Bienvenidos a todos los interesados en las CIENCIAS SOCIALES, el ARTE, la FOTOGRAFÍA y el CINE
LA FOTOGRAFÍA DE VIVIANE SASSEN
EL SUEÑO DEL DESCUBRIDOR
COMPROMISO CON EL ARTE
Se ha repetido muchas veces que los grandes actores mueren en el escenario. Estamos acostumbrados a verles trabajar hasta edades prolongadas, a diferencia de otras profesiones cuya retirada es más temprana. En ello interviene su capacidad para producir arte, crearlo o interpretarlo a partir de los textos inmortales de la literatura. Es todo un espectáculo escuchar su voz y disfrutar de los gestos con que acompañan sus palabras, que sin su aportación, carecerían de tanto sentido y valor artístico. A ello se une una elegancia natural, un carisma propio, surgido de su experiencia y el reconocimiento del público a través del tiempo. Una de estas intérpretes es la que retrata la película, ELEONORA DUSE, LA DIVINA, escrita y dirigida por Pietro Marcello, que cuenta el regreso de esta diva, tras permanecer doce años alejada de los escenarios por la necesidad de reafirmar su personalidad y sus carencias económicas, en una época de rápidos cambios tras la Primera Guerra Mundial y el surgimiento del Fascismo.
Eleonora Duse, la protagonista, decide volver a los escenarios ya mayor y enferma de tuberculosis, a pesar de la oposición de su hija Enrichetta. Acompañada siempre de su asistente, Desirée, lo primero que hace es reunir su compañía, un grupo de actores dispuestos a compartir su aventura, en una época convulsa de la historia de Italia, cuando los Camisas Negras se imponen violentamente en las calles. Las dificultades son máximas por la crisis económica del momento. Al principio, les va bien, Eleonora vuelve a recibir masivos aplausos en los mejores escenarios, entre ellos, de la misma Sara Bernard, presente entre el público en una ocasión. Sin embargo, sus intereses chocan pronto con los objetivos económicos y artísticos de otros. La colaboración con un amigo escritor le lleva al fracaso y a los abucheos del público. Entonces, decide pedir ayuda al que fuera su amigo, Gabriele D´Annunzio, el famoso poeta y escritor, hoy al servicio del régimen fascista.
De esta manera, no tarda en llegar la llamada de Mussolini, que en un breve encuentro le propone condonar sus deudas y premiarla con una pensión vitalicia. Por su parte, ella sugiere la construcción de un teatro singular que imaginó en sueños. Tiene también en mente llevar a los escenarios una obra de Gabriele D´Annunzio, pero éste le advierte que el Duce, la quiere manipular, ponerla a su servicio para reforzar su poder. Con graves síntomas de su enfermedad, permanece retirada en su palacio de Venecia, pero en un momento dado, decide volver a trabajar, que es su razón de existir, y marcharse a EEUU donde morirá en 1924 aclamada por el público. Al margen de la historia, la película destaca por la forma en la que el director la cuenta, mezclando las imágenes rodadas, donde lleva el protagonismo las palabras de la famosa actriz, con otras de la época, procedentes del archivo, que muestran el viaje del féretro del Soldado Desconocido en tren hasta Roma, que refuerza, la ya de por si, la belleza y elegancia de las imágenes de una época ya desaparecida.
LOS DILEMAS DEL PRESIDENTE
La ley se encuentra alejada de la verdad. La expresión estado de gracia se refiere a una condición afortunada de quien toma una decisión o se enfrenta a una acción relevante con éxito. Por otra parte, cuando un gobernante aplica la gracia, se refiere a un indulto o perdón. Estas ideas están en la base de la película, LA GRAZIA, escrita y dirigida por Paolo Sorrentino, que cuenta los dilemas morales y las dudas con las que se enfrenta el presidente de la República Italiana seis meses antes de dejar el cargo. Él fue un jurista relevante que llegó al poder. Le asesora su hija Dorotea, también de rigurosa formación legal. Su otro hijo vive en Canadá y se dedica a componer música. Vive con un solo pulmón, pero no deja de fumar. En todo momento le acompaña el jefe de guardaespaldas con quien comparte su intimidad. Sobre la mesa tiene la ley de eutanasia que no quiere firmar y a la que pone pegas continuamente. Además las propuestas de dos indultos, uno de una mujer que mató al marido que la maltrataba, y el de un profesor de historia que hizo lo mismo con su esposa enferma de Alzheimer.
Mariano De Santis, el presidente de Italia, es una persona rigurosa que pasa sus últimos meses en la jefatura del Estado limitado por su agenda política. Recibe a mandatarios extranjeros y embajadores, y convive con su hija que le estimula para que tome las decisiones pendientes, aunque se plantea dejarlas sin resolver para su sucesor. Oye continuamente música moderna, sin duda influenciado por su hijo. Fuma indebidamente en la terraza del palacio presidencial. Visita en las caballerizas a su caballo preferido, ahora enfermo. Recuerda una y otra vez a su mujer que murió años a tras; el momento cuando la conoció, y sospecha, obsesivamente, que le fue infiel. Quiere saber quien fue la persona con la que le traicionó. Su amiga de la infancia, la crítica de arte, Coco Valori, se niega a decírselo. Cree que fue su otro amigo Ugo Romani, ahora ministro, y futuro candidato a sucederle. Promete que hará todo lo posible para impedirlo.
Sin embargo, lo más importante, son las decisiones políticas relevantes que le quedan por firmar. Como católico, no quiere aprobar la ley de la eutanasia, pero considera que es un avance para los ciudadanos. Para ello, consulta y se confiesa con el Papa, su amigo. Por otra parte, debe afrontar los dos indultos pendientes. Los expedientes proporcionan la información suficiente para tomar una decisión, pero tal vez, falte encontrarse con la verdad, que los procedimientos legales ocultan muchas veces. En el caso de la mujer encarcelada por matar a su marido, será su hija quien la visite. Comprobará que no se ha arrepentido de su crimen y entrará en contacto con su nueva pareja que la espera a la puerta. Para el caso del profesor de historia, de quien sus alumnos piden el indulto, será el mismo quien se entreviste en la cárcel, aprovechando su visita al norte de Italia con motivo de la inauguración de la temporada en la Ópera de Milán. Al final, el presidente deja su puesto semanas antes de que se cumpla su mandato, no sin firmar la ley de eutanasia, y conceder el indulto a la mujer maltratada, pero negar el del profesor, por no ser auténtico.
LA IMAGEN POÉTICA DE OLIVER LAXE
El Museo Reina Sofía presenta la obra, HU, BAILAD COMO SI NADIE OS VIERA, una instalación del cineasta Oliver Laxe, basada en la película Sirat, ganadora del Gran Premio del Jurado del pasado Festival de Cannes, donde explora la espiritualidad y la imagen cinematográfica. Sabemos que la palabra que da titulo a esa película es un término islámico que designa el puente que cruza el infierno en dirección al paraíso, y HU, en árabe, es la manifestación sonora primigenia de la deidad, la primera palabra que inaugura la creación. El subtítulo es un verso de Rumi, erudito y místico persa del siglo XIII, cuya obra explora la disolución del yo en la divinidad a través de la música, la danza, la poesía y la oración.
La instalación se organiza en dos espacios: en el primero, en penumbra, te enfrentas a una pirámide de altavoces con la música machacona de las raves, y la información completa de la obra; en el segundo, en tres pantallas gigantes se proyectan imágenes, que se inician con el amanecer y terminan con el ocaso; entre medias, ruinas arquitectónicas de edificios, caracterizados por umbrales de puertas, que tal vez aluden al más allá, y después, tres de los protagonistas de la película Sirat, bailando en pleno trance espiritual. Combina la soledad del paisaje reseco del desierto, con la humana en pleno éxtasis, de sonido y movimiento corporal, como la mejor vía de transcender y superar el dolor de la existencia.
PROUST Y LAS ARTES
El Museo Thyssen presenta la exposición, PROUST Y LAS ARTES, que ilustra a través de un formidable conjunto de pinturas, dibujos, grabados y libros, la importancia y la significación de las artes en la obra de este escritor francés, principalmente en la serie, A la búsqueda del tiempo perdido, que nos permite conocer sus gustos personales, y los de las clases altas, entre finales del siglo XIX y comienzos del XX. De todas las maneras, su trayectoria se inicia con su interés por la pintura desde la adolescencia, como queda reflejado en su libro de poesía, Los placeres y los días, una época de su vida donde frecuentaba el Museo del Louvre, y numerosas colecciones y exposiciones particulares parisinas, interesándose por la pintura holandesa del siglo XVII, la italiana del Renacimiento y la francesa de su época. Le influyeron los pintores, Turner, Whistler y el teórico Ruskin.
Proust, por tanto, combina sus intereses y gustos estéticos con sus propias relaciones sociales y afectivas. Las pinturas de las distintas secciones no lo ilustran, desde sus propios retratos, hasta de sus allegados y amigos. Lo mismo sucede con el París tras las transformaciones urbanísticas de Haussman, captado en sus matices por las pintura impresionista, que forma un grupo significativo de esta muestra. Monet es el modelo, entre otros, para su prototipo de pintor, Elstir. Por otra parte, podemos descubrir a través de distintos retratos y personajes, aquellos salidos de su pluma, como Charles Swann, representante en la novela de la alta burguesía culta, refinada, atraída por el coleccionismo artístico, la crítica y la historia del arte; o la duquesa de Guermantes y el barón de Charlus, aristócrata, poeta y homosexual. Desde este punto, nos dirige al interés del escritor por Italia, concretado en dos viajes que hizo a Venecia, bajo la dirección de los libros de Ruskin, interesado por la arquitectura gótica en un ambiente evocador.
Proust se interesó por la moda, que le permitiría contactar con artistas españoles como Mariano Fortuny hijo, y por razones personales, con Raimundo de Madrazo. El Retrato de la condesa de Noilles, de Ignacio Zuloaga, nos hace pensar hasta dónde llegaban sus contactos con la clase alta parisina. Después de Venecia, hay un espacio de la visita dedicado a las catedrales góticas, guiado por Ruskin, una vez más, y el historiador del arte francés, Émile Mâle. Proust, no sólo miró al pasado, sino también a los cambios de gusto de la época. Ya sabemos su conocimiento del arte impresionista, ampliamente representado, sino también por el simbolismo, y el desarrollo de las vanguardias entorno a la Primera Guerra Mundial. El escritor junto a Reynaldo Hahn, siguieron con pasión, los Ballets Rusos de Diághilev.
Los últimos espacios del recorrido ilustran con pinturas las creaciones de ficción de Proust, como Balbec, un lugar indeterminado de la costa francesa, y al pintor prototipo, Elstir, una mezcla de varios artistas del pasado, y de su propia época como el americano Harrison, su amigo Helleu, o Whistler, Moreau, y sobre todo, Monet. El último espacio muestra todos los volúmenes en primeras de ediciones de su magna obra, especialmente referido al tiempo transcurrido tras la Gran Guerra, el llamado, Tiempo recobrado, entendido como epílogo de su propia vida, personal e intelectual. Las imágenes del artista en su lecho de muerte, y los poderosos autorretratos de Rembrandt, subrayan el implacable y destructor paso del tiempo.
LA REVISTA FOTOGRÁFICA AFAL
El Espacio cultural Serrería Belga presenta la exposición, REVISTA AFAL. PEQUEÑA Y LIBRE. IMPULSORA DE LA JOVEN FOTOGRAFÍA ESPAÑOLA (1956-1963), sobre esta publicación española que reunió a un grupo de jóvenes fotógrafos en Almería, pero con vocación de abarcar todo el país y más allá de nuestra fronteras. En sus siete años de existencia pretendió superar la fotografía de salón, para ser considerada como una manifestación artística. Poner el foco de la cámara en visiones insólitas sin apartarse de la realidad, para con ello, ser partícipe de la modernidad. Fue fundada por José María Artero y Carlos Pérez Siquier, a los que se unieron otros miembros representativos como Francisco Gómez, Jesús Aguirre, Joan Colom, Ramón Masats, Oriol Maspons, Nicolas Muller, Francisco Ontañón, Leopoldo Pomés, Alberto Schommer, Ricard Terré y Julio Ubiña. De casi todos ellos podemos ver alguna obra expuesta en los dos espacios de la muestra, así como alguna de sus opiniones críticas.
La revista AFAL se enfrentó a dificultades desde el principio, pues sus articulistas y críticos, no cobraban. Se financiaba por suscripción y la publicidad que llegó a tener. Se convirtió en una ventana de libertad, limitada por la censura de la dictadura, que no aceptaba imágenes que atentaran contra la moral o la ideología del régimen franquista. De todas formas, consiguió apostar por una revolución de la imagen. Las representaciones de los barrios más pobres de Almería o imágenes del atraso de la población urbana y rural de la posguerra, son completamente novedosas. El prototipo del fotógrafo era el del creador independiente, como el artista, sumido en el tiempo presente. Por otra parte, los fotógrafos del grupo AFAL, apostaron por la poesía, relacionar e interpretar la imagen a partir de ella, para lo que gustaron de exponer su obra en relación con poemas de Federico García Lorca o Antonio Machado. No olvidaron, además, la visión irónica o sarcástica, y la doble interpretación.
El grupo AFAL fue compuesto por hombres principalmente, pero tuvo la participación, igualmente, de un grupo de mujeres fotógrafas o interesadas en el medio, como la condesa de Alange, Rosa de Loz, Ana Fox Male y Ruth Lechuga. También, la revista, hizo crítica de cine, en una región, la almeriense, convertida en ocasiones en un plató de cine. Sin embargo, se dio el caso de analizar películas o autores prohibidos por la censura. Esta exposición madrileña expone los 36 números que llegó a publicar la revista. Fue en diciembre de 1963 cuando Pérez Siquier y Artero decidieron comunicar a sus socios la desaparición de la publicación, mediante la edición de una tarjeta con una fotografía de una tumba infantil, blanca y pequeña, rodeada de hierba alta, con la inscripción, Revista AFAL 1956-1963 R.I.P., bajo la idea que la revoluciones tienen que morir jóvenes y no alargarles la vida porque languidecen.
UN MAESTRO DE LA FOTOGRAFÍA DE MODA
El Museo del Traje presenta la exposición, FERRATER. FOTO. MODA. FUERZA, que constituye una retrospectiva de la obra de este fotógrafo que revolucionó esta disciplina desde hace cinco décadas. A través de su trayectoria podemos contemplar, por una parte, la evolución personal del artista, además de definir sus características propias, su estilo personal, junto con sus inquietudes; por otra, la evolución de las técnicas fotográficas, de las marcas y de la publicidad. Cabe definir dos recorridos distintos: las paredes muestran grandes fotografías de sus proyectos, y pantallas, que exhiben vídeos de sus spots y Fashions films; y las mesas, que contienen fotografías más pequeñas o impresas en revistas, porfolios o libros, según el periodo de su biografía desde finales del siglo XX, hasta comienzos del XXI. También se centra en aspectos temáticos y técnicos, como su metodología de trabajo en equipo. La diferencia entre fotografía de encargo y sus trabajos más libres.
José Manuel Ferrater Lambarri es uno de los grandes nombres de la fotografía de moda en España, creador de un estilo propio con reconocimiento nacional e internacional, de la que da cuenta la presente retrospectiva. Trabajó para las marcas más señeras y las revistas del medio más prestigiosas; se le requirió para desarrollar su estilo publicitario en otros productos como los perfumes o los automóviles. No solo fue un fotógrafo, también diseñador gráfico, interesado en la la arquitectura, y sobresaliente en el vídeo. En los años noventa, en el punto álgido de su carrera, decidió dedicarse a otras facetas artísticas sin olvidarse de la fotografía. Se interesó por el dibujo, la pintura expresionista con influencia de Francis Bacon, la escultura, la poesía y la narrativa. Buscó una obra de arte total que denominó, La Causa.
Las características esenciales de su estilo fotográfico superan las convenciones del género más próximas a la fotografía documental. Se resumen en varios conceptos. El primero es Fuerza, asociado al dinamismo y la expresividad, la emoción, la osadía y la transgresión que debe transmitir la imagen de la modelo. Un movimiento que estimula el propio autor para que sea devuelto al espectador. Prefiere un contexto transgresor proveniente de lo marginal. El segundo es Estructura, es decir, cuidar la composición, determinada por la luz, preferiblemente natural, unido a las posturas de los modelos, con planos inesperados, líneas de fuga y escorzos. Prefirió siempre el blanco y negro al color, que causa desorden y ruido. La tercera característica, es el Relato, que imprime a sus fotografías de moda, que no las quiere idealizadas, ni exclusivamente para mostrar las prendas, sino insertas en la vida. Forma secuencias que muestran una visión del mundo, una forma de vivir, en escenarios cotidianos; personas fuertes, modernas y libres, que son dueñas de su destino. Cuenta historias alegres como tristes.
La cuarta característica de su estilo es su maestría en el Retrato, una representación de la persona verdadera, de su psicología auténtica. Ante su cámara han pasado modelos famosas, diseñadores, artistas, deportistas y numerosas personalidades públicas, donde también hace un retrato de sí mismo. Fisonomías perfectas y disruptivas, jóvenes y mayores, la belleza no es unívoca, está siempre presente, pues está asociada a la humanidad. A veces su fotografía de moda, del vestuario es un retrato en primer plano, que es más definitorio. José Manuel Ferrater como fotógrafo de moda, en definitiva, supo captar siempre las tendencias del futuro a través de sus imágenes transgresoras, pero llenas de humanidad, verdaderas, tomadas con pocos disparos, pero finalmente elaboradas. Supo representar una sociedad más justa, abierta a los distintos roles de género, saltándose muchas veces, las imposiciones de las empresas. Entendió, y se adaptó, ya sexagenario, el mundo digital que se desarrollaba, sin dejar de mostrar su enorme talento artístico.
LA BELLEZA DE NÁPOLES
El nacimiento, la niñez, la juventud y la vejez, las tres edades del hombre y de la mujer. El lugar donde transcurre la vida, importa, condiciona nuestra forma de ser y de sentir. Mientras eres joven, y maduras, solamente te incumbe la felicidad, disfrutar de la belleza. Construyes los caminos hacia el futuro. Te abraza el pasado, la familia, tu propia casa, moderna o antigua, grande o pequeña, tus seres queridos, los instantes vividos, la realidad e incluso la fantasía y los sueños. La película, PARTHENOPE, escrita y dirigida por Paolo Sorrentino, nos cuenta la vida de una mujer independiente, libre e inteligente de ese mismo nombre, nacida en las aguas del mar, y espejo de la complejidad de la ciudad de Nápoles, donde se une tradición y modernidad. Belleza e inteligencia se unen en su persona. Capaz de respuestas directas y precisas para cada una de las cuestiones de la vida.
Su época inolvidable pertenece a finales de los años sesenta y la primera mitad de los setenta. Parthenope se mueve con libertad junto a su hermano y su primer amor en un verano interminable en la costa napolitana. La visita a la isla de Capri permanecerá en la memoria. Allí conocerá al escritor homosexual y alcoholizado, John Cheever, que le atrae más que cualquier pretendiente atrevido, pero éste se aparta porque no quiere restarle ningún instante de su juventud. La muerte prematura de su hermano, que tanto le admiraba, le marcará para siempre. Ella muestra temprano su profunda inteligencia al cursar estudios de antropología, sin saber, ciertamente, qué significa. Pronto se convierte en ayudante aventajada del catedrático de la universidad al que sorprende por su sabiduría innata. Demora un tiempo el camino a seguir cuando se plantea convertirse en actriz. Mientras conoce a un joven proveniente de los barrios más oscuros de la ciudad.
Parthenope, al final, se decanta por terminar sus estudios universitarios y ser profesora con una tesis sobre la frontera cultural del milagro. Descubre que la antropología es la disciplina de mirar al ser humano, entenderlo en todas sus contradicciones; las mismas que muestra la película sobre ella y las costumbres de Nápoles, donde se mezcla el pasado y el presente, la juventud y la madurez; la belleza y la fealdad, la realidad y la fantasía; lo divino y lo mundano, el deseo carnal y el misterio espiritual. Todo eso es Nápoles, el contexto y espejo de la protagonista, que en 2023, se jubila, con un ferviente homenaje de sus compañeros y alumnos de la universidad. Por otra parte, la película tiene una forma especial, un estilo compuesto por secuencias o pequeñas historias, continuas o entrelazadas, dentro del mismo espacio temporal, de gran atractivo visual, en el que la música juega un complemento fundamental.
CHUPAS Y PARKAS
El Museo Nacional de Antropología presenta la exposición, CHUPAS Y PARKAS. ROCKERS Y MODS: 60 AÑOS DESDE LA PELEA DE BRIGHTON, que conmemora este mitificado enfrentamiento del 18 de mayo de 1964 entre dos culturas urbanas juveniles en la costa inglesa, lugar de reunión habitual de las mismas, especialmente de los mods. La sociedad del momento tuvo, así conocimiento de grupos juveniles que mostraban sus diferencias generacionales con las precedentes. Mostraban una forma de vestir y unas músicas distintas a la de sus progenitores. Fueron calificados como delincuentes y gamberros. Hoy los dos grupos todavía existen y su historia se recuerda en esta interesante muestra, que reúne discos, fotografías, su característico vestuario, e incluso sus típicas motos, unos la Vespa o Lambretta, otros la Norton o Triumph, fanzines, posavasos, chapas, casetes, un largo etcétera que nos lleva a conocer bien su estética. Dos grupos culturales enfrentados pero con elementos en común.
Tanto unos como otros, nacieron en la Inglaterra de la posguerra, en el momento de su recuperación económica, influenciados por el desarrollo cultural y musical norteamericano. Los grupos sociales más humildes recibieron la influencia musical americana, los cambios sociológicos de aquél continente, y así se crearon estos dos tribus juveniles. Los rockers, tuvieron como antecedentes a los teddy boys de los años cincuenta; la música de Bill Haley, y sobre todo, de Elvis Presley; de películas, como El Salvaje, protagonizada por Marlon Brando, Rebelde sin causa, interpretada por James Dean, y más destacada, Semilla del maldad, estrenada en 1955. Su forma de vestir se caracteriza con cazadoras de cuero y pantalones vaqueros para los chicos, y vestidos con amplias faldas para ellas. Los mods, en cambio, fueron precedidos por los llamados modernists, del que proviene su denominación, cuya apariencia deriva de la moda del Yvy League norteamericano, mezclado luego con la influencia francoitaliana, proveniente de las películas de la Nouvelle Vague y de las italianas, como La dolce vita. Los chicos llevan traje con corbata entallado, cubierto con una parka para la conducción de la moto. Frente a los peinados con brillantina, los suyos son cortos y aseados a lo bob.
Los gustos musicales de los mods tienen su origen en el jazz moderno americano, el rhytm and blues, al que se unió el ska y el soul, por tanto, un gusto por la black music. Tanto rockers como mods fueron superados por el movimiento beat a lo largo de los años 60. Luego, cada uno por su lado, regresaron para quedarse hasta nuestros días. A ello contribuyó, por un lado, el estreno de la película Quadrophenia, y el grupo musical The Jam, y un líder, Paul Weller; por otro, el estreno de otras películas, primero American Graffiti, y sobre todo, The Wanderers, en el ámbito de los rockers. En España surgirían, igualmente, grupos de las dos tribus, más destacados, si acaso estos últimos, primeramente, en entornos sociales más acomodados, que podían estar en contacto con las influencias extranjeras. Los años ochenta fue una época de esplendor junto a otras estéticas juveniles. Un espacio de la exposición se dedica a las fotografías que hizo de ellos el fotógrafo Miguel Trillo en aquellos años. Otra sala de la misma recrea un bar y un escenario con instrumentos musicales, donde puedes elegir escuchar una de las veinte canciones seleccionadas, diez por cada tribu. Al salir de la muestra puedes recoger el fanzine resumen, y realizar una breve encuesta para ver si eres mod o rocker, o ninguno de los dos, cuyo resultado se apunta en una pizarra.
LA RUTINA DE LA VIDA
LA MIRADA DEL ADIÓS
El cine dentro del cine puede ser un recurso para contar una historia del pasado. Es lo que hace el director Víctor Erice en su última película, CERRAR LOS OJOS, treinta años después del Sol del membrillo. Convertido en un director de culto en nuestro país sorprendió ya octogenario en el pasado Festival de Cannes. El argumento empieza y termina con las supuestas imágenes de una película inconclusa ambientada en la posguerra. El espectador al principio se deja engañar. Un judío sefardí que había ayudado a otros de su condición a pasar la frontera huyendo de los nazis, pide a un antiguo anarquista en una villa al sur de Francia, que busque a su hija en China ya que se encuentra enfermo y le gustaría tenerla cerca y cruzar su mirada con ella por última vez. Le confía este trabajo porque es un hombre de acción que seguro lo llevará a cabo. A los espectadores les hubiera gustado que esta fuera la película realizada por Erice, pero es un fragmento de una película frustrada cuando el actor principal, el que hacía de investigador, Julio Arenas, un actor famoso en su momento, desapareció del rodaje y no se supo nada de él nunca más.
Miguel Garay, el frustrado director, amigo de juventud del actor desde sus años en la mili en la marina, será quien se encargue de revivir el rodaje y contar su historia a partir de unos pocos objetos conservados. Una periodista de televisión va a presentar su caso en su programa de desaparecidos. Este director, dejó la profesión a raíz de aquello, y se refugió en la costa de Almería para dedicarse a la traducción y a la pesca. Al revivir el misterio de su desaparición le obligará a contactar con su hija, el montador de la película fallida, y una de sus novias. Todos se preguntan el por qué de los sucedido. Se sabía que días antes de su desaparición se encontraba alterado. Bebía mucho. Se decía que estaba con una mujer casada. Sólo se encontró su coche al borde de un acantilado, sus zapatos y sus ropas, como si hubiera caído al mar o se hubiera suicidado. Un día, una asistente social de un asilo en la costa andaluza llama a la periodista televisiva que hay un hombre que podía ser el famoso Julio Arenas.
El supuesto actor fue encontrado como un indigente tras sufrir una insolación sin documentación ninguna, ni recordar nada de su pasado ni de su identidad. Fue llevado a un asilo, donde vive haciendo pequeños arreglos a las monjas que dirigen el establecimiento. Lo único que ha logrado contar es que ha viajado por todo el mundo, y guarda con mucho celo una fotografía de una joven vestida de china. Miguel le identifica fácilmente como su amigo, aunque éste no, incluso cuando le muestra la imagen de ellos juntos en la mili. Tampoco reconocerá a su hija, que era una niña cuando desapareció. La fotografía que cuida con mimo es de la película, de la joven que tiene que buscar. Por ello, Miguel piensa hacerle reaccionar proyectando el fragmento final de su película. El momento cuando trae de regreso de China a la joven para que el padre anciano puede despedirse de su hija tras muchos años separado. Será el momento de su muerte, y el desconsuelo de ella, su última mirada.
De esta manera, termina la larga película de Víctor Erice, con el primer plano de Julio Arenas y la joven, en la titulada película, La mirada del adiós, luego solo el primero con los ojos abiertos para ser cerrados inmediatamente, ya en tiempo presente. Un juego de muchos que aparecen a lo largo del metraje que aluden al propio autor, que no llegó a realizar todos los proyectos cinematográficos por el tipo de cine, poético y artístico que quería hacer tras El espíritu de la colmena y El sur. Una preocupación estilística que se observa en Cierra los ojos, que muestra momentos de gran belleza, en planos generales y primeros planos sostenidos frente al espectador, con un ritmo lento, donde sobresale la palabra de los actores demostrando un soberbio trabajo. Se juega con el tiempo, y se recuerda con nostalgia el pasado, el real y el imaginario de los argumentos de dos películas en una, comprendidas como una búsqueda que nosotros interpretamos como un proceso difícil para recuperar la inspiración y el talento artístico.
MADRID EN LOS AÑOS OCHENTA
Se cumple el 40º aniversario del Estatuto de Autonomía de la Comunidad de Madrid, que se proclamó en los años ochenta del siglo XX. Fue uno de los acontecimientos fundamentales de una década gloriosa de la capital y su zona de influencia, y de toda España, por los cambios producidos tanto en la política, la sociedad, y la cultura. En 1980 se podría decir que todavía no había terminado la Transición, no se había consolidado la democracia en nuestro país. La huella de la dictadura se vivía de manera cotidiana. Pero todo cambió a lo largo de la década. España superó un intento de golpe de Estado; se integró en las instituciones europeas, la económica y militar; y se fortaleció institucionalmente desarrollando nuestra constitución. Mientras tanto, explosionó creativamente la capital, una efervescencia cultural que se transmitió al resto del país.
La exposición, MADRID, CRÓNICA CREATIVA DE LOS 80, da cuenta de los cambios sociopolíticos y económicos en la Comunidad desde la aprobación del Estatuto de Autonomía, también los habidos en todo el país entre 1980 y 1989. Están representados en dos espacios, la primera con paneles explicativos, y la segunda a modo de línea del tiempo donde se recogen los principales acontecimientos. Un buen resumen de aquella década prodigiosa, en la que los gobiernos socialistas, tanto en la ciudad de Madrid, como en la capital jugaron un papel fundamental. Nosotros, los veinteañeros de aquella época, hijos del baby boom, coincidirían, además, con un periodo de explosión de las artes, de la cultura joven, especialmente de la música, pop-rock, de la fotografía, el cine, la moda y el arte contemporáneo. Un movimiento surgido en las calles de la capital; en sus lugares de ocio nocturno, en las inquietudes más underground. Madrid me mata y De Madrid al cielo son las frases más emblemáticas.
La fotografía artística y documental tuvo un papel fundamental en aquellos años de que se estaba viviendo una nueva época. Se decía el futuro está aquí. Las imágenes de Miguel Trillo de los jóvenes y músicos de las tribus urbanas que asisten a los numerosos conciertos de música son ejemplos contundentes. Lo mismo podríamos decir de las fotografías de Marivi Ibarrola, que coincide con otra exposición estos días. Pero fueron muchos fotógrafos y diseñadores que participaron junto a músicos y artistas en esta ola de modernidad, conocida como La Movida madrileña. Destacan nombres como Ouka Lele, Pablo Pérez-Mínguez, Alberto García-Alix, Javier Campano, Ceseepe, Costus, Pedro Almodóvar, Alberto Corazón, y una larga lista, que muestran su actividad creativa en los diseños de las portadas de discos, en las imágenes de la moda del momento, en las películas que se llevan a cabo, en la recepción del arte contemporáneo. En estos años Miquel Barceló alcanzó la fama muy joven.
Además, por aquellos años, se inició Arco, la Feria de Arte Internacional. Se recuerda la exposición y la visita de Andy Warhol a la capital. El inicio del grafiti, siendo la firma Muelle, la que ha pasado a la historia. La creación del Centro de Arte Reina Sofía, hoy Museo Nacional, que sustituía al antiguo Museo de Arte Contemporáneo. La literatura de aquellos años fue, igualmente, memorable. Podemos recordar ejemplos como Las edades de Lulú, de Almudena Grandes, La ciudad de los prodigios de Eduardo Mendoza, o la Lluvia amarilla, de Julio Llamazares. Por otra parte, la producción cinematográfica fue muy amplia y rica. A parte de Almodóvar, vinculado a la actividad artística de la capital, destacan, Garci, Fernán Gómez, Berlanga, Saura, Trueba, Vicente Aranda, Eloy de la Iglesia, Fernando Colomo, una larga lista de directores que realizaron obras fundamentales. Finalmente, la exposición recuerda la publicidad y algunos programas de televisión, como la Edad de Oro o Aplauso, que fueron partícipes en la creatividad de la época.






















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