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ARTE MADRILEÑO DE LOS OCHENTA


 

La Sala Alcalá 31 de la Comunidad de Madrid presenta la exposición, MITOLOGÍAS MODERNAS: OUKA LELE & CO, que reúne un conjunto de más de cien obras de pintura y fotografía de numerosos artistas que sobresalieron en la capital allá por los años ochenta, durante los efervescentes años de la Movida, en los albores de la democracia. Una sugestiva puesta en escena del espacio a modo de arquitectura clásica circular con columnas nos invita a conocer la obra de los principales artistas. En primer lugar la de la fotógrafa Ouka Lele, cuya obra, Rapelle toi, Barbara, emblemática intervención en la fuente de Cibeles, sobre el mito de Hipómenes y Atalanta, sirve como punto central de la muestra al unir fotografía, pintura y cultura visual contemporánea. En ella se ejemplifica el empleo de los nuevos medios visuales, algunos provenientes de la cultura underground del comic y el fanzine; el resurgir de la figuración pictórica, frente a la vertiente abstracta y conceptual; y el uso de la mitología clásica. 



Todos los artistas representados tienen en común estos elementos característicos, interpretados según su propia personalidad o formación. De esta manera, la fotografía pintada de Ouka Lele adquiere el mayor valor representativo, cuyas raíces se encuentran en la cultura pop y en el surrealismo. Entorno al peristilo circular de la sala se abren espacios para otros artistas destacados como Sigfrido Martín Begué; Carlos Franco, que ganaría el concurso convocado por el Ayuntamiento de Madrid para la decoración mural de la fachada de la Casa de la Panadería; Ceesepe, seudónimo de Carlos Sánchez Pérez, proveniente de la subcultura del cómic y el fanzine; y El Hortelano, seudónimo de Alfonso Morera Ortiz, con los mimos orígenes que el anterior, que se muestran portentosos y originales con sus estilos pictóricos.



En el segundo piso, estas obras se completan con las de artistas como Guillermo Pérez Villalta, Dis Berlín, Carlos Alcolea, Costus, y Miluca Sanz, entre otros, en dos apartados, que evidencia, en uno, la importancia de la ciudad de Madrid (El arte y la ciudad), que por aquellas fechas se podría emparentar por su efervescencia e inquietud cultural con otras como Nueva York a nivel internacional;  y otra, la relevancia de los mitos clásicos y de la historia del arte como temas recurrentes de los pintores (Mitologías de artistas). Unas representaciones mitológicas que desde la tradición ahora se convierten en modernas y atractivos. Frente a la muerte de la pintura, proclamada por los filósofos y estetas, se proclama su vigencia, incluso la figura del autor que trabaja sobre el caballete. Sería un retorno a lo reprimido pictórico, que había sido negado por el arte conceptual de los años 60 y 70. Este planteamiento posmoderno surgió en el ecosistema creativo de la capital, como va dicho, aprovechando el aire de libertad del momento, reforzado con iniciativas institucionales como la creación el Museo Reina Sofía o de la feria ARCO.



LA EPOPEYA DE ULISES


 

Las aportaciones de la civilización griega están en la base del mundo occidental, de nuestro pensamiento, de la política, la organización social y la cultura. Desde el comienzo de la Historia, allá por el final de la Edad del Bronce en la península helénica y las islas del mar Egeo, se fue configurando un pueblo fundado en el orden impuesto por los dioses y en los avances y la riqueza del comercio marítimo y la agricultura. Constituyeron ciudades estado, cada una con un sistema político propio, unidas por una lengua y unas costumbres comunes, que podían unir sus esfuerzos ante una amenaza externa. De aquellos primeros pobladores griegos, apenas nos quedan los restos de palacios y tumbas, cerámicas primitivas, y las tradiciones orales, que una vez se concretaron en dos obras literarias escritas por Homero, La Ilíada y la Odisea, sobre la Guerra de Troya que enfrentó a los griegos por el rapto de Helena, esposa de Menelao, rey de Esparta, a manos de Paris, príncipe de aquella ciudad, que tras la astucia de Odiseo, tras largos años de asedio infructuoso, es conquistada y destruida. Christopher Nolan, en la película, LA ODISEA, que dirige y escribe, realiza una nueva versión de la epopeya de Homero.



El poderoso ejército reunido por Agamenón, rey de Esparta, se había visto impotente para doblegar a Troya. Sería, una argucia, de Odiseo o Ulises, rey de Ítaca, quien propicie su conquista. Ideó la construcción de un caballo de madera hueco de grandes dimensiones para abandonarlo en la playa. Se les haría creer a los troyanos que era una ofrenda a la diosa Atenea, cuando era una manera de entrar dentro de la inexpugnable ciudad, para abrir desde dentro las puertas de las murallas al ejército aqueo. El plan fue un éxito y los troyanos llevaron la estatua del caballo a su templo de la diosa, cuando al llegar la noche, empezaron a salir los soldados de su vientre y emprender la conquista. El error fue que sobrepasaron sus propios límites, pues arrasaron completamente Troya y mataron a sus habitantes, incluso destruyeron sus templos y violaron sus imágenes. El castigo que les impuso Zeus por tales hechos, fue un regreso accidentado a sus lugares de origen, tras muchos años fuera. El mismo Agamenón fue asesinado por su esposa, y el héroe de la guerra, Odiseo, condenado a perder el rumbo, y enfrentarse a numerosos peligros.



La Odisea es la narración de un viaje mítico, una epopeya de regreso a su patria, Ítaca, donde aguarda Penélope, su esposa, que tras más de veinte años, teje un manto por el día y desteje por la noche, para frenar a numerosos príncipes que cada día la pretenden en su palacio. Su hijo Telémaco, que era un niño cuando su padre marchó a la guerra vive en tensión por esta circunstancia, y hará todo lo posible para saber algo de él. Su madre invita a cualquier viajero o mendigo, que venga de lejos, para conocer si sigue vivo. Pero Odiseo, sigue a merced de los dioses, ayudado por la diosa Atenea, por el que pierde a sus hombres en numerosos encuentros peligrosos, como la lucha contra el Cíclope, los guerreros gigantes, los castigos de Circe, los monstruos de las rocas, las sirenas y las fuerzas sobrenaturales del mar. Al final, en una isla perdida, será ayudado por la ninfa Calipso, la última etapa antes de regresar a Ítaca, donde fingiendo ser un antiguo soldado veterano, pobre, encuentra a su mujer asediada por los pretendientes, no sin antes ayudar a su hijo que iba a ser asesinado por éstos.



Odiseo o Ulises logra el propósito de matar o doblegar a los pretendientes que se habían hecho fuertes en su palacio, tras ser el único en tensar su propio arco y lanzar la flecha entre las hachas de bronce. En Ítaca, Telémaco se quedará como rey, y el héroe y Penélope, marcharán al exilio, de viaje hacia el oeste, para cumplimentar a sus compañeros muertos en la guerra. Anuncian una época oscura, después de las invasiones sobre el territorio, fenómeno real según la historiografía, tras la que resurgirá, de nuevo, la civilización griega. Nolan cuenta la epopeya, en forma de recuerdos recurrentes, según Odiseo va recuperando la memoria, tras el hechizo de la ninfa Calipso, a la par, que muestra los padecimientos de la reina y su hijo. Muestra el devenir de los hombres según las decisiones de los dioses que imponen un destino irrevocable sin escapatoria posible.

EL REGRESO DEL HÉROE


 

Las guerras se sabe cuando comienzan, y hasta cierto punto sus razones o los motivos para iniciarlas, pero no cuando terminan. Las consecuencias para el destino de los seres humanos son fundamentales. Así está escrito desde los orígenes de nuestra civilización occidental en forma de mitos, como nos contó Homero en sus dos poemas épicos, La Ilíada y La Odisea, centradas en la guerra de Troya, donde héroes y hombres, según lo establecido por los dioses, se enfrentaron en una larga contienda. Fue el regreso de Ulises a su patria, Ítaca, el tema del segundo, tras superar numerosos obstáculos por el camino. Allí llegó a sus costas maltrecho y herido física y espiritualmente para encontrarse con su esposa Penélope y su hijo Telémaco. Nos lo cuenta la película, EL REGRESO DE ULISES, dirigida por Uberto Pasolini, centrada en los esfuerzos para hacerse de nuevo con el poder en la isla de la que era rey.



Ulises fue uno de los héroes griegos victoriosos en Troya. Ideó la estratagema de fabricar un enorme caballo de madera para entrar en la fuertemente amurallada ciudad asiática. Pero el regreso a su tierra por mar fue accidentado, lleno de los más diversos peligros que diezmaron a sus compañeros de lucha. En Ítaca, se encontró su reino arruinado. Su mujer, Penélope esperaba su regreso mientras era pretendida por despiadados guerreros para hacerse con sus riquezas. Un porquero le ayudó a recuperarse de sus heridas, y le informó de la situación. Él se consideraba ya otro hombre tras el largo y despiadado combate en la guerra. Se consideraba culpable de las muchas muertes producidas. También había perdido aquellos compañeros que le siguieron. Ante la situación desesperada del pueblo y el vandalismo de los pretendientes, decidió actuar, pues incluso querían asesinar a su hijo Telémaco.



Ulises con ayuda el porquero y vestido como un mendigo, logró introducirse en el palacio. Penélope tejía un vestido por el día, que por la noche deshacía. Era un manto para la boda, que tras su elaboración, sería el momento de decidir a quién escogería. Un día hablaron entre ellos, sin saber Penélope su identidad, interesada porque contaba haber luchado en Troya. La vieja nodriza cuando le aseaba tras la charla con su señora, le reconoció por unas cicatrices de su infancia. Pero le prometió que no diría nada. Posteriormente, Penélope comunicó a los pretendientes que era incapaz de escoger un nuevo marido e ideó una prueba para elegirle. Deberían primero tensar el arco de Ulises y luego disparar una flecha que atravesase unas hachas en fila con un agujero. Ninguno lo pudo hacer salvo el mendigo, que incluso logró completar la prueba. De esta manera, pudo descubrir su verdadera identidad, instante que aprovechó para matar a todos los pretendientes que habían puesto en jaque a su mujer y a su reino.

PINTURA DEL AMOR Y EL DESEO

La pandemia de coronavirus no ha impedido al Museo del Prado y a sus colaboradores, junto a diversas instituciones europeas y norteamericanas, organizar la exposición, PASIONES MITOLÓGICAS, centrada en el encargo del rey Felipe II a Tiziano entre 1553 y 1562 de seis cuadros mitológicos, denominados poesías. Por primera vez se vuelven a reunir desde el siglo XVI, pues hoy se encuentran dispersas en museos y colecciones. Entorno a estas obras se organiza el recorrido de la muestra, pequeño, compuesto por unas 29, pero significativo, de las que 16 son del museo madrileño, y 13,  préstamos de gran calidad, que hacen el recorrido memorable para el espectador.



En el intenso recorrido se ponen en diálogo autores del siglo XVI y XVII con el tema de fondo del amor mitológico, a los que se une el deseo y la belleza, que dominan las vidas de los hombres y los dioses. Tiziano da inicio a la muestra con el cuadro del caballero que toca el piano y mira a una mujer desnuda, la diosa Venus, que acaricia un perro. Le acompañan otros dos cuadros de Venus, en este caso, tumbada con Cupido, uno de Hendrick van den Broeck sobre un dibujo de Miguel Ángel, y otro con parecida iconografía de Alexandro Allori. En este viaje a la representación de la fábula clásica, no podían faltar dos cuadros de Tiziano que se muestran parejos que fueron encargo de Alfonso d´Este. A partir de este punto, la huella del artista veneciano se puede rastrear en las obras de Rubens situadas a su lado.




Rubens, que copió a Tiziano, y se vio influenciado en su estilo, interpreta la mitología con personajes vestidos al modo del siglo XVII, o empleando el desnudo sensual en composiciones de gran dinamismo. La poesía cuyo tema es Dánae y la lluvia de oro, se presenta emparejada con otra obra de Tiziano del mismo tema, que trajo a España Velázquez en el primer viaje a Italia. Corresponde a una versión cronológicamente posterior y más simplificada. Entre las demás poesías destaca la Venus y Adonis del Prado, tal vez la más inspirada de todas ellas, que aparece comparada con otra del mismo tema de Veronés. También enfrentados en la misma sala, aparecen el tema de Perseo y Andrómeda de similares autores. Muy atractivo para el aficionado resulta la comparación entre el Rapto de Europa con la obra de  Velázquez que representa el mismo tema sobre un tapiz en la Fábula de Aracne, mejor que la copia de Rubens que habitualmente se exhibe en Madrid.




Autores como Poussin, Van Dyck, con dos ejemplos, Ribera y Rubens, una vez más, muestran la calidad de su estilo en la representación de la mitología al final del recorrido, que termina con el cuadro de Las tres gracias, enfrentado a una escultura de Venus, la diosa a la que sirven de cortejo, en este caso en forma de escultura de mármol de Carrara, copia romana de mediados del siglo II, según el original griego de Prexísteles. La diosa del amor despide al visitante como le recibió al inicio para un recorrido que tiene como trasfondo su efecto sobre unas pasiones que son tan divinas como humanas.

LA PINTURA DE PAUL DELVAUX

El sueño, 1935
El Museo Thyssen de Madrid organiza la exposición, PAUL DELVAUX. Paseo por el amor y la muerte. Un título esclarecedor de lo que supone la pintura de este artista surrealista. Por un lado relacionada con una visión particular de la mujer, entendida como diosa del amor, y por otra, la representación de la estructura ósea del cuerpo, del esqueleto, que significaría la muerte, aunque para el artista se refiere a la vida en tanto que soporte. De la misma manera que otros artistas surrealistas, lleva a la pintura sus obsesiones personales, en este caso, llenas de una visión poética irreal, más allá del tiempo, entre el sueño y la realidad.

La edad de hierro, 1951
La exposición se divide en cinco secciones que corresponden a sus temas preferidos: las Venus dormidas, las dobles, los esqueletos, las arquitecturas y las estaciones. Cuando al aficionado a la pintura le hablan del artista belga, lo primero que se le ocurre es su asociación con la representación de la mujer principalmente desnuda, sola o en pareja con otras mujeres formando escenas junto con otras protagonistas en esta situación. Se ha querido ver una imagen idealizada e inaccesible que se relacionaría con la difícil relación del autor con el género femenino. 

Crucifixión, 1954
El artista, además tiene un especial interés por la arquitectura de la Antigüedad grecorromana, templos, viviendas, basílicas construyen profundas perspectivas donde habitan los personajes femeninos. En ella se recoge la influencia de Giorgio de Chirico, al que admiraba y sus viajes a Grecia e Italia. Por otra parte, el mundo moderno está presente con la representación de las estaciones del ferrocarril. Se construye así,  por tanto,  el universo pictórico de Paul Delvaux basado en la captación poética del inconsciente propio, que se hace arte por la búsqueda de la belleza formal. Una búsqueda anclada en la realidad, pero a la vez, alejada de ella.

LAS FURIAS EN EL MUSEO DEL PRADO


Ticio, Ribera, 1632, Museo del Prado

El Museo del Prado organiza la exposición, LAS FURIAS. Alegoría política y desafío artístico, que reune 28 obras en distintos soportes firmadas por algunos de los grandes artistas de los siglos XVI y XVII. Se distribuye en cinco secciones: Miguel Ángel, autor de un dibujo de Ticio, como precedente iconográfico; El encargo de María de Hungría; Haarlem y Amberes entre el siglo XVI y XVII; Las Furias en Nápoles; La extensión del tema en Italia. El nombre de la muestra alude a los cuatro personajes que habitan el Hades, o el infierno greco-latino, castigados por desafiar a los dioses. Los suplicios son continuos y de duración infinita. 

Sísifo, Tiziano,  1548, Museo del Prado

A Ticio le devora el hígado un buitre por intentar violar a una amante de Zeus; Tántalo tiene que procurarse en vano alimento por servir a su hijo de festín a los dioses; Sísifo debe portar una enorme piedra por haber delatado las infidelidades de Zeus; e Ixión fue castigado a dar vueltas sin fin en una rueda por querer seducir a Hera. Se incluye en la exposición la representación de Prometeo e Ícaro personajes próximos a éstos en su desafío al Olimpo. Constituyeron un tema muy representado durante los siglos XVI y XVII.  Su concreción parte del encargo realizado por María de Hungría a Tiziano para decorar la gran sala del palacio de Binche, próximo a Bruselas, en 1548.

Fragmento de Ticio, Tiziano, 1560-1565, Museo del Prado

Después de la famosa batalla de Mülberg, estas alegorías mitológicas simbolizaban a los príncipes alemanes recién derrotados por el emperador Carlos V, que los pudo contemplar, junto con el futuro Felipe II en aquel lugar. Tales cuadros ya estaban en España hacia 1558. Hoy sólo se conserva uno, y una copia del autor, encargada por un cortesano y que pasó a las colecciones reales. Tras Ticiano, el éxito del tema hizo que fuera abordado por artistas de la talla de Rubens, y sobre todo, por Ribera, que creó, a mi entender, las mejores versiones, porque el estilo barroco puede sacar lo mejor del mismo.

Ixión, 1632, Ribera, Museo del Prado

Por un lado, permite ilustrar la dificultad máxima en el arte, la representación del movimiento del cuerpo humano, a base de figuras desnudas en complicados escorzos. Por otra, la expresión del dolor extremo, el que no termina nunca. Así, en esta época sirvieron para mostrar la estética del horror y la violencia de la que el artista valenciano era uno de los grandes maestros. Los modelos anatómicos provienen de la escultura helenística: el Torso Belvedere, el Galo herido, y sobre todo El Laocoonte, que fue descubierto en 1506, y sirvió como doble ejemplo, formal, exemplum artis, y de expresión, exemplum doloris. Miguel Ángel ayudó a interpretar y difundir dichas obras para que fueran aprovechadas por otros autores.

Prometeo, 1640, Salvator Rosa, Galería Nacional, Roma

De esta manera lo hicieron autores como el propio Ticiano, o ya a finales del siglo XVII, Luca Giordano, con un ejemplo en la exposición, inspirado en una pintura del gran maestro del Renacimiento. El tema se agotó tras 1700, siendo reemplazado por otros que permitían planteamientos similares. Atrás quedan imágenes de extremada violencia como el Prometeo de Salvator Rosa, cuyas vísceras un águila pone al descubierto.