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EL PRERRAFAELISMO FEMENINO


 

La Fundación Mapfre presenta la exposición, PRERRAFAELISMO. ITINERARIOS FEMENINOS (1850-1914), que reúne un conjunto numeroso de pinturas, dibujos, textiles y fotografías de este movimiento artístico realizado por mujeres, que ocupa toda la planta primera de la sede cultural. El movimiento Prerrafaelita surgió a mediados del siglo XIX como una perspectiva opuesta a la academicista en el arte británico. Frente a la erudición y los convencionalismos en favor de la consecución de la belleza formal, este grupo artístico defendía un arte producto de la observación minuciosa de la realidad y la sinceridad. El nombre procedía del rechazo a los cánones artísticos derivados del Renacimiento italiano, de Rafael, y cuando buscaban inspiración en la historia del arte, se fijaban en el arte previo, el de la Edad Media, el creado por los manuscritos medievales, o de autores como Piero della Francesca o Alberto Durero. El grupo estuvo compuesto exclusivamente por hombres hasta su disolución en 1853, pero su estilo artístico, su aportación estética, perduró durante la segunda mitad del siglo XIX. La exposición madrileña trata de mostrar cómo jugaron un papel fundamental las mujeres artistas que vieron en éste, su oportunidad de desarrollarse como tales, ante la dificultades que imponía la sociedad para formarse de manera tradicional en la academia.



Artistas como Elizabeth Siddal, Joanna Boyce, Marie Spartali Stillman, Evelyn De Morgan, Emma Sandys, Kate Greenaway, Fanny Bunn, May Morris o Julia Margaret Cameron, desarrollaron su actividad artística en la senda del movimiento prerrafaelita y contribuyeron a expandirlo a otros ámbitos como las artes decorativas. Siguieron así a los hermanos varones fundadores como  John Everett Millais, William Holman Hunt o Dante Gabriel Rossetti, así como con adeptos tales como Ford Madox Brown, Edward Burne-Jones o William Morris, que prolongaron esta revolución estética más allá del cambio de siglo. A ellas les costó más ser artistas pues existían los tradicionales prejuicios culturales, además de barreras institucionales que cerraban el paso a su formación y el acceso a exponer su obra. Lo consiguieron participando en redes informales de aprendizaje, talleres compartidos y vínculos personales. Al final de siglo, pudieron desarrollar su obra con mayores posibilidades. Los temas del prerrafaelismo, que se encontraban en la observación de su entorno, les favoreció: jardines, paisajes cercanos, interiores domésticos o vistas desde la ventana, así como modelos entre los miembros de las propias familias.



El recorrido expositivo se organiza en nueve secciones temáticas a la vez que muestran una evolución cronológica en la que va transformándose el lenguaje artístico como el contexto en el que trabajaron las mujeres artistas. Un contexto al principio poco propicio para conseguir luego el reconocimiento y mayores oportunidades. La primera sección, Un arte de la vida cotidiana, muestra las raíces del movimiento, entorno a 1848, cuando imperaba un realismo en las artes, que las artistas van a encontrar, siguiendo las ideas John Ruskin, en la observación directa de la realidad, la que tenían más próxima, los interiores domésticas, familiares, individuos anónimos, una calle o el campo. El segundo espacio, Realidades imaginadas, informa de cómo las artistas trataron episodios de la poesía de Alfred Tennyson o de relatos bíblicos desde una perspectiva realista, inspiradas en los manuscritos medievales, la obra de Alberto Durero y William Blake. En la tercera, Belleza y verdad en la naturaleza, reinterpretan la pintura de paisaje, tan querida por aquella época como una manifestación del medio natural ahora atacado por la industrialización.



La cuarta sección, Un mundo en un grano de arena, responde a la necesidad de reflejar a causa de los avances científicos y descubrimientos de la época victoriana, lo extraordinario en lo aparentemente insignificante. De esta manera las artistas se fijaron en representar distintas especies vegetales y animales, ampliando este género de pintura. En la quinta, Personajes de la realidad y de la ficción, se aborda el tema del retrato, tratado al principio sin artificio, para luego dotarle de intensidad cromática y complejidad ornamental, es decir, mayor profundidad. La sección sexta, Inocencia decorativa, se dedica a la representación de la infancia, un tema que adquirirá relevancia en este estilo de pintura, por la asociación con el rol tradicional de la mujer con la maternidad. La séptima, Lo útil y lo bello, una de las más relevantes, se refiere a la relación del prerrafaelismo con William Morris, de la que surge el movimiento Arts and Grafts, la aplicación de su estilo a las artes decorativas. Una relación que permitió la incorporación de mayor número de mujeres provenientes de diferentes campos del artesanado.



En la sección octava, Medievalismo, se trata de una característica central del prerrafaelismo como se observa igualmente en diversos espacios. Este periodo histórico atrae por la expresión del cristianismo, la sinceridad y la piedad frente a la sofisticación del mundo moderno. Las artistas en un estilo denominado neogótico, tratan de representar el romanticismo, el heroísmo, el ideal caballeresco y la vida cortesana asociada al rey Arturo y las vidas de santos. El recorrido termina con la sección novena, Esperanzas y sueños, en las que se exponen obras del prerrafaelismo evolucionado cuando las artistas han conseguido una mejor formación artística y se atreven con obras de mayor envergadura.




ARTE MADRILEÑO DE LOS OCHENTA


 

La Sala Alcalá 31 de la Comunidad de Madrid presenta la exposición, MITOLOGÍAS MODERNAS: OUKA LELE & CO, que reúne un conjunto de más de cien obras de pintura y fotografía de numerosos artistas que sobresalieron en la capital allá por los años ochenta, durante los efervescentes años de la Movida, en los albores de la democracia. Una sugestiva puesta en escena del espacio a modo de arquitectura clásica circular con columnas nos invita a conocer la obra de los principales artistas. En primer lugar la de la fotógrafa Ouka Lele, cuya obra, Rapelle toi, Barbara, emblemática intervención en la fuente de Cibeles, sobre el mito de Hipómenes y Atalanta, sirve como punto central de la muestra al unir fotografía, pintura y cultura visual contemporánea. En ella se ejemplifica el empleo de los nuevos medios visuales, algunos provenientes de la cultura underground del comic y el fanzine; el resurgir de la figuración pictórica, frente a la vertiente abstracta y conceptual; y el uso de la mitología clásica. 



Todos los artistas representados tienen en común estos elementos característicos, interpretados según su propia personalidad o formación. De esta manera, la fotografía pintada de Ouka Lele adquiere el mayor valor representativo, cuyas raíces se encuentran en la cultura pop y en el surrealismo. Entorno al peristilo circular de la sala se abren espacios para otros artistas destacados como Sigfrido Martín Begué; Carlos Franco, que ganaría el concurso convocado por el Ayuntamiento de Madrid para la decoración mural de la fachada de la Casa de la Panadería; Ceesepe, seudónimo de Carlos Sánchez Pérez, proveniente de la subcultura del cómic y el fanzine; y El Hortelano, seudónimo de Alfonso Morera Ortiz, con los mimos orígenes que el anterior, que se muestran portentosos y originales con sus estilos pictóricos.



En el segundo piso, estas obras se completan con las de artistas como Guillermo Pérez Villalta, Dis Berlín, Carlos Alcolea, Costus, y Miluca Sanz, entre otros, en dos apartados, que evidencia, en uno, la importancia de la ciudad de Madrid (El arte y la ciudad), que por aquellas fechas se podría emparentar por su efervescencia e inquietud cultural con otras como Nueva York a nivel internacional;  y otra, la relevancia de los mitos clásicos y de la historia del arte como temas recurrentes de los pintores (Mitologías de artistas). Unas representaciones mitológicas que desde la tradición ahora se convierten en modernas y atractivos. Frente a la muerte de la pintura, proclamada por los filósofos y estetas, se proclama su vigencia, incluso la figura del autor que trabaja sobre el caballete. Sería un retorno a lo reprimido pictórico, que había sido negado por el arte conceptual de los años 60 y 70. Este planteamiento posmoderno surgió en el ecosistema creativo de la capital, como va dicho, aprovechando el aire de libertad del momento, reforzado con iniciativas institucionales como la creación el Museo Reina Sofía o de la feria ARCO.



EL PRADO EN EL SIGLO XXI


 

El Museo del Prado presenta la exposición, PRADO. SIGLO XXI, que realiza un recorrido por la importante transformación llevada a cabo en el museo en el presente siglo, la más relevante de su historia, que viene respaldada por su relevante pasado, pero que mira constante su adaptación a los cambios del presente y prevé el futuro. Una institución que no es estática, sino en constante transformación de acuerdo a los nuevos tiempos. Las cifras, de entrada, son contundentes: unos tres millones y medio de visitantes en 2025, y casi un millón y medio de seguidores en las redes sociales; apertura de puertas 362 días al año; más de 14.000 obras adquiridas en estos 25 años, así como más de diez mil volúmenes de fondo antiguo y setenta y un mil monografías y revistas incorporadas; más de 250 exposiciones temporales en la propia sede, y más de 300 libros editados y publicados, entre otras cifras relevantes. A ello se une una ampliación de espacios y edificios extraordinaria que se culminará con la incorporación del Salón de Reinos para conformar el Campus Prado que implica modificaciones en el urbanismo madrileño.



La exposición se articula en cuatro ámbitos distribuidos en dos salas, que reúnen 98 obras entre pinturas, esculturas, estampas, dibujos, fotografías, libros y documentos de archivo, así como paneles explicativos, sobre distintos aspectos concretos de la gran transformación de los últimos años. El museo ha tenido una acertada política de adquisiciones de piezas desde el siglo II hasta comienzos del XX. Desde un retrato en mármol del emperador romano Marco Aurelio, hasta otro en pintura de Picasso, junto a escultura y pintura medieval, obtenidas mediante compras del propio museo, compartidas con el Ministerio, o a través de donaciones, legados o micromecenazgo. Un crecimiento de la colección que ha incorporado dos pinturas de Velázquez, y otras de El Greco, Zurbarán, José de Ribera, Alonso Cano, como esculturas de Juan de Mesa y Luisa Roldan. En el siglo XVIII, tenemos la incorporación relevante del retrato de José Nicolas de Azahara, de Antonio Rafael Mengs, y al final de siglo, el relevante retrato de La condesa de Chinchón de Goya, así como dibujos y documentos del autor aragonés.



El siglo XIX y XX ha sido potenciado con significativas adquisiciones como el Díptico con 42 vistas monumentales de ciudades españolas de Genaro Pérez Villamil, junto con cuadros de Federico Madrazo, Mariano Fortuny, Martín Rico, Darío de Regoyos, Joaquín Sorolla, y Ramón Gaya. Entre tanto en el recorrido se nos informa de los cambios en el diseño de las cartelas de las obras a lo largo del tiempo, de las mismas entradas, contribución esencial a la financiación de la institución, de los sistemas de iluminación y control de la temperatura. El tercer ámbito está dedicado a las nuevas líneas de enriquecimiento para una colección en evolución, que se centran en distintos apartados como en piezas relacionadas con el proceso creativo, ya sean dibujos, cuadernos, estampas, bocetos y tratados artísticos. También se ha puesto el objetivo de reunir miniaturas en diversos soportes; pinturas realizadas por artistas mujeres, que han estado silenciadas dentro de la historiografía; además, la creación de una colección de fotografía relacionada con las obras y artistas del Prado; y, unido a la organización del Área de Biblioteca, Documentación y Archivo, con sede en el Casón del Buen Retiro, la adquisición de numerosos fondos de todo tipo, desde libros hasta documentos.



El último ámbito de la exposición se ocupa de las áreas de actuación de un museo moderno, que nos informa de la labor relevante llevada a cabo por el Área de Edición del Museo del Prado, tanto a nivel cuantitativo como cualitativo; el trabajo del Centro de Estudios para la formación e investigación en historia del arte y museografía; del prestigio y la necesidad de los servicios de Restauración y Documentación técnica y Laboratorio; de la difusión de las colecciones por parte del área de educación; de la interacción con las instituciones que tienen en depósito obras fuera del museo; de los proyectos que llevan reproducciones de las principales pinturas a las calles de nuestro país o fuera de nuestras fronteras; y la comunicación en redes sociales.



PINTURA GÓTICA A LA MANERA ITALIANA



El Museo del Prado presenta la exposición, A LA MANERA DE ITALIA. ESPAÑA Y EL GÓTICO MEDITERRÁNEO (1320-1420), que reúne más de cien obras de diversas técnicas, pintura, escultura, miniatura, dibujos, orfebrería, tejidos y mobiliario, para tratar cómo los modelos del Trecento italiano fueron abordados y reformulados por los artistas hispanos, dando lugar a un lenguaje visual híbrido, sofisticado y original. En Italia en el siglo XIV se produjo una transformación artística fundamental de mano de pintores como Giotto, Duccio, Simone Martini y los hermanos Lorenzetti, que tuvo una recepción excepcional en nuestro país, fruto de los intercambios comerciales, artísticos y políticos, donde el mar Mediterráneo no supuso una frontera insalvable. Los artistas viajaron desde la Península Transalpina hasta la Corona de Aragón e incluso a Castilla; los nobles, mercaderes y las oligarquías locales importaron obras y las transportaron de un punto geográfico a otro.



La exposición que reúne obras de artistas italianos como Ambrogio Lorenzetti, Lupo di Francesco, Barnaba da Modena, Gherardo Starnina y Fra Angélico, entre los más conocidos, junto a hispanos, como Ferrer y Arnau Bassa, los hermanos Serra, Pedro de Córdoba y Arnau Alcañiz, no solo se ajusta a las categorías historiográficas tradicionales, las que nos hablan del gótico bajomedieval y sus distintas tendencias, sino que propone otros análisis, lo que nos habla de la importancia y la profundidad de sus propuestas a través de un estudio preciso del periodo y las obras, cuya procedencia da cuenta de más de treinta instituciones españolas y veinticinco extranjeras. En general, el lenguaje trecentista italiano se convirtió en una auténtica lingua franca, como se subraya en la exposición abierta a todo tipo mezcolanzas e influencias, creándose propuestas estéticas híbridas. Lo mismo sucede en el aspecto iconográfico donde se producen curiosas variaciones y nuevos significados adquiridos por otros contextos visuales y mentales. También, con nuevos formatos para pintura sobre tabla, en concreto por el desarrollo del retablo monumental, soporte predilecto para la pintura polimatérica en la que el oro juega un papel simbólico y óptico fundamental.



El recorrido de la exposición sigue un orden cronológico y temático desde principios del siglo XIV durante una centuria, organizado en cinco secciones y espacios principales. La primera se denomina Antes de la peste negra. Declinaciones del arte italiano, que se centra en la obra del artista Joan Loert en el reino de Mallorca, y Ferrer y su hijo Arnau Bassa en la Corona de Aragón, a partir de la tercera década del siglo. Destacan estos últimos, con un lenguaje más complejo e innovador, que reinterpretan la influencia italiana, junto a la francesa y la neobizantina, especialmente Ferrer, que parece que estuvo en en aquel país. Su importancia reside en su clientela, la corte real y la Iglesia. Arnau evolucionó a un manierismo formal y soluciones más sofisticadas. La segunda sección, titulada, El Puente de Aviñón. Intercambios mediterráneos, destaca la importancia de la sede papal como un centro artístico de primer orden donde se estableció Simone Martini y su círculo, un grupo de artistas que llegarían a establecerse en la corona de Aragón. También, son relevantes las obras adquiridas por eclesiásticos hispanos como el mismo papa Benedicto XIII o el cardenal Gil Álvarez de Albornoz. Incluso, la misma corte de Castilla, apostó por la importación de obras de esta influencia en un auténtico cambio del gusto.



La tercera sección se titula, Entre la corte y el convento. Nuevas imágenes y nuevos temas, centrada en el papel de la monarquía en la reelaboración de imágenes con gran carga simbólica como la Verónica de la Virgen, que era una importante reliquia del tesoro del rey, o la Virgen de la Humildad. De la misma manera, fue destacado el papel para la creatividad iconográfica de los conventos franciscanos femeninos donde habitaban damas de la nobleza. Este apartado se completa con la obra de los hermanos Serra, destacados artistas que contribuyeron al desarrollo de los retablos monumentales, donde plasmaron un estilo elegantes, que combinaba el oro y el color, para expresar nuevos temas devocionales. El cuarto apartado se titula, La mirada cautiva. Técnicas fascinantes, y se dedica a las técnicas y materiales lujosos de este mundo tardomedieval, muy preciado por las élites políticas y religiosas, los nobles y mercaderes. Los comprobamos con numerosos objetos textiles bordados con oro y plata, esmaltes traslúcidos, esculturas policromadas y doradas, pinturas que exaltan las texturas, y arquetas nupciales de hueso tallado y taracea.



El último apartado denominado, Viajes de ida y vuelta. A la manera de España, establece un giro inesperado en el relato de la exposición, que refuerza la idea de la complejidad formal y estilística de un mundo abierto a múltiples influencias, centrado en la obra del pintor florentino, Gherardo Starnina, documentado en la catedral de Toledo primero, y luego en el reino de Valencia, en el que su estilo trecentista basado en el volumen y el espacio, se transformó en otro más colorista y de línea fluida, proveniente del gótico internacional, de Pere Nicolau y Marçal de Sas. Un estilo que llevaría de vuelta a la propia Florencia, y se vería seguido por Lorenzo Mónaco y Fray Angélico, como se observa en la Virgen de la Granada, una obra espectacular del Museo del Prado de hacia 1426, que pone fin a un estudio detallado y profundo de un periodo significativo de nuestra pintura.