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EL AMOR Y LA GUERRA


El escritor portugués, Antonio Lobo Antunes publicó en 2005 el libro, Cartas de la guerra, con las epístolas que escribió a su mujer en a finales de 1971 y comienzos de 1972, mientras estuvo en la guerra de Angola. Estuvo destinado en el conflicto a un lugar apartado haciendo las tareas de médico. Estaba recién casado y su mujer esperaba un hijo. Son cartas de amor en las que expresa sus sentimientos, y además cuenta lo que vivió en ese periodo. La película de Ivo M. Ferreira, del mismo título, combina el texto de las cartas leidas por una voz masculina y femenina y las imágenes en blanco y negro, siguiendo un transcurso temporal, desde el viaje en barco desde Portugal, hasta la vida diaria en un lugar inhóspito del este de la colonia.


La película pone de manifiesto que la guerra que libró Portugal en Angola fue un conflicto injusto. Una lucha represiva contra la liberación del pueblo nativo. Su extensión en el tiempo y sin ninguna perspectiva de éxito provocó el fin de la dictadura lusa. Las imágenes dejan claro las numerosas víctimas de la violencia, tanto de guerrilleros como de soldados obligados por su gobierno a combatir. También de la población civil, en un escenario de pobreza y de falta de medios. Hay un choque entre las costumbres ancestrales de los habitantes, el ocio, las relaciones sociales y familiares, y la que muestran los soldados colonizadores. El escritor Lobo Antunes forma parte del ejército y trata de salvar a los soldados heridos y cuidar la salud de los nativos.


Su testimonio de lo que acontece a los soldados es fundamental para descubrir cuan injusta y explotadora fueron la actividades coloniales de los europeos en el continente africano. Un territorio donde la naturaleza mantenía su equilibrio entre los seres vivos desde tiempos ancestrales. Los animales, las plantas y los hombres convivían en armonía, hasta su progresiva destrucción donde la guerra es la manifestación más clara y dañina. Por otro lado destaca el profundo amor del escritor a su pareja, que sobresale por encima de la dureza de la vida diaria. El autor extraña a su mujer, a su hija recién nacida. Recuerda los momentos íntimos juntos. Transmite al espectador de la manera más fiel el sentimiento amoroso con un carácter poético. 


El director construye un relato, por un lado documental de los distintos aspectos de la vida de los soldados portugueses y su relación con los nativos y el paisaje africano, por otro, crítico ante la violencia y el daño, finalmente poético, al combinar las imágenes con el texto de las cartas. Un conjunto de gran belleza visual proporcionado por el blanco y negro de las imágenes, de cuidada luz y encuadres,  y el tono apasionado de la lectura. Un relato visual que culmina con el profundo deseo del protagonista de que su mujer le visite, rompa con la distancia y la añoranza causada por el intenso amor que siente.

UNA VISIÓN DE ÁFRICA

Podemos ver actualmente en nuestras pantallas una importante película realizada hace dos años por la directora francesa Claire Denis, titulada en España, UNA MUJER EN ÁFRICA (White Material), escrita por ella misma y por la novelista, Marie NDiaye, de origen senegalés. Supone una metáfora sobre la situación del continente africano en la actualidad, sumido en un constante conflicto de guerras civiles, de gobiernos dictatoriales y corruptos y guerrillas sanguinarias, como las protagonizadas por los niños soldados. La población blanca, la carne blanca a la que alude el título original, supone una minoría que contrasta y que apenas tiene poder económico en el África postcolonial. La compone la familia protagonista, una pareja blanca con un muchacho y un anciano, que llevan una antigua y no rentable plantación de café, mal avenida y que será destruida por la guerra que enfrenta al ejército corrupto y la bandas rebeldes.
La película presenta una perspectiva femenina que tiene a una mujer, María, interpretada de forma extraordinaria por Isabelle Hupert, como protagonista del relato, de la mayoría de las imágenes. Ella se resiste a abandonar la plantación haciendo caso omiso a las advertencias del ejército francés ante el avance de la guerra con la intención de salvar la cosecha. Hasta el punto que su casa se convertirá en el centro de la misma. Esta negativa, su intención de seguir allí como si nada pasara a su alrededor, le llevará a contemplar la destrucción de su familia de una manera u otra, como si fuera un suicidio colectivo ante la imposibilidad de actuar de otra forma.
Esta tragedia da pie a una reflexión sobre las relaciones interpersonales, sobre la  acción humana en medio del caos que impone la violencia. El estilo de la directora resulta frío, una narración que valora el silencio más que los diálogos, la mirada subjetiva de los personajes o la suya propia que muestra al espectador. El montaje no es lineal, sino construido desde un primer flash back alrededor de la protagonista que huye de la plantación, y a partir del cual se construye a su vez toda la película. Valora los primeros planos, los movimientos de camara como si una mirada individual quisiera observar con detalle lo que se nos quiere explicar. De igual manera los planos generales, como el último de María en el camino que conduce a la hacienda, de gran belleza. Una sensibilidad especial que capta la esencia del ser humano, en todas sus vertientes, la naturaleza degradada por este mismo, en medio de la pobreza y la violencia sanguinaria.