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LARGO VERANO DE JUVENTUD


 

Si reflexionamos sobre el paso del tiempo en un grupo familiar, podemos fijarnos en la casa que habitaron y el entorno natural. Descubrimos que se mantienen más o menos sin grandes cambios, mientras se han sucedido las distintas generaciones; cómo los espacios fueron ocupados por los abuelos y bisabuelos para pasar a los hijos, primos y nietos; y el trabajo agrícola ha evolucionado con las mejoras técnicas aplicadas. Además, se ve la incidencia de los hechos históricos y políticos de fondo a estos procesos. Esto les sucede a los protagonistas de la película, EL SONIDO DE LA CAÍDA, escrita y dirigida por Mascha Schilinski, que cuenta la vida y las sugestiones de cuatro jóvenes de épocas distintas pertenecientes a la misma familia localizada en una granja en el norte de Alemania durante cien años desde comienzos del siglo XX, que parecen heredar problemas y sensaciones del pasado.



Las cuatro jóvenes van descubriendo la realidad a la par que experimentan o son testigos de lo que ocurre a su alrededor. El relato se presenta entrelazado entre las distintas épocas a través de miradas femeninas, silenciadas o dependientes de las decisiones masculinas. El primer momento temporal corresponde a los prolegómenos de la Primera Guerra Mundial. Alma, una de las hijas más pequeñas de la familia, es testigo de cómo los padres lesionan gravemente al hijo varón para que no sea reclutado; también cómo toma conciencia de la muerte, por la costumbre de la familia de rezar ante las fotos de sus parientes recién fallecidos; además de la servidumbre sexual a la que se someten las criadas a cargo de sus compañeros o dueños, padecimiento que sufrirá su hermana mayor, que por una mala cosecha, será entregada a los señores de otra familia, sometimiento que la conducirá al suicidio.



El drama continúa en las distintas épocas. Erika está obsesionada con su tío que yace cojo en la cama mientras tiene que ayudar a las tareas de la casa. Son los años cuarenta, tras la Segunda Guerra Mundial. Su huida por el río, le hará perder su vida. Angelika vive ya en lo que fue la Alemania comunista. El río próximo a la casa es la frontera con el oeste capitalista. Ella es una joven adolescente inquieta acosada por su primo y su tío con los que practican la natación. Su madre lleva en el carácter, nunca ríe, la tragedia de su hermana Erika en el pasado. Un día, en el mismo momento de la foto familiar, escapa definitivamente de este entorno. En la última época, la actual, un joven matrimonio con dos hijas han llegado de Berlín a la casa para reformarla. Las dos hijas y la madre disfrutan del verano en el bello entorno natural de campos y bosques junto a río que fluye constante. Las dos hijas reviven en sus consciencias y en sus cuerpos, aquellas violencias y dramas que sintieron sus antepasadas: el riesgo de la muerte por suicidio o accidente; la ausencia de un allegado; y la realidad del deseo masculino. Este argumento, y la forma visual que emplea, tanto en el montaje, el sonido y la composición de la imagen, le hizo merecer el Premio del Jurado en el pasado Festival de Cannes. 

LA RESPONSABILIDAD DE LA MUJER



Antiguamente era mal visto el empleo de la mano izquierda en vez de la derecha. Aquellos niños que nacían con esta particularidad, se les insistía una y otra vez para que dejasen de emplearla, pues era considerado como una anormalidad. Incluso, su utilización estaba asociada al mal, que pudiera causarlo si no se rectificaba. Los estudios científicos con el tiempo han soslayado cualquier superstición o cualquier sospecha de discapacidad, mas bien, forzar el cambio de uso de una mano por otra, provoca daños a la persona. Es lo que le sucede a la protagonista de la película, LA CHICA ZURDA, dirigida y escrita por Shih-Ching Tsou en colaboración con el oscarizado Sean Baker, sobre una familia de una madre y sus dos hijas, que se tienen que trasladar a Taipei para mejorar su situación económica. Aquí viven sus hermanas y sus padres, además de su expareja a quien tiene que ayudar al caer en la pobreza. Recién llegados a la capital, tras entrar en su nuevo alojamiento, buscan un negocio en un mercadillo para abrir un puesto de fideos.






Las tres mujeres de la historia son las protagonistas, sobre todo la hija pequeña, I-Jing, que es una niña despierta y avispada, atenta a lo que pasa a su alrededor sin comprender muchas veces lo que escucha. No sabe que al hombre a quien visita un día en el hospital es su supuesto padre; que da crédito a lo que dice su abuelo, que utilizar la mano izquierda era diabólico, hecho que comprueba, pues es con la que roba en el mercadillo nocturno juguetes, y la que causa la muerte de su mascota. La hija mayor, I-Ann, acapara gran parte del relato por su mal carácter e irresponsabilidad, pues no hace mucho caso a su madre y prefiere trabajar en una tienda que prestarle ayuda en el puesto de fideos. Una actitud que le lleva a tener una relación con su jefe, un hombre casado, de la que quedará embarazada. Shu-Fen, la madre, es la que lleva el peso económico de la familia, en situación precaria a causa de que ha tenido que pagar una elevada suma por el entierro de su expareja. También su nuevo negocio no marcha bien. lo que le lleva a pedir dinero a la abuela con quien ha contraído numerosas deudas.






En la película, no es todo lo que parece o lo que explica la propia historia según transcurre, a veces mediante situaciones cómicas, como que la abuela se dedica a la inmigración ilegal y un día la descubren, y si no acaba detenida por la policía, es porque la niña le roba de su casa un sobre creyendo contener algo de valor para dárselo a su madre llena de deudas. La hija mayor oculta su embarazo, hasta que el día de la celebración del cumpleaños de la abuela, que ha reunido a toda la familia, se descubre su estado cuando se presentan en él, el jefe y su esposa que montan un escándalo por ello. Sin embargo, la historia tiene un giro final en esa fiesta, el descubrimiento de un secreto profundo inesperado que tenían la madre y la hija mayor, conocido sólo por ellas hasta ese momento, que explica su carácter amargo, pero que tras su revelación provocará su nueva actitud, un nuevo sentido con qué afrontar su existencia.

EL HIJO DE SHAKESPEARE


 

Hay escritores convertidos en auténticos genios por su obra literaria. En ella se trata con conocimiento profundo y extenso los temas más importantes de la existencia humana: el amor, la muerte, el paso del tiempo, la traición o los celos. Sabemos de su maestría en el manejo del lenguaje que le permite expresar los matices más recónditos que le sugiere su inventiva. También, nos preguntamos hasta que punto le ha influido su vida cotidiana, la realidad que ha experimentado, lo que nos hace interesarnos por su familia, su mujer o hijos, su lugar de nacimiento, dónde residió y sus ocupaciones habituales, además de la escritura. Tendemos a cuestionarnos, así, en qué medida la ficción, el arte, expresa al público una realidad concreta de su vida, o simplemente le ha influido, y en consecuencia sus extraordinarias dotes creativa lo han plasmado en portentosa escritura. Esta es el contexto de la película, HAMNET, dirigida por Chloé Zhao, basada en la novela homónima de Maggie O´Farrell, que cuenta la vida familiar de William Shakespeare, y cómo la muerte de su hijo varón, le inspira para crear su famosa tragedia, Hamlet.



Parece ser que el nombre de Hamnet en el inglés del siglo XVI, sonaría, y podría escribirse, como muchas palabras de la época que cambiaban alguna letra, de forma parecida a Hamlet. El primero fue el nombre de uno de los hijos mellizos que tuvo Shakespeare, el otro, una niña, la llamó Judith, aunque no los mayores, pues antes fue padre de otra hija a la que puso Suzanne. La historia comienza en Stratford, un pequeño pueblo donde nació Shakespeare en una familia de artesanos. El famoso autor sin ninguna actitud para el oficio de realizar guantes, se ocupaba en lo que mejor se le daba, la escritura, y para ganar dinero, en enseñar latín. Además tenía que pagar las deudas que había contraído su padre. Todo cambia cuando conoce a una joven campesina, Agnes, con fama de bruja, que pasa gran parte del día en el bosque con su halcón, de la que se enamora. A pesar de los obstáculos familiares, por una parte la madrastra de la joven y su hermano, por otra los padres de Shakespeare, se casan. Pronto llegarán los hijos, pero el famoso escritor no ve futuro en el pueblo para desarrollar su talento, y decide, marcharse a Londres.



Shakespeare regresa, sobre todo, en verano con su familia, que pasa largas temporadas sin él. De todas las maneras, les ha prometido que les llevará a vivir con él a Londres. El tiempo transcurre sin cumplir esa promesa, al contrario, compra una casa más grande en Stratford para que se traslade allí su familia. Por esa época se ha convertido en un autor aclamado de teatro y tiene una compañía. Agnes, no está de acuerdo en vivir separados, y un otoño, Judith cae enferma con una elevada fiebre. Parece que va a fallecer, cuando, será su hermano, Hamnet, quien contraiga la infección, y muera. Este hecho somete a la madre, y luego al padre, que regresa precipitadamente, a un gran dolor por la pérdida de su único hijo varón. Un día, Agnes se entera que su marido estrena nueva obra teatral. Le intriga que sea una tragedia, pues creía que iba a se una comedia. Entonces, decide partir a Londres para estar presente en el estreno. Allí descubre, que Hamlet está inspirada en su vida familiar, en el dolor por la pérdida, y en el amor y la muerte. El decorado de un bosque profundo donde entran y marchan los espíritus fantasmales, recuerda al paisaje de Stratford, donde ella hacía volar a su halcón, y lugar mágico de la naturaleza.



Hamlet, el protagonista de su tragedia, donde la muerte se hace más presente que nunca, pronuncia las famosas palabras, Ser o no ser, esa es la cuestión, en la que es mejor enfrentarse a las adversidades para derrotarlas, que sufrirlas para perecer por ellas. Una declaración de esperanza para él mismo y para su mujer abatidos por la pérdida de su hijo. De esta manera, el genial escritor, que vivía en una buhardilla de su teatro en Londres, llega a la cumbre de la literatura desde su dolor personal y de sus allegados, convertido en una belleza indescriptible para los lectores y los espectadores de su época, y de todos los tiempos. A ello contribuye la dirección de Chloé Zhao, la manera cómo lleva la historia a imágenes, sin efectismos, alusivas, centradas en la expresión de los sentimientos, donde combina la naturaleza material y humana con gran sensibilidad.

LA PINTURA DE MARUJA MALLO


 
El Museo Reina Sofía presenta la exposición, MARUJA MALLO. MÁSCARA Y COMPÁS, una retrospectiva amplia de la trayectoria y la obra de esta artista integrante de la Generación del 27, y representante del prototipo de mujer moderna, activa, libre y profesional. La componen numerosas pinturas, dibujos, documentos y objetos, que se presentan de manera cronológica en series, que trazan toda su carrera: desde el realismo mágico y las composiciones surrealistas de sus primeros años hasta las configuraciones geométricas de las últimas obras; desde los barrios populares de Madrid en los años veinte, hasta las lejanas tierras y playas de Galicia y América del Sur, para terminar en una reflexión superior donde se une ciencia, arte y mitología, evolucionando, como ella decía, de la geografía a la cosmografía. Mallo fue una artista intelectual, fundamentada en sus escritos y estudios prolijos conservados en su archivo. Desde joven estuvo vinculada a la prestigiosa Revista de Occidente, dirigida por el filósofo José Ortega y Gasset, a quien conoció, y para quien trabajó.






Fue una artista visionaria que logró reflejar las preocupaciones de su tiempo y anticipar las del futuro. El poder del arte permite revelar aspectos desconocidos de la realidad, considerada como un sistema ecológico integrado, desde una perspectiva humana, más allá de las diferencias económicas, raciales y de género. Su producción artística es bastante personal y heterogénea, donde se difuminan los límites entre lo popular y lo vanguardista. Lo popular entendido como expresión de la fuerza creadora del ser humano. De esta manera lo representa en sus primeras series, Estampas y Verbenas (1927-1928), en las que hace un retrato de la realidad política y social de la época, repleto de detalles concretos y presencias irreales. En Cloacas y Campanarios (1929-1932) tiene una visión totalmente diferente, apocalíptica, de paisajes oscuros, abandonados y secos, a veces poblada por esqueletos. Por aquella época, Mallo, se acerca al surrealismo, a cuyo grupo de autores conoce en París, donde expone con éxito e interés. Sin embargo, a pesar de él, prefiere regresar a España y comprometerse con el ideal pedagógico de la Segunda República.






En estos años, trabaja como profesora de dibujo en Arévalo, y se relaciona con artistas de la Escuela de Vallecas, como Benjamín Palencia y Alberto Sánchez. Igualmente, con el Grupo de Arte Constructivo de Joaquín Torres García. Además, crea una serie de platos para la Escuela de Cerámica de Madrid con decoraciones geométricas, producto de sus estudios matemáticos. El inicio de la Guerra Civil coincide con su estancia en Galicia, de la que logra partir al exilio argentino. Instalada a principios de 1937 en Buenos Aires, desarrolla la serie La religión del trabajo (1936-1939), formada por un conjunto de retratos de gran formato en honor a la mujer trabajadora, campesina y marinera. En el exilio practica el muralismo, la escritura y el teatro. Entra en contacto con otros escritores y artistas en su misma situación. Se siente fascinada por la diversidad de razas y las formas de la naturaleza marina. Las siguientes series son consecuencia de ella: Cabezas de mujer (1941-1952), Máscaras (1948-1957) y Naturalezas Vivas (1941-1944). Así, persigue la comunión entre naturaleza y arte, difuminando fronteras entre lo popular y lo culto. En 1945, Mallo se fotografía en Chile con un manto de algas. Expresa la simbiosis entre la forma humana y vegetal o animal.






Los cuadros de máscaras y sus sombras en paisajes de playa presentan una dimensión sombría del exilio que cada vez pesa más en sus protagonistas.  En sus últimas series, culmina su trayectoria artística e intelectual. En Moradores del vacío (1968-1980) y Viajeros del éter (1979-1982), supera el tiempo y el espacio terrenales, la misma naturaleza para convertirla en signo, una manifestación que supera las dicotomías tradicionales entre lo natural y la máquina, lo local y universal, lo humano y lo animal, para crear una imagen visionaria de la realidad, nuevos principios expresivos y una nueva mitología. Maruja Mallo vivió la Transición, y en 1979, hizo su primera exposición antológica en Madrid, a la que siguieron otras en galerías y museos, que dieron a conocer su obra. La entrevista de Paloma Chamorro para televisión en esa fecha, es excelente todavía para conocer su trayectoria y su personalidad.





LA INFILTRADA DE ETA


 

La organización terrorista, ETA, fue creada en 1958 durante el franquismo. Al termino de la dictadura, en 1975, había asesinado a 45 personas. La llegada de la democracia supuso que parte de la organización abandonara las armas en favor de la lucha política. La otra seguiría la actividad violenta hasta su disolución en 2011. Solamente en los años ochenta, fruto de la misma, se produjeron 400 víctimas. En su trayectoria sangrienta, se recuerdan atentados masivos como el de Hipercor o el de la casa cuartel de Zaragoza. A mediados de los años noventa, la organización cambió de estrategia, además de atentar contra militares y policías, decidió atacar a los políticos, concejales, dirigentes y jueces, en la llamada socialización del sufrimiento. En esta época comienza la película, UN FANTASMA EN LA BATALLA, que cuenta la historia de una joven guardia civil infiltrada en ETA, a cuya misión se presta voluntaria desde Andalucía donde vive, a pesar que tiene que renunciar a su vida personal.



Amaia reúne condiciones adecuadas para infiltrarse en ETA: sabe hablar un poco eusquera, además de dominar inglés y francés por sus estudios de filología. Le favorece, también, su carácter solitario, metódico y ordenado. La manera para acercarse a la organización será trabajar en una ikastola dirigida por Begoña, que es un miembro destacado de la misma. Su origen, para contarlo cuando se lo requieran, será que nació en el País Vasco, y compatibiliza su trabajo con el cuidado de su madre enferma en una residencia de mayores de San Sebastián donde se desarrolla la acción. Sus simpatías con las ideas de Herri Batasuna le favorecen para su integración. Una de sus primeras labores será alojar a Arrieta, un miembro del aparato logístico, encargado del apoyo a los comandos. Así se encargará de dar las llaves del Renault 6 para cometer el atentado contra Gregorio Ordoñez.



La misión de Amaia es a medio y largo plazo, sin importarle los acontecimientos dramáticos que protagoniza la organización como asesinatos de políticos socialistas como Fernando Múgica o el exministro Ernest Lluch. Su objetivo es llegar al sur de Francia y estar lo más próxima posible a la dirección y descubrir los zulos o almacenes de armas y documentos. Antes, desde su piso en San Sebastián, logrará pasar la información de un teléfono móvil y la localización de explosivos junto a la detención de miembros de la banda, y lo más relevante, la localización del lugar donde tenían secuestrado a Ortega Lara. Con el tiempo, la protagonista, si quiere pasar a Francia, tiene que implicarse más, y participará en un supuesto atentado contra un guardia civil, a la que ella le dispara en un forcejeo. Fruto de ello, decide no utilizar más las armas, y dejar ETA con el pretexto de querer casarse. 



El asesinato de Miguel Ángel Blanco hará que regrese de nuevo al País Vasco. Esta vez, en medio de las detenciones de Begoña y otros miembros con los que había colaborado, que propiciará que sea trasladada al sur de Francia, donde será conductora en distintas acciones. Una actividad que le permitirá descubrir los zulos y las viviendas donde residía la dirección. Es la parte de más intriga de la película, cuando la banda sospecha que está infiltrada al multiplicarse las detenciones de la policía, y no les basta con asesinar a un topo, sino que ponen el foco en la misma Amaia, hasta el momento libre de sospechas, y que sabía guardar las distancias para no ser descubierta. Agustín Díaz Yanes demuestra su sabiduría en el tratamiento de la historia: sobria, precisa, llena de silencios, de peligro por la impostura de la protagonista, siempre en el filo de la navaja; de ritmo pausado, pero implacable, solamente alterado por la música italiana que utiliza para comunicarse con su jefe. 

MUJERES DE TEHERÁN




Se ha dicho que la literatura, la lectura de los grandes clásicos, permiten ampliar la experiencia humana de por sí limitada por las condiciones de nuestra vida. El estudio de los libros ayudan a comprender el mundo y nos conducen a la libertad. Por ello, en determinadas épocas, se han prohibido o incluso quemado, antesala de la propia represión de las personas. Es lo que sucedió en la Revolución Islámica de Irán a finales de la década de los setenta del siglo pasado, cuando calló la monarquía del Sha de Persia, que en vez de abrir el país a un régimen de libertades, las limitó en favor de una dictadura religiosa o moral, donde los libros occidentales eran vehículos del mal. Esto nos lo cuenta la película, LEER LOLITA EN TEHERÁN, dirigida por Eran Riklis, basada en la novela autobiográfica de Azar Nafisi, una joven profesora universitaria de literatura que regresó con su marido a Irán con motivo de la llegada del Régimen de los Ayatolas.






Azar Nafisi va a vivir en primera persona la conversión obligatoria de su país en una dictadura islámica, donde la mujer va a ser relegada según la autoridad de los hombres. Será una experiencia progresiva como profesora de universidad. De vestir a la manera occidental, a tener que usar el hiyab, cubriéndose el pelo y el resto del cuerpo. De reflexionar sobre las vertientes de la condición humana, a ser limitada la perspectiva según la tradición islámica, donde no se separa el Estado y la religión, que se convierte en el único argumento que rige las relaciones sociales. Queda, por tanto, coartada cualquier esperanza o libertad individual. La persona, especialmente, las mujeres deben renunciar a su desarrollo, a su futuro, y supeditarse a la voluntad de su marido o padre. La lectura y el estudio de libros fundamentales de la literatura, pueden servir para escapar y contradecir la opresión del régimen autoritario.






La protagonista comienza su enseñanza con autores como Scott Fitzgerald y su obra El gran Gatsby, ambientada en los años veinte; luego con la novela, Lolita, de Vladimir Nabokov, que a las alumnas les inspira tratar temas como el adulterio o la libertad sexual, así como el control y dependencia de un hombre mayor frente a una joven indefensa. Ellas han sufrido en la universidad la represión a golpes de la policía, incluso el encarcelamiento, y para algunas la pena de muerte. Azar Nafisi, ante esta situación, tiene que abandonar la docencia pública, para refugiarse en las clases particulares en su casa, que se convierte en un ámbito de libre pensamiento. Allí, junto a unas pocas alumnas, puede seguir tratando obras de autores fundamentales como Henry James o Jane Austen, de cuya novela, Orgullo y prejuicio, extraen sabias reflexiones.




Para Azar Nafisi y este grupo de mujeres, los libros, son una forma de escapar de la represión dictatorial en el vestido, en el pensamiento; también, de los malos tratos que ejercen sus maridos enterados de sus reuniones; una forma de compartir experiencias y conocimientos personales, acallados por la sociedad. Sin embargo, llega el momento, que no queda otra solución que el exilio, salir del país que una vez abrió las puertas a la esperanza, a un futuro mejor, pero que en ese tiempo lo cercenó de manera definitiva.

MEMORIA RECONSTRUIDA DE UNA MUJER


 

El Museo del Romanticismo presenta la exposición, ADELAIDA, MERCEDES HAUSSMAN Y JORGE SANTIAGO, dentro del Festival PhotoEspaña 2025, que reúne un conjunto significativo de fotografías originales, carte de visite, cabinet y otros formatos entre mediados del siglo XIX y principios del XX correspondientes a la vida de Adelaida, pertenecientes a los estudios más relevantes de la capital y otras de autores desconocidos. De niña retratada por Pedro Martínez de Hebert, hasta de adulta, por los estudios de Eduardo Otero y Manuel Alviach. La podemos observar sola o con su marido y su amplia familia, ya mayor. Otras imágenes de la exposición son ampliaciones de originales antiguos, y en una vitrina podemos conocer los retratos de su marido y sus padres, pertenecientes a la pequeña nobleza y la burguesía de entonces, asociados a documentos originales como su dote de matrimonio, el libro de administración de un edificio en Lavapiés, que le proporcionaba rentas, o las esquelas mortuorias de su marido, Francisco de Arespacochaga y Montoro de 1898, y la papeleta de enterramiento de la propia Adelaida en el patio de San Millán por el año de 1920.



Por si no fuera poco con los documentos expuestos, se exponen un conjunto de supuestas imágenes de la vida de Adelaida, creadas por Jorge Santiago y Mercedes Haussman, mediante IA, que amplían el conocimiento visual de la protagonista, de sus ocupaciones y vida social, pues, además de verla posando para ser retratada por los mejores estudios madrileños desde niña, la vemos desarrollando una vida independiente como viuda, cuando tiene que administrar las rentas que mantienen su estatus social. Nos encontramos, así, de una memoria reconstruida, donde las limitaciones de los documentos originales, son ampliadas por esta potente herramienta digital de nuestros días, desarrollando nuestra imaginación, sin falseamientos innecesarios o deformantes. Subrayar que Adelaida fue una antepasada, familia, de Mercedes Haussman, la propietaria de la colección fotográfica y documental, y coautora de las imágenes digitales, .



TODO POR LA FAMA


 

Nacer en un barrio humilde de clase trabajadora y en un entorno familiar difícil, son lastres para tener un futuro digno o, incluso, alcanzar la fama y la riqueza. Muchos jóvenes en la actualidad han encontrado en las redes sociales y en la telerrealidad, la manera de conseguir un dinero rápido, imposible de alcanzar mediante un trabajo precario y una formación académica. Convertirse en influencer de Instagram o de Tik Tok, proporciona los suficientes ingresos para vivir a todo lujo. Para ello, debes tener un número muy elevado de seguidores, que puedes alcanzar, si encima participas en un reality show, que te proporciona un nombre en este mundo consumista de relaciones humanas. La protagonista de la película, DIAMANTE EN BRUTO, escrita y dirigida por Agathe Riedinger, quiere dejar de vivir marginada, robando en grandes superficies para pagarse las cirugías de su cuerpo, mediante la participación en un programa de telerrealidad.



Liane, la joven protagonista, estuvo en un hogar de acogida, y ahora vive con su hermana pequeña y con su madre con la que se lleva mal, pues no acepta su manera de ser, de mostrarse a los demás, irascible, atrevida, obsesionada por su cuerpo, que pretende ser objeto de todas las miradas y los deseos masculinos. Tiene un perfil en Instagram que alimenta con fotografías y vídeos, que le ha reportado cincuenta mil seguidores, y constantes interacciones de todo tipo, unas de alabanza, y otras de rechazo. Sueña con ser una de las elegidas para participar en el programa, La isla de los milagros. Un deseo que resulta satisfecho cuando un día recibe un mensaje para participar en el casting de selección. Ha sido un camino difícil, pues ha tenido que robar para pagarse la cirugía de los pechos y comprar ropa acorde con sus gustos. Gran parte del tiempo lo dedica a cuidarse la piel y piensa, con el tiempo, hacerse más cirugías para destacar su femineidad.



Para Liane, poseer un cuerpo exuberante es la manera de ser tenida en cuenta, de recibir una mirada en medio de la falta de recursos de un barrio obrero. Ella ha decidido esta forma de actuar, a pesar de recibir mensajes positivos como otros de rechazo. Tiene un joven que pretende emparejarse con ella, y vivir en una casa que está construyendo. Los dos se conocieron en el hogar de acogida, pero Liane no quiere depender de un chico que se dedica a reparar motos. Por sus objetivos distintos a su entorno, llega a reñir con su grupo de amigas, alguna madres trabajadoras. Al final, la fortuna está de su parte al ser admitida en el programa de televisión. En la última secuencia se la ve mirando por la ventana del avión que la lleva muy alto a subir en el escalafón social y alcanzar, con tesón y coraje, la fama.

COSTURERAS DE CINE


 

La sociedad patriarcal, el machismo, ha relegado a las mujeres a un segundo plano bajo los planteamientos masculinos desde tiempos inmemoriales. Hoy luchan por la igualdad, estar al mismo nivel en todos los órdenes, desde el salario y la variedad de ocupaciones, a salir de las ocupaciones domésticas y de las responsabilidades familiares en exclusiva. Además, las mujeres sufren la lacra de la violencia de género, fruto de esa desigualdad impuesta por los hombres. En la segunda mitad del siglo XX, podíamos ver esta discriminación constante, y pocos espacios eran auténticamente femeninos, poblados y dirigidos por mujeres, como el prestigioso taller de vestuario que retrata la película, DIAMANTI, escrita y dirigida por Ferzan Özpetek, que describe los problemas a los que se enfrenta la empresa, y el grupo de mujeres modistas, que tienen que trabajar largas jornadas de trabajo, mientras compaginan su vida personal y familiar.



El director en tiempo actual, convoca a un  grupo de sus mejores actrices para presentarles el guion de su nueva película. Luego, mientras lo estudian y se reparten los papeles, vemos en los años setenta, los entresijos de un taller de vestuario para cine y teatro en Roma. Lo dirigen las hermanas Canova, que aceptan un importante encargo, el vestuario de una película ambientada en el siglo XVIII, a la vez que sacan adelante otros en los que estaban trabajando. Las modistas tienen que materializar los diseños establecidos, aunque desde el principio, la encargada de los trajes, introduce variaciones. Las modistas sufren largas jornadas de trabajo por salarios que apenas les permite vivir. Una de ellas se tiene que llevar a su hijo con ella porque no tiene con quien dejarlo, y además no puede pagarle sus estudios. Otra tiene un hijo adolescente encerrado en su habitación.



Una de ellas sufre maltrato por parte de su marido, que le ha amenazado de muerte si no abandona el trabajo. La sobrina de otra, se refugia de la policía tras una manifestación estudiantil. Por todos estos problemas, las modistas con permiso de las dueñas, se convierten en un grupo de solidaridad femenina, tanto económico, como emocional. Conocemos, igualmente, las historias personales de las dueñas, la de Alberta, que una vez tuvo un novio que la dejó plantada en París, con el que vuelve a encontrarse; y su hermana Gabriella, que perdió a su hija en un accidente. Una comida de empresa, donde clientes y modistas se reúnen, pone punto y final a esta peculiar historia, donde los problemas se resuelven con el apoyo mutuo y la comprensión frente a la discusión y el enfrentamiento. Fruto de ello es el vestido rojo más espectacular de la película, que tienen que trasladar del boceto original en toda una noche, todas las empleadas, que demuestran que las mujeres son como los diamantes, de una resistencia y atractivo singular.

EL OCASO DE UNA BAILARINA


 

La jubilación de cualquier profesión está relacionada con una determinada edad. Si las competencias vienen dadas por la actitud física, ese momento llega antes, que otras en las que prima sus competencias intelectuales. No es lo mismo un deportista de élite, un atleta o futbolista, que un magistrado, profesor o médico, aunque el componente psicofísico es evidente. También influye el paso del tiempo. No es lo mismo una sociedad y los intereses de la población hoy que hace más de treinta años. La persona se mantiene según pasan los años, pero estos efectúan cambios constantes en la realidad y las circunstancias donde se desarrolla una profesión. Es lo que le sucede a la protagonista de la película, THE LAST SHOWGIRL, dirigida por Gia Coppola, que el espectáculo que protagoniza en Las Vegas desde hace más de tres décadas va a ser cerrado por falta de público. Un espectáculo concebido para los gustos del público de finales del siglo XX.



La actriz Pamela Anderson da vida a una experimentada bailarina erótica, Shelly, que ve cómo su vida va a cambiar radicalmente tras la noticia del cierre del espectáculo de la que es la vedette principal. En ese corto periodo de tiempo hace un repaso de su vida junto a otras bailarinas, unas jóvenes y otras jubiladas, que también deben buscarse una alternativa. De hecho la película comienza con la audición a la que asiste para buscarse un nuevo espectáculo, que al final de la película se descubre que es rechazada por su edad, por no requerirse unas actitudes, de ser joven y sexy, de las que hoy carece. La espera, en cambio, a sus cincuenta y siete años, un empleo de camarera o cajera de supermercado. Sin embargo, ella logra reconciliarse con su hija, hoy universitaria, que tuvo de dar en adopción porque no podía cuidarla. Además, se sabe que la tuvo tras una aventura con el director del espectáculo, que nunca se interesó por ella.



Shelly ha vivido durante tres décadas para su espectáculo de Las Vegas. Era lo que deseaba y en lo que se sentía realizada. Ha sido una estrella durante esos años, y eso no lo cambió por nada, ni siquiera por su hija. Hoy llega la retirada impuesta por los empresarios, que ven que ya no interesa al público ver un elenco de mujeres exhibiendo su cuerpo y atrevidos trajes, en medio de luces sugerentes. Quieren espectáculos atrevidos de variedades, próximos al circo. A pesar de su edad, puede compartir trabajo con las más jóvenes, sin desmerecer de atractivo físico. Pero los procesos de jubilación tienen una parte difícil en los que se recuerda los mejores momentos y se es consciente que lo vivido no se volverá a repetir. Se piensa que has seguido ejerciendo una profesión, cuando tu cuerpo y el mundo han cambiado de forma irreversible. Los procesos humanos que se discuten en estos periodos de cambio se muestran sin parangón en la presente película por la que recibió el merecido Premio Especial del Jurado del Festival de San Sebastián.

ESCENAS DE LA POSGUERRA


 

El silencio y la represión se impuso tras la Guerra Civil. La población enmudeció ante las dificultades diarias como la falta de alimentos y los trabajos mal pagados. Un buen número de población se encontraba encerrada en las cárceles. Las calles de los pueblos parecían desoladas; se oían disparos en la lejanía, y los perros ladraban sin control. Sobrevivir era un reto cotidiano. Los apoyos que proporciona la familia eran fundamentales para alcanzar la felicidad en este ambiente de tristeza. Este es el contexto de la película, LA BUENA LETRA, escrita y dirigida por Celia Rico Clavellino, sobre una novela de Rafael Chirbes, centrada en la experiencia de Ana, una madre de familia con una hija, que trata de salir adelante en momentos difíciles, frente a los distintos personajes que le rodean, donde se contrapone generosidad y egoísmo. 



La historia se divide en cuatro capítulos, todos protagonizados por Ana. El primero, relacionado con su cuñado, Antonio, de cual decían que había marchado a Buenos Aires para consolar a la abuela, que le echaba de menos y temía por su vida. Ana, imitando su letra, llega a escribir cartas ficticias dese ese lejano destino. Un día, de repente, vuelve traumatizado, tal vez de la cárcel, pues se tiene que presentar periódicamente ante la Guardia Civil. De todas las maneras, lo supera poco a poco con la ayuda de todos. Le consiguen trabajo, pero su carácter extrovertido e inquieto, no está hecho para las rutinas sin futuro. Por ello, la convivencia se resiente, y decide marcharse. Sin embargo, no tardará en volver, esta vez acompañado de Isabel, a quien había conocido en el puerto de Valencia, que regresaba de Londres, donde había estado trabajando. Este es el segundo capítulo, la relación de Ana con su cuñada, que está embarazada, una mujer independiente según las modas británicas, que no quiere hacer las tareas de casa.



En el tercer capítulo de la historia, vemos la desesperación de Tomás, el marido de Ana, un hombre acostumbrado a la fuerza a un trabajo rutinario y duro, que se emborracha frecuentemente, y apenas se relaciona con su mujer. El éxito de su hermano Antonio, incrementará su dolor y falta de felicidad, sobre todo, cuando se enriquezca con los negocios junto a un amigo falangista. Pasa de ayudarle, a tener que ser ayudado por él, pues apenas tiene dinero para pagar el convite de la primera comunión de su hija. Su entereza personal no lo puede aceptar, y un día, se produce la tragedia. En el último capítulo, Ana se queda sola junto a su hija y la abuela. Viste de negro, y recuerda aquellas palabras de Tomás, que contaban que había marineros que no aprendían a nadar, porque si algún día naufragaban, se hundían más rápido.

LA MUJER Y LA CULTURA LATINA


 

La Casa de América presenta la exposición, LATINA. MUJER, MÚSICA Y GLAMOUR EN GLADYS PALMERA, que reúne un extraordinario conjunto de más de quinientas piezas, entre fotografías, carátulas de discos, carteles, vestidos y otros objetos, que ocupan los tres pisos completos de la entidad, según un peculiar diseño, perteneciente a esta colección levantada por Alejandra Fierro Eleta. Una muestra que pone el foco en la figura de la mujer latina dentro de la industria del espectáculo, con dos implicaciones, una en la consideración femenina, y otra, como afirmación de una identidad cultural propia. De esta manera, se muestra esa figura en una evolución, estructurada en cinco capítulos, desde los años 20, hasta los años 80, en una ambiente de creciente activismo por la emancipación femenina. Un hito en esta evolución se produjo a mediados del siglo XX cuando los ritmos caribeños como el mambo y el chachachá se incorporaron a la industria del espectáculo en EEUU, en pleno florecimiento económico. Se creó en ese momento una estética propia asociada de gran impacto cultural.



El recorrido de la exposición no deja indiferente al visitante que tiene la sensación que entra en un club nocturno, donde se disponen las piezas de manera ordenada y sugerente, pues además de las luces, las cortinas nos cierran y abren los espacios. La presencia de la fotografía es continua, junto a los carteles de cine y las portadas de discos. Entre ellas, encontramos a veces, unos vestidos u otros objetos que forman parten de una imagen estereotipada de la mujer latina, que en una primera etapa, pasa del exotismo afrocaribeño de Josephine Baker, al glamour de Hollywood, que lo aplica a actrices y músicos blancos. A las mexicanas Lupe Velez y Dolores del Río, junto a las actrices Estelita Rodríguez u Olga San Juan, le siguieron con esta estética, las divas, Ava Gadner, Rita Hayworth, y Marylin Monroe. El retrato de estas mujeres se convirtió, entonces, en un género especializado. Empleaba un fuerte claroscuro junto a extraordinarias escenografías y vestuario llamativo, todo con la finalidad de conseguir el glamour necesario. La mayoría de fotógrafos, tanto latinoamericanos como españoles, empleaban este estilo; otros, en cambio pretendían captar una imagen femenina más natural con una perspectiva documental.



En México podemos analizar la evolución de los estereotipos femeninos que difunde el cine y la música. Por un lado se encuentra la mujer empoderada, fuerte, segura y rebelde, que hace frente a un mundo predominantemente machista, cuya mejor representante es la actriz, María Félix; y por otra, en el llamado cine de rumberas, mujeres que encarnan personajes voluptuosos y sensuales que empujaban al hombre a la perdición moral, una perspectiva masculina tradicional y reduccionista. Las fotografías de desnudos y pin-ups, fue un referente de esta corriente. A partir de los años 60, las portadas de los vinilos mostraron una progresiva sexualización del cuerpo femenino. Irrumpía en ese momento el gogó y la salsa, modas que erotizaron el ambiente tropical cuyo reclamo fue el bikini. De todas las maneras, la difusión del feminismo, hacia mediados de los años 70, con artistas como Celia Cruz, permitió el empoderamiento de las artistas latinas, que pudieron controlar su imagen y sus carreras. Surgió, así, la New Latina, más concretamente, la Nueva Canción, que apostó por el compromiso político, en favor de la justicia y la igualdad social. Artistas como Violeta Parra, Chavela Vargas y Mercedes Sosa, rescataron ritmos afroamericanos e indígenas que habían quedado marginados.



PROBLEMAS DE LA SORDERA


 

Tener la discapacidad de la sordera, vivir en un mundo sordo, te impide comunicarte bien con los oyentes, que se desempeñan en el suyo, sin importarles que otras personas no puedan escucharles, la mayoría de las veces por desconocimiento de esa realidad. La lengua de signos permite que estas personas se comuniquen entre ellas, a la vez, que nosotros lo hagamos con ellos. Cada vez es más común ver programas, sobre todo informativos, con un intérprete, que les hace llegar las noticias. No todos los sordos son iguales, pues existen diversos grados de discapacidad, y los avances médicos, están contribuyendo a solucionar los problemas que sufren estas personas en un mundo no suficientemente adaptado para ellas. La película, SORDA, escrita y dirigida por Eva Libertad, trata muchos de ellos, especialmente con los que se enfrenta una persona con discapacidad auditiva en la maternidad.



Ángela y Héctor son la pareja protagonista. Ella es sorda y él oyente. No tienen problemas porque se comunican mediante lengua de signos y haciéndose entender mediante la lectura de labios. Tienen amigos en común, muchos de ellos de la misma condición que Ángela. Tampoco le causa problemas su trabajo como alfarera. También, su padres, desde niña, se adaptaron a sus necesidades, aprendiendo su lengua. Todo cambiará cuando tenga que afrontar la maternidad. Las clases de preparación para el parto, y el mismo momento de tener a su hija, le van hacer sentir mal, por no poderse comunicar bien con las enfermeras y médicos. Para superar estas situaciones, estará Héctor, para poderse entender mediante signos, aunque no será suficiente, y en todos los momentos. Podría utilizar audífonos en los oídos, pero le causan fuertes distorsiones que no soporta.



Ángela y Héctor antes del parto consultaron si su hija sería oyente o sorda. Había posibilidades de tener discapacidad, pero la protagonista nació oyente, y luego se volvió sorda, y sus padres eran oyentes, pero con familiares de esa condición. La buena noticia fue que la niña era oyente, lo que causará un problema importante entre ellos. Héctor será quien poco a poco se ocupe de su hija, pues parece que se comunica mejor con la cría, lo que provoca que Ángela se sienta apartada de la crianza. Ese es el conflicto esencial, pues su mundo es sin sonido, como la directora nos muestra dramáticamente en las secuencias finales de la película, para que el espectador tome conciencia de lo que siente Ángela. Una situación conflictiva que se resolverá cuando observe que la niña, a la vez que aprende a hablar, le hace caso con el empleo de la lengua de signos, que también va adquiriendo poco a poco, valorando, así, su rol como madre.

LOS DRAMAS DE LA INDIA


 

La igualdad es una condición necesaria para la democracia. Si ésta no existe o se encuentra reducida al mínimo, los problemas se suceden en la sociedad. Lo mismo podríamos decir de la libertad o del bienestar económico de la población. Sin el desarrollo de estos elementos interrelacionados, el progreso general, se ve lastrado por las estructuras tradicionales, que una y otra vez, condicionan la vida de las personas. De hecho, son la causa que impiden la consecución del bienestar. Una situación similar lo observamos en la India donde las tradiciones y la revolución tecnológica conviven con la pobreza y la desigualdad. Este es el contexto de la película, SECRETOS DE UN CRIMEN, escrita y dirigida por Sandhya Suri, que trata sobre los problemas con los que se encuentra una mujer policía para resolver el crimen de una niña de una casta inferior en una zona rural. Unas dificultades que muestran los métodos de la propia policía como en el poder de las clases propietarias, en medio de un enfrentamiento latente entre comunidades hinduistas e islámicas.



Santosh es una joven viuda que va a trabajar en la policía como herencia del puesto de su marido que ha fallecido en una manifestación. Una opción del gobierno para aquellas mujeres que se quedan sin la protección económica del matrimonio. Necesitan a las mujeres para ocuparse de los asuntos específicos que las afectan en un cuerpo ocupado por hombres con sus propios criterios. Será en principio una simple alguacil de apoyo a otras policías. Pronto descubre la falta de medios, las corruptelas diarias, y los castigos más propios de la antigüedad que del siglo actual, en medio de la pobreza generalizada de la población. Pero el caso de una niña desaparecida primero, y luego encontrada muerta en un pozo tras ser violada y asesinada, le informará de las trabas para ejercer su trabajo con dignidad y respeto a la verdad. La inspectora Sharma se ocupará del problemático caso, tras ser despedido el anterior inspector por desidia en la investigación. El móvil de la víctima conduce a un joven musulmán que había conocido en el mercado.



Después de varias averiguaciones, descubren que el joven se ha trasladado a otra ciudad donde le apresan. Santosh, junto a su jefa, recibirán por ello las felicitaciones de las autoridades. Sin embargo, tal éxito se volverá malestar, cuando el acusado sea una y otra vez torturado para que confiese, incluso sin dejarle hablar, para finalmente morir. La inspectora trata de encubrir el error haciéndole pasar como una muerte por suicidio, pero las autoridades la suspenden, tras responsabilizarse de lo sucedido. Santosh, al margen, descubre por el móvil del acusado que era inocente, y su relación con la víctima, de amor. Entonces, investiga el entorno rural de ella, que le lleva a averiguar que en los días de su asesinato, había visitado la casa de los propietarios de la zona, donde tal vez perdiera la vida, por un grupo de personas acomodadas, acostumbrados a ejercer la violencia contra los jornaleros y las castas inferiores. Ante tamaña injusticia y los procedimientos de la policía, expresión de una sociedad desigual donde se evidencia la diferencia entre ricos y pobres, musulmanes e hindúes, mujeres y hombres, decide abandonar el trabajo y el mundo rural empobrecido, y cambiar de vida en la gran ciudad.

FOTÓGRAFA DE GUERRA



La Segunda Guerra Mundial supuso un antes y un después para la gobernanza del mundo y la consideración de los derechos humanos. El grado de crueldad de la lucha y las muertes de civiles por el conflicto bélico o la represión habían alcanzado un nivel jamás visto. Las personas tardaron mucho tiempo en poder asimilar lo que habían experimentado o conocido en aquellos tiempos. Los fascismos dejaron un reguero de víctimas fruto del racismo y la extrema violencia, sin atenerse a un mínimo grado de humanidad o sistema legal, sólo el afán de conquista y sometimiento de los pueblos por una ideología extrema. En algunos países se impuso el silencio, dejar los traumas atrás para poder superarlos, en otros, en cambio, se mostró al público las imágenes de las atrocidades de la guerra. Una de la fotógrafas que contribuyó a informar fehacientemente fue la protagonista de la película que lleva su nombre, LEE MILLER, dirigida por Ellen Kuras, basándose en la biografía escrita por su hijo Anthony Penrose, que llegó a conocer de sus propias palabras antes de fallecer en 1977.



Lee Miller ya era conocida como prestigiosa fotógrafa y modelo cuando empezó la guerra. Había estudiado arte en Nueva York, para ser luego imagen reputada de moda en los años veinte. Su carrera se consolidó en París cuando fue amante y colaboradora de Man Ray. Perteneció al grupo surrealista y a su círculo de amigos, donde conocería a su segundo marido, el crítico y coleccionista de arte, Roland Penrose. En este momento comienza la película, cuando el grupo artístico pasa el verano de 1938 en Mougins, al sur de Francia. El segundo momento, es en Londres después del comienzo de la guerra, trabajando como fotógrafa para la revista de moda, Vogue. Da a conocer la ferocidad y la destrucción de los bombardeos nazis, pero quiere comprometerse más con su nuevo trabajo de fotoperiodista. A causa que los ingleses no mandaban mujeres al frente, se alista con el ejército norteamericano. De esta manera, la vemos en las costas de Normandía, fotografiando a los heridos hasta que consigue el permiso para acercarse a los combates, tras las dificultades impuestas por ser mujer.



Junto al fotógrafo de la revista Life, David Scherman, realizará un recorrido tras las ruinas materiales y humanas de las batallas militares. Captará con su cámara las represalias contra las mujeres colaboracionistas, la entrada triunfal en el París liberado, los cadáveres de fusilados, de los nazis después del suicidio, y lo más atroz, los muertos y las torturas, en trenes de carga y en campos de concentración. Así, en un barracón de prisioneros encontrará un grupo de mujeres, entre ellas, una niña que se asusta de su presencia a la que retratará. Le recordará su propio trauma vivido cuando era de su edad. Finalmente, en Alemania, a punto de claudicar el régimen hitleriano, logran entrar en su apartamento, y meterse en su propia bañera. Una vez de vuelta, sabemos que la revista Vogue de Londres, no le publicará sus fotos. Pretendía no recordar a la población tamañas crueldades y pasar página de la guerra. Si lo haría en 1945, la revista hermana norteamericana. 



Por otra parte, la historia se presenta como una entrevista realizada por un joven a Lee Miller, que le cuesta contar lo vivido en las fotos que estaban olvidadas en viejas cajas de cartón. Un flash back en distintos momentos temporales. Luego sabemos que era su propio hijo fruto del matrimonio con Roland Penrose, ya sin su madre en la casa familiar. Lo interesante de la película es el empleo de fotos reales para desarrollar las escenas, que observa el espectador en los títulos de crédito. Unas fotos que son comparadas con aquellas supuestas tomadas en la ficción. Lo cierto es que esta biografía de Lee Miller, el aspecto humano prima sobre el detalle de unas imágenes, que si bien articulan el relato, carecen de una determinación más precisa de los lugares visitados, que tal vez se da ya como conocida o no es tan relevante para el mismo.