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RETRATO DE UNA ÉPOCA

 


El Centro Cultural Conde Duque presenta la exposición, YO FUI A EGB, que reúne un variado número de objetos, desde revistas, tebeos, muñecos, radiocasetes, teléfonos, fotografías, juguetes, un plató de televisión, hasta reproducciones de cocinas y salones de las viviendas, la fachada de un quiosco de prensa, un ultramarinos y un bar de la época. Un periodo comprendido entre comienzos de los años setenta y noventa del siglo pasado, relacionado, según el título, con el tiempo que estuvo vigente la Educación General Básica, el equivalente a la Primaria y parte de la Secundaria Obligatoria actual. Correspondió al final del Franquismo, la Transición política y parte de la democracia. Una época que la exposición nos retrata a través de unos elementos significativos, productos de consumo o programas de televisión que fueron mayoritarios por únicos en un mundo totalmente analógico, sin que todavía existiese para el gran público la red de Internet, ni los ordenadores, ni los móviles, que hoy protagonizan nuestra vida, y tanto la están cambiando, porque los objetos e imágenes de consumo aluden a costumbres que hoy ya no existen o se han modificado.



La exposición ha sido prorrogada por el éxito de público, aunque el espacio que ocupa no es excesivo para tanta demanda y una época, unos 20 años del siglo XX, que tiene muchos más matices de los que recoge. Los más antiguos provienen de los años sesenta, de primer desarrollo del consumo en nuestro país tras la posguerra. Lo podemos concretar en la tienda de ultramarinos, un comercio que hoy ha desaparecido, sustituido por las grandes cadenas del comercio de proximidad. Algunos de sus productos los encontramos expuestos como el papel higiénico, Elefante o el jabón de manos, Heno de Pravia. También están desapareciendo los quioscos de periódicos, revistas, y muy importantes los cómics y tebeos para niños y jóvenes. Muchos juguetes y personajes de la televisión sirven para retratar, de igual manera, una época: el muñeco de Espinete o Mazinger Z, los Juegos Reunidos, los álbumes de cromos, y un largo etcétera. La televisión española solamente tenía dos canales, y era la principal pantalla en aquella época de las viviendas, así ciertos programas de éxito se convirtieron el emblemáticos como el Un, dos, tres, cuyo plató se reproduce en la muestra. Los veranos de la niñez se representan con las típicas bicicletas.



Un capítulo especial se dedica a las viviendas de la clase trabajadora, sobre todo, en la reproducción con su mobiliario de las cocinas y los salones donde se reunía la familia tradicional. La peculiar decoración nos traen recuerdos a todos los integrantes de la generación boomer y siguiente, aquellos que fueron niños en aquel periodo. Un periodo donde se produjeron rápidos cambios tanto políticos como sociales y económicos, pues el país se fue equiparando al nivel de vida europeo, y así en los años ochenta, se produjo una modernización de las costumbres y las tendencias del consumo. Observamos, de este modo, la imagen de Madonna o de Alaska, y otros actores y músicos de los años ochenta, con un cambio de vestuario y de estilos de música. Por otra parte, en la exposición se reproduce el interior de una escuela, ya en los mismos años cuando se habían sustituido los pupitres por mesas individuales, llenas de libros y utensilios obligatorios como el pegamento, los borradores y la plastilina. Un proyector de diapositivas que hasta hace bien poco se seguía empleando, contrasta con un potro de gimnasia y unas cartillas de caligrafía más antiguas.



Nuestro mundo ha cambiado profundamente en el siglo XXI, y muchos objetos y costumbres han desaparecido y transformado. La revolución digital, Internet y los móviles, ahora la AI; la globalización y la diversidad cultural en nuestros barrios; la democracia y el respeto a nuestros derechos humanos, contribuyen a ello. Una mirada hacia atrás nos traen imágenes de nuestra niñez en el pasado, nos hacen conscientes de a donde se dirige el futuro.


LOS DILEMAS DEL PRESIDENTE


 

La ley se encuentra alejada de la verdad. La expresión estado de gracia se refiere a una condición afortunada de quien toma una decisión o se enfrenta a una acción relevante con éxito. Por otra parte, cuando un gobernante aplica la gracia, se refiere a un indulto o perdón. Estas ideas están en la base de la película, LA GRAZIA, escrita y dirigida por Paolo Sorrentino, que cuenta los dilemas morales y las dudas con las que se enfrenta el presidente de la República Italiana seis meses antes de dejar el cargo. Él fue un jurista relevante que llegó al poder. Le asesora su hija Dorotea, también de rigurosa formación legal. Su otro hijo vive en Canadá y se dedica a componer música. Vive con un solo pulmón, pero no deja de fumar. En todo momento le acompaña el jefe de guardaespaldas con quien comparte su intimidad. Sobre la mesa tiene la ley de eutanasia que no quiere firmar y a la que pone pegas continuamente. Además las propuestas de dos indultos, uno de una mujer que mató al marido que la maltrataba, y el de un profesor de historia que hizo lo mismo con su esposa enferma de Alzheimer. 




Mariano De Santis, el presidente de Italia, es una persona rigurosa que pasa sus últimos meses en la jefatura del Estado limitado por su agenda política. Recibe a mandatarios extranjeros y embajadores, y convive con su hija que le estimula para que tome las decisiones pendientes, aunque se plantea dejarlas sin resolver para su sucesor. Oye continuamente música moderna, sin duda influenciado por su hijo. Fuma indebidamente en la terraza del palacio presidencial. Visita en las caballerizas a su caballo preferido, ahora enfermo. Recuerda una y otra vez a su mujer que murió años a tras; el momento cuando la conoció, y sospecha, obsesivamente, que le fue infiel. Quiere saber quien fue la persona con la que le traicionó. Su amiga de la infancia, la crítica de arte, Coco Valori, se niega a decírselo. Cree que fue su otro amigo Ugo Romani, ahora ministro, y futuro candidato a sucederle. Promete que hará todo lo posible para impedirlo.



Sin embargo, lo más importante, son las decisiones políticas relevantes que le quedan por firmar. Como católico, no quiere aprobar la ley de la eutanasia, pero considera que es un avance para los ciudadanos. Para ello, consulta y se confiesa con el Papa, su amigo. Por otra parte, debe afrontar los dos indultos pendientes. Los expedientes proporcionan la información suficiente para tomar una decisión, pero tal vez, falte encontrarse con la verdad, que los procedimientos legales ocultan muchas veces. En el caso de la mujer encarcelada por matar a su marido, será su hija quien la visite. Comprobará que no se ha arrepentido de su crimen y entrará en contacto con su nueva pareja que la espera a la puerta. Para el caso del profesor de historia, de quien sus alumnos piden el indulto, será el mismo quien se entreviste en la cárcel, aprovechando su visita al norte de Italia con motivo de la inauguración de la temporada en la Ópera de Milán. Al final, el presidente deja su puesto semanas antes de que se cumpla su mandato, no sin firmar la ley de eutanasia, y conceder el indulto a la mujer maltratada, pero negar el del profesor, por no ser auténtico.

EL COMPROMISO DE ENRICO BERLINGUER


 

Durante los años setenta del siglo pasado, pervivía la división del mundo entre el occidente capitalista y el este comunista. Existía un equilibrio geopolítico determinado por las grandes potencias nucleares que lo encabezaban, EEUU y la Unión Soviética. Se enfrentaban en la periferia en conflictos limitados para proteger sus áreas de influencia. De esta manera llegaban a desestabilizar países y apoyar cambios de gobierno y golpes de estado. Tal situación pudo verse alterada con la posibilidad de que en Europa el Partido Comunista Italiano pudiese alcanzar el gobierno. Esto nos lo cuenta la película, LA GRAN AMBICIÓN, dirigida por Andrea Segre, entorno a la figura de su secretario general, Enrico Berlinguer, entre 1973 y 1978, años cruciales de su carrera política cuando el partido consiguió una representación superior al 30% de los votos.



Enrico Berlinguer fue un líder comunista carismático, que por sus ideas y actuación, atrajo a un número elevado de votantes, uno de cada tres italianos. La película arranca con el golpe de Estado en Chile contra Pinochet, y un posible atentado contra él en una visita a la Bulgaria dentro del Telón de Acero, hechos que le van a influir, para defender el denominado Eurocomunismo, una vía propia, democrática e independiente para conseguir el socialismo. Para ello, pensaba que solamente la unidad de los partidos de izquierda, incluso si superaban el 50% de los votos, no era suficiente para gobernar sin riesgos. Era necesario un gran consenso, el llamado compromiso histórico con la Democracia Cristiana, un amplio espectro de las clases trabajadoras, para conseguir avanzar el país mediante reformas de todo tipo, para superar la profunda crisis política, social y económica que tenía. El objetivo era conseguir un sistema socialista democrático e independiente de la órbita de Moscú.



Italia vivía por aquella época los años de plomo, atenazada por la crisis política de gobiernos inestables, la social que sumía a los trabajadores en grandes dificultades, y la económica provocada por la subida de los precios del petróleo. Además, el terrorismo tanto de extrema derecha como de izquierda, provocaba numerosas víctimas. Enrico Berlinguer, ante estas circunstancias, apostaba por el acuerdo con la Democracia Cristiana, sin renunciar a defender las políticas socialistas. La solidaridad frente a la competitividad y el individualismo capitalista, y una sanidad y una educación de calidad para todos frente a la apropiación de riqueza y el consumismo exacerbado. Así, con el respaldo de un número elevado de votos, que le hacían imprescindible para formar cualquier gobierno, pudo empezar a negociar primero con Gulio Andreotti, que le llevó al poder mediante su abstención; luego, tras su caída, más en secreto, con Aldo Moro, pero su secuestro y ejecución por las Brigadas Rojas, causaron el fin de su política de consenso.



Mientras Enrico Berlinguer estuvo al frente del PCI, tuvo un respaldo mayoritario entre la clase trabajadora italiana. A su muerte, a mediados de los años ochenta, el mundo bipolar de enfrentamiento entre dos bloques, tocaba a su fin. Triunfaba el neoliberalismo y el conservadorismo del presidente norteamericano Ronald Reagan y Margaret Thatcher. El papa Juan Pablo II apoyaba la libertad en Polonia frente al comunismo. Nos preguntamos que pensaría sobre el gobierno de extrema derecha de Giorgia Meloni. Por ello, esta película basada en hechos reales y fundamentada por documentos escritos y visuales, resulta necesaria frente a la supresión de los derechos de los ciudadanos que trae el neofascismo.

JUDÍOS EN LAS BRIGADAS INTERNACIONALES


 

El Centro Sefarad-Israel presenta la exposición, POR VUESTRA LIBERTAD Y LA NUESTRA. LOS JUDÍOS EN LAS BRIGADAS INTERNACIONALES, que reúne fotografías, libros, documentos, objetos, y vídeos, que resaltan la relevancia del contingente judío entre los voluntarios internacionales que ayudaron a la República durante la Guerra Civil. Un porcentaje cercano al 25%, de un total de unos 40 mil participantes, que desarrollaron diversas actividades, además del combate: como la medicina, la enfermería, el periodismo, la fotografía, y la literatura, entre otras. De algunos de ellos, tal vez, los mejor documentados y relevantes, recoge un resumen de su biografía, a lo largo de la visita, y el destino, la mayoría de las veces, trágico, que les esperó tras la contienda española. Un recorrido que se inicia destacando la persecución iniciada por los nazis en Alemania y otros países, desde 1933, que provoca una fuerte emigración hacia el occidente europeo. El golpe de Estado de Franco en julio de 1936 les sorprendió a muchos de ellos en Barcelona celebrando las Olimpiadas Populares para protestar de las oficiales que se celebraban en Berlín. Lo que fue el momento oportuno para ayudar a defender la democracia y la justicia frente al antisemitismo y el totalitarismo.



Las Brigadas Internacionales provinieron de unos 50 países, destacando los contingentes más numerosos de Francia, unos 10 mil, compuesto de franceses y exiliados, seguidos de los alemanes y austriacos. Desde la capital francesa se canalizaron los que llegaron, a su vez, de otras regiones del mundo, cuyo trayecto pasaba por Barcelona, Valencia, y terminaba en Albacete, convertida en centro logístico, donde se organizaba, primero la instrucción militar, luego el apoyo concreto. Fue un contingente de respuesta al criterio de no intervención asumido por las democracias liberales, y a la ayuda directa a los rebeldes de armamento y hombres de los regímenes fascistas de Hitler y Mussolini. Las brigadas representaban la pluralidad ideológica de la época. Destacaba la militancia comunista, aunque también socialista, socialdemócrata, anarquista, o liberal, unidas frente al propósito de enfrentarse a la uniformidad defendida por Franco, que se apoyaba en la política de los Reyes Católicos, y que estigmatizaba a sus enemigos como defensores de un contubernio marxista y judeo-masónico.



El compromiso y la participación de los judíos fue numerosa alentada por el Consejo Judío Internacional como una oportunidad contra los que pretendían aniquilarlos. Solamente en el contingente norteamericano supuso casi el 40%. Desde muy pronto participaron en la defensa de Irún, posteriormente, en las grandes batallas de la guerra. Se recuerdan la centurias Thaelmann y Tom Mann; la participación de los intelectuales, Simone Weil y Carl Einstein en la Columna Durruti; la militancia en el POUM, hasta su ilegalización en 1937; la existencia de una compañía de judíos, la Naftali-Botwin; la participación de escritores y periodistas como Arthur Koestler, Emma Goldman, e Llia Ehrenburg, así como las fotógrafas, Kati Horna, Margarete Michaelis, y Gerda Taro, que trabajó junto a Robert Cappa y David Seymour, para la revista Regards. Finalmente, la exposición termina con un vídeo que recupera las imágenes de la despedida de las brigadas en 1938. Además, pone el énfasis, que esta muestra contribuye a realizar un acto de justicia histórica en virtud de la Ley de Memoria Democrática de 2022, que otorga la nacionalidad española a sus descendientes, sin renunciar a la suya previa, siempre que mantengan un compromiso  activo con la preservación del recuerdo de sus ascendientes y la defensa de los valores democráticos.

LOS BARRIOS DE MADRID


 

La Sala El Águila de la Comunidad de Madrid presenta la exposición, BARRIOS. MADRID 1976-1980. JAVIER CAMPANO, que forman una selección de 90 imágenes tomadas por el autor en aquellos años, que documentan el estado de la periferia de la capital. Lo mismo que se vivía la Transición política, existió una transición urbanística entre lo rural y lo urbano en esas zonas. Muchas de las cuales fueron antiguos pueblos incorporados a la gran ciudad. Influyó el éxodo migratorio desde el campo a partir de la Guerra Civil, incrementado por el Desarrollismo de los años sesenta y el crecimiento demográfico. La población se encontró con la dificultad de conseguir una vivienda por lo que en principio se construyeron de manera informal. Luego los promotores edificaron grandes bloques bajo la protección del Estado. Hasta la llegada de la democracia, muchas construcciones carecieron de auténticos planes urbanísticos. De esta manera, convivieron chabolas o casas bajas y grandes bloques de ladrillo rodeados de descampados. 



Este paisaje entre urbano y rural, documentó el fotógrafo autodidacta, Javier Campano por aquellas fechas. Un autor educado en el Photocentro y a través de revistas extranjeras o nacionales como Nueva Lente. Además, se ve la inspiración de autores como Robert Frank, con el trasfondo de Rayuela de Cortázar, y la música de Las Grecas y Bob Dylan. Constituyen un conjunto de imágenes realistas donde a veces prima el paisaje en planos generales; en otras, sus gentes y su modesta existencia, lo que constituyen, igualmente, en esta ocasión, paisajes, pero humanos. Todas las fotografías se exponen en gran formato y en blanco y negro, que registran distintos puntos de Madrid, tanto del norte, como Chamartín, Tetuán o el Barrio del Pilar, y Hortaleza, como el Sur, Vallecas, Orcasitas, el Pozo del Tío Raimundo, y más cercanos al centro, Legazpi y el Puente de Toledo.



En estas barriadas se descubre el paso del tiempo, la llegada de las distintas olas migratorias. Al principio se construyeron casas bajas, muchas de ellas chabolas, sin un plan concreto y sin servicios básicos. No existían ni calles, y el aspecto urbano era más bien rural, donde todavía existía la práctica del pastoreo. Luego, por aquellos años de finales de los años de 1970, se construyeron grandes bloques, que provocaron el desarrollo de unos barrios y el surgimiento de otros de la nada, en medio de un medioambiente áspero y sin apenas vegetación. Coincide con el fin de la dictadura franquista y la fortaleza reivindicativa del movimiento vecinal. Un movimiento cuya lucha sentaría las bases para la dotación de servicios y la mejora urbanística de estas zonas de la capital. Incluso la transformación radical de los mismos barrios. Javier Campano capta con su cámara todo este proceso. También la vida de sus gentes; los negocios de proximidad como las churrerías, los cines, los bares, hoy casi desaparecidos.




Hoy queda, por tanto, poco de aquellas imágenes que a modo de ventanas nos llevan al pasado. Sus gentes han envejecido y sus hijos no pueden recordar cómo fue aquello. Seguramente aquellos niños y adolescentes que juegan en sus calles, puedan dar cuenta de esos lugares, sobre todo los que han seguido viviendo en ellos, hoy muy transformados. Por eso, el valor de las fotografías de Javier Campano, porque no solo nos muestran un paisaje urbano, sino también, nos hablan de un trozo en la trayectoria de personas anónimas.



SOLIDARIDAD CON LOS REFUGIADOS


 

Hubo un tiempo en el que la solidaridad de los trabajadores permitió afrontar las duras condiciones de las explotaciones mineras. Muchos pueblos fueron construidos en Inglaterra alrededor de las mismas. Durante la década de los ochenta el gobierno conservador de Margaret Thatcher ordenó su cierre en favor de la rentabilidad. Desde entonces comenzó el empobrecimiento y la degradación de los pueblos construidos para alojar a los mineros. Unos mineros que iniciaron una lucha contra las medidas de recorte y cierre basadas en la huelga. Las duras condiciones fueron afrontadas con la ayuda mutua entre los trabajadores. Uno de sus lemas fue que si comes juntos permaneces unidos. Hoy aquellos pueblos mineros son sociedades fracturadas, empobrecidas, sin apenas servicios públicos, donde las casas cada vez valen menos. Lo único que permanece son viejos recuerdos. En este contexto se sitúa la película EL VIEJO ROBLE, de Ken Loach, escrita por su colaborador, Paul Laverty.



Las guerras y la penuria económica en el mundo continúan hoy. Causan enormes movimientos de población inmigrante y refugiados políticos que huyen de la miseria y la violencia. Loach nos cuenta cómo un grupo de refugiados sirios son instalados en una población de antiguos trabajadores mineros. El gobierno les proporciona vivienda y ayuda para poder vivir. Un sector de la población les ampara, otra, les rechaza. Muestra racismo y xenofobia que a veces se traduce en violencia. Todo se dirime en el antiguo pub del pueblo llamado El viejo roble dirigido por T.J. Balllantyne, hijo de familia minera, que está a favor de que sean acogidos y puedan ganarse la vida. En cambio, un sector de sus clientes muestra un claro rechazo y los ve como competidores en el trabajo y desde el punto de vista cultural. El protagonista, tras la muerte de su mascota, decide implicarse en su colaboración cediendo el local abandonado del pub para dar de comer no solo a los refugiados, sino a las familias necesitadas del pueblo.



Sin embargo, un día, el grupo de vecinos xenófobos, boicotean el local, que hace costosa su reparación. Entonces se frena la importante labor social de proporcionar alimento a la población refugiada y a los pobres. Llega el momento de invocar el lema de los sindicatos mineros basado en la efigie de un árbol, el roble, centenario, que dice, solidaridad, fortaleza y resistencia, ahora interpretado en la lengua de los refugiados. Una solidaridad y cooperación frente al odio que surge en las sociedades occidentales, basado en bulos y propaganda racista, que identifica un chivo expiatorio para oprimirle. Si hubo solidaridad en la lucha contra el fascismo en los años treinta del siglo XX, ahora, esa debe ser la respuesta de las clases trabajadoras, empobrecidas, de nuestros días, para acoger a gentes que escapan de la violencia y la discriminación. Loach muestra la victoria de la convivencia al final de la película. La cooperación y solidaridad, una vez más, cuando la familia protagonista se entera que su progenitor ha muerto. Finalmente, en el desfile que conmemora las luchas antiguas y las modernas, hoy con nuevas reivindicaciones y visión multicultural.



LA BIOGRAFÍA DE HÉCTOR ABAD


 La violencia está muy presente en la sociedad de los países iberoamericanos. Muchos conflictos se resuelven con el asesinato de los oponentes, ya sea un dirigente sindical o un líder político que defienda a los más desfavorecidos. De la misma manera que han surgido guerrillas que combaten las profundas diferencias entre ricos y pobres, las oligarquías y las empresas que explotan el medio ambiente, han contratado grupos paramilitares para la defensa de sus intereses por más injustos que sean. Además, el combustible que ha incendiado más el conflicto y ha incrementado la violencia, ha sido el tráfico de drogas. La película colombiana, EL OLVIDO QUE SEREMOS, dirigida por el español, Fernando Trueba, con un guion de su hijo David, nos cuenta la biografía del médico Héctor Abad Gómez, defensor de la sanidad pública y de los derechos humanos, que fue asesinado por defenderlos.




La película se basa en la biografía del mismo título escrita por el hijo del protagonista, que llegó a ser escritor. El único varón de una familia de seis vástagos. La película, de esta manera, atiende especialmente a la relación entre el hijo y el padre, en una convivencia continua, pues el padre le llevaba a sus clases en la universidad donde enseñaba medicina. La biografía atiende a tres épocas, 1971, la parte más amplia de la historia, cuando el padre destaca como profesor y activista en la universidad en defensa de la sanidad pública colombiana; en 1983, cuando se jubila y su hijo estudia literatura en Italia, y en 1987, cuando es asesinado por unos sicarios, justamente cuando se iba a presentar como candidato a la alcaldía de Medellín por el partido liberal.




La película cambia, por tanto, de registro según avanza la biografía. La época feliz contada por su hijo, corresponde a la que se muestra en color a comienzos de los años 70. La familia vive de forma acomodada en un barrio próspero de Medellín. El sueldo del padre, y de la madre, de todas las maneras resulta justo para mantener a toda la familia. Al Héctor, médico y activista se le ve preocupado por la calidad de las aguas que transmiten enfermedades, y muy querido por los alumnos porque les enseña a pensar sobre todo. En esta época ya le acusaron de ser comunista y no seguir la religión católica. En blanco y negro son las dos siguientes etapas de su vida. La jubilación forzada que padece no le impide seguir luchando contra la injusticia y en favor de los más necesitados.




Finalmente, su mayor compromiso y la entrada en política, provocarán su asesinato en la calle cuando iba a asistir a una reunión del sindicato de maestros. Héctor Abad tenía el corazón en la izquierda y la razón en el centro, pero la defensa de aquellos que sufrían constantes abusos, no impidió que la violencia política se ejerciese contra él. Una vez que apareció en una lista de posibles objetivos de los paramilitares, se esperaba un suceso de tal magnitud. En el traje que llevaba cuando murió, su hijo encontró un escrito donde hablaba de la muerte, y del olvido al cual estamos condenados.

TERROR EN UTOYA


El 22 de julio de 2011, un hombre armado de extrema derecha atacó un campamento de verano donde se reunían los jóvenes del partido socialdemócrata noruego, después de haber colocado un coche bomba en los edificios gubernamentales de Oslo. El resultado fueron unos setenta y siete muertos y más de noventa heridos de consideración. La película UTOYA, dirigida por Erik Poppe, que lleva el nombre de la isla donde acampaban los jóvenes, narra en tiempo real, el periodo de unos 72 minutos que el asesino estuvo disparando, mientras llegaba la policía para ayudar a las víctimas. Un periodo considerado demasiado largo, causado por una serie de errores cometidos por la misma.


La película se basa en las descripciones precisas de lo sucedido en la isla. Los jóvenes pasaban un día normal con sus diferentes actividades, inquietos por las noticias de los medios de comunicación que informaban del coche bomba. De repente, hacia las cinco de la tarde, se empezaron a oir los disparos, al parecer de un hombre vestido de policía. En ese momento, todo el mundo empieza a correr desesperado hacia las zonas arboladas y en dirección al mar. La cámara se centra en Kaja y sus amigos, que se esconden en un primer momento en el bosque. Llaman a la policía que les aconseja ocultarse. También a sus familias. La joven protagonista decide buscar a su hermana Emilie, que se había quedado en la tienda.


Kaja encuentra la tienda vacía y el móvil de la hermana abandonado. Entonces, decide huir de nuevo entre los árboles. Allí prosigue el terror. Acompaña en los últimos minutos de vida a una joven herida en la espalda. Luego llega a la orilla del mar donde están escondidos en las recovecos de las rocas numerosos jóvenes. En un momento dado, el asesino llega a arriba de los acantilados y abre fuego contra ellos. Katia no aguanta mucho tiempo oculta. Le preocupa la suerte de su hermana. Entonces huye por el borde del mar. De esta manera descubre un grupo de cadáveres, entre ellos el de un niño. En ese instante, mientras siente un terror intenso, cae abatida de un disparo.


En una época cuando el terrorismo islamista golpeaba en distintos países europeos, sucedieron los atentados de Oslo. Era la primera vez que Noruega, un país con un estado de bienestar seguro, vivía un atentado de esta magnitud. Sin embargo, la autoría de los atentados provenía de un hombre de extrema derecha, que se vengaba, de manera sanguinaria contra la política gubernamental de aceptar a los inmigrantes. Esa aversión a los extranjeros se ha extendido hoy por el mundo, En nuestro continente ha puesto en riego al mismo proyecto europeo, cuyos síntomas más evidentes son el Brexit y el crecimiento de los partidos de extremistas.

INTRIGA EN LA CUMBRE


En el mundo globalizado parece que existe una realidad económica intocable. Los mercados imponen su ley sobre las realidades particulares de cada nación. El auténtico poder reside en ellos, por encima, incluso, de la libertad de los ciudadanos. Las instituciones mundiales como el FMI favorecen esta situación. Un grupo reducido de personas son las que toman las decisiones necesarias para que el rumbo siga en la dirección propicia. Establecen el camino a seguir y vigilan las desviaciones que cometen algunos países. Solamente existe un único relato económico, el que favorece la marcha implacable sin cortapisas del sistema económico capitalista. La falta de regulación de los mercados ha propiciado el enriquecimiento de unos pocos frente a la mayoría.


Los llamados populismos han surgido en el ámbito político para aprovecharse de la insatisfacción de los grupos sociales ante este predominio de los económico sobre la democracia, ante la globalización de la toma de decisiones que deja indefensa a gran parte de la población. La película, LAS CONFESIONES (Le confessioni), dirigida por Roberto Andò, pone de manifiesto el poder económico, su secretismo, en una intriga centrada en una cumbre de los ministros económicos del G8 en un hotel de lujo de la costa alemana. La ha convocado el director del FMI a la cual ha invitado además, a representantes de otros sectores, entre ellos a un monje cartujano, que serán los protagonistas de esa intriga.


La cumbre se celebra en un fin de semana. En la primera noche, tras llamar el director del FMI, Daniel Rochè, al monje, Roberto Salus, para que le confesase, el primero se suicida. Al principio parece un asesinato y todas las sospechas recaen en éste. Pero las investigaciones dejan claro que se ha quitado la vida. Empiezan, entonces, ha surgir los problemas. Se debate si comunicar a los medios el suceso para dar tiempo a controlar los mercados y el contenido del mensaje para evitar cualquier suceptibilidad. Por otra parte, los ministros económicos temen que haya confesado alguna medida económica secreta con influencia a nivel mundial. De esta manera se desarrolla la acción, descubrir entre unos y otros, divididos por intereses, la información proporcionada por el director.


Sin embargo, todo queda en nada, mientras cada uno muestra sus debilidades personales e intereses para que todo el sistema económico se mantenga como tal, en diferentes flash back, Robert Rochè lo único que confesó fue un cáncer terminal que padecía, pero ningún secreto, ni plan futuro. También lo que hizo fue pedir perdón por la inmoralidad de la toma de decisiones económicas, asunto que recuerda el monje frente a su cadáver junto a todos los ministros económicos antes del final de la película. Unas decisiones económicas inmorales que apostaron siempre por la supremacía de los beneficios materiales, de la marcha positiva del propio sistema, en contra de la mayoría de los ciudadanos perjudicados.

UN DOCUMENTAL OPORTUNO

Resulta adecuado en estos momentos de recesión económica, cuando el mundo sufre las graves consecuencias de paro y pobreza de la crisis financiera originada en EEUU, el documental de Michael Moore, El Capitalismo: una historia de amor. En él cuestiona un sistema económico que cada vez más se encuentra al margen de toda crítica, desde su apogeo en la década de los cincuenta hasta la degradación actual.
Muestra un sistema económico perverso que busca el máximo beneficio a costa de la mayoría de seres humanos, y que contamina el sistema político poniéndolo al servicio de sus intereses más mezquinos. Además, funciona al margen de la democracia desde el autoritarismo organizativo de las empresas.
Realiza una critica moral, desde el cristianismo católico, y política, desde la defensa del estado, de los derechos democráticos a tener una vivienda digna, un trabajo y una distribución justa de la riqueza. Apuesta por tanto por regular el capitalismo financiero que se había desbocado desde la presidencia de Ronald Reagan especialmente, y llama a la movilización de los trabajadores, de la población en general contra las grandes corporaciones que lo único que pretenden es el beneficio y altos salarios para sus ejecutivos, sin plantearse que no todo es posible para el liberalismo económico.