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LA FOTOGRAFÍA DE VIVIANE SASSEN


 El Centro Cultural Fernán Gómez presenta la exposición, LUX Y UMBRA. VIVIANE SASSEN, una amplia retrospectiva sobre la obra de esta artista holandesa, centrada en el ámbito artístico como en el de la moda. De esta manera, queda registrada toda su trayectoria a través de sus series y proyectos, que arrancan en África, el continente donde pasó su infancia, que le marcaría decisivamente en la captación de los tipos humanos, y en elementos fundamentales de su estética, como la luz y la sombra, así como en los colores vibrantes. El conjunto se compone de fotografías, así como de collages y vídeos. Además, utiliza la pintura para retocar las imágenes. Presenta, igualmente, videoinstalaciones de gran tamaño, para las que las salas del centro cultural, son las más adecuadas. Por otra parte, la artista tiende desde sus inicios, al tratamiento de los temas desde el juego, la ambigüedad y el misterio, que la hacen próxima al surrealismo.




Sus temas aluden a la naturaleza, a la muerte, al deseo y al anhelo de conexión, mostrados en un territorio intermedio entre lo cotidiano y lo insólito, desde la realidad hasta alcanzar la abstracción.  El recorrido se inicia con sus series de inspiración africana, aquellas que realizó en Surinam, también las expuestas en la Bienal de Venecia de 2013, donde destaca la denominada Umbra, en la que explora el concepto de sombra, un elemento central en su obra, tanto desde el punto de vista estético como conceptual. La sombra, lo oscuro o sin luz, se convierte en un medio poético para abordar sus temas preferidos como la memoria, el deseo, el miedo y la imaginación. Unas veces adquiere significado al ser un espacio paralelo a la figura iluminada, otras interactúa con ella, como si se disputase la propia existencia. En algunas obras, se vale de la misma poesía recitada como complemento de la imagen visual, como en Hurtling, en otras, establece un diálogo con los conceptos filosóficos, como en Modern Alchemy.





Un encargo peculiar fue el realizado por el Palacio de Versalles para la exposición, Visible invisible, presentada en el Dominio Trianon, titulado, Venus y Mercurio, sobre aquellas historias íntimas de la corte francesa de los siglos XVII y XVIII; historias repletas de erotismo, juegos de poder, transgresiones de género, enfermedad y muerte; historias no contadas, mostradas, sobre todo, en una videoinstalación de sus fotografías junto a la interpretación de poemas, en la que juegan un papel fundamental, la manipulación de los espacios y las esculturas del palacio. Otro apartado destacado del recorrido corresponde a la relación de Sassen con el surrealismo, centrado en tres series: Of Mud and Lotus, Cadavre Exquis y Modern Alchemy, sin duda, la faceta más experimental de su obra, que nos invita a imaginar nuevas maneras de percibir nuestra relación con el mundo. Por otra parte, la artista pensó dedicarse al principio de su formación al diseño de moda antes que a la fotografía, pero ese gusto nunca lo abandonaría al trabajar durante treinta años para las más importantes casas de moda, a las que puso a su servicio, su infinita creatividad y expresividad.





Tres series finalizan el recorrido. Tienen en común que se centran en lo femenino, en el cuerpo de la mujer, el de la misma Viviane, que fue modelo en su periodo de formación en el apartado Autorretratos, o en colaboración con otras artistas, Roxane II, junto a Roxane Danset, y en Frau Holle,  con Emmeline de Mooij, en la que están presentes una reflexión sobre el paso del tiempo y el envejecimiento, el juego y el placer, y sobre todo, constituye una celebración de la amistad y una reafirmación de las mujeres, libre de excusas. 




EL SUEÑO DEL DESCUBRIDOR



Hubo un tiempo, a comienzos de la Edad Moderna, que reinos como Portugal y España, se embarcaron en empresas allende de los lejanos océanos, antes no explorados, para conquistar nuevos territorios y aprovechar sus riquezas. A estas potencias europeas, le seguirían otras con los mismos objetivos. Tras el descubrimiento de América, el mundo por conocer, quedaba dividido entre el occidente para Portugal y el oriente, para España. Se pensaban que nuevos retos quedaban por explorar más allá del continente americano, después de atravesar el océano Pacífico. A comienzos del siglo XVI, los portugueses habían circunvalado el continente africano y habían sobrepasado la misma India, lugares remotos poblados por indígenas, que constituían puntos intermedias que conducían a China. En este tiempo se produjo la primera vuelta al mundo, que fue financiada por la corona española, pero que estuvo capitaneada en parte hasta su muerte por el capitán portugués, Fernando de Magallanes. Su historia la cuenta la película, MAGALLANES, escrita y dirigida por Lav Díaz.






Magallanes fue uno de los grandes exploradores portugueses de los primeros tiempos, que siguió las rutas trazadas por Vasco de Gama, para extender los dominios e intereses de su reino a lugares donde no habían llegado europeos. A principios de la segunda década del siglo XVI, lo vemos al servicio del Duque de Alburquerque en las islas de Malasia haciendo frente a la violenta oposición de los nativos, de donde volvería maltrecho a su país. Mientras se recupera en Lisboa, toma conciencia de realizar una expedición hacia esas islas pero siguiendo la ruta occidental. Sin embargo, el rey portugués no acepta el proyecto, como en épocas pasadas lo hiciera con Cristóbal Colón. Ante la frustración y falta de incentivos, Magallanes se dirigió a la Monarquía Hispana, a cuya frente se encontraba Carlos I, que aceptaría y financiaría la exploración a esos lejanos territorios. Para ello nombró al portugués caballero de la orden de Santiago, y le situaría al frente de una expedición, que conjugaba el interés de conquistar y a la vez, establecer las bases para su provecho económico.






 La ruta occidental va a resultar más agotadora y difícil de lo esperado. Eso hace mella en las tripulaciones desde los simples marineros hasta los funcionarios al servicio de la corona. Una vez atravesado el Atlántico, empiezan las primeras disensiones con el mando de Magallanes, que él reprime con mano de hierro. A unos lo ejecuta, a otros los abandona por el camino.  De una flamante flota constituida por más cien hombres, apenas llegan un reducido número a las islas asiáticas, pobladas por indígenas primitivos y azotados por una epidemia de la que morían los más jóvenes. Magallanes en principio logra frenar la enfermedad, pero, pronto, va a intentar dominar a los indígenas, destruyendo los rasgos propios de su religión, en favor del cristianismo. Ante la violencia manifestada por los exploradores, los nativos se rebelan aniquilando a la mayor parte de ellos, entre los cuales se encuentra Magallanes. Termina, así, una historia contada desde la necesidad de supervivencia de los indígenas frente a unos exploradores ciegos por su afán desmesurado de dominación. Una historia contada de forma peculiar, de la que destaca la belleza de la imágenes de la selva y del mar, azotados por tormentas y vientos continuos, en la que sobresale el plano estático, sin apenas movimiento de cámara, que refuerza, por su ritmo lento, el propio del la naturaleza frente al agitado de las acciones humanas.

COMPROMISO CON EL ARTE


 

Se ha repetido muchas veces que los grandes actores mueren en el escenario. Estamos acostumbrados a verles trabajar hasta edades prolongadas, a diferencia de otras profesiones cuya retirada es más temprana. En ello interviene su capacidad para producir arte, crearlo o interpretarlo a partir de los textos inmortales de la literatura. Es todo un espectáculo escuchar su voz y disfrutar de los gestos con que acompañan sus palabras, que sin su aportación, carecerían de tanto sentido y valor artístico. A ello se une una elegancia natural, un carisma propio, surgido de su experiencia y el reconocimiento del público a través del tiempo. Una de estas intérpretes es la que retrata la película, ELEONORA DUSE, LA DIVINA, escrita y dirigida por Pietro Marcello, que cuenta el regreso de esta diva, tras permanecer doce años alejada de los escenarios por la necesidad de reafirmar su personalidad y sus carencias económicas, en una época de rápidos cambios tras la Primera Guerra Mundial y el surgimiento del Fascismo.



Eleonora Duse, la protagonista, decide volver a los escenarios ya mayor y enferma de tuberculosis, a pesar de la oposición de su hija Enrichetta. Acompañada siempre de su asistente, Desirée, lo primero que hace es reunir su compañía, un grupo de actores dispuestos a compartir su aventura, en una época convulsa de la historia de Italia, cuando los Camisas Negras se imponen violentamente en las calles. Las dificultades son máximas por la crisis económica del momento. Al principio, les va bien, Eleonora vuelve a recibir masivos aplausos en los mejores escenarios, entre ellos, de la misma Sara Bernard, presente entre el público en una ocasión. Sin embargo, sus intereses chocan pronto con los objetivos económicos y artísticos de otros. La colaboración con un amigo escritor le lleva al fracaso y a los abucheos del público. Entonces, decide pedir ayuda al que fuera su amigo, Gabriele D´Annunzio, el famoso poeta y escritor, hoy al servicio del régimen fascista.



De esta manera, no tarda en llegar la llamada de Mussolini, que en un breve encuentro le propone condonar sus deudas y premiarla con una pensión vitalicia. Por su parte, ella sugiere la construcción de un teatro singular que imaginó en sueños. Tiene también en mente llevar a los escenarios una obra de Gabriele D´Annunzio, pero éste le advierte que el Duce, la quiere manipular, ponerla a su servicio para reforzar su poder. Con graves síntomas de su enfermedad, permanece retirada en su palacio de Venecia, pero en un momento dado, decide volver a trabajar, que es su razón de existir, y marcharse a EEUU donde morirá en 1924 aclamada por el público. Al margen de la historia, la película destaca por la forma en la que el director la cuenta, mezclando las imágenes rodadas, donde lleva el protagonismo las palabras de la famosa actriz, con otras de la época, procedentes del archivo, que muestran el viaje del féretro del Soldado Desconocido en tren hasta Roma, que refuerza, la ya de por si, la belleza y elegancia de las imágenes de una época ya desaparecida.

LOS DILEMAS DEL PRESIDENTE


 

La ley se encuentra alejada de la verdad. La expresión estado de gracia se refiere a una condición afortunada de quien toma una decisión o se enfrenta a una acción relevante con éxito. Por otra parte, cuando un gobernante aplica la gracia, se refiere a un indulto o perdón. Estas ideas están en la base de la película, LA GRAZIA, escrita y dirigida por Paolo Sorrentino, que cuenta los dilemas morales y las dudas con las que se enfrenta el presidente de la República Italiana seis meses antes de dejar el cargo. Él fue un jurista relevante que llegó al poder. Le asesora su hija Dorotea, también de rigurosa formación legal. Su otro hijo vive en Canadá y se dedica a componer música. Vive con un solo pulmón, pero no deja de fumar. En todo momento le acompaña el jefe de guardaespaldas con quien comparte su intimidad. Sobre la mesa tiene la ley de eutanasia que no quiere firmar y a la que pone pegas continuamente. Además las propuestas de dos indultos, uno de una mujer que mató al marido que la maltrataba, y el de un profesor de historia que hizo lo mismo con su esposa enferma de Alzheimer. 




Mariano De Santis, el presidente de Italia, es una persona rigurosa que pasa sus últimos meses en la jefatura del Estado limitado por su agenda política. Recibe a mandatarios extranjeros y embajadores, y convive con su hija que le estimula para que tome las decisiones pendientes, aunque se plantea dejarlas sin resolver para su sucesor. Oye continuamente música moderna, sin duda influenciado por su hijo. Fuma indebidamente en la terraza del palacio presidencial. Visita en las caballerizas a su caballo preferido, ahora enfermo. Recuerda una y otra vez a su mujer que murió años a tras; el momento cuando la conoció, y sospecha, obsesivamente, que le fue infiel. Quiere saber quien fue la persona con la que le traicionó. Su amiga de la infancia, la crítica de arte, Coco Valori, se niega a decírselo. Cree que fue su otro amigo Ugo Romani, ahora ministro, y futuro candidato a sucederle. Promete que hará todo lo posible para impedirlo.



Sin embargo, lo más importante, son las decisiones políticas relevantes que le quedan por firmar. Como católico, no quiere aprobar la ley de la eutanasia, pero considera que es un avance para los ciudadanos. Para ello, consulta y se confiesa con el Papa, su amigo. Por otra parte, debe afrontar los dos indultos pendientes. Los expedientes proporcionan la información suficiente para tomar una decisión, pero tal vez, falte encontrarse con la verdad, que los procedimientos legales ocultan muchas veces. En el caso de la mujer encarcelada por matar a su marido, será su hija quien la visite. Comprobará que no se ha arrepentido de su crimen y entrará en contacto con su nueva pareja que la espera a la puerta. Para el caso del profesor de historia, de quien sus alumnos piden el indulto, será el mismo quien se entreviste en la cárcel, aprovechando su visita al norte de Italia con motivo de la inauguración de la temporada en la Ópera de Milán. Al final, el presidente deja su puesto semanas antes de que se cumpla su mandato, no sin firmar la ley de eutanasia, y conceder el indulto a la mujer maltratada, pero negar el del profesor, por no ser auténtico.

LA IMAGEN POÉTICA DE OLIVER LAXE


 

El Museo Reina Sofía presenta la obra, HU, BAILAD COMO SI NADIE OS VIERA, una instalación del cineasta Oliver Laxe, basada en la película Sirat, ganadora del Gran Premio del Jurado del pasado Festival de Cannes, donde explora la espiritualidad y la imagen cinematográfica. Sabemos que la palabra que da titulo a esa película es un término islámico que designa el puente que cruza el infierno en dirección al paraíso, y HU, en árabe, es la manifestación sonora primigenia de la deidad, la primera palabra que inaugura la creación. El subtítulo es un verso de Rumi, erudito y místico persa del siglo XIII, cuya obra explora la disolución del yo en la divinidad a través de la música, la danza, la poesía y la oración.  



La instalación se organiza en dos espacios: en el primero, en penumbra, te enfrentas a una pirámide de altavoces con la música machacona de las raves, y la información completa de la obra; en el segundo, en tres pantallas gigantes se proyectan imágenes, que se inician con el amanecer y terminan con el ocaso; entre medias, ruinas arquitectónicas de edificios, caracterizados por umbrales de puertas, que tal vez aluden al más allá, y después, tres de los protagonistas de la película Sirat, bailando en pleno trance espiritual. Combina la soledad del paisaje reseco del desierto, con la humana en pleno éxtasis, de sonido y movimiento corporal, como la mejor vía de transcender y superar el dolor de la existencia.

PROUST Y LAS ARTES


 

El Museo Thyssen presenta la exposición, PROUST Y LAS ARTES, que ilustra a través de un formidable conjunto de pinturas, dibujos, grabados y libros, la importancia y la significación de las artes en la obra de este escritor francés, principalmente en la serie, A la búsqueda del tiempo perdido, que nos permite conocer sus gustos personales, y los de las clases altas, entre finales del siglo XIX y comienzos del XX. De todas las maneras, su trayectoria se inicia con su interés por la pintura desde la adolescencia, como queda reflejado en su libro de poesía, Los placeres y los días, una época de su vida donde frecuentaba el Museo del Louvre, y numerosas colecciones y exposiciones particulares parisinas, interesándose por la pintura holandesa del siglo XVII, la italiana del Renacimiento y la francesa de su época. Le influyeron los pintores, Turner, Whistler y el teórico Ruskin. 



Proust, por tanto, combina sus intereses y gustos estéticos con sus propias relaciones sociales y afectivas. Las pinturas de las distintas secciones no lo ilustran, desde sus propios retratos, hasta de sus allegados y amigos. Lo mismo sucede con el París tras las transformaciones urbanísticas de Haussman, captado en sus matices por las pintura impresionista, que forma un grupo significativo de esta muestra. Monet es el modelo, entre otros, para su prototipo de pintor, Elstir. Por otra parte, podemos descubrir a través de distintos retratos y personajes, aquellos salidos de su pluma, como Charles Swann, representante en la novela de la alta burguesía culta, refinada, atraída por el coleccionismo artístico, la crítica y la historia del arte; o la duquesa de Guermantes y el barón de Charlus, aristócrata, poeta y homosexual. Desde este punto, nos dirige al interés del escritor por Italia, concretado en dos viajes que hizo a Venecia, bajo la dirección de los libros de Ruskin, interesado por la arquitectura gótica en un ambiente evocador.



Proust se interesó por la moda, que le permitiría contactar con artistas españoles como Mariano Fortuny hijo, y por razones personales, con Raimundo de Madrazo. El Retrato de la condesa de Noilles, de Ignacio Zuloaga, nos hace pensar hasta dónde llegaban sus contactos con la clase alta parisina. Después de Venecia, hay un espacio de la visita dedicado a las catedrales góticas, guiado por Ruskin, una vez más, y el historiador del arte francés, Émile Mâle. Proust, no sólo miró al pasado, sino también a los cambios de gusto de la época. Ya sabemos su conocimiento del arte impresionista, ampliamente representado, sino también por el simbolismo, y el desarrollo de las vanguardias entorno a la Primera Guerra Mundial. El escritor junto a Reynaldo Hahn, siguieron con pasión, los Ballets Rusos de Diághilev.



Los últimos espacios del recorrido ilustran con pinturas las creaciones de ficción de Proust, como Balbec, un lugar indeterminado de la costa francesa, y al pintor prototipo, Elstir, una mezcla de varios artistas del pasado, y de su propia época como el americano Harrison, su amigo Helleu, o Whistler, Moreau, y sobre todo, Monet. El último espacio muestra todos los volúmenes en primeras de ediciones de su magna obra, especialmente referido al tiempo transcurrido tras la Gran Guerra, el llamado, Tiempo recobrado, entendido como epílogo de su propia vida, personal e intelectual. Las imágenes del artista en su lecho de muerte, y los poderosos autorretratos de Rembrandt, subrayan el implacable y destructor paso del tiempo.




LA REVISTA FOTOGRÁFICA AFAL


 

El Espacio cultural Serrería Belga presenta la exposición, REVISTA AFAL. PEQUEÑA Y LIBRE. IMPULSORA DE LA JOVEN FOTOGRAFÍA ESPAÑOLA (1956-1963), sobre esta publicación española que reunió a un grupo de jóvenes fotógrafos en Almería, pero con vocación de abarcar todo el país y más allá de nuestra fronteras. En sus siete años de existencia pretendió superar la fotografía de salón, para ser considerada como una manifestación artística. Poner el foco de la cámara en visiones insólitas sin apartarse de la realidad, para con ello, ser partícipe de la modernidad. Fue fundada por José María Artero y Carlos Pérez Siquier, a los que se unieron otros miembros representativos como Francisco Gómez, Jesús Aguirre, Joan Colom, Ramón Masats, Oriol Maspons, Nicolas Muller, Francisco Ontañón, Leopoldo Pomés, Alberto Schommer, Ricard Terré y Julio Ubiña. De casi todos ellos podemos ver alguna obra expuesta en los dos espacios de la muestra, así como alguna de sus opiniones críticas.



La revista AFAL se enfrentó a dificultades desde el principio, pues sus articulistas y críticos, no cobraban. Se financiaba por suscripción y la publicidad que llegó a tener. Se convirtió en una ventana de libertad, limitada por la censura de la dictadura, que no aceptaba imágenes que atentaran contra la moral o la ideología del régimen franquista. De todas formas, consiguió apostar por una revolución de la imagen. Las representaciones de los barrios más pobres de Almería o imágenes del atraso de la población urbana y rural de la posguerra, son completamente novedosas. El prototipo del fotógrafo era el del creador independiente, como el artista, sumido en el tiempo presente. Por otra parte, los fotógrafos del grupo AFAL, apostaron por la poesía, relacionar e interpretar la imagen a partir de ella, para lo que gustaron de exponer su obra en relación con poemas de Federico García Lorca o Antonio Machado. No olvidaron, además, la visión irónica o sarcástica, y la doble interpretación.



El grupo AFAL fue compuesto por hombres principalmente, pero tuvo la participación, igualmente, de un grupo de mujeres fotógrafas o interesadas en el medio, como la condesa de Alange, Rosa de Loz, Ana Fox Male y Ruth Lechuga. También, la revista, hizo crítica de cine, en una región, la almeriense, convertida en ocasiones en un plató de cine. Sin embargo, se dio el caso de analizar películas o autores prohibidos por la censura. Esta exposición madrileña expone los 36 números que llegó a publicar la revista. Fue en diciembre de 1963 cuando Pérez Siquier y Artero decidieron comunicar a sus socios la desaparición de la publicación, mediante la edición de una tarjeta con una fotografía de una tumba infantil, blanca y pequeña, rodeada de hierba alta, con la inscripción, Revista AFAL 1956-1963 R.I.P., bajo la idea que la revoluciones tienen que morir jóvenes y no alargarles la vida porque languidecen.




UN MAESTRO DE LA FOTOGRAFÍA DE MODA


 

El Museo del Traje presenta la exposición, FERRATER. FOTO. MODA. FUERZA, que constituye una retrospectiva de la obra de este fotógrafo que revolucionó esta disciplina desde hace cinco décadas. A través de su trayectoria podemos contemplar, por una parte, la evolución personal del artista, además de definir sus características propias, su estilo personal, junto con sus inquietudes; por otra, la evolución de las técnicas fotográficas, de las marcas y de la publicidad. Cabe definir dos recorridos distintos: las paredes muestran grandes fotografías de sus proyectos, y pantallas, que exhiben vídeos de sus spots y Fashions films; y las mesas, que contienen fotografías más pequeñas o impresas en revistas, porfolios o libros, según el periodo de su biografía desde finales del siglo XX, hasta comienzos del XXI. También se centra en aspectos temáticos y técnicos, como su metodología de trabajo en equipo. La diferencia entre fotografía de encargo y sus trabajos más libres.



José Manuel Ferrater Lambarri es uno de los grandes nombres de la fotografía de moda en España, creador de un estilo propio con reconocimiento nacional e internacional, de la que da cuenta la presente retrospectiva. Trabajó para las marcas más señeras y las revistas del medio más prestigiosas; se le requirió para desarrollar su estilo publicitario en otros productos como los perfumes o los automóviles. No solo fue un fotógrafo, también diseñador gráfico, interesado en la la arquitectura, y sobresaliente en el vídeo. En los años noventa, en el punto álgido de su carrera, decidió dedicarse a otras facetas artísticas sin olvidarse de la fotografía. Se interesó por el dibujo, la pintura expresionista con influencia de Francis Bacon, la escultura, la poesía y la narrativa. Buscó una obra de arte total que denominó, La Causa.



Las características esenciales de su estilo fotográfico superan las convenciones del género más próximas a la fotografía documental. Se resumen en varios conceptos. El primero es Fuerza, asociado al dinamismo y la expresividad, la emoción, la osadía y la transgresión que debe transmitir la imagen de la modelo. Un movimiento que estimula el propio autor para que sea devuelto al espectador. Prefiere un contexto transgresor proveniente de lo marginal. El segundo es Estructura, es decir, cuidar la composición, determinada por la luz, preferiblemente natural, unido a las posturas de los modelos, con planos inesperados, líneas de fuga y escorzos. Prefirió siempre el blanco y negro al color, que causa desorden y ruido. La tercera característica, es el Relato, que imprime a sus fotografías de moda, que no las quiere idealizadas, ni exclusivamente para mostrar las prendas, sino insertas en la vida. Forma secuencias que muestran una visión del mundo, una forma de vivir, en escenarios cotidianos; personas fuertes, modernas y libres, que son dueñas de su destino. Cuenta historias alegres como tristes.



La cuarta característica de su estilo es su maestría en el Retrato, una representación de la persona verdadera, de su psicología auténtica. Ante su cámara han pasado modelos famosas, diseñadores, artistas, deportistas y numerosas personalidades públicas, donde también hace un retrato de sí mismo. Fisonomías perfectas y disruptivas, jóvenes y mayores, la belleza no es unívoca, está siempre presente, pues está asociada a la humanidad. A veces su fotografía de moda, del vestuario es un retrato en primer plano, que es más definitorio. José Manuel Ferrater como fotógrafo de moda, en definitiva, supo captar siempre las tendencias del futuro a través de sus imágenes transgresoras, pero llenas de humanidad, verdaderas, tomadas con pocos disparos, pero finalmente elaboradas. Supo representar una sociedad más justa, abierta a los distintos roles de género, saltándose muchas veces, las imposiciones de las empresas. Entendió, y se adaptó, ya sexagenario, el mundo digital que se desarrollaba, sin dejar de mostrar su enorme talento artístico. 



LA BELLEZA DE NÁPOLES


 

El nacimiento, la niñez, la juventud y la vejez, las tres edades del hombre y de la mujer. El lugar donde transcurre la vida, importa, condiciona nuestra forma de ser y de sentir. Mientras eres joven, y maduras, solamente te incumbe la felicidad, disfrutar de la belleza. Construyes los caminos hacia el futuro. Te abraza el pasado, la familia, tu propia casa, moderna o antigua, grande o pequeña, tus seres queridos, los instantes vividos, la realidad e incluso la fantasía y los sueños. La película, PARTHENOPE, escrita y dirigida por Paolo Sorrentino, nos cuenta la vida de una mujer independiente, libre e inteligente de ese mismo nombre, nacida en las aguas del mar, y espejo de la complejidad de la ciudad de Nápoles, donde se une tradición y modernidad. Belleza e inteligencia se unen en su persona. Capaz de respuestas directas y precisas para cada una de las cuestiones de la vida.



Su época inolvidable pertenece a finales de los años sesenta y la primera mitad de los setenta. Parthenope se mueve con libertad junto a su hermano y su primer amor en un verano interminable en la costa napolitana. La visita a la isla de Capri permanecerá en la memoria. Allí conocerá al escritor homosexual y alcoholizado, John Cheever, que le atrae más que cualquier pretendiente atrevido, pero éste se aparta porque no quiere restarle ningún instante de su juventud. La muerte prematura de su hermano, que tanto le admiraba, le marcará para siempre. Ella muestra temprano su profunda inteligencia al cursar estudios de antropología, sin saber, ciertamente, qué significa. Pronto se convierte en ayudante aventajada del catedrático de la universidad al que sorprende por su sabiduría innata. Demora un tiempo el camino a seguir cuando se plantea convertirse en actriz. Mientras conoce a un joven proveniente de los barrios más oscuros de la ciudad.



Parthenope, al final, se decanta por terminar sus estudios universitarios y ser profesora con una tesis sobre la frontera cultural del milagro. Descubre que la antropología es la disciplina de mirar al ser humano, entenderlo en todas sus contradicciones; las mismas que muestra la película sobre ella y las costumbres de Nápoles, donde se mezcla el pasado y el presente, la juventud y la madurez; la belleza y la fealdad, la realidad y la fantasía; lo divino y lo mundano, el deseo carnal y el misterio espiritual. Todo eso es Nápoles, el contexto y espejo de la protagonista, que en 2023, se jubila, con un ferviente homenaje de sus compañeros y alumnos de la universidad. Por otra parte, la película tiene una forma especial, un estilo compuesto por secuencias o pequeñas historias, continuas o entrelazadas, dentro del mismo espacio temporal, de gran atractivo visual, en el que la música juega un complemento fundamental.

CHUPAS Y PARKAS


 

El Museo Nacional de Antropología presenta la exposición, CHUPAS Y PARKAS. ROCKERS Y MODS: 60 AÑOS DESDE LA PELEA DE BRIGHTON, que conmemora este mitificado enfrentamiento del 18 de mayo de 1964 entre dos culturas urbanas juveniles en la costa inglesa, lugar de reunión habitual de las mismas, especialmente de los mods. La sociedad del momento tuvo, así conocimiento de grupos juveniles que mostraban sus diferencias generacionales con las precedentes. Mostraban una forma de vestir y unas músicas distintas a la de sus progenitores. Fueron calificados como delincuentes y gamberros. Hoy los dos grupos todavía existen y su historia se recuerda en esta interesante muestra, que reúne discos, fotografías, su característico vestuario, e incluso sus típicas motos, unos la Vespa o Lambretta, otros la Norton o Triumph, fanzines, posavasos, chapas, casetes, un largo etcétera que nos lleva a conocer bien su estética. Dos grupos culturales enfrentados pero con elementos en común.



Tanto unos como otros, nacieron en la Inglaterra de la posguerra, en el momento de su recuperación económica, influenciados por el desarrollo cultural y musical norteamericano. Los grupos sociales más humildes recibieron la influencia musical americana, los cambios sociológicos de aquél continente, y así se crearon estos dos tribus juveniles. Los rockers, tuvieron como antecedentes a los teddy boys de los años cincuenta; la música de Bill Haley, y sobre todo, de Elvis Presley; de películas, como El Salvaje, protagonizada por Marlon Brando, Rebelde sin causa, interpretada por James Dean, y más destacada, Semilla del maldad, estrenada en 1955. Su forma de vestir se caracteriza con cazadoras de cuero y pantalones vaqueros para los chicos, y vestidos con amplias faldas para ellas. Los mods, en cambio, fueron precedidos por los llamados modernists, del que proviene su denominación, cuya apariencia deriva de la moda del Yvy League norteamericano, mezclado luego con la influencia francoitaliana, proveniente de las películas de la Nouvelle Vague y de las italianas, como La dolce vita. Los chicos llevan traje con corbata entallado, cubierto con una parka para la conducción de la moto. Frente a los peinados con brillantina, los suyos son cortos y aseados a  lo bob.



Los gustos musicales de los mods tienen su origen en el jazz moderno americano, el rhytm and blues, al que se unió el ska y el soul, por tanto, un gusto por la black music. Tanto rockers como mods fueron superados por el movimiento beat a lo largo de los años 60. Luego, cada uno por su lado, regresaron para quedarse hasta nuestros días.  A ello contribuyó, por un lado, el estreno de la película Quadrophenia, y el grupo musical The Jam, y un líder, Paul Weller; por otro, el estreno de otras películas, primero American Graffiti, y sobre todo, The Wanderers, en el ámbito de los rockers. En España surgirían, igualmente, grupos de las dos tribus, más destacados, si acaso estos últimos, primeramente, en entornos sociales más acomodados, que podían estar en contacto con las influencias extranjeras. Los años ochenta fue una época de esplendor junto a otras estéticas juveniles. Un espacio de la exposición se dedica a las fotografías que hizo de ellos el fotógrafo Miguel Trillo en  aquellos años. Otra sala de la misma recrea un bar y un escenario con instrumentos musicales, donde puedes elegir escuchar una de las veinte canciones seleccionadas, diez por cada tribu. Al salir de la muestra puedes recoger el fanzine resumen, y realizar una breve encuesta para ver si eres mod o rocker, o ninguno de los dos, cuyo resultado se apunta en una pizarra.





LA RUTINA DE LA VIDA




 Tener una rutina en tu propia vida te puede proporcionar seguridad y satisfacción. Hay personas que carecen de ella porque les esclaviza, y son más felices sin ella. Dependerá de la personalidad de cada uno, pero disponer de unos hábitos continuos adecuados, no tienen comparación. Sobre todo si están adaptados proporcionadamente a un trabajo que no te absorba la mayoría del tiempo. Pudiera suceder, por otra parte, que tu forma de vida se anclase en el pasado, que constituyeses un mundo paralelo al tiempo presente. Es lo que le sucede al protagonista de la película, PERFECT DAYS, dirigida y escrita por Wim Wenders, cuyo intérprete recibió el premio al Mejor Actor en el pasado Festival de Cannes. Un personaje cuyo oficio es la limpieza de los baños públicos en Tokio. Un día tras otro se dedica a esta labor con meticulosidad y eficiencia profesional. Tras su jornada de trabajo, monta en bicicleta hasta un antiguo mercado donde toma un aperitivo, no si antes no se ha dado un baño en un recinto público.






El protagonista tiene tres aficiones principales, la lectura de libros que realiza antes de dormirse; la música que oye mientras va al trabajo, y la fotografía que practica en los descansos de ese trabajo cuando hace una parada para comer. Los días de permiso se levanta más tarde, y relajado, lleva en bicicleta la ropa sucia a lavarse; se pasa por la tienda de fotografía para adquirir un nuevo carrete y recoger las fotos reveladas; además siempre compra un nuevo libro para leer durante la semana. Hirayama apenas habla con quien se cruza en los bares y en las tiendas. Nunca altera su forma de vida. Unos acontecimientos vendrán hacerlo a lo largo de la película. El primero cuando su compañero le pedirá dinero para cortejar a su novia. El segundo, cuando su sobrina Niko, se escapa de casa, y le acompañará a lo largo del día. Todas las personas que interfieren en su rutina descubren que vive en un mundo analógico, antiguo, que se ve en la música que oye en un formato grabado en cinta de casete, que por otra parte no saben como colocar para escuchar en el coche.






De este encuentro con su sobrina, tras muchos años, podemos descubrir parte de sus circunstancias: que proviene de una familia acomodada con la que perdió el contacto. Su hermana va a buscar a su sobrina en un coche de lujo con chófer. También, que el ha decidido, a pesar tal vez de una formación superior, llevar esta vida modesta con un trabajo hasta cierto punto precario. Su padre está en un asilo ya con muchos cuidados. Se siente, por otra parte, realizado viviendo a su modo de esta manera, en un mundo distinto, pues opina, que en un mismo momento temporal existen otros mundos, que pueden estar interconectados o no. El suyo lo quiere desconectado, aunque a veces, no sucede así, como hemos visto con su compañero de trabajo, su sobrina y la dueña del bar donde toma una copa, a la que descubre abrazando a un hombre con el que luego entabla una conversación, donde éste le confiesa su enfermedad terminal, y que lo que había visto era una despedida de su antigua mujer de la que se había divorciado.






El personaje, por otra parte, tiene una faceta artística, la fotografía, que toma de las copas de los árboles, de las luces y las sombras que proyectan con un sentido poético. Le obsesionan dichas representaciones visuales a las que luego sueña, junto a los acontecimientos del día, mientras duerme. El director reproduce esos sueños en blanco y negro, y se mezclan con las imágenes de color de su vida. El protagonista, aunque no quiere alterarla, en este mundo interconectado por las nuevas tecnologías, tiene especial sensibilidad hacia los demás, hacia el mendigo que duerme en el parque o hacia un niño encerrado en los baños que llora desconsolado, hacia la misma naturaleza, la de los árboles y las plantas de los parques. Finalmente, todo se completa, con una espléndida banda sonora que se reproduce cuando se dirige o vuelve del trabajo, cuyas letras cantadas forman parte del argumento. Entre ellas destaca, La casa del sol naciente del grupo The Animals. Le recuerda con melancolía su mundo antiguo, pero que le estimula en su propia vida hacia el futuro.

LA MIRADA DEL ADIÓS

 

 

El cine dentro del cine puede ser un recurso para contar una historia del pasado. Es lo que hace el director Víctor Erice en su última película, CERRAR LOS OJOS, treinta años después del Sol del membrillo. Convertido en un director de culto en nuestro país sorprendió ya octogenario en el pasado Festival de Cannes. El argumento empieza y termina con las supuestas imágenes de una película inconclusa ambientada en la posguerra. El espectador al principio se deja engañar. Un judío sefardí que había ayudado a otros de su condición a pasar la frontera huyendo de los nazis, pide a un antiguo anarquista en una villa al sur de Francia, que busque a su hija en China ya que se encuentra enfermo y le gustaría tenerla cerca y cruzar su mirada con ella por última vez. Le confía este trabajo porque es un hombre de acción que seguro lo llevará a cabo. A los espectadores les hubiera gustado que esta fuera la película realizada por Erice, pero es un fragmento de una película frustrada cuando el actor principal, el que hacía de investigador, Julio Arenas, un actor famoso en su momento, desapareció del rodaje y no se supo nada de él nunca más. 



Miguel Garay, el frustrado director, amigo de juventud del actor desde sus años en la mili en la marina, será quien se encargue de revivir el rodaje y contar su historia a partir de unos pocos objetos conservados. Una periodista de televisión va a presentar su caso en su programa de desaparecidos. Este director, dejó la profesión a raíz de aquello, y se refugió en la costa de Almería para dedicarse a la traducción y a la pesca. Al revivir el misterio de su desaparición le obligará a contactar con su hija, el montador de la película fallida, y una de sus novias. Todos se preguntan el por qué de los sucedido. Se sabía que días antes de su desaparición se encontraba alterado. Bebía mucho. Se decía que estaba con una mujer casada. Sólo se encontró su coche al borde de un acantilado, sus zapatos y sus ropas, como si hubiera caído al mar o se hubiera suicidado. Un día, una asistente social de un asilo en la costa andaluza llama a la periodista televisiva que hay un hombre que podía ser el famoso Julio Arenas.



El supuesto actor fue encontrado como un indigente tras sufrir una insolación sin documentación ninguna, ni recordar nada de su pasado ni de su identidad. Fue llevado a un asilo, donde vive haciendo pequeños arreglos a las monjas que dirigen el establecimiento. Lo único que ha logrado contar es que ha viajado por todo el mundo, y guarda con mucho celo una fotografía de una joven vestida de china. Miguel le identifica fácilmente como su amigo, aunque éste no, incluso cuando le muestra la imagen de ellos juntos en la mili. Tampoco reconocerá a su hija, que era una niña cuando desapareció. La fotografía que cuida con mimo es de la película, de la joven que tiene que buscar. Por ello, Miguel piensa hacerle reaccionar proyectando el fragmento final de su película. El momento cuando trae de regreso de China a la joven para que el padre anciano puede despedirse de su hija tras muchos años separado. Será el momento de su muerte, y el desconsuelo de ella, su última mirada.



De esta manera, termina la larga película de Víctor Erice, con el primer plano de Julio Arenas y la joven, en la titulada película, La mirada del adiós,  luego solo el primero con los ojos abiertos para ser cerrados inmediatamente, ya en tiempo presente. Un juego de muchos que aparecen a lo largo del metraje que aluden al propio autor, que no llegó a realizar todos los proyectos cinematográficos por el tipo de cine, poético y artístico que quería hacer tras El espíritu de la colmena y El sur. Una preocupación estilística que se observa en Cierra los ojos, que muestra momentos de gran belleza, en planos generales y primeros planos sostenidos frente al espectador, con un ritmo lento, donde sobresale la palabra de los actores demostrando un soberbio trabajo. Se juega con el tiempo, y se recuerda con nostalgia el pasado, el real y el imaginario de los argumentos de dos películas en una, comprendidas como una búsqueda que nosotros interpretamos como un proceso difícil para recuperar la inspiración y el talento artístico.

MADRID EN LOS AÑOS OCHENTA


 

Se cumple el 40º aniversario del Estatuto de Autonomía de la Comunidad de Madrid, que se proclamó en los años ochenta del siglo XX. Fue uno de los acontecimientos fundamentales de una década gloriosa de la capital y su zona de influencia, y de toda España, por los cambios producidos tanto en la política, la sociedad, y la cultura. En 1980 se podría decir que todavía no había terminado la Transición, no se había consolidado la democracia en nuestro país. La huella de la dictadura se vivía de manera cotidiana. Pero todo cambió a lo largo de la década. España superó un intento de golpe de Estado; se integró en las instituciones europeas, la económica y militar; y se fortaleció institucionalmente desarrollando nuestra constitución. Mientras tanto, explosionó creativamente la capital, una efervescencia cultural que se transmitió al resto del país.



La exposición, MADRID, CRÓNICA CREATIVA DE LOS 80, da cuenta de los cambios sociopolíticos y económicos en la Comunidad desde la aprobación del Estatuto de Autonomía, también los habidos en todo el país entre 1980 y 1989. Están representados en dos espacios, la primera con paneles explicativos, y la segunda a modo de línea del tiempo donde se recogen los principales acontecimientos. Un buen resumen de aquella década prodigiosa, en la que los gobiernos socialistas, tanto en la ciudad de Madrid, como en la capital jugaron un papel fundamental. Nosotros, los veinteañeros de aquella época, hijos del baby boom, coincidirían, además, con un periodo de explosión de las artes, de la cultura joven, especialmente de la música, pop-rock, de la fotografía, el cine, la moda y el arte contemporáneo. Un movimiento surgido en las calles de la capital; en sus lugares de ocio nocturno, en las inquietudes más underground. Madrid me mata y De Madrid al cielo son las frases más emblemáticas.



La fotografía artística y documental tuvo un papel fundamental en aquellos años de que se estaba viviendo una nueva época. Se decía el futuro está aquí. Las imágenes de Miguel Trillo de los jóvenes y músicos de las tribus urbanas que asisten a los numerosos conciertos de música son ejemplos contundentes. Lo mismo podríamos decir de las fotografías de Marivi Ibarrola, que coincide con otra exposición estos días. Pero fueron muchos fotógrafos y diseñadores que participaron junto a músicos y artistas en esta ola de modernidad, conocida como La Movida madrileña. Destacan nombres como Ouka Lele, Pablo Pérez-Mínguez, Alberto García-Alix, Javier Campano, Ceseepe,  Costus, Pedro Almodóvar, Alberto Corazón, y una larga lista, que muestran su actividad creativa en los diseños de las portadas de discos, en las imágenes de la moda del momento, en las películas que se llevan a cabo, en la recepción del arte contemporáneo. En estos años Miquel Barceló alcanzó la fama muy joven. 



Además, por aquellos años, se inició Arco, la Feria de Arte Internacional. Se recuerda la exposición y la visita de Andy Warhol a la capital. El inicio del grafiti, siendo la firma Muelle, la que ha pasado a la historia. La creación del Centro de Arte Reina Sofía, hoy Museo Nacional, que sustituía al antiguo Museo de Arte Contemporáneo. La literatura de aquellos años fue, igualmente, memorable. Podemos recordar ejemplos como Las edades de Lulú, de Almudena Grandes, La ciudad de los prodigios de Eduardo Mendoza, o la Lluvia amarilla, de Julio Llamazares. Por otra parte, la producción cinematográfica fue muy amplia y rica. A parte de Almodóvar, vinculado a la actividad artística de la capital, destacan, Garci, Fernán Gómez, Berlanga, Saura, Trueba, Vicente Aranda, Eloy de la Iglesia, Fernando Colomo, una larga lista de directores que realizaron obras fundamentales. Finalmente, la exposición recuerda la publicidad y algunos programas de televisión, como la Edad de Oro o Aplauso, que fueron partícipes en la creatividad de la época.