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RETRATOS DE LA CLASE TRABAJADORA DE RICHARD AVEDON



La Fundación Mapfre presenta la exposición, RICHARD AVEDON, IN THE AMERICAN WEST, 1979-1984, que reúne por primera vez en Europa, la serie completa de 110 fotografías que componen el libro de su mismo título, publicado en 1985, uno de los más importantes del siglo XX. Un proyecto llevado a cabo en la primavera y el verano durante cinco años que le supuso visitar 21 estados, y trabajar, con un grupo de ayudantes y una cámara de gran formato con trípode, a la manera de los fotógrafos ambulantes o itinerantes antiguos. El autor era, por aquella época un artista relevante, con exposiciones en las mejores instituciones culturales del país, y fotógrafo oficial de las portadas del Vogue, que tomó la decisión artística de pronunciarse sobre la situación social del país, golpeado por la crisis económica y las políticas neoliberales del presidente Reagan. Para ello decidió retratar a la clase trabajadora, a los marginados de una supuesta riqueza y poder de determinadas clases y poderes económicos, siguiendo una iniciativa del Amon Carter Museum de Fort Worth, Texas.



La exposición se compone a partir de las copias de referencia base de las imágenes del libro y las que fueron expuestas en el museo. Proceden de la colección de la Richard Avedon Fundation y se presentan de forma lineal y según su aparición en el libro. Presentan una apariencia sencilla de retratos frontales, con luz natural sobre un fondo blanco, como aquellos realizados en los primeros tiempos de la historia de la fotografía que retraban a las gentes de las zonas rurales en su medio social. Pero el proceso, para conseguir ese estilo básico, fue más complejo. El artista disparó más de mil fotografías y luego seleccionó una serie de ellas en las que trabajó en su estudio. A las distintas personas les hacía previamente una polaroid, a la que le adjuntaba un número de expediente con la autorización del retratado para ser publicada su imagen, compensada con un ejemplar del libro y una copia impresa de la fotografía. La exposición también se compone de anotaciones manuscritas del artista con las indicaciones sobre la impresión de algunos retratos, además de cartas con los retratados.



Avedon representa a hombres y mujeres de todas las edades, desde niños y adolescentes, hasta adultos y mayores. Todos tienen en común que pertenecen a un mundo rural o semiurbano dentro de la clase trabajadora y marginados: vagabundos, enfermos mentales, presidiarios, mineros, peones, camareros, camioneros, ganaderos, una larga serie de personajes que se presentan con sus ropas de trabajo, a veces, manchadas de petróleo o carbón, muchas deterioradas; otros, descamisados o mostrando parte de su cuerpo desnudo. La mayoría de los retratos son frontales o levemente girados de medio cuerpo o plano americano. El fondo blanco resalta, en contraste, los rostros y el cuerpo del retratado, en una amplia gama de grises. 



Algunas fotografías debieron de tener una historia propia, como la joven de la portada, a quien sin duda le cambio, en parte su vida, si atendemos a la carta que le dirigió al artista, seis años después, convertida en una buena estudiante de instituto a punto de terminar, que había dado recientemente una entrevista a una revista y se había convertido en la reina del baile local. En otra, según se conoce por la correspondencia, la familia le informa de la muerte del retratado, que fue captado cuando era un vagabundo enfermo. Un capítulo distinto lo forma el retrato del apicultor Ronald Fischer cuyo cuerpo desnudo está lleno de abejas, que fue una imagen muy preparada por el autor, a partir de un anuncio en el periódico en el que se buscaba un voluntario que asumiese los riesgos y les eximiese de responsabilidad. El retrato, así, supone la culminación de la serie, con mayor puesta en escena, sin el carácter documental de los demás, que fueron captados tal como se presentaron.




LOS BARRIOS DE MADRID


 

La Sala El Águila de la Comunidad de Madrid presenta la exposición, BARRIOS. MADRID 1976-1980. JAVIER CAMPANO, que forman una selección de 90 imágenes tomadas por el autor en aquellos años, que documentan el estado de la periferia de la capital. Lo mismo que se vivía la Transición política, existió una transición urbanística entre lo rural y lo urbano en esas zonas. Muchas de las cuales fueron antiguos pueblos incorporados a la gran ciudad. Influyó el éxodo migratorio desde el campo a partir de la Guerra Civil, incrementado por el Desarrollismo de los años sesenta y el crecimiento demográfico. La población se encontró con la dificultad de conseguir una vivienda por lo que en principio se construyeron de manera informal. Luego los promotores edificaron grandes bloques bajo la protección del Estado. Hasta la llegada de la democracia, muchas construcciones carecieron de auténticos planes urbanísticos. De esta manera, convivieron chabolas o casas bajas y grandes bloques de ladrillo rodeados de descampados. 



Este paisaje entre urbano y rural, documentó el fotógrafo autodidacta, Javier Campano por aquellas fechas. Un autor educado en el Photocentro y a través de revistas extranjeras o nacionales como Nueva Lente. Además, se ve la inspiración de autores como Robert Frank, con el trasfondo de Rayuela de Cortázar, y la música de Las Grecas y Bob Dylan. Constituyen un conjunto de imágenes realistas donde a veces prima el paisaje en planos generales; en otras, sus gentes y su modesta existencia, lo que constituyen, igualmente, en esta ocasión, paisajes, pero humanos. Todas las fotografías se exponen en gran formato y en blanco y negro, que registran distintos puntos de Madrid, tanto del norte, como Chamartín, Tetuán o el Barrio del Pilar, y Hortaleza, como el Sur, Vallecas, Orcasitas, el Pozo del Tío Raimundo, y más cercanos al centro, Legazpi y el Puente de Toledo.



En estas barriadas se descubre el paso del tiempo, la llegada de las distintas olas migratorias. Al principio se construyeron casas bajas, muchas de ellas chabolas, sin un plan concreto y sin servicios básicos. No existían ni calles, y el aspecto urbano era más bien rural, donde todavía existía la práctica del pastoreo. Luego, por aquellos años de finales de los años de 1970, se construyeron grandes bloques, que provocaron el desarrollo de unos barrios y el surgimiento de otros de la nada, en medio de un medioambiente áspero y sin apenas vegetación. Coincide con el fin de la dictadura franquista y la fortaleza reivindicativa del movimiento vecinal. Un movimiento cuya lucha sentaría las bases para la dotación de servicios y la mejora urbanística de estas zonas de la capital. Incluso la transformación radical de los mismos barrios. Javier Campano capta con su cámara todo este proceso. También la vida de sus gentes; los negocios de proximidad como las churrerías, los cines, los bares, hoy casi desaparecidos.




Hoy queda, por tanto, poco de aquellas imágenes que a modo de ventanas nos llevan al pasado. Sus gentes han envejecido y sus hijos no pueden recordar cómo fue aquello. Seguramente aquellos niños y adolescentes que juegan en sus calles, puedan dar cuenta de esos lugares, sobre todo los que han seguido viviendo en ellos, hoy muy transformados. Por eso, el valor de las fotografías de Javier Campano, porque no solo nos muestran un paisaje urbano, sino también, nos hablan de un trozo en la trayectoria de personas anónimas.



ARTE Y TRANSFORMACIONES SOCIALES EN ESPAÑA



 El Museo del Prado presenta la exposición, ARTE Y TRANSFORMACIONES SOCIALES EN ESPAÑA (1885-1910), que reúne casi trescientas obras de pintura, escultura, fotografía, dibujo, grabado y documentos, sobre este periodo reducido de tiempo donde la sociedad de nuestro país vivió una serie de cambio fundamentales, y el arte, fue testigo de los mismos. La muestra ocupa todos los espacios disponibles en la ampliación de los Jerónimos, lo que nos da una idea de la importancia de la misma, sin duda, la más relevante de este año. Gran parte de los fondos provienen del propio museo, pero casi nunca expuestos, que se unen a la colaboración de numerosas instituciones y coleccionistas. Provienen, en el caso de las pinturas de las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, muchas veces adquiridas por el Estado. Otras llegaron a ser premiadas en las citas internacionales de París de 1889 y 1910. El periodo cronológico es reducido, unos veinticinco años, pero intenso en el proceso de modernización de España. Un fenómeno que sucedía con mayor intensidad en otros países europeos.






Reúne, de la misma manera, a lo más granado de los artistas españoles. Tras superarse la etapa de predominio de la pintura de historia, será la que refleje la temática social, la que destaque. A su vez, podemos establecer dos subperiodos, uno de tratamiento objetivo, naturalista, similar a la corriente francesa, representada por autores como Luis y José Jiménez Aranda, Vicente Cutanda, Joaquín Sorolla, Santiago Rusiñol y Ramón Casas; y otro más expresivo, influenciado por las corrientes expresionistas, con autores destacados como Darío de Regoyos, Francisco Iturrino, Isidre Nonell, Evaristo Valle, José Gutiérrez Solana, y los jovencísimos, Pablo Picasso y Juan Gris, entre otros. Por otra parte, la exposición ser organiza en catorce secciones que se inician por el mundo del trabajo, en el campo, el mar y la industria. Terminan con aquellas dedicadas a las reivindicaciones obreras, la educación, la muerte, y el cine. Todas las secciones presentas una espacio particular denominado gabinete, donde se incluyen las fotografías, dibujos, grabados e impresiones de prensa u otro tipo.




La exposición del Prado es intensa y extensa para el visitante. A pesar de ello, no agota al espectador, sino que la distribución precisa de los temas y las obras, refuerza su interés. La calidad y el atractivo de los ejemplos expuestos son dignos de recordar. Nos encontramos piezas fundamentales de Sorolla, especialmente los referidos al trabajo en el mar, los accidentes laborales, la prostitución, y marginación como, La vuelta de la pesca, ¡Aún dicen que el pescado es caro!, Trata de blancas, y ¡Triste herencia!. Igualmente de Ramón Casas, con Garrote vil. La mayoría, bastantes desconocidas para el gran público que nos informan de la interpretación artísticas de esos problemas políticos y sociales del momento. Por otro lado, la mujer y los niños trabajaban en los distintos sectores incluso en duras tareas por aquellos años. Una situación que pondrían remedio nuevas leyes protectoras en favor de un trabajo más digno. Se observan cuadros de niños en telares, de mujeres en montones de mineral o en labores agrícolas.





La sociedad de aquella época está lejos del bienestar. Salarios bajos, falta de trabajo y condiciones duras de empleo, accidentes laborales, prostitución y marginación y pobreza. Las secciones dedicadas a estos temas muestran lo novedoso de la exposición con imágenes naturalistas de la realidad. Sobre todo el dedicado a la prostitución ampliamente tratado por los autores más famosos, como Julio Romero de Torres, Juan Gris, Ignacio Zuloaga, el mismo Picasso, y las fotografías que ilustran un mundo de prostíbulos y erotismo, son significativas, y raramente expuestas. Las gentes, especialmente, niños abandonados o con discapacidad y de etnia gitana fueron representados por el arte. Destacar las pinturas de Nonell. Por otra parte, en la sociedad del momento tenía mucha relevancia las costumbres asociadas a la religión, dentro de los templos y procesiones. El Estado español era confesional según la constitución vigente. Los religiosos se encargaban de la educación tradicional de carácter memorístico, aunque hay representaciones de las nuevas corrientes pedagógicas provenientes, por ejemplo, de la Institución Libre de Enseñanza, que apostaban por un aprendizaje más lúdico y en contacto con la naturaleza.






España siempre ha sido hasta la actualidad un país de migrantes. Lo observamos en las numerosas obras que tratan del tema en la exposición. De los puertos del norte salían numerosas personas con destino a Cuba o Argentina, donde todavía se han conservado los documentos de entrada al país. Junto a los problemas sociales del momento, el desarrollo de la medicina y la atención sanitaria, es otro de los temas. De Juan Jiménez de Aranda se expone un cuadro de gran tamaño, Una sala del hospital durante la visita del médico jefe; de Enrique Simonet, otra obra similar, Una autopsia; o de un todavía adolescente Picasso, Ciencia y caridad. En esta sección, las fotografías evidencian las consecuencias de la enfermedad y las intervenciones quirúrgicas. Son todas muy originales y excepcionales. Sin embargo, la muerte está presente en el periodo, por la relevante mortalidad infantil, o aquellas producidas por las condenas penales. Finalmente, en la sección, Huelgas y reivindicaciones sociales, se muestra las luchas obreras por mejorar sus condiciones laborales en la industria y en el campo. Se da cuenta de las nuevas ideas socialistas y del anarquismo con su parte subversiva. De esta manera se exponen las imágenes de los atentados contra la boda de los recién casados reyes, o contra los políticos del momento, como la del cadáver de Pardina, el asesino de Canalejas.



LA FOTOGRAFÍA DE LOUIS STETTNER


 

La Fundación Mapfre de Madrid organiza la exposición, LOUIS STETTNER, una amplia retrospectiva de la larga trayectoria del fotógrafo norteamericano, que reúne unas ciento noventa imágenes, publicaciones y un vídeo. Por primera vez se realiza una muestra tan amplia de su obra que reivindica su figura como uno de los artistas fundamentales de la postguerra. Fue en el conflicto bélico mundial cuando se inició en este arte. Le influiría decididamente para desarrollar una fotografía con perspectiva humanista, de captar al ser humano esencial presente en la gente común. Tiene en cuenta al escritor, Walt Whitman, cuya obra Hojas de Hierba, llevaba siempre en su bolsillo, fuente de inspiración para encontrar la belleza en la vida cotidiana. Por otra parte, fue un artista que pretendía un cambio social, de planeamientos marxistas. Perteneció a la Photo League, donde fue uno de los profesores más jóvenes y amigo de Weegee y Sid Grossman. 



Sus imágenes son capturas de un instante feliz o bello, principalmente de la vida urbana. Se ha dicho que su obra se encuentra entre la fotografía de calle norteamericana y el humanismo lírico francés, Así se observa en su producción entre sus dos ciudades emblemáticas, Nueva York y París. En la capital francesa completó su formación, y captó las calles vacías después de su liberación. Desde ese momento comenzaría su idilio con la ciudad, en la estela de Brassaï, que perduraría a lo largo de su vida, hasta incluso instalarse a partir de 1990. Volvería, de todas las maneras a la Ciudad de los Rascacielos, para interesarse, igualmente, por sus gentes, especialmente en el metro o en la Penn Station. Llama la atención sus fotografías de personas dormidas en la calle, en los parques, cansadas por el trabajo, otras interactuando visualmente con las construcciones. Las sombras, a veces, son elementos esenciales, en ángulos aberrantes o inclinados.



Fue un escritor prolífico sobre fotografía, principalmente en la revista Cámara 35, crítico con otros autores. En una serie de obras, se muestra especialmente comprometido en la defensa de los trabajadores en plena tarea dentro de las fábricas donde llevó su máquina para retratarles. Fábricas de textiles, de coches, a los pescadores en la española isla de Ibiza, porque el autor no se limitó a estar entre País y Nueva York, sino que visitó otros países europeos. Realizaba fotografías robadas donde la persona no posaba. Para ello, hacía que manipulaba la máquina de visor superior, sin necesidad de ocultarla. En este sentido es curiosa la serie de Nancy, una beatnik del Greenwich Village, a la que siguió durante cinco días, a finales de los años cincuenta. Su obra fue principalmente en blanco y negro, aunque en la primera década del 2000, experimentó con el color. En las últimas fotografías, ya mayor, acompañado de su familia, se ocupó de la naturaleza durante los veranos en Les Arpilles, unas imágenes que la representan en toda su belleza y paz.


EL ORIGEN DE LA FOTOGRAFÍA DOCUMENTAL


 

El Centro de Arte Reina Sofía expone una interesante muestra, titulada GENEALOGÍAS DOCUMENTALES. FOTOGRAFÍA 1848-1917, sobre la protohistoria de este género, que culmina un ciclo iniciado en 2011. Parte de la consideración que el desarrollo de las imágenes fotográficas está asociado a la cultura propia del mundo occidental, burguesa, industrial y colonial. Un mundo en plena expansión a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Constituiría un instrumento en manos del poder, subordinada o criada de las demás artes. La exposición madrileña establece una nueva perspectiva o cartografía de la historia del género del punto de vista que supone la representación de una alteridad mostrada en la captación de las clases populares, proletarios, marginados e indígenas. Es decir una doble perspectiva, la oficial y la oficiosa, la de los grandes propósitos y la representación de los seres humanos como víctimas.



La exposición se organiza en un recorrido temático que se inicia con los daguerrotipos de la Revolución de 1848, clave en el Movimiento Obrero.  Le sigue el apartado La imagen del pueblo, la de aquellos que fueron captados en las campañas para representar los monumentos nacionales y reforzar el Estado nación. En España fue pionero Charles Clifford que hizo un seguimiento de los viajes de la reina Isabel II por el país. El tercer apartado, La otra mitad, corresponde a las reformas realizadas en las grandes ciudades como París, Viena, Nueva York, Barcelona o Madrid, cuando se abren grandes avenidas, se destruyen las antiguas delimitaciones fiscales y aparece el nuevo proletariado urbano. Otro apartado, El obrero industrial, publicita la producción fabril o la construcción de las nuevas infraestructuras. Observamos, de esta manera, el interior de las fábricas Krupp, la exposición universal de Londres de 1851, nuevas obras públicas como las canalizaciones de agua potable a la capital de España, y las duras condiciones de las minas, además de sus protagonistas, a veces trabajadores condenados.



Las tres últimas secciones añaden aspectos originales en la historia del medio. En El cuerpo y el archivo, se muestra como instrumento de la ciencias naturales y sociales en el momento álgido del positivismo. Resulta fundamental en los estudios de antropología, aquellos que estudiaron las costumbres de poblaciones indígenas de las islas del Pacífico o las tribus norteamericanas; de medicina,  para documentar distintas patologías, o cuerpos gravemente heridos por la Guerra de Secesión; de criminología, al retratar las características físicas de los delincuentes; y en general de las razas humanas. El apartado, Revolución, nos documenta los acontecimientos de la Comuna de París de 1871, que constituye el primer experimento de gobierno popular. Luego la más famosa, la soviética de 1917, a través sobre todo de una colección de postales. Finalmente, la sala denominada Fotografía social dedicada principalmente al trabajo infantil, según las imágenes captadas por Lewis Hine para el National Child Labor Comitee, con una pretensión de mejorar sus duras condiciones laborales. Uno de sus alumnos, Paul Strand, servirá de unión con otra forma de entender la fotografía documental.



FOTOGRAFÍAS DE LA GUERRA CIVIL


 La Calcografía Nacional organiza la exposición de PhotoEspaña, LAS CAJAS DE AMSTERDAM: KATI HORNA Y MARGARET MICHAELIS EN LA GUERRA CIVIL, que reúne más de un centenar de fotografías inéditas, de esas dos fotoreporteras anarquistas, que trabajaron para la Oficina de Propaganda Exterior de la CNT-FAI, un organismo creado por esta organización para recabar ayuda internacional para hacer frente al Fascismo. Los archivos de esta organización, agrupados en 48 cajas de madera,  pudieron salir de España en 1939, y tras varios destinos acabaron en 1947, en el Instituto Internacional de Historia Social de Amsterdam. Constituye un conjunto documental muy valioso, entre los que se encuentran miles de fotografías y negativos, donde los investigadores, entre los que destaca, Almudena Rubio, comisaria de la exposición, ha hallado recientemente el legado de Kati Horna y Margaret, que se creía perdido.




Ambas fotógrafas judías que habían huido del nazismo, van a trabajar para la Sección Gráfica de la propaganda. Primeramente Margaret Michaelis, de origen polaco, que se encontraba en España desde 1933, va a documentar con su Leica, el estallido de la revolución social en Barcelona, para luego realizar viajes a Huesca y Valencia, acompañada de la anarquista rusa, Emma Goldman y el anarcosindicalista holandés, Arthur Lehning, en otoño de 1936. Luego, Kati Horna, exiliada húngara, que llegó a la capital catalana en 1937, convirtiéndose en la fotógrafa oficial de la organización, y de su agencia, Spanish Photo Agency, cuyo encargo fue denunciar la campaña de propaganda y difamación lanzada por Franco contra los anarquistas, materializado en el libro ¿España?, un álbum de propaganda antifascista con cientos de imágenes.




El legado de Kati Horna, apellidada así, por su segundo marido el fotógrafo español, José Horna, es más elevado que el de Margaret Michaelis. Alcanza los quinientos negativos realizados por su Rolleiflex, y abarca los siete meses de trabajo para la CNT. Además, antes de su partida de España a mediados de 1938, fue la redactora gráfica de la revista valenciana Umbral. Junto a su marido, inició una nueva vida de exilio en México, dando por perdido todo su archivo, que por fortuna ha llegado hasta nuestros días. Unas fotos que nos informan de la experiencia anarquista de las colectivizaciones del campo; de la ciudad de Barcelona vista desde la organización sindical; la vida en las trincheras del frente de Aragón; el interior de la cárcel modelo de Barcelona o de campos de concentración. Un conjunto de imágenes sobre la Guerra Civil española hasta hace unos pocos años inéditas que nos ilustran la experiencia libertaria de la contienda.




PHOTOESPAÑA 2015


Entre el 3 de junio y el 30 de agosto se celebra, un año más, EL XVIII Festival internacional de fotografía y artes visuales, PHOTOESPAÑA2015. NOS VEMOS ACÁ, dedicado a la Fotografía Latinoamericana. Constituye una cita colectiva en la que participan más de setenta instituciones y empresas y que pone en marcha cien exposiciones. En Madrid se desarrollan la mayoría de ellas, dieciocho sedes en la sección oficial, y hasta setenta entre las invitadas, y el llamado Festival Off, formado por galerías de arte. La sección oficial se forma de otras exposiciones en diferentes ciudades de la Comunidad, como en Alcalá de Henares, Alcobendas, Getafe, Móstoles, y fuera de ella, como en Zaragoza y Cuenca.

Julio Zadik, Sin título, París
El festival tiene otras sedes invitadas fuera de España, en París, Londres, Lisboa, Bogotá y Sao Paulo, que configuran un acontecimiento más allá del evento cultural localizado sólo en la capital de España. En esto dieciocho años a la par de su extensión geográfica como de calendario, ha ganado en calidad y prestigio internacional. No todo son exposiciones, sino también actividades como la escuela de fotografía, el foro de nuevos talentos en Iberoamérica y la cita con la edición en Barcelona, entre las más importantes. Ha llegado el momento que sobrepasa la capacidad de conocer y participar en toda su extensión en el mismo. De esta manera, queda abierto a la participación selectiva en el mismo.

Korda, Nidia Ríos, ca. 1956

En la ciudad de Madrid, a la oferta de PhotoEspaña, se une la propia que tiene la ciudad, lo que permite disfrutar de la fotografía en cantidad y calidad. En lo que respecta al festival de este año, si consideramos sólo las dieciocho sedes de la sección oficial, podemos observan estas dos características. Desde el fotoperiodismo hasta la fotografía social y artística, desde los ejemplos más antiguos hasta la de comienzos del siglo XXI, grandes maestros, como autores actuales consolidados, o futuras promesas. En el primer capítulo destacaría las muestras de Lola Álvarez Bravo en el Círculo de Bellas Artes o la de Tina Modotti en la tienda de Loewe Serrano.

Ana Casas Broda, Leche II, 2010
En este capítulo, igualmente destacaría, las exposiciónes de Korda. Retrato femenino, en el Museo Cerralbo,  la de Enrique Meneses. La vida de un reportero, en la Sala Canal de Isabel II, y la de Julio Zadik. Un legado de luz en el Real Jardín Botánico-CSIC. Si nos fijamos en la fotografía de los maestros activos en la actualidad, destacaría las muestras de Ana Casas Broda. Kinderwunsch, del Círculo de Bellas Artes,  la de Chema Madoz, 2007-2014. Las reglas del juego, en la Sala Alcalá 31, y la de Luis González Palma. Constelaciones de lo intangible en el Espacio Fundación Telefónica.

Karina Juarez, Hormiguero, 2012
La exposición de la Casa de América, Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos. Colectiva, y las del Centrocentro Cibeles, Develar y detonar. Fotografía en México, ca.2015. Colectiva; y Latín Fire. Otras fotografías de un continente. 1958-2010, nos permite conocer la obra y la difusión de los distintos proyectos desde mediados del siglo XX hasta la actualidad. Finalmente, dos exposiciones tienen como contenido principal, la arquitectura, como la muestra de la Biblioteca Nacional, Mirar la arquitectura. Fotografía monumental en el siglo XIX, y la del Museo ICO, Construyendo mundo: Fotografía y arquitectura en la era moderna. Colectiva.

FOTOGRAFÍA OBRERA

Portada de la revista AIZ, de Tina Modotti
El Museo Centro de Arte Reina Sofía presenta la exposición titulada, Una luz dura, sin compasión. El movimiento de la fotografía obrera, 1926-1939, sobre la historia de la fotografía documental proletaria de carácter amateur, que tuvo su origen en revistas comunistas de la URSS y de Alemania, promovidas por Willi Münzenberg y Mikhail Koltov. Si por un lado pretendían reflejar el movimiento obrero revolucionario con un tono épico, triunfante, por otro, su objetivo era mostrar sin compasión, la fealdad de la miseria y la explotación de la clase trabajadora como una denuncia a la sociedad y un estímulo para su cambio.
Esta experiencia sería breve en los dos países por cuanto terminaría una, en 1932 con el primer plan quinquenal, y la otra con la subida de Hitler al poder en 1933, pero frutífera por cuanto su ejemplo se extendería por Europa y América, en esa época convulsa de enfrentamiento ideológico y político entre los grupos sociales, entre las naciones. De esta  manera el espectador puede contemplar ejemplos en Praga, Austria, Hungría, Holanda, Austria, Norteamérica, Bélgica y Gran Bretaña. A los que se sumaron fotógrafos de toda condición, algunos de ellos esenciales en la historia de la fotografía.
La aprobación en julio de 1935 en el VII Congreso de la Internacional Comunista de desplazar la confrontación entre clases sociales por la alianza frente al auge del fascismo, lo que daría lugar a la constitución de los frentes populares, marca una nueva etapa en la historia de la fotografía proletaria, debido a que esta va a reflejar la vida popular bajo el mandato de esta unión sobre todo en París, que se convertirá en el destino de los fotógrafos emigrados de Centroeuropa, como Robert Capa, Kertész, Brassaï, David Seymour o Gerda Taro.
Una último apartdo se abre con el estallido en julio de 1936 de la Guerra Civil española. Allí van a converger todo el fotoperiodismo obrero al servicio de diferentes revistas internacionales, donde la iconografía épica del Frente Popular se transmuta en una imagen de derrota y muerte del proletariado revolucionario, según nos informa el programa del museo. De los archivos de la Administración y el de la Generalitat, se exponen fotos no muy difundidas del horror de los bombardeos rebeldes contra la población civil en Madrid y Cataluña.
El montaje de la exposición sigue esta línea cronológica y temática combinando fotografías originales en las paredes del recorrido con vitrinas de las revistas donde se publicaban según los distintos países y épocas. Se incluyen además cortometrajes documentales y carteles de fotocomposiciones que ilustran este periodo histórico agitado, origen de la fotografía contemporánea.