retirada de las inversiones norteamericanas, que se tradujo en millones de parados. 



La exposición tiene varios apartados que nos ofrecen un retrato preciso de la importancia en todos los ámbitos de los 14 años que duró la República de Weimar. Un valor para entender el pasado, como nuestro presente, y el mismo futuro. La Gran Guerra dio fin al llamado mundo de ayer, denominado por el escritor Estefan Zweig. También a ese apogeo de la burguesía descrito por Thomas Mann. Se abría un tiempo de confrontación entre el individuo y la masa que se movilizaba para conseguir sus reivindicaciones. El cine expresionista, propio del periodo, trata de la manipulación de las colectividades. Walter Benjamín subrayó la estetización de la política del fascismo, así como de la politización del arte del comunismo. Las obras artísticas del periodo son un reflejo de ello. La sociedad democrática está asediada por la desigualdad económica. La riqueza de unos y la pobreza de la mayoría. Bertolt Brecht llegó a afirmar que el arte no es un reflejo de la realidad, sino un martillo para darle forma. Por otra parte, este periodo de libertad lo es de empoderamiento de la mujer y de considerar otros roles de género.



Llegada la estabilidad económica se impuso en la representación pictórica la llamada nueva objetividad, el realismo, frente al expresionismo y el radicalismo dada de los primeros años después de la guerra. También influye el constructivismo ruso con su lenguaje abstracto. La experiencia más significativa de la República de Weimar fue la escuela, primero de arte, luego técnica de la Bauhaus. Una escuela que desde el principio unió el saber teórico con el práctico, llevado a cabo por relevantes artistas. Posteriormente, en la nueva sede de Dessau se transformó en un centro de diseño dirigido a la industria. La llegada de los nazis al poder, y con Mies Van Der Rohe como director se centraría en la arquitectura hasta su cierre. Podemos conocer en la exposición los productos innovadores formalmente que salieron de ella. Son representativos del diseño funcional contemporáneo. Por otra parte, la música mostró su vertiente más innovadora y transgresora con el dodecafonismo de Schönberg y el teatro musical del dramaturgo Bertolt Brecht y el músico Kurt Weill.



La ciencia, además amplió el determinismo del principio, causa-efecto, por las aportaciones de la teoría de la Relatividad de Einstein, y sobre todo del principio de incertidumbre de Heisenberg desde de física cuántica. Esta situación se ve reflejada en la confrontación filosófica entre Ernst Cassirer, de carácter neokantiano, que sigue la tradición ilustrada de la modernidad, por el que el ser humano es un animal racional, que sigue los valores universales de la humanidad: libertad, moralidad y racionalidad, opuesto a su cuestionamiento por Martin Heidegger, que los cuestiona en favor de la angustia existencial, donde no existe nada permanente, regido por la incertidumbre, donde destaca la ilusión y el autoengaño. Dos maquetas ilustran ambas posturas. En una la bola recorre el trayecto condicionado por el trazado dirigido a un fin, en otra se pierde en múltiples vericuetos. La muestra termina con el fin del sueño democrático al llegar Hitler al poder, que propicia la persecución de los opositores y de todas aquellas ideas contrarias a su ideología totalitaria. Un sueño que, por tanto, produce monstruos, aquellos que Goya llevó al grabado más de un siglo antes, y que pueden contemplar los visitantes.



El recorrido de la exposición acaba resaltando el parecido entre el periodo histórico de Weimar y el mundo, porque aquellas tensiones que vivió, las tenemos de alguna manera hoy. Vivimos en un mundo en constante cambio que alumbra un futuro distinto. Sentimos la incertidumbre de este presente en constante transformación. Debemos saber como afrontarlo. No debemos caer en la angustia y el miedo. Las soluciones se encuentran en la reflexión, el debate, la escucha y la participación.


RECUERDOS DE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL


Estamos acostumbrados a estudiar los grandes acontecimientos históricos centrándonos en los personajes más famosos, en los hechos relevantes, en las causas y las consecuencias de los mismos. Sin embargo, se dejan de lado a los individuos que vivieron de forma anónima una experiencia memorable o fueron testigos de sucesos dignos de narrar. La Gran Guerra que se produjo en Europa entre 1914 y 1918, es un acontecimiento relevante en la Historia contemporánea desde muchos puntos de vista. Un periodo sangriento que cambió o truncó las vidas de muchos soldados que participaron en la batalla. A los recuerdos que legó, está dedicada la película, 1917, escrita y dirigida por San Mendes.


Los recuerdos del abuelo del director están presentes en el argumento. Fue un condecorado soldado inglés en la Primera Guerra Mundial que actuó como mensajero, a causa de su corta estatura, que le permitía no ser visto entre los frentes. Los protagonistas de la película son dos soldados que son elegidos para llevar una orden del general inglés para parar el ataque de una compañía avanzada, porque era una trampa del ejército alemán. Pensaba que los germanos estaban en retirada y era un buen momento para atacar sin tener una posición fuerte. Era todo lo contrario, se habían atrincherado unos kilómetros más allá de las anteriores posiciones, como informaban los aviones espía. Sin contacto telefónico, no quedaba otra opción que entregarles la orden físicamente.


El periplo entre las posiciones donde estaba el mando inglés y las unidades avanzadas más allá de las antiguas líneas enemigas, constituye el argumento de la película. Un recorrido peligroso porque todavía hay soldados alemanes dispersos. La cámara en todo momento sigue a los protagonistas que sin apenas tiempo marchan para cumplir la misión encomendada. De esta manera, somos testigos de las numerosas víctimas humanas de los dos bandos. Yacen descompuestos entre los restos de las cruentas batallas. La llamada Tierra de Nadie entre las trincheras, constituye un paisaje desolador, lleno de numerosos agujeros producido por las explosiones de la artillería, sin ninguna vegetación. Al cabo Blake le habían elegido porque su hermano se encontraba en la unidad avanzada. Además, sabía orientarse bien con los mapas, pero no logrará culminar la misión, al morir a manos del enemigo.


El cabo Schofield será quien lo logre, tras pasar las enormes dificultades con las que se encuentra. Enfrentarse violentamente con soldados alemanes y recorrer parte del trayecto en medio de las aguas embravecidas de un río. Al final cumple la misión, cuando las tropas británicas habían lanzado la primera oleada de ataque. Se evitará, así, numerosas muertes sin sentido ante un objetivo imposible, como tantos otros en esta primera contienda mundial. Las últimas escenas de la película son para la familia del cabo fallecido, para su propia familia, que le espera de regreso, mientras mira sus fotos.

EL PROBLEMA DE EUROPA


El siglo XX fue el más sangriento de la historia europea. Dos guerras mundiales, varios conflictos bélicos y los genocidios judío y musulmán. Se puede decir que se inició en junio de 1914 cuando el heredero al trono del Imperio Austro-Húngaro, Francisco Fernando y su mujer fueron asesinados en Sarajevo, hoy Bosnia-Herzegovina. La zona de los Balcanes ha sido desde hace más de cien años una zona de conflicto, de enfrentamiento entre naciones, lenguas, culturas y religiones diferentes. La violencia desatada allí se ha extendido por todo el continente y el mundo. Este hecho ha llevado a superar las tragedias pasadas y a crear un modelo nuevo de convivencia pacífica en Europa. La película, HOTEL EUROPA, escrita y dirigida por Danis Tanovic, aborda esta cuestión.


Se basa para ello en la obra del filósofo francés, Bernard-Henri Lévy del mismo título, que se estrenó en el Teatro Nacional de Sarajevo en junio de 2014. La película cuenta los acontecimientos previos, durante la mañana del estreno en el Hotel Europa. Allí se darán cita personalidades de la cultura y política  para celebrar el centenario del atentado que dió lugar a la Gran Guerra. Sin embargo el lugar es un auténtico caos. Los bancos están apunto de embargarlo por no pagar las facturas y los trabajadores preparan una manifestación por que llevan varios meses sin cobrar. Acaba de llegar el actor principal de origen francés que representará la obra en el teatro. En la azotea se realiza un programa de televisión donde intelectuales, historiadores y el descendiente serbio de Gavrilo Princip, del mismo nombre, el autor del histórico atentado polemiza con la presentadora bosnia.


A lo largo de la mañana se incrementa el caos dentro del hotel. El director trata por todos los medios de que los bancos no ejecuten la hipoteca. También trata de frenar la huelga llamando a unos gánsteres que tienen su garito en el sótano del estableciento, dedicado a la prostitución y al juego, para que atenten contra los líderes de la protesta, entre ellos, la madre de la protagonista, Lamija, la recepcionista. Todo termina cuando Gavrilo Princip, al bajar por la escalera armado con una pistola que portaba es tiroteado por el policia que vigilaba la puerta del actor francés que ensayaba en la habitación. Ante este hecho, se evacua el hotel, paralizándose cualquier actividad.


La película aparece ante el espectador como una narración coral de varios personajes en distintos puntos del hotel. Compone una auténtica metáfora de los enfrentamientos habidos en la ciudad de Sarajevo a lo largo del siglo XX, cuyos mandatarios de uno o de otro signo han dejado sus huellas. Para unos el atentado fue un acto terrorista, para otros una acción liberadora frente al ocupante. La historia pesa en la ciudad, la violencia que padeció desde hace cien años, como en el resto del continente europeo. Por ello, se hace necesario crear y respetar un proyecto que supere las diferencias creadas por el nacionalismo,  y esté alejado de cualquier recurso a la violencia. Este proyecto se llama Europa donde convivan pacíficamente las diferentes sensibilidades.

AMOR Y PERDÓN


La Gran Guerra causó millones de muertos y heridos entre la población de Francia y Alemania, dos paises europeos fronterizos, de historia común, pero con rivalidades económicas y políticas. A causa de la sangrienta contienda, numerosas familias perdieron a sus hijos. Nada más terminada la misma, a la alegría por su final se unían los sentimientos de odio entre los dos países. Las condiciones que impondría Francia a Alemania en el Tratado de Versalles propiciarían la Segunda Guerra Mundial. En este contexto se desarrolla el argumento de la película, FRANTZ, escrita y dirigida por François Ozon, basándose en la obra de Maurice Rostand, El hombre al que maté, llevada al cine en 1931 por Ernst Lubitsch bajo el título, Remordimiento.


El director francés cambia el punto de vista y lo sitúa en el lado alemán. Cuenta la historia de Anna, que visita cada día la tumba de su prometido en el cementerio del pueblo. Su novio Frantz había muerto al final de la guerra en el frente. Un día descubre que un joven deposita flores en ella. Se llama Adrien y viene de Francia para recordar a la persona con la que tuvo una estrecha amistad. La joven le presenta a sus padres, todavía muy afectados por la muerte de su único hijo. Se gana su confianza y les alegra oir las historias que les cuenta cuando estuvieron juntos en París de visita en el museo del Louvre, o tocando juntos el violín, del que el francés es un maestro. Sin embargo, todo cambia cuando confiesa a Anna que la razón de su viaje era pedir perdón por haber matado a Frantz.


Anna no le cuenta la verdad a los padres que creen que ha tenido que regresar rápido de un ambiente hostil contra la presencia de cualquier francés. Ella había quedado con Adrien en seguir manteniendo la correspondencia, pero esta se interrumpe de repente. La protagonista vive por primera vez la desesperación que le produce la muerte de su amado y se intenta suicidar. Son los padres de Frantz quien le ayudan a ella ahora, y le animan a seguir con su vida. Anna decide, entonces, viajar a Francia para encontrar a Adrien con la esperanza de comunicarle el perdón y declararle su amor. Llega a París, pero ya no se encuentra en su domicilio, ni trabaja como violinista en la ópera. Le encuentra viviendo en la casa familiar con su madre en un pueblo, ya recuperado de la locura que le causó matar a un inocente en la guerra mundial y comprometido con una amiga de la infancia para casarse.


Ante estas circunstancias, Anna decide regresar, pero al final se queda en París, manteniendo la ficción por carta ante los padres de Frantz que tiene una buena relación con Adrien. Sucede en realidad que está superando el dolor por la muerte de su prometido, y lo hace contemplando el cuadro de Manet, El suicidio, que le llena de alegría para seguir adelante, lo que es lo mismo, revivir aquella mentira que le contó Adrien sobre su amistad con Frantz. El tema de la película, por tanto, mezcla la necesidad de la paz tras el conflicto bélico y la superación de la heridas abiertas tras la misma, que son numerosas en la población, y se encarnan en los protagonistas, por el remordimiento de matar a una persona y la desolación de perder al ser amado.