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EL PRADO EN EL SIGLO XXI


 

El Museo del Prado presenta la exposición, PRADO. SIGLO XXI, que realiza un recorrido por la importante transformación llevada a cabo en el museo en el presente siglo, la más relevante de su historia, que viene respaldada por su relevante pasado, pero que mira constante su adaptación a los cambios del presente y prevé el futuro. Una institución que no es estática, sino en constante transformación de acuerdo a los nuevos tiempos. Las cifras, de entrada, son contundentes: unos tres millones y medio de visitantes en 2025, y casi un millón y medio de seguidores en las redes sociales; apertura de puertas 362 días al año; más de 14.000 obras adquiridas en estos 25 años, así como más de diez mil volúmenes de fondo antiguo y setenta y un mil monografías y revistas incorporadas; más de 250 exposiciones temporales en la propia sede, y más de 300 libros editados y publicados, entre otras cifras relevantes. A ello se une una ampliación de espacios y edificios extraordinaria que se culminará con la incorporación del Salón de Reinos para conformar el Campus Prado que implica modificaciones en el urbanismo madrileño.



La exposición se articula en cuatro ámbitos distribuidos en dos salas, que reúnen 98 obras entre pinturas, esculturas, estampas, dibujos, fotografías, libros y documentos de archivo, así como paneles explicativos, sobre distintos aspectos concretos de la gran transformación de los últimos años. El museo ha tenido una acertada política de adquisiciones de piezas desde el siglo II hasta comienzos del XX. Desde un retrato en mármol del emperador romano Marco Aurelio, hasta otro en pintura de Picasso, junto a escultura y pintura medieval, obtenidas mediante compras del propio museo, compartidas con el Ministerio, o a través de donaciones, legados o micromecenazgo. Un crecimiento de la colección que ha incorporado dos pinturas de Velázquez, y otras de El Greco, Zurbarán, José de Ribera, Alonso Cano, como esculturas de Juan de Mesa y Luisa Roldan. En el siglo XVIII, tenemos la incorporación relevante del retrato de José Nicolas de Azahara, de Antonio Rafael Mengs, y al final de siglo, el relevante retrato de La condesa de Chinchón de Goya, así como dibujos y documentos del autor aragonés.



El siglo XIX y XX ha sido potenciado con significativas adquisiciones como el Díptico con 42 vistas monumentales de ciudades españolas de Genaro Pérez Villamil, junto con cuadros de Federico Madrazo, Mariano Fortuny, Martín Rico, Darío de Regoyos, Joaquín Sorolla, y Ramón Gaya. Entre tanto en el recorrido se nos informa de los cambios en el diseño de las cartelas de las obras a lo largo del tiempo, de las mismas entradas, contribución esencial a la financiación de la institución, de los sistemas de iluminación y control de la temperatura. El tercer ámbito está dedicado a las nuevas líneas de enriquecimiento para una colección en evolución, que se centran en distintos apartados como en piezas relacionadas con el proceso creativo, ya sean dibujos, cuadernos, estampas, bocetos y tratados artísticos. También se ha puesto el objetivo de reunir miniaturas en diversos soportes; pinturas realizadas por artistas mujeres, que han estado silenciadas dentro de la historiografía; además, la creación de una colección de fotografía relacionada con las obras y artistas del Prado; y, unido a la organización del Área de Biblioteca, Documentación y Archivo, con sede en el Casón del Buen Retiro, la adquisición de numerosos fondos de todo tipo, desde libros hasta documentos.



El último ámbito de la exposición se ocupa de las áreas de actuación de un museo moderno, que nos informa de la labor relevante llevada a cabo por el Área de Edición del Museo del Prado, tanto a nivel cuantitativo como cualitativo; el trabajo del Centro de Estudios para la formación e investigación en historia del arte y museografía; del prestigio y la necesidad de los servicios de Restauración y Documentación técnica y Laboratorio; de la difusión de las colecciones por parte del área de educación; de la interacción con las instituciones que tienen en depósito obras fuera del museo; de los proyectos que llevan reproducciones de las principales pinturas a las calles de nuestro país o fuera de nuestras fronteras; y la comunicación en redes sociales.



SOROLLA Y LA FOTOGRAFÍA


 

La actual exposición con motivo del centenario del pintor Joaquín Sorolla que se expone en la Galería de las Colecciones Reales, muestra un cuadro dedicado al fotógrafo valenciano Antonio García Peris. Sabemos que le pintaría en varias ocasiones junto a su mujer. La razón es que fue su amigo y mentor en sus estudios de pintura, pues él también lo era, y que le introduciría en los círculos artísticos. Además, le contrataría siendo joven como ayudante en uno de sus estudios que tenía en el centro de Valencia, dedicados principalmente al retrato de la burguesía. Posteriormente, Sorolla se casaría con su segunda hija, Clotilde, convirtiéndose, en su suegro. Por ello, la existencia de un número de testimonios gráficos de la juventud y de la familia del afamado pintor, se debe primero al trabajo de éste, y luego al interés de Sorolla por el medio fotográfico que conservó a lo largo de su carrera.



El fotógrafo Antonio García Peris, además de suegro de Sorolla, fue un auténtico padre por la condición de huérfano del pintor. Las dos carreras, la de fotógrafo de uno, y la de pintor, de otro, se cruzaron, entonces. El primero ya era un profesional de prestigio desde mucho antes de conseguir la Medalla de la Exposición Nacional de Fotografía de 1905, cuando en los años ochenta cubrió el viaje de la Reina Regente a la ciudad, o alcanzó el éxito como retratista diez años antes. Joaquín Sorolla alcanzó la cima de su fama hacia 1900 al ser reconocido a nivel nacional e internacional en las exposiciones y salones de media Europa. Su estilo, como fue normal a finales del siglo XIX, entre la mayoría de los pintores, se vio influido por la fotografía. Sus composiciones así lo demuestran, como si los ojos del artista captaran las escenas a través de las lentes de una cámara. También reconocía su empleo al retratar personajes con una ellas en sus manos, como ese cuadro, en la citada exposición madrileña donde una joven es pintada en un paisaje al lado del mar Cantábrico.





EL ARCHIVO DEL CONDE DE ORGAZ


 

El estudio y el conocimiento histórico se fundamenta en los documentos escritos. Su existencia permite conocer el pasado de manera más fidedigna desde la historia antigua hasta la contemporánea. La Biblioteca Nacional presenta la exposición, EL ARCHIVO DEL CONDE DE ORGAZ. UNA VENTANA A LA HISTORIA, que muestra la riqueza de un conjunto conservado en manos privadas hasta la actualidad. A ello contribuyeron los sucesivos propietarios, especialmente, del fallecido conde de Orgaz, D. Gonzalo Crespí de Valldaura y Bros-Ladrús, un auténtico mecenas, miembro de la Real Academia de la Historia, presidente de la Asociación Internacional de Bibliófilos, y de varias fundaciones como la de Amigos de la Biblioteca Nacional, para la que la presente muestra, sirve de homenaje. Un conjunto que se extiende en el tiempo desde la Edad Media, la formación de los reinos cristianos, hasta la creación de la Monarquía Hispánica y su evolución según los avatares de la historia hasta el siglo XIX.



Esta pequeña, pero interesante exposición reúne documentos valiosos, pinturas, grabados e incluso fotografías. Podemos observar un conjunto heterogéneo fruto del azar y los enlaces matrimoniales de distintas casas que confluyeron en una, como fue habitual en la trayectoria de la aristocracia, que evidencia un extenso patrimonio vinculado, luego propiedad privada, que en el siglo XIX, superaba los tres mil bienes inmobiliarios. De hecho el último representante homenajeado, fue XX conde de Orgaz, XVIII conde de Castrillo, y XIII conde de Sumacarcer, las villas de ese nombre donde se asentaba el título. También fue grande de España y hábito de la Orden de Malta. Tuvo numerosos privilegios que fortalecieron los mayorazgos concedidos por los reyes, gracias a los servicios prestados en la administración estatal, por lo que este conjunto es de suma importancia para la historia política y social.




La exposición se presenta en seis secciones que nos informan de los aspectos más relevantes: Señoríos y mayorazgos, Moriscos y judíos, Una familia al servicio de la Monarquía, Santa Teresa, La llave de Gentilhombre y el Carlismo. El visitante se encuentra con vitrinas donde se exponen los documentos, complementados con pinturas e imágenes en las paredes. Un texto explicativo desarrolla cada una de las secciones temáticas. Conocemos al principio, la relevancia del régimen señorial, que se instituyó en la Península desde la Edad Media y duró hasta el gobierno de Isabel II. El archivo muestra la historia de este régimen en todas sus etapas y en diversos territorios. Así, Fernando III el Santo concedió el privilegio de la villa de Orgaz y otros lugares toledanos al primer conde. Las minorías religiosas, moriscos y judíos, se las obligó a convertirse bajo amenaza de su expulsión. Las casas nobles tuvieron que administrar, por tanto, poblaciones con leyes y lenguas diferentes. Los documentos nos hablan de la sharia islámica y de la huella hebrea en escritos únicos. También, cómo familias que fueron de origen converso, consiguieron títulos nobiliarios.



El archivo documenta de forma relevante el servicio a la Monarquía. Son destacados, de esta manera, los servicios del conde de Castrillo en el siglo XVII, durante el reinado de Felipe IV y Carlos II, del cual se conserva su diario como presidente del Consejo de Aragón. Diferente es la sección dedicada a Teresa de Jesús, que permite analizar la difusión de la alfabetización de la población tras la invención de la imprenta, debido a que el titular del mayorazgo de Guzmán, estaba casado con la hermana mayor de la santa. Se exhiben, así, cartas de sus hermanos, de ella misma y de otros allegados. Sorprende al visitante, la riqueza de la colección de privilegios rodados, que fueron documentos solemnes en pergamino que contiene la concesión de privilegios, emitidos por la cancillería real castellana, por orden del rey, bajo aprobación de los nobles reunidos en Cortes. Se extienden desde el siglo XII hasta el XV, y destacan aquellos que afectan a la actual Comunidad de Madrid. 



Finalmente, los condes de Orgaz fueron próximos al rey, y le sirvieron en palacio. Para ello recibieron la insignia de gentilhombres, una llave que simbolizaba la entrada al mismo. Sin embargo, la casa fue reacia a servir a una monarquía liberal o constitucional, perdiendo este privilegio por su apoyo al carlismo, cuyos ricos documentos demuestran la trayectoria de este bando realista conservador, concretado en tres enfrentamientos bélicos. Durante sesenta años permanecieron en la oposición al régimen hasta el restablecimiento de su relación en el reinado de Alfonso XIII, ya en el siglo XX.

ALEMANIA ENTRE GUERRAS


 

El Caixaforum de Madrid presenta la exposición, TIEMPOS INCIERTOS. ALEMANIA ENTRE GUERRAS, sobre el periodo bajo el régimen de la República de Weimar, entre 1919 y 1933. Un periodo convulso de crisis económica y social, pero a la vez profundamente democrático, de desbordante creatividad cultural en todos los ámbitos. La muestra hace una explicación sobria y pedagógica del periodo, primero desde el punto de vista histórico, luego económico, para centrarse en distintos apartados específicos que merecen una precisa puntualización. Fue un periodo que arranca y termina de la misma manera a través de una trinchera de altos muros negros donde se proyectan, primero el número de muertos y heridos de la Primera Guerra Mundial, y al final, las cifras incrementadas del segundo conflicto internacional. Antes, se conoce la deriva totalitaria de Alemania con el ascenso de Hitler al poder que provoca la creación de una dictadura. De esta manera, podemos conocer, con amplio conjunto de pinturas, esculturas, fotografías, documentos escritos y sonoros, películas originales, vídeos y maquetas, éste rico periodo.



Alemania cayó derrotada por los aliados en noviembre de 1918. Las consecuencias no se hicieron esperar. El Kaiser abdicaría y el régimen se convertiría en una república parlamentaria que tuvo que hacer frente a la revolución comunista liderada por Rosa Luxemburgo. La constitución de 1919 establecería un Estado plenamente democrático regido por el sufragio universal y la defensa  de los derechos de la libertad e igualdad. Sin embargo, tuvo que hacer frente desde el principio a fuertes problemas sociales a causa de la crisis económica producida por las reparaciones de guerra establecidas en el Tratado de Versalles y cuyo síntoma más importante fue la hiperinflación. Una crisis que finalizaría en 1924 debido al apoyo mediante créditos de EEUU. Se iniciaba una época dorada hasta 1929, cuando se produce el famoso crack bursátil, que implicaba la retirada de las inversiones norteamericanas, que se tradujo en millones de parados. 



La exposición tiene varios apartados que nos ofrecen un retrato preciso de la importancia en todos los ámbitos de los 14 años que duró la República de Weimar. Un valor para entender el pasado, como nuestro presente, y el mismo futuro. La Gran Guerra dio fin al llamado mundo de ayer, denominado por el escritor Estefan Zweig. También a ese apogeo de la burguesía descrito por Thomas Mann. Se abría un tiempo de confrontación entre el individuo y la masa que se movilizaba para conseguir sus reivindicaciones. El cine expresionista, propio del periodo, trata de la manipulación de las colectividades. Walter Benjamín subrayó la estetización de la política del fascismo, así como de la politización del arte del comunismo. Las obras artísticas del periodo son un reflejo de ello. La sociedad democrática está asediada por la desigualdad económica. La riqueza de unos y la pobreza de la mayoría. Bertolt Brecht llegó a afirmar que el arte no es un reflejo de la realidad, sino un martillo para darle forma. Por otra parte, este periodo de libertad lo es de empoderamiento de la mujer y de considerar otros roles de género.



Llegada la estabilidad económica se impuso en la representación pictórica la llamada nueva objetividad, el realismo, frente al expresionismo y el radicalismo dada de los primeros años después de la guerra. También influye el constructivismo ruso con su lenguaje abstracto. La experiencia más significativa de la República de Weimar fue la escuela, primero de arte, luego técnica de la Bauhaus. Una escuela que desde el principio unió el saber teórico con el práctico, llevado a cabo por relevantes artistas. Posteriormente, en la nueva sede de Dessau se transformó en un centro de diseño dirigido a la industria. La llegada de los nazis al poder, y con Mies Van Der Rohe como director se centraría en la arquitectura hasta su cierre. Podemos conocer en la exposición los productos innovadores formalmente que salieron de ella. Son representativos del diseño funcional contemporáneo. Por otra parte, la música mostró su vertiente más innovadora y transgresora con el dodecafonismo de Schönberg y el teatro musical del dramaturgo Bertolt Brecht y el músico Kurt Weill.



La ciencia, además amplió el determinismo del principio, causa-efecto, por las aportaciones de la teoría de la Relatividad de Einstein, y sobre todo del principio de incertidumbre de Heisenberg desde de física cuántica. Esta situación se ve reflejada en la confrontación filosófica entre Ernst Cassirer, de carácter neokantiano, que sigue la tradición ilustrada de la modernidad, por el que el ser humano es un animal racional, que sigue los valores universales de la humanidad: libertad, moralidad y racionalidad, opuesto a su cuestionamiento por Martin Heidegger, que los cuestiona en favor de la angustia existencial, donde no existe nada permanente, regido por la incertidumbre, donde destaca la ilusión y el autoengaño. Dos maquetas ilustran ambas posturas. En una la bola recorre el trayecto condicionado por el trazado dirigido a un fin, en otra se pierde en múltiples vericuetos. La muestra termina con el fin del sueño democrático al llegar Hitler al poder, que propicia la persecución de los opositores y de todas aquellas ideas contrarias a su ideología totalitaria. Un sueño que, por tanto, produce monstruos, aquellos que Goya llevó al grabado más de un siglo antes, y que pueden contemplar los visitantes.



El recorrido de la exposición acaba resaltando el parecido entre el periodo histórico de Weimar y el mundo, porque aquellas tensiones que vivió, las tenemos de alguna manera hoy. Vivimos en un mundo en constante cambio que alumbra un futuro distinto. Sentimos la incertidumbre de este presente en constante transformación. Debemos saber como afrontarlo. No debemos caer en la angustia y el miedo. Las soluciones se encuentran en la reflexión, el debate, la escucha y la participación.


UNA IMAGEN REAL DE LA MUJER


 

El Círculo de Bellas Artes de Madrid organiza la exposición, ANTIFÉMINA. COLITA, una muestra sobre el libro que la fotógrafa catalana junto a María Aurelia Capmany publicó en 1977 en plena Transición. Empleaba textos de la escritora e imágenes tomadas de sus numerosas colaboraciones con publicaciones, y aquellas captadas de la calle en un momento fundamental de la historia del país previa al fin de la dictadura franquista, entre 1962 y 1975. Reivindicaba la situación marginal de la mujer, relegada al hogar, a las llamadas sus labores, la cocina y la limpieza de la casa o a coser. La situación de la mayoría, frente a un reducido grupo al que se podía adjudicar el adjetivo de femenino. Fue un libro feminista de dos mujeres comprometidas con la igualdad, aunque las fotografías fueron tomadas como reflejo de una sociedad. 



El libro fue publicado en la Editora Nacional con tres mil ejemplares, tras ser rechazado por otras editoriales. Los cambios en la dirección de la misma y su contenido en favor de la igualdad, causaron su retirada de las librerías. En 2021, fue nuevamente editado, y ahora en forma de catálogo de la presente exposición. Las fotografías de la publicación se pueden ver expuestas, organizadas en pequeños apartados con textos. Aluden a la soledad de la mujer en la niñez y en la vejez; a su destino en el matrimonio para tener descendencia; al trabajo en el hogar principalmente, pues es el hombre el que hacer un trabajo con mayúsculas; a aquellas mujeres disfrazadas, como las bailarinas de los desfiles festivos; unas mujeres que acosan en la vida diaria a través del piropo; otras, refugiadas en la religión y apartadas en los conventos.



Colita presenta en otros apartados a mujeres especialmente marginadas, las prostitutas ejerciendo una profesión arriesgada, o a las mujeres gitanas con fotografías captadas en el barrio de Somorrostro. La sociedad patriarcal de consumo se focaliza en el cuerpo de la mujer, que resulta troceado a la vista del espectador, hasta convertirse en cosa como lo interpreta una modelo de moda. Un espacio de la exposición se centra en las autoras. Nos da a conocer sus biografías. Una comprometida con el feminismo desde la izquierda; la otra, su formación entre los más insignes fotógrafos de su generación, y luego compañeros, que reflejaron las turbulencias políticas y sociales de los setenta. Luego, una recapitulación de sus numerosos trabajos en revistas y libros de fotografía. Finalmente, una entrevista realizada en la época, que nos explica la historia y los objetivos de aquel libros, ahora nuevamente recordado en un ejercicio sincero de memoria.




EL FOTÓGRAFO Y EL MITO


Tanto el fotógrafo Dennis Stock como James Dean eran en 1955 dos jóvenes desconocidos. El primero trabajaba de freelance para diversas publicaciones, principalmente en el plató de los grandes rodajes en Los Ángeles. El segundo, acababa de terminar su primera película, Al Este del Edén de Elia Kazan. Vivía en California y tenía como amante a la famosa actriz de la época, Pier Angeli, pero añoraba los amigos y la ciudad de Nueva York. La Warner, incluso sin estrenar su primera película, le ofreció convertirle en estrella si cumplía sus normas.


Una noche en la fiesta de Nicholas Ray, que estaba haciendo el casting para la película Rebelde sin causa, el fotógrafo conoció al actor. Unos días después, tras mostrarle su trabajo, le pidió si quería posar para un reportaje. Tenía intención de captar imágenes de manera no convencional con una intención artística. No quería ser un fotógrafo de estudio y vió una oportunidad en este peculiar y prometedor actor. Éste era reacio a dejarse fotografíar. Odíaba el mundo superficial y vanidoso del cine, por el más introspectivo e intelectual de la Ciudad de los Rascacielos.


James Dean le ofreció al final su amistad, pero el comportamiento inestable del actor, no se adecuaba a los tiempos de trabajo de las publicaciones. Dennis Stock necesitaba dinero para enviárselo a su exmujer y a su hijo, y las primeras imágenes que captó de aquél, no fueron aceptadas por la agencia, ni por la revista Life que las pensaba publicar. El punto de inflexión fue una mañana lluviosa en el que se citaron en un cine de Times Square y donde se logra la complicidad necesaria entre los dos protagonistas. En ella surgieron imágenes como la que aparece al comienzo de este texto.


Dennis Stock estaba en lo cierto. James Dean era un buen objetivo para cualquier fotógrafo que quisiese trabajar en el ámbito documental artístico. De hecho, a partir de ese día, a pesar de las dificultades económicas y personales que le surgen, de las reticencias normales, decide acompañarle a su pueblo de origen en Indiana, donde convivirá con él y su familia. Todo un privilegio como se verá en el futuro. Las fotografías fueron publicadas por Life unos días antes del estreno de Al Este del Edén, y siete meses antes de la muerte del joven actor de 24 años en un accidente de tráfico, convertido ya en un mito de la cultura popular, tras protagonizar tres películas memorables.


La película no cuenta toda la vida de Dennis Stock, sino el tour de force de la relación con James Dean y la elaboración del reportaje para la revista de un perfecto actor desconocido. La película LIFE, por tanto, dirigida por Anton Corbijn, fotógrafo también de cantantes como U2, Tom Waits y Depeche Mode, trata de manera brillante sobre la fotografía en tanto que arte, de las enormes dificultades de pasar de lo artesanal o profesional de la actividad a ser considerado como un verdadero artista. También nos proporciona información de su manera de trabajar, la búsqueda del momento oportuno, de la composición, de la relación con el modelo. Dennis Stock falleció en 2010 tras una larga trayectoria, haciendo lo que más le gustaba, aunque no llegó a ser número uno como los fotógrafos, Robert Frank o Eugene Smith.

LA FOTOGRAFÍA DE GARRY WINOGRAND

Nueva York, 1962
El público interesado en la fotografía se puede sentir satisfecho por la exposición retrospectiva que organiza la Fundación Mapfre dedicada GARRY WINOGRAND en la que se reunen más de doscientas obras, entre copias de la época y actuales, unas 80, realizadas expresamente para este evento. Aproximadamente la mitad de las fotografías que se presentan nunca habían sido publicadas ni expuestas. Hay que indicar que al artista le interesaba más la acción de captar las imágenes, que revelarlas, editar libros o concebir exposiciones, de ahí la importancia de esta muestra.

Exposición Universal de Nueva York, 1964
El artista neoyorquino murió en 1984 a la edad de 56 años dejando 6500 carretes sin revelar, que el mismo nunca llegó a ver, además de hojas de contactos que marcó pero nunca positivó. Un extraordinario legado centrado en las gentes que pueblan las calles, en un instante concreto de sus actividades cotidianas. Si en un principio se dedicó al fotoperiodismo, luego siguiendo  el ejemplo de Robert Frank, comprendió la actividad fotográfica como artística. Más que ocuparse de lo que ocurre en el entorno urbano, le interesaba más las personas que miran lo que sucede.


La exposición se organiza en tres secciones. La primera se titula Bajando desde el Bronx, que muestra las fotos tomadas  en Nueva York desde 1950 hasta 1971. La vida urbana del Midtown en la década de los sesenta queda interpretada tras la cámara del artista. La segunda sección, durante la misma época, se llama, Un estudiante de Norteamérica, que recoge las tomadas fuera de aquella ciudad. Finalmente, la sección, Auge y crisis, que abarca desde 1971 hasta su muerte centrada en Texas y Los Ángeles. A lo largo de este periplo la mirada de Winogrand cambia hacia un mayor pesimismo.



El artista apuesta por una imagen en blanco y negro que capta el instante de lo que sucede desde una visión esencialmente subjetiva. En muchas de ellas se entromete entre el grupo humano sin importarle el movimiento particular del mismo que el no llega a interrumpir. Otras veces la mirada se produce desde lejos en plano general. Son momentos significativos que alcanzan la categoría de arte. Algunas fotografías retratan entornos de sucesos que acontecieron en el pasado. Convenciones políticas o manifestaciones de todo tipo, donde él parece más interesado en los personajes anónimos y en los acontecimientos más triviales, que en lo que da relevancia al acto.

Los Ángeles, 1964

La fotografía, por tanto, de la mano de Garry Winogrand, alcanza la cualidad artística de la transformación poética de la realidad cotidiana, que en apariencia se nos muestra objetiva. Personas anónimas, edificios, calles, playas o muelles son tomadas por la cámara como si ese momento o lugar pudiera dejar de existir. Entonces, el espectador, por una parte se sorprende ante lo que puede observar, y por otra, se siente agradecido al artista por el esfuerzo puesto en registrar de la forma más bella, aquello que no se volverá a repetir.

HISTORIA DE LA PINTURA Y LA FOTOGRAFÍA

El Laoconte, James Anderson,1855-65/Hombre con tatuaje II, R. Learoyd, 2011
El CaixaForum de Madrid organiza la exposición SEDUCIDOS POR EL ARTE. Pasado y presente de la Fotografía en la que se responde a la pregunta de la relación existente entre la historia de la pintura, las primeras fotografías y la obra de los fotógrafos actuales más innovadores. Reune unas 130 obras basicamente fotografías y pinturas, aunque también, dibujos, grabados, videoinstalaciones y esculturas. Desde la invención de la fotografía en la primera mitad del siglo XIX, los pintores se sintieron atraidos por el nuevo medio, y este a su vez, mostró admiración por los grandes maestros de la pintura y los suyos contemporáneos, donde encontraron, los temas, los personajes, y referencias visuales, que asumieron como propios y ayudaron a configurar un lenguaje original.
La exposición se organiza en diferentes espacios según los géneros tradicionales: La puesta en escena; los temas religiosos; La guerra; El retrato; El cuerpo; El paisaje, y Las naturalezas muertas. En ellos los grandes maestros del Renacimiento, del Barroco, y del siglo XIX, que se muestran como Turner, Gainsborough, Delacroix, Ingres, Fantin Latour, dialogan con artistas contemporáneos de la categoría de Thomas Struth, Craige Horsfield, Richard Learoyd, Rineke Dijkstra, Martin Parr, Pierre Gonnord, José Manuel Ballester, entre otros, donde está presente la deuda con los fotógrafos pioneros como, Julia Margaret Cameron, David Octavius Hill, Roger Fenton, David Octavius Hill, Robert Adamson, y Gustave Rejlander.
M. Broadhead, Mantenlos dulces, 2010/Simon Vouet, La riqueza
Constituyen un diálogo fructífero por el cual estos primeros fotógrafos se dejaron seducir por la pintura y trataron de igualar su efecto en el espectador, captando paisajes, figuras humanas de todas las edades, el desnudo masculino y femenino, ahora sin el aspecto tan idealizado del academicismo, con mucho éxito entre la clientela, las naturalezas muertas y sobre todo el retrato, género que estimularía, más si cabe que los demás la proliferación de la imagen fotográfica. Ésta se pondría al servicio del arte para que el pintor tuviese de manera constante la referencia precisa de un modelo, una escena urbana o rural, un desnudo o un conjunto de objetos, sin estar ellos enfrente. Ayuda a preservar y difundir el gran arte clásico. También resulta una inspiración mutua que abre nuevas perspectivas y cierra otras en cada uno de los ámbitos. Igualmente revitaliza y estimula la fotografía contemporánea que evoca la seducción de las obras decimonónicas o barrocas, de la pintura romántica de Delacroix o la obra genial de Goya.