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EL PRADO EN EL SIGLO XXI


 

El Museo del Prado presenta la exposición, PRADO. SIGLO XXI, que realiza un recorrido por la importante transformación llevada a cabo en el museo en el presente siglo, la más relevante de su historia, que viene respaldada por su relevante pasado, pero que mira constante su adaptación a los cambios del presente y prevé el futuro. Una institución que no es estática, sino en constante transformación de acuerdo a los nuevos tiempos. Las cifras, de entrada, son contundentes: unos tres millones y medio de visitantes en 2025, y casi un millón y medio de seguidores en las redes sociales; apertura de puertas 362 días al año; más de 14.000 obras adquiridas en estos 25 años, así como más de diez mil volúmenes de fondo antiguo y setenta y un mil monografías y revistas incorporadas; más de 250 exposiciones temporales en la propia sede, y más de 300 libros editados y publicados, entre otras cifras relevantes. A ello se une una ampliación de espacios y edificios extraordinaria que se culminará con la incorporación del Salón de Reinos para conformar el Campus Prado que implica modificaciones en el urbanismo madrileño.



La exposición se articula en cuatro ámbitos distribuidos en dos salas, que reúnen 98 obras entre pinturas, esculturas, estampas, dibujos, fotografías, libros y documentos de archivo, así como paneles explicativos, sobre distintos aspectos concretos de la gran transformación de los últimos años. El museo ha tenido una acertada política de adquisiciones de piezas desde el siglo II hasta comienzos del XX. Desde un retrato en mármol del emperador romano Marco Aurelio, hasta otro en pintura de Picasso, junto a escultura y pintura medieval, obtenidas mediante compras del propio museo, compartidas con el Ministerio, o a través de donaciones, legados o micromecenazgo. Un crecimiento de la colección que ha incorporado dos pinturas de Velázquez, y otras de El Greco, Zurbarán, José de Ribera, Alonso Cano, como esculturas de Juan de Mesa y Luisa Roldan. En el siglo XVIII, tenemos la incorporación relevante del retrato de José Nicolas de Azahara, de Antonio Rafael Mengs, y al final de siglo, el relevante retrato de La condesa de Chinchón de Goya, así como dibujos y documentos del autor aragonés.



El siglo XIX y XX ha sido potenciado con significativas adquisiciones como el Díptico con 42 vistas monumentales de ciudades españolas de Genaro Pérez Villamil, junto con cuadros de Federico Madrazo, Mariano Fortuny, Martín Rico, Darío de Regoyos, Joaquín Sorolla, y Ramón Gaya. Entre tanto en el recorrido se nos informa de los cambios en el diseño de las cartelas de las obras a lo largo del tiempo, de las mismas entradas, contribución esencial a la financiación de la institución, de los sistemas de iluminación y control de la temperatura. El tercer ámbito está dedicado a las nuevas líneas de enriquecimiento para una colección en evolución, que se centran en distintos apartados como en piezas relacionadas con el proceso creativo, ya sean dibujos, cuadernos, estampas, bocetos y tratados artísticos. También se ha puesto el objetivo de reunir miniaturas en diversos soportes; pinturas realizadas por artistas mujeres, que han estado silenciadas dentro de la historiografía; además, la creación de una colección de fotografía relacionada con las obras y artistas del Prado; y, unido a la organización del Área de Biblioteca, Documentación y Archivo, con sede en el Casón del Buen Retiro, la adquisición de numerosos fondos de todo tipo, desde libros hasta documentos.



El último ámbito de la exposición se ocupa de las áreas de actuación de un museo moderno, que nos informa de la labor relevante llevada a cabo por el Área de Edición del Museo del Prado, tanto a nivel cuantitativo como cualitativo; el trabajo del Centro de Estudios para la formación e investigación en historia del arte y museografía; del prestigio y la necesidad de los servicios de Restauración y Documentación técnica y Laboratorio; de la difusión de las colecciones por parte del área de educación; de la interacción con las instituciones que tienen en depósito obras fuera del museo; de los proyectos que llevan reproducciones de las principales pinturas a las calles de nuestro país o fuera de nuestras fronteras; y la comunicación en redes sociales.



EL IMPERIO DE ASURBANIPAL


 

El Caixaforum de Madrid presenta la exposición, SOY ASURBANIPAL. REY DEL MUNDO, REY DE ASIRIA, dedicada a este monarca antiguo que llevó a su esplendor cultural y a su máxima extensión un imperio en el Próximo Oriente, confluencia de varias civilizaciones allí asentadas desde el comienzo de la historia entorno a los ríos Éufrates y Tigris. Su figura queda establecida en el recorrido de la muestra: un rey guerrero pero a la vez cultivado, que sabía de ciencias como de literatura; a través de un conjunto de piezas originales, tanto esculturas, como ajuares de bronce, piedra y marfil, y sobre todo de los famosos relieves históricos procedentes de las excavaciones arqueológicas que se produjeron desde el siglo XIX, hoy propiedad del British Museum. La imagen de Asurbanipal como emperador con una misión civilizadora, queda establecida desde el principio con el famoso relieve de su lucha contra el león en la que le clava una espada, por el que domina el mundo y establece el orden en nombre de los dioses.



Asurbanipal fue el último gran monarca de los asirios, cuyo gobierno se extendió entre el 669 y el 631 a. de C., en un amplio territorio que incluía Egipto, parte de la actual Turquía por el oriente, hasta la parte occidental del territorio iraní actual. Era hijo de Asarhadón, nieto de Senaquerib y bisnieto de Sargón II, que ya hicieron importantes conquistas. Las sucesiones de unos y otros siempre fueron traumáticas, de hecho su padre como él fueron los hijos pequeños, que tuvieron que enfrentarse como en su caso al hijo mayor, que se encargaba del gobierno de Babilonia. El imperio asirio se estableció por las armas de un poderoso ejército que no se arredraba en aplicar la violencia e imponer la voluntad del rey; un imperio basado en la agricultura y el comercio entre las más variadas regiones de diversas lenguas y culturas, que se administraba a través de gobernadores leales al poder situado en la ciudad de Nínive, donde residía el monarca en espléndidos palacios decorados con cerámica vidriada e imponentes esculturas y relieves pintados.



La exposición se divide en varios espacios dedicados a cada uno de los aspectos del gobierno y el imperio asirio. Uno de ellos se refiere a la capital, Nínive y sus palacios y decoraciones, que nos hablan de fastuosos banquetes y cacerías en sus jardines y cotos, donde se demostraba el poder del monarca en la caza del león, el más peligroso animal de la época. Una peculiaridad de Asurbanipal fue la creación de gran biblioteca que reunía el saber de su tiempo, del que hoy nos podemos hacer una idea por los fragmentos conservados de las tablillas de arcilla con escritura cuneiforme asiria, que nos proporcionan conocimientos de ciencia, medicina, magia, literatura, como La epopeya de Gilgamesh, astronomía y matemáticas, así como cartas y textos administrativos. Los escribanos asirios, entre ellos, el rey, un hecho inusual, escribían en tablilla húmedas de arcilla con un estilete o sobre superficies de cera. Era una escritura cuneiforme, cuyo idioma era el asirio, arameo, sumerio o acadio.



Asurbanipal tuvo que enfrentarse a importantes conflictos bélicos como la derrota de los egipcios, cuya capital Tebas, fue destruida y sus habitantes deportados, y sobre todo, el enfrentamiento con los elamitas, en la actual Irán, que conspiraban desde el sur, apoyando a su hermano mayor, rey de Babilonia, que moriría tras el asedio de la ciudad durante dos años. Los bajorrelieves nos informan de lo cruel de la guerra con los elamitas, que terminó con la caída de Susa arrasada por los asirios. Pese a la abundante información que se conserva del reinado de Asurbanipal, las últimas inscripciones datan del año 638 a. de C., por lo que su muerte no ha quedado registrada, al igual que los últimos años de su reinado entre el 631 y el 627 a. de C. No se sabe si murió, fue depuesto o abdicó, pero si que le sucedieron sus hijos, en un periodo de crisis política. 



La caída del imperio asirio se produjo por el ataque del general Nabopolasar que se había hecho con el trono de Babilonia, y los medos de Irán, liderados por Ciaxares, que destruyeron Asur, y luego, Nínive en el 612 a. de C. que quedó reducida a cenizas. El último espacio de la visita se dedica a cómo desde la década de los cuarenta del siglo XIX fue redescubierta la civilización asiria por anticuarios y diplomáticos que empezaron a excavar sus ruinas. Se revalorizó, así, una civilización considerada de forma negativa por la Biblia y las fuentes clásicas. Hoy, las autoridades iraquíes, en colaboración con instituciones europeas, tratan de preservan los restos de esa cultura tras la destrucción provocada por las últimas guerras y el DAES.

EL PINTOR ANTONIO RAPHAEL MENGS


 

El Museo del Prado presenta la magnífica exposición, ANTONIO RAPHAEL MENGS (1728-1779), una visión completa sobre el influyente pintor, de su obra y su pensamiento artístico, que reúne más de 150 ejemplos, entre pinturas, dibujos, grabados y esculturas, todo ello distribuido en un amplio espacio diseñado a la manera clásica, que hace sentir al visitante la presencia en un entorno acogedor y, a la vez, monumental y palaciego. Nos permite conocer, además, la trayectoria vital y profesional de forma asequible, con una explicación adecuada de cada una de las obras expuestas, que se organiza en diez secciones, unas de carácter temático, otras según su evolución personal. El artista fue una figura clave en el nacimiento del Neoclasicismo y uno de los más influyentes del siglo XVIII. Fue muy demandado por las cortes europeas, pero destacó su trabajo para la corte de Sajonia como primer pintor, y sobre todo, a partir de 1761 para el rey Carlos III, que le nombró pintor de cámara, produciendo sus ejemplos más notables.



La muestra se abre con la sección titulada Formación y entorno familiar, dedicada a la importancia de la figura dominante de su padre, Ismael Mengs, pintor, para que adquiriera una educación rigurosa. De hecho, sus nombres aluden a pintores que admiraba, y a los que seguirá su hijo. Una educación que incluyó, junto a sus otros vástagos, una estancia en Roma. En Dresde desarrolló sus primeras etapas de su carrera. La segunda, El permanente reto a Rafael, muestra la influencia decisiva del pintor de Urbino, modelo de aprendizaje de juventud y con el que medirse en su madurez. La prueba de ello es su Lamentación sobre Cristo muerto, sobre una tabla de las mismas dimensiones que la del Pasmo de Sicilia, que se muestran ante el público juntas. La Ciudad Eterna fue esencial para su trayectoria, y las dos secciones siguientes contribuyen a ello: Roma, caput mundi y Roma, la fascinación del mundo antiguo. En ella encontró los elementos fundamentales para su práctica pictórica y sus propuestas teóricas: las ruinas clásicas y obras maestras de importantes pintores; selecta clientela entre la que se encontraba el mismo papa y los viajeros británicos; y el contacto con el arqueólogo alemán Johann Joaquim Winckelmann, cuya amistad enriqueció sus ideas artísticas.



Una sección, El final de su relación con Winckelmann, se dedica al episodio que dio lugar a esta ruptura, en la que Mengs engañó al arqueólogo al pintar un fresco con el tema de Júpiter y Ganímedes que creyó original. En Meng, pintor filósofo, se muestra su faceta teórica y su fortuna crítica tras su muerte. A lo largo de su vida publicó un par de ensayos exponiendo su pensamiento artístico que consideraba la escultura grecorromana y la práctica del dibujo fundamentales para conseguir la belleza ideal. Su amigo, el español y diplomático, José Nicolás de Azara, reivindicó su memoria al colocar su busto en el Panteón, y editar sus obras, precedidas de una biografía y una lista de sus pinturas en España. Las siguientes secciones se dedican a su trabajo en nuestro país. En Pintor de Su Majestad Católica y de la corte de Madrid, se muestran numerosos retratos de la familia real, de los reyes y de sus hijos, además de relevantes personajes como el duque de Alba o la marquesa de Llano. Por otra parte, Mengs consideraba que en su escala de valores, la pintura al fresco era superior al óleo. De hecho, fue llamado para la decoración del Palacio Real Nuevo de Madrid. La siguiente sección, Las grandes obras: La pintura mural, explica la importancia de estas decoraciones para consolidar su fama de artista con una técnica sofisticada capaz de crear las obras más bellas.



La penúltima sección, Mengs, intérprete de la nueva devoción ilustrada,  se dedica a la pintura religiosa que realizó para el palacio y la devoción privada del rey y los miembros de su familia, cuadros que muchas veces les acompañaban en sus traslados. Unas pinturas donde se observan las influencias de Rafael, junto a las de Correggio y otros grandes maestros como Guido Reni o Diego Velázquez. La sección El legado de Mengs finaliza la exposición, y muestra cómo artistas de las nuevas generaciones, como Antonio Canova y Jacques-Louis David,  asumieron y desarrollaron sus ideas sobre la importancia de la belleza clásica. Incluso, Francisco de Goya mostró interés por la estatuaria antigua fruto de su influencia.



LA PINTURA Y ESCULTURA VAN DE LA MANO



 El Museo del Prado presenta la exposición, DARSE LA MANO. ESCULTURA Y COLOR EN EL SIGLO DE ORO, que reúne casi un centenar de esculturas de los grandes maestros españoles del siglo XVI, XVII y XVIII, así como pinturas, dibujos y grabados. Constituye, así, un conjunto magnífico que reflexiona sobre la relación entre la pintura y la escultura devocional, que pretendía la verosimilitud, ser lo más realista posible, para su finalidad de persuasión y transmisión de la doctrina cristiana, en una época de máxima valoración de las imágenes sagradas, según el espíritu de la Contrarreforma. El conjunto se organiza en siete secciones, que distribuyen perspectivas diferentes, desde el tema común de la interacción de la pintura y la escultura, según la idea del teórico Antonio Palomino, que exaltaba la colaboración entre ambos para crear un prodigioso espectáculo. 




En la primera sección, Dioses y hombres de bulto y colores, encontramos que aquellas esculturas del mundo grecolatino, que se creían mostrando el blanco del mármol, estaban coloreadas. Unas obras que nos informan de la escultura como mejor representación del ser humano y encarnación de los dioses mitológicos. En este periodo, y posteriormente, se llegó a utilizar mármoles y piedras de colores, además de la pintura, para colorear las estatuas de todo tipo. Se llegó a crear una Escultura para la persuasión, título de la segunda sección, que tuvo en la Edad Moderna, su época dorada, relacionada con la literatura devota, que contaba historias prodigiosas sobre imágenes que adquirían vida. Unas imágenes de bulto redondo más realistas que el ilusionismo pictórico, aunque ésta colaboraba en su narrativa junto a las estampas.



La escultura devota se hizo protagonista de esta manera. Una escultura coloreada a la que se unieron postizos, telas y joyas. La materia fundamental fue la madera, más barata y fácil de trabajar, para luego pintar y resultar más persuasiva. La tercera sección, llamada, Artífices y mediadores humanos, nos subraya el culta a san José y a su oficio de carpintero, a los ángeles y personajes bíblicos, e incluso el mismo Dios, quien intervino en la creación de las imágenes. En la siguiente sección, Volumen y policromía, nos encontramos un conjunto sobresaliente de ejemplos escultóricos de primer orden. Observamos obras de Juan de Juni, Alonso de Berruguete, Gaspar Becerra, Pedro de Mena, Martínez Montañés, provenientes de obras señeras de nuestro patrimonio como el retablo mayor de la catedral de Astorga. La exposición mantiene, a lo largo de su recorrido, un nivel alto de representación artística, pues antes, nos habíamos enfrentado a ejemplos de José de Ribera y Alonso Cano, como pintor y escultor, y a obras emblemáticas de Gregorio Fernández como un Cristo a la Columna y La Inmaculada Concepción.



La quinta sección, Negro de luto en un juego de espejos, trata sobre una imagen devocional, envuelta en la leyenda, con mucho éxito en el mundo hispánico, la Virgen de la Soledad, creada por Gaspar Becerra para un cofradía penitencial madrileña protegida por Isabel de Valois. Una imagen escultórica luego reproducida por la pintura, la estampa, y múltiples copias escultóricas en las décadas siguientes. El espacio lo preside un ejemplo de Luis Salvador Carmona, y al fondo otra representación atribuida a Sebastián Herrera Barnuevo. Se complementa, con la crítica ilustrada de mano de Goya. Una de las secciones más espectaculares lo forma la denominada, Escultura, teatro y procesión, donde se incluye un paso gigante de Semana Santa de mano de Gregorio Fernández, donde podemos comprobar muy cerca el carácter dramático, de formas escultóricas y colores vivos. Se complementa con piezas curiosas como un José de Arimatea Nicodemo de época bajomedieval, reciente adquisición del museo. 



El final del recorrido no deja indiferente al visitante al conjugar en un espacio propio, un Cristo yacente de Gregorio Fernández y un telón de lienzo gigante, del mismo tema. Corresponde a la séptima sección titulada, El círculo cerrado: de la traza al trampantojo a lo divino, donde se aborda también, la representación pictórica de esculturas en entornos monumentales, al que pertenecen el Cristo crucificado de Carreño de Miranda, o el Cristo de Ocaña de Luca Giordano. Al final, queda demostrada, la profunda e intensa colaboración entre pintura y escultura, con relevantes ejemplos y artistas de primer nivel, que llegaron a participar incluso de las dos disciplinas.

MUJERES ARTISTAS


 

El Museo Thyssen nos trae una exposición imprescindible, requerida en la actualidad desde amplios sectores de la sociedad, profesores, estudiantes y público en general, que se incluya la obra de las mujeres en el canon de la Historia del Arte, hasta nuestros días, borradas prácticamente. Esta exposición se titula, MAESTRAS, constituido por un recorrido feminista por la contribución de artistas mujeres desde finales del siglo XVI a las primeras décadas del siglo XX. Un recorrido formado por ocho temas o apartados que suponen la conjunción entre los periodos históricos y lo géneros artísticos. Las mujeres no gozaron de la igualdad con los hombres, que instituyeron una sociedad patriarcal, por ello, no conocíamos suficientemente sus miradas propias y sus nuevas iconografías. Esta muestra viene a remediar esa carencia, una exposición de mujeres que representan a mujeres y sus intereses



Las obras de arte se componen sobre todo de pinturas y esculturas. Se exhiben sobre el color feminista, violeta oscuro en una distribución a veces abigarrada. El recorrido comienza de forma excelente con los cuadros de Artemisia Gentileschi, artista que sufrió en su propia existencia la violencia machista. Representan heroínas bíblicas y personajes históricos, centrados sobre todo en Judit con la cabeza de Holofernes, o Susana y los viejos. Muestra una versión nueva de estos temas, que observamos de la misma manera en pintoras como Lavinia Fontana, Fede Galizia y Elisabetta Sirani. Este primer apartado se denomina Sororidad I. La causa delle donne, que alude desde este concepto a la solidaridad entre las mujeres en su lucha por sus derechos, la llamada querella de las mujeres.



La segunda perspectiva, Botánicas. Conocedoras de maravillas, parte del progresivo desarrollo científico, que supera el saber ancestral que tenían las mujeres sobre los beneficios de las plantas. En este momento surgirán un grupo de artistas pioneras del bodegón y de la ilustración botánica apoyadas por mecenas mujeres. Tenemos ejemplos en Italia con Fede Galizia y las hermanas Rachel y Ann Ruysh en Holanda. Aportan un sentido holístico a sus iconografías, unas visiones de ecosistema donde las plantas se unen a pequeños animales donde se supera el sentido religioso de la naturaleza muerta como vanitas. La sección, Ilustradas y académicas, muestra la influencia de la Revolución francesa en la lucha de las mujeres por sus libertades. Ser ciudadanas las equipara a los hombres, lo mismo que su visión artística. Pintoras como Élisbeth Vigée-Le Brun y Angelica Kauffman, y escultoras como Marie-Anne Collot destacan en el género del retrato, expresión de la afirmación de la individualidad femenina.



En el apartado, Orientalismo/costumbrismo, las mujeres dejan su huella el la representación de territorios no occidentales o de costumbres nacionales. Lo hacen con respeto y sin la sexualización degradante de sus modelos por parte de sus colegas masculinos. Además pintoras como Henriette Browne y Alejandra Gessler pueden entrar en los harenes dando una visión distinta. Esta mirada propia se observa en las iconografías de Trabajos, cuidados, que representan a la mujer en el campo o en la ciudad. Son igualmente consumidoras o pescadoras. La pintora Henriette Browne inmortaliza a las cuidadoras de enfermos. Se reivindica así un trabajo no remunerado, no suficientemente valorado. Una de las mejores secciones corresponde a la titulada, Nuevas maternidades, ejemplo de la visión diferente de pintoras como Mary Cassat o Suzanne Valadon, entre las más conocidas. Una mirada de la dependencia absoluta del bebé desde la ternura, pero también de la dureza de la crianza y las labores domésticas.



El apartado Sororidad II. Complicidades, expone nuevas iconografías de la confianza y la amistad entre mujeres, un mundo propio al margen de la mirada masculina. Las obras de Berthe Morisot y Marie Bracquemond son un ejemplo. Unas amistades de las mujeres, que además superan los lazos personales y privados, son una forma de poder social y político en favor de una comunidad feminista. Por tanto, representar las relaciones entre ellas de apoyo mutuo, compañerismo y lealtad, supone rechazar la masculina de carácter sexual, que objetualiza sus cuerpos. La última sección, Emancipadas, corresponde a las artistas de vanguardia, después de los avance en derechos de comienzos del siglo XX. Muestran la sororidad con nuevos lenguajes artísticos. Nos encontramos con un numeroso conjunto de obras realizadas por mujeres que luego fueron borradas por el canon, que hoy se trata de cambiar. Artistas como María Blanchard, Camille Claudel, Natalia Goncharova, Sonia Delaunay, Maruja Mallo, Frida Kahlo y Ángeles Santos.


EL INICIO DEL RENACIMIENTO EN NÁPOLES


 

El Museo del Prado en colaboración con otras instituciones españolas e italianas organiza la exposición, OTRO RENACIMIENTO. ARTISTAS ESPAÑOLES EN NÁPOLES A COMIENZOS DEL CINQUECENTO, un muestra que pretende dar luz sobre un periodo hasta ahora no muy conocido de la llegada de la maniera moderna al sur de Italia, junto a sus implicaciones en el arte español. Reúne 75 obras entre pinturas, esculturas, y libros iluminados de comienzos del siglo XVI hasta 1530 aproximadamente, en un periodo en el que Nápoles fue definitivamente incorporado a la Monarquía Hispánica durante el reinado de los Reyes Católicos, tras los continuos enfrentamientos con Francia. 




Una serie de artistas italianos y españoles van a llevar las novedades aportadas por los grandes maestros del Cinquecento, Rafael, Leonardo da Vinci y Miguel Ángel. Nápoles fue siempre una ciudad cosmopolita, que vivió durante el siglo XV, un periodo brillante culturalmente, sin embargo, el dominio español no supuso una ruptura, sino un continuo enriquecimiento y desarrollo. La ciudad será a partir de ese momento un punto de entrada de la tradición española, y ésta, a su vez, el ámbito de partida del lenguaje renacentista hacia la península ibérica. La exposición se divide en cinco secciones, siendo las primeras dos dedicadas a la tradición humanística de Nápoles, para luego pasar al dominio de los Reyes Católicos, especialmente cuando el propio rey Fernando entró en la ciudad en 1506. Por esta época se abandona el lenguaje gótico de la mano de dos artistas fundamentales, el Maestro del Retablo de Bolea y el pintor Pedro Fernández, procedente de Lombardía. 




Las secciones tercera y cuarta se centran en el desarrollo de la maniera moderna, propia del Cinquecento, primero con la llegada a la ciudad de la Virgen del pez de Rafael, obra perteneciente a las colecciones del Prado, y segundo, con el trabajo de los llamados, las águilas del Renacimiento español, esto es, de Diego de Siloe, Bartolomé Ordoñez, Alonso Berruguete y Pedro Machuca que son conocedores de la llamada poética de los afectos de Leonardo, la gracia de Rafael y el poder expresivo de Miguel Ángel. La aportación de todos ellos fue esencial para el posterior desarrollo de la escultura y la arquitectura plenamente renacentista española, sin olvidar, igualmente, las aportaciones en pintura, de la que se muestran ejemplos sobresalientes en la exposición. Por otra parte, una interpretación libre del estilo clásico de Rafael se observa en Pedro Machuca, también en la aportación de artistas como Polidoro da Caravaggio y de Girolamo Santacroce. Este periodo se vería interrumpido por la guerra entre el emperador y el papado, manifestada en el Saco de Roma de 1527, que obligaría a retornar a la península a los artista españoles que habían estado activos antes de esa fecha, y que producirán obras fundamentales del arte español en distintas regiones peninsulares.



LA ESCULTURA DE RODIN


La obra del escultor Auguste Rodin es un hito fundamental de la Historia del Arte en la etapa inicial del arte contemporáneo. Llegó a ser un artista famoso que se impuso a sus detractores. Defendió sus geniales concepciones con una dedicación apasionada a la actividad creativa. Esto nos lo muestra la película, RODIN, escrita y dirigida por realizador francés, Jacques Doillon, que abarca un periodo de su vida, desde los cuarenta años cuando recibió el encargo estatal de la Puerta del Infierno, hasta la finalización del Monumento a Honore Balzac, desde el inicio de su relación hasta la separación con la también escultora y alumna, Camille Claudel, la mujer más importante de su vida junto a Rose Beuret, que hacía de criada y que tenía un hijo suyo al que el artista nunca reconoció.


Para Rodin, lo más importante era la dedicación plena al trabajo artístico, sin hacer caso de las convenciones sociales, ni las críticas negativas a su obra. Podía dedicarle muchos años a un encargo hasta lograr la versión definitiva. No le importaba agradar al cliente o al público, sino mostrar su propia concepción escultórica. Por ello, algunas de sus creaciones suscitaron rechazo. Sus defensores escribieron que fue un adelantado a su tiempo, que hacía un arte personal, muy diferente y novedoso en relación al arte anterior. De todas formas se reconoció su genialidad ya en su tiempo y adquirió fama internacional. Pensaba que la escultura debía transmitir vida, autenticidad, que se apreciara su latido como el de la carne viva.


Sus principales maestros fueron las portadas escultóricas góticas como la de Chartres, las formas de la naturaleza que observaba en los árboles y en las nubes. Se inspiró en la concepción de la luz de los pintores impresionistas con los que mantuvo una buena relación, especialmente con Monet, y en el valor de la obra inacabada de Miguel Ángel. El dibujo le servía para copiar las distintas posturas de las modelos al natural. El material preferido era el barro o el yeso que podía modificar más fácilmente, cambiar rápidamente cada uno de los detalles, y que anteponía a otros más nobles como el oro, el bronce y el mármol. En la película se muestra el proceso de trabajo en sus obras más importantes: La Puerta del Infierno, el retrato de Victor Hugo, los burgueses de Calais, y sobre todo del Monumento a Honore Balzac, al que dedicó mucho tiempo de experimentación formal hasta conseguir una obra emblemática de su concepción artística.


La vida del protagonista estuvo influida por el deseo y el amor por las mujeres. Tuvo una relación antigua y permanente con Rose Beuret, pero sobre todo con Camille Claudel con la que estuvo enamorado y le dejó una huella profunda. La artista quería ser la única mujer de Rodin, pero el genio no quería comprometerse nada más que con su arte, hasta el punto que se negó a contraer matrimonio y a convencerla que pusiese término a su embarazo, porque los únicos hijos que quería tener eran sus obras escultóricas. Ante esta actitud de no comprometerse en lo personal, ser mezquino en lo humano, Camille, que llegó a temer un dialógo artístico de igual a igual con el maestro, decidió separarse, ser independiente, aunque le costase la demencia y la pobreza por la falta de encargos.

TESOROS DE LA HISPANIC SOCIETY

Archer Milton Huntington, José María López Mezquita, 1926

El Museo del Prado organiza una amplia exposición dedicada a las colecciones de la Hispanic Society Museum and Library de Nueva York. Constituyen el conjunto más importante fuera de la Península Ibérica de arte español y de América Latina de obras de arte y libros, representativos por su calidad y cantidad. Fueron reunidos por Archer Milton Huntington, filántropo, coleccionista e hispanista  en apenas cincuenta años con la intención de fomentar la apreciación rigurosa de nuestra cultura y profundizar en su estudio, a través del arte y la literatura. La institución abrió sus puertas en 1908 en la Ciudad de los Rascacielos desarrollando desde esa fecha esta labor sobresaliente.

Retrato de niña, Velázquez, 1638

La exposición de Madrid presenta unas 220 obras, especialmente 74 pinturas y 13 esculturas, desde la Prehistoria hasta el siglo XX, distribuidas en dos ámbitos, divididos a su vez en 10 secciones. La primera parte llega hasta el siglo XIX y supone un recorrido por la producción artística en España y Latinoamérica. Llama la atención por la riqueza y profundidad de los fondos al mostrar desde vasos campaniformes del calcolítico, mosaicos y esculturas romanas,  pinturas medievales, tejidos islámicos, hasta ejemplares singulares de su biblioteca, con importantes documentos firmados por reyes y artistas. Podemos citar  los privilegios firmados por Alfonso X el Sabio y Juan II y los escritos que llevan la firma del emperador Carlos V a su hijo Felipe II o a Tiziano, o la carta de la reina Isabel de Inglaterra.

Mapamundi, Giovanni Vespucci, 1526

La pintura del Siglo de Oro y el siglo XVIII muestra su mayor protagonismo con importantes ejemplos del Greco, Antonio Moro, Luis de Morales, Zurbarán, Murillo, Alonso Cano, Juan de Valdés Leal, Goya y sobre todo Velázquez, del que se exponen tres retratos, uno del Conde-duque de Olivares, otro de una niña, y el de Camillo Astalli. Además, se puede ver una carta de éste a Damián Gotiens. El recorrido de esta primera parte termina con el arte colonial y la sección cartográfica en la que destaca el Mapamundi de Giovanni Vespucci. 

Retrato de Juan Ramón Jiménez, Joaquín Sorolla, 1916

La segunda parte, situada en la planta superior,  es más ligera para el visitante. Ofrece una amplia selección de la pintura española del finales del siglo XIX y principios del XX, con obras de Beruete, Anglada Camarasa, Nonell, Rusiñol, Solana o Viladrich. Destaca sobre todo en esta última parte, la excepcional galería de retratos de la intelectualidad española de la época con la cual Huntington estableció relación, realizada por Joaquín Sorolla e Ignacio Zuloaga.

ARCO 2017



Un año más se celebra en IFEMA, la Feria Internacional de Arte Contemporáneo, ARCO, en esta ocasión con Argentina como país invitado. Ha constituido, otra vez, un auténtica explosión de las artes de nuestro tiempo. El visitante puede entrar en contacto con la pintura, escultura, fotografía, el grabado, el videoarte, desde las vanguardias hasta nuestros días. Siempre hay que recordar que sobre todo es un mercado de compra y venta de obras artísticas, no un museo, a pesar de la evidente función cultural que posee desde su inicio. La reunión de más de 200 galerías procedentes de 27 países tienen una función comercial, enfocada a las instituciones y coleccionistas, principalmente españoles. Se dan cita en los pabellones 7 y 9, a los que se unen espacios dedicados a los medios de comunicación, instituciones culturales y los llamados proyectos especiales.


La dependencia del mercado de las galerías de arte determina el tipo de obras que presentan para los coleccionistas que se dan cita en la capital de España. Hay ejemplos de varios millones de euros, las menos, y un nivel medio más asequible, la mayoría. Por otra parte, por su valor historico-artístico, se puede observar una gran variedad de perspectivas. Estilos expresionistas que valoran el color, la abstracción geométrica, el realismo, el pop, el surrealismo, el dadaísmo, el mínimal y el conceptual, en la pintura y la escultura. En este campo nos encontramos obras cinéticas y otras que juegan con la luz inserta en ella. Se presentan ejemplos de videoarte o aquellos que emplean las tecnologías digitales para crear imágenes. La fotografía tiene un tratamiento significativo, pero menos que en otras ocasiones. 


El planteamiento iniciado el año pasado de mostrar todo el espacio expositivo de una galería a dos o un artista, se repite en esta edición. Sobresalen los dedicados, por una parte, a Joan Pons y Alexander Calder, y por otra, a David Hockney. En otro aspecto, llama la atención el aspecto en el cual el arte tiene como elemento de inspiración el de épocas pasadas. De esta manera lo vemos en la recreación del Jardín de las Delicias, de El Bosco, mediante la utilización de escultura y fotografía. También, por la manipulación de fotografías que daban cuenta de la actividad de algún dictador, en la que estos han desaparecido y han dando paso a una imagen nueva.


Los carnavales son una oportunidad, igualmente, de inspiración para una performance. En este caso aquella que recrea el Salón de los Espejos del palacio de Versalles con un personaje al fondo con máscara al cual se puede ver únicamente a través de una ventana con reja. La feria es una oportunidad, asímismo, de tener obras de carácter más bien efímero, relacionados con el dadaísmo, es decir objetos cotidianos convertidos en obras de arte para la ocasión, o una pantalla de vídeo que implica con una cámara a los numerosos visitantes que la recorren. Por tanto, el carácter mercantil de ARCO, incluye otros más valiosos, el cultural, el conocerlo, el comprenderlo, y el vital, al formar parte de la experiencia cotidiana, al hacerlo tuyo de diversas maneras.

EL ARTE DEL LEJANO OESTE

Un oasis en las Badlands, E.S.Curtis, 1905
El Museo Thyssen de Madrid organiza la exposición, LA ILUSIÓN DEL LEJANO OESTE, sobre los artistas que en el siglo XIX reflejaron en sus obras el Oeste estadounidense para representar los paisajes y las formas de vida de sus pobladores. Reflejaron el mito de un territorio salvaje, paradisiaco y peligroso. Un territorio que va a crear una ilusión con doble vertiente, espejismo pero también como entusiasmo, es decir, generaba la posibilidad de aventura, de tener una vida diferente y prosperar. Constituía un nuevo Edén con la desventaja  que estaba poblado por las culturas indias desde antiguo, unas culturas primitivas de cazadores, que tenían una relación equilibrada con la naturaleza.

El rastro perdido, Charles Wimar, 1856

La cultura de los Sioux, Cheyennes, Apaches, Mohicanos..etc., fue reflejada por los artistas casi siempre con admiración y respeto. La exposición reune un conjunto variado de objetos. Desde mapas, pinturas, grabados, fotografías y esculturas, hasta piezas de carácter antropológico conservadas de esos pueblos, algunos desaparecidos. Igualmente, el comisario de la misma, Miguel Ángel Blanco, rinde homenaje a las tierras y a los pueblos del Oeste con trece libros-caja que forman parte de su Biblioteca del Bosque, un proyecto escultórico realizado con materiales de este territorio. El conjunto se organiza en seis apartados: Explorar el Nuevo Mundo; Pueblos y paisajes inéditos; Indios en las grandes llanuras; Efigies y ceremonias; Indios y vaqueros, y La biblioteca del bosque.

Shon-ka-ki-he-ga, Jefe Caballo, gran jefe pawnee, G. Catlin, 1832

El recorrido arranca con mapas que cartografiaban el proceso de conquista y colonización. Son de origen español conservados en los archivos de nuestro país. El río Misisipi fue una largísima frontera física y psicológica. Las primeras expediciones artísticas al Oeste tuvieron motivaciones antropológicas. Los pintores y fotógrafos descubrieron una naturaleza espectacular y la representaron influidos por el Romanticismo.  Así lo hicieron Thomas Cole, Albert Bierstadt y Thomas Cole del valle de Yosemite y Yellowstone. También les fascinaron las tribus de las Grandes Llanuras. El pintor George Catlin visitó 48 tribus y realizó 310 retratos y 200 escenas para su Galería India.

Joseph, E.S.Curtis, 1903

Los cowboys y los soldados fueron figuras destacadas por los artistas que dejaron testimonio de la progresiva destrucción de la cultura indígena. Sobresale el papel de los fotógrafos que contribuyeron a crear el tópico sobre la imagen del indio. Edward S. Curtis fue el más famoso por su monumental proyecto, The North American Indian, de carácter artístico y etnográfico. Representó rituales olvidados y retratos, la mayoría de estudio. Finalmente, este mundo de colonización y conquista va a dejar una huella en la cultura popular que va a llegar hasta la actualidad con manifestaciones en la literatura, la historieta, los juegos, el cine y la televisión.


LA ESCULTURA DE GIACOMETTI

El hombre que camina, Giacometti
La Fundacion Mapfre de Madrid organiza la exposición, GIACOMETTI. Terrenos de juego, que hace un recorrido por su obra a lo largo de toda su vida. Reune un conjunto significativo de esculturas, pinturas, dibujos y fotografías, unas de su mano, y otras de prestigiosos artistas del momento que le captaron con su cámara. Una trayectoria en la que experimenta con la escultura y el espacio, configurando un estilo propio. Supone, además del interés por el arte, una reflexión existencial sobre la vida y la muerte. El recorrido de la exposición se inicia con la voluntad de seguir su propia personalidad artística, influenciada ya en París, al que ha llegado desde la Suiza natal, por el arte africano y de Oceanía, así como del lenguaje plástico cubista. Pronto abraza la tendencia surrealista imperante en la época y somete a la escultura a un proceso de simplificación plástica. En esta época desarrolla obras como tableros de juego, es decir, concibe las esculturas para situarlas en unos soportes.
Después de la Segunda Guerra Mundial se produce un hito en su estilo por el que las figuras evolucionan hacia su estilización tan característica en él. Además empieza a trabajar en conjuntos de figuras que se relacionan entre sí, situadas en planchas de bronce. Al artista suizo le interesa igualmente, tanto el espacio urbano como el natural donde poder colocar y analizar la interacción de sus obras con los entornos. Lo que hace pensar en el significado simbólico de su escultura. De esta manera, creará dos prototipos: la mujer de pie, que representa a mujeres erguidas, hieráticas y ensimismadas, donde estudia la verticalidad del cuerpo, entendida como una imagen de culto. El segundo prototipo se llama, el hombre que camina, que simboliza la búsqueda incesante del artista por la perfección o el progreso.
Mujer grande, 1960

Giacometti trabajó siempre en un pequeño taller de 18 metros cuadrados cerca  de Montparnasse, que se convertiría, además de entorno físico y vital, en una obsesión artística donde crear la verdadera simbiosis entre el artista y la obra. Este queda registrado en esta muestra con las fotografías tomadas por sus amigos Robert Doisneau o Ernst Scheidegger, y en diferentes dibujos y grabados. El artista suizo se interesó por el retrato en tanto que motivo de experimentación, que llevaría al dibujo o al lienzo de una manera peculiar, según las variaciones de su percepción. Sus  principales modelos fueron, Anette, su mujer, y Diego, su hermano. La representación de éste se centraría en la cabeza, y especialmente en la mirada, que consideraba el elemento que proporcionaba vitalidad.
Busto de hombre, 1961

La exposición termina con el proyecto frustrado para la explanada ante el Chase Manhattan Bank en Nueva York. Debía estar compuesta por tres grandes esculturas: Mujer grande, Hombre que camina y Cabeza grande. Aunque no hubo finalmente acuerdo con el patrocinador, no renunció al proyecto, que el presentaría de diferentes formas como resumen de su práctica artística.

LA ESCULTURA DE MARIANO BENLLIURE

Autorretrato
La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando organiza la exposición,  MARIANO BENLLIURE. EL DOMINIO DE LA MATERIA, que reune unas 51 obras, escogidas entre una obra extensa a lo largo de una vida longeva desde 1862 a 1947. Este pequeño conjunto deja claro al espectador la relevancia social que alcanzó su arte. Entre su clientela se encontraba desde la monarquía hispana hasta la élite política, militar e intelectual de España. Esculpió grandes monumentos conmemorativos, las estatuas ecuestres del rey Alfonso XII, de la reina Victoria Eugenia, del general Martínez Campos, localizados principalmente en Madrid, donde se encontraba establecido su casa-estudio en la calle Abascal. También conjuntos funerarios y retratos individuales. En la exposición se pueden contemplar los bocetos en bronce o las mismas piezas originales si son aquellos, como los del duque Alba, los políticos José de Canalejas, y el joven rey, Alfonso XIII. En este género brilla la gran penetración psicológica del individuo representado junto a un extraordinario dominio de la técnica sobre el material a partir del cual se forma la escultura. 
Este aspecto, que da título a la exposición, asombra igualmente al que entra en contacto visual con su obra. Domina una gran variedad de materiales: la terracota, el mármol, especialmente el más noble de Carrara, la plata y sobre todo, el bronce, lo que produce el dominio a su vez de los diferentes géneros en bulto redondo y en relieve. Un ejemplo de gran calidad presente en la exposición es aquél que representa a la reina Maria Cristina de Habsburgo y sus tres hijos, que le hace emparentarse con los grandes maestros del Renacimiento italiano a los que seguramente admiraba y conocería, pues fue entre los cargos que desempeñó, director de la Academia de España en Roma. En este sentido podemos destacar el interés por las piezas de orfebrería, vasijas, medallas conmemorativas, o espadas, y la cerámica. Igualmente, el gran conocimiento de la anatomía del hombre y de la mujer y la captación del natural, en la que sobresale la obra que encuentra el visitante al entrar en la exposición, Idilio, un conjunto de figuras sobre un pilar de mármol blanco decorados con relieves a la manera clásica.
Idilio

Mariano Belliure, que recibió los mayores premios y honores en su tiempo, poseyó un estilo que entronca con la tradición del idealismo clásico y el naturalismo y realismo barroco, con cierta influencia del modernismo. Constituye una forma atractiva que transmite las más variadas emociones referidas a la autoridad, la grandeza, el valor heroico, el militar o la fama de todo tipo, de la forma más apasionada, del gusto de las élites aristocráticas y burguesas, a finales del siglo XIX y comienzos del XX, y comprendido por las populares, especialmente sensibles si los temas representados eran musicales o del mundo taurino del que era un gran aficionado.