EL MEJOR AMIGO


 

El perro es el mejor amigo del hombre. Desde tiempos prehistóricos está presente a su lado. Primero asociado a las actividades agrícolas y ganaderas, como un trabajador y vigilante más, a ser una compañía constante en su vida, un auténtico hijo y familiar en nuestros días. Incluso forman parte de la policía o el ejército por sus capacidades de lucha o de detección por su sentido del olfato y oído. Puede ser un compañero imprescindible y un apoyo constante para el día a día de las personas discapacitadas, o simplemente solitarias que necesitan su ayuda en caso de peligro. Es lo que le sucede al protagonista de la película, EN EL CORAZÓN DE LA BESTIA, dirigida por David Ayer, un antiguo miembro de las Fuerzas Especiales norteamericanas retirado que tiene una relación imprescindible con el perro de combate Odin, también retirado, tras muchas batallas en el frente de Afganistán. Ambos tienen numerosas cicatrices tanto físicas como psicológicas tras haber sufrido numerosas penalidades que les producen a menudo pesadillas y recuerdos extremos.



La película cuenta su último episodio de amistad y compañerismo en los bosques perdidos de Alaska. Allí viajan los dos en una avioneta para disfrutar del silencio de la naturaleza y de la soledad. Acampan primero a lado de un lago donde pasan el tiempo dedicados a la caza y la pesca, a descansar e intentar recuperarse en medio de la nada de sus dañinos recuerdos. Apenas ven a animales en la lejanía. Un día les visita un minero jubilado que viaja en canoa por aquellos parajes. La llegada de una fuerte tormenta les hace salir de repente de vuelta, pero el protagonista en plena travesía sufre un ataque al corazón, que provoca un aterrizaje forzoso en medio del bosque para hundirse en un lago. James se despierta casi en el fondo del agua mientras Odín había salido despedido en el accidente. Ellos logran recuperarse con las pocas pertenencias que portaban. Entonces, inician un periplo accidentado para llegar andando a una carretera situada a unos 90 kilómetros.



De hecho, la historia empieza cuando Odín es encontrado en la carretera por una joven que conduce una furgoneta. La película es una narración contada en flash back sobre todo lo que les sucede desde que fueron de excursión a tan lejanos parajes. La parte más dramática corresponde después del accidente cuando se tienen que enfrentar a numerosas dificultades: la enfermedad de James; la caída a un río tras intentar cruzar un acantilado; y el ataque violento de una manada de lobos. En todo momento será la inteligencia y fidelidad de Odín quien mantenga con vida a James, que por sus graves heridas, le impedirán llegar a su destino, no sin antes, expresar su reconocimiento a su perro y amigo con quien tantos infortunios lograron pasar juntos.

ATMÓSFERA BÉLICA


 

Los grandes acontecimientos históricos se han labrado por las hazañas heroicas de los ejércitos que sufrieron enormes bajas para alcanzar la libertad una vez perdida frente al fascismo, como de pequeñas decisiones individuales, luego asumidas por el mando, que supusieron un antes y un después. Conocemos la importancia del Desembarco de Normandía, una operación militar a gran escala, que supuso meses de preparación para los soldados y el material para llevar a término la Segunda Guerra Mundial. No hacerse hubiera implicado, se piensa, la derrota frente al nazismo, pues centrado exclusivamente en el frente oriental, le permitía golpear y dominar cada vez mayores territorios en el oeste de Europa, pero era un riesgo máximo que tamaña empresa fallara o fuera repelida por las defensas en la costa francesa. Tal engranaje al final fue un éxito gracias entre otras decisiones a un pronóstico del tiempo acertado, como nos los cuenta la película, TIEMPO DE VICTORIA, escrita y dirigida por Anthony Maras, basándose en la obra teatral, Pressure, de David Haig.



La película discurre en las 72 horas antes del famoso desembarco de las tropas aliadas. Se tenían los aviones, los barcos y las tropas acuarteladas y preparadas. Únicamente faltaba tomar la decisión de llevarlo a efecto según el mando del general Eisenhower, que sería el día 5 de junio, un momento propicio pues se necesitaba la luna llena y mareas vivas. Para no cometer ningún error, y reducir las posibilidades de fracasar, traen a un meteorólogo experto recomendado por Churchill. Los americanos ya tenían el suyo, un coronel que hasta ahora había acertado en sus previsiones durante la guerra, pero todas las ayudas eran necesarias para tener éxito. De esta manera, el científico, James Stagg, tiene que acudir y abandonar a su mujer que está a punto de dar a luz, y ponerse al frente de los técnicos para averiguar la previsión del tiempo. Su carácter y modos rígidos chocarán desde el principio con los norteamericanos, también en sus métodos, al emplear datos y variables en superficie y en altura de la atmósfera, frente a la utilización de mapas del tiempo de situaciones en años pasados.



Para el experto norteamericano, según las previsiones históricas, el día 5 haría un tiempo despejado, sin embargo para Stagg, todo lo contrario, habría una fuerte tormenta sobre el Canal de la Mancha y Normandía. Todos los generales encabezados por Eisenhower quieren marchar hacia Francia lo antes posible, pues cuanto más se retrase será más fácil que los nazis se enteren del desembarco y acumulen mayores defensas. Se da, entonces, la situación que Stagg se queda solo frente a todos en su opinión que el tiempo será borrascoso el día decidido de antemano. Le consideran un loco por ser tan duro en mantenerse firme sin ninguna duda, pero en el poco tiempo de espera, empieza a soplar el viento con fuerza y a llover sin posibilidad de que los aviones vuelen, ni los barcos puedan zarpar en un mar embravecido. Sin embargo, cuando todo estaba perdido, surge la posibilidad de una mejora del tiempo 24 horas después. Así lo piensa Stagg esta vez, aunque sin certezas absolutas. De esta manera, Eisenhower decide retrasar el desembarco para el día 6. Al final, la lluvia primero fue amainando y luego la visibilidad fue aumentando durante la batalla, y el tiempo aclaró, lo que fue un éxito para la operación militar que llevaría a liberar Francia en 10 semanas. La película cuenta un hecho real, la de un meteorólogo que acertó en sus polémicas previsiones, por lo que sería condecorado por los EEUU. 

EL FENÓMENO DE LOS RIDERS


 
El Museo Nacional de Antropología presenta la exposición, UNEASY RIDERS. LA CIUDAD EN RUTA, que muestra la realidad de los repartidores de comida a domicilio contada a través de sus propias imágenes y experiencias. Además, busca enseñar la realidad oculta del algoritmo invisible que gestiona los pedidos a la vez que presiona y evalúa el desempeño de los trabajadores. Esta actividad surgió con el auge de las plataformas de reparto de comida a domicilio tras la pandemia de COVID. Desde entonces, ha sido ejemplo de actividad laboral precaria, de carácter temporal, con falta de protección social e inestabilidad económica. Su mayor problema era su consideración como trabajadores autónomos, por cuenta propia, en vez de por cuenta ajena, que les reducía sus derechos laborales bajo una apariencia de mayor libertad cuando estaban condicionados a las arbitrariedades de un algoritmo explotador.






La exposición se articula en un espacio central del museo organizado en seis paradas, donde te puedes adentrar en la realidad diaria de los riders gracias a fotografías y capturas de pantallas tomadas por cinco repartidores: Adrián, Carlos, Fer, Gledis y Juan. Los textos y las imágenes se exponen en paneles o cajas de luz. La primera parada nos introduce en la casuística y la problemática entre los repartidores y las plataformas digitales. En general, el trabajo no depende del algoritmo solo, sino del conocimiento práctico de los propios repartidores. La aplicación móvil actúa simultáneamente como herramienta de trabajo y mecanismo de gestión basado en datos. La segunda parada es una secuencia de reparto a partir de 18 fotografías tomadas por Gledis. Así, la repartidora nos enseña un día normal en su jornada laboral. Una actividad que exige capacidad constante de adaptación ante la incertidumbre contante del entorno. La tercera se denomina, La plataforma, el algoritmo y yo, que aglutina imágenes de las capturas de la plataforma sobre las rutas, los horarios, las cancelaciones de pedidos y los comentarios de los clientes.






La cuarta parada está dedicada a las contingencias del reparto: caídas, imprevistos, climatología adversa o pedidos muy grandes. Una vez más, nos muestran las duras condiciones laborales de unos trabajadores expuestos constantemente a accidentes de tráfico, sin luego poder afrontar unas prestaciones sociales fruto de los mismos. Una quinta parada reflexiona sobre Climas afectivos, es decir, la relación entre los repartidores y sus herramientas básicas de trabajo: vehículo, ya sea la bicicleta, el patinete o la motocicleta, la mochila y el móvil. Gracias a ellos puede efectuar las entregas, y realizarlas con seguridad y eficacia. La última parada se titula, Paisajes urbanos, memorias de la ciudad, compuesta por imágenes que retratan su cotidianidad como de momentos clave que han vivido como la gran nevada de la Filomena. Por tanto, la exposición nos enseña a comprender mejor a quienes pedalean la ciudad y a preguntarnos qué historias se esconden detrás de cada trayecto; preguntarnos, y responder, en qué medida las plataformas digitales transforman las formas de trabajar, moverse y relacionarse en la ciudad.


UN INSTANTE DECISIVO


 

El afecto entre un padre y sus hijos puede ser infinito, la auténtica razón de existir. Un acontecimiento dramático puede alterar la vida de manera decisiva de quien lo protagoniza. Tal circunstancia se puede perpetuar como una herida o duelo por el peso de la culpabilidad. Lo que fue la persona entonces, deja de serlo. Sin embargo, los vínculos con el pasado, pueden quedar, aunque débiles, todavía unidos, y siempre tendrá una oportunidad, por el mismo desarrollo de la vida, de la sanación, de volver a ser como fue a pesar del acontecimiento trágico que sufrió. Es lo que le sucede al protagonista de la película, CINCO SEGUNDOS, dirigida por Paolo Virzí, que recibió una llamada por el móvil, y en ese momento que contestaba, dejó de vigilar a su hija discapacitaba que estaba en una piragua a la orilla de un lago, muriendo por ahogamiento. Fue un instante decisivo, una sorpresa o un pensamiento paralizante, el que le dejó sin poder correr para salvar a su hija, mientras su otro hijo fue a comprar comida.



Adriano, el protagonista, es un prestigioso abogado que vive ahora apartado del mundo como un eremita en medio del bosque. Alquila unas antiguas cuadras reformadas de una villa que fue de un conde. Ha renunciado a su trabajo y apenas contesta a las llamadas de sus compañeros. Sufre por la muerte de su hija. Su madre, de la que estaba divorciado, le ha denunciado por negligencia, y ahora espera el juicio acusado de homicidio. No quiere defenderse a pesar de ser el mismo un buen letrado y compartir un amplio bufete. Para ello no contesta a las cartas y las llamadas telefónicas, y apenas sale de casa para comprar comida. Todo cambiará cuando un grupo de jóvenes, a modo de comuna, se instalen en la villa ruinosa del conde en frente de su casa, y de dediquen a rehabilitar una viña abandonada para producir vino. Adriano, primero los rechaza, pues perturban su soledad voluntaria, luego se unirá a ellos, especialmente por una joven, Matilda, que es la nieta del propietario, que por los avatares de la vida perdieron sus bienes.



La joven condesa, una joven independiente y rebelde, desde el principio se interesa por su vecino que se comporta como un auténtico loco. Esto hace despertar en Adriano el afecto y el buen carácter que perdió por la pérdida de su hija. Al descubrir que se encuentra embarazada, empezará a protegerla como si fuera su padre, algo que ella rechaza. Durante ese periodo, mientras las viñas van madurando antes de la cosecha, se ha abierto el juicio por homicidio. Adriano no quiere utilizar un abogado de su bufete, sino uno de oficio, pues no tiene más intención que aceptar la condena. También, el grupo de jóvenes son desalojados de la villa, pues va a ser vendida a un fondo de inversión. El protagonista logrará que sean liberados tras ser detenidos y paralizar la venta. Al final, Adriano es condenado pero de manera que no tenga que ingresar en prisión, y se sabe que si se despistó al cuidar a su hija, fue por una llamada de su mujer, de las tantas que le hacía para controlarle. Luego se quedó paralizado sin poder acudir tras unos segundos. Además, ha logrado recuperar la relación con su hijo, y Matilde ha dado a luz una niña gracias a que pudo llevarla a tiempo al hospital, en una circunstancias, que esta vez, si fueron propicias.


RETRATO DE UNA ÉPOCA

 


El Centro Cultural Conde Duque presenta la exposición, YO FUI A EGB, que reúne un variado número de objetos, desde revistas, tebeos, muñecos, radiocasetes, teléfonos, fotografías, juguetes, un plató de televisión, hasta reproducciones de cocinas y salones de las viviendas, la fachada de un quiosco de prensa, un ultramarinos y un bar de la época. Un periodo comprendido entre comienzos de los años setenta y noventa del siglo pasado, relacionado, según el título, con el tiempo que estuvo vigente la Educación General Básica, el equivalente a la Primaria y parte de la Secundaria Obligatoria actual. Correspondió al final del Franquismo, la Transición política y parte de la democracia. Una época que la exposición nos retrata a través de unos elementos significativos, productos de consumo o programas de televisión que fueron mayoritarios por únicos en un mundo totalmente analógico, sin que todavía existiese para el gran público la red de Internet, ni los ordenadores, ni los móviles, que hoy protagonizan nuestra vida, y tanto la están cambiando, porque los objetos e imágenes de consumo aluden a costumbres que hoy ya no existen o se han modificado.



La exposición ha sido prorrogada por el éxito de público, aunque el espacio que ocupa no es excesivo para tanta demanda y una época, unos 20 años del siglo XX, que tiene muchos más matices de los que recoge. Los más antiguos provienen de los años sesenta, de primer desarrollo del consumo en nuestro país tras la posguerra. Lo podemos concretar en la tienda de ultramarinos, un comercio que hoy ha desaparecido, sustituido por las grandes cadenas del comercio de proximidad. Algunos de sus productos los encontramos expuestos como el papel higiénico, Elefante o el jabón de manos, Heno de Pravia. También están desapareciendo los quioscos de periódicos, revistas, y muy importantes los cómics y tebeos para niños y jóvenes. Muchos juguetes y personajes de la televisión sirven para retratar, de igual manera, una época: el muñeco de Espinete o Mazinger Z, los Juegos Reunidos, los álbumes de cromos, y un largo etcétera. La televisión española solamente tenía dos canales, y era la principal pantalla en aquella época de las viviendas, así ciertos programas de éxito se convirtieron el emblemáticos como el Un, dos, tres, cuyo plató se reproduce en la muestra. Los veranos de la niñez se representan con las típicas bicicletas.



Un capítulo especial se dedica a las viviendas de la clase trabajadora, sobre todo, en la reproducción con su mobiliario de las cocinas y los salones donde se reunía la familia tradicional. La peculiar decoración nos traen recuerdos a todos los integrantes de la generación boomer y siguiente, aquellos que fueron niños en aquel periodo. Un periodo donde se produjeron rápidos cambios tanto políticos como sociales y económicos, pues el país se fue equiparando al nivel de vida europeo, y así en los años ochenta, se produjo una modernización de las costumbres y las tendencias del consumo. Observamos, de este modo, la imagen de Madonna o de Alaska, y otros actores y músicos de los años ochenta, con un cambio de vestuario y de estilos de música. Por otra parte, en la exposición se reproduce el interior de una escuela, ya en los mismos años cuando se habían sustituido los pupitres por mesas individuales, llenas de libros y utensilios obligatorios como el pegamento, los borradores y la plastilina. Un proyector de diapositivas que hasta hace bien poco se seguía empleando, contrasta con un potro de gimnasia y unas cartillas de caligrafía más antiguas.



Nuestro mundo ha cambiado profundamente en el siglo XXI, y muchos objetos y costumbres han desaparecido y transformado. La revolución digital, Internet y los móviles, ahora la AI; la globalización y la diversidad cultural en nuestros barrios; la democracia y el respeto a nuestros derechos humanos, contribuyen a ello. Una mirada hacia atrás nos traen imágenes de nuestra niñez en el pasado, nos hacen conscientes de a donde se dirige el futuro.


DESPUÉS DEL FIN DEL MUNDO


 

La pandemia del COVID mostró la fragilidad del ser humano. Un virus desconocido fue capaz de paralizar la actividad y confinar a las personas para protegerlas del contagio. Llegó de improviso como una enfermedad desconocida, primero en China, luego rápidamente se extendió por todo el mundo en dos meses. La globalización económica, las millones de viajes a lo largo y ancho del planeta favorecieron su expansión. Gracias a la OMS y la coordinación política entre los países se pudo lograr una vacuna y distribuirla entre la población para combatir tan desconocida amenaza. Hasta hoy ha causado millones de muertos, y producto de las vacunas, se ha incorporado a la lista de enfermedades de las que nos podemos contagiar sin llegar a matarnos. Nos preguntamos que pasaría si un virus, también similar al de la gripe, muy letal, no llegase a ser controlado. El fin de nuestra civilización estaría servido, y sólo unos pocos elegidos sobrevivirían en medio del caos y la destrucción. Tal distopía nos la cuenta la película, LA CONSTELACIÓN DEL PERRO, dirigida por Ridley Scott, basándose en la novela de Peter Heller. 



Desde siempre los humanos hemos mirado al Universo, la inmensidad de estrellas y su disposición formal en el cielo. Nos permite observar una inmensidad espectacular que contrasta con nuestra soledad. Es lo que hace Hig, uno de los protagonistas, mecánico y aviador, de los pocos supervivientes a un virus que mató a su joven esposa en Denver. Ahora sobrevive en un aeropuerto perdido entre las montañas junto a Bangley, un hombre curtido en la guerra y experto en armas. Su rutina es proteger el perímetro de la base ante el temor de ser atacados por otros supervivientes al virus enloquecidos por la necesidad, mientras vuelan de vez en cuando para vigilar y obtener alimentos y medicinas. Un día, Hig oye en la radio un extraño mensaje de un lugar que podría suponer una mejora en sus condiciones de vida, sin estar aislados y con riesgo de ser atacados por hordas de desarrapados. Bangley piensa que tal lugar no existe ya, por lo que Hig se lanza solo a la aventura para llegar allí, pero en el camino la avioneta se avería, obligándole a un aterrizaje forzoso.



Hig logra, entre montañas, en un cañón perdido ponerse a salvo. Parece un lugar idílico, donde encuentra una familia formada por una joven doctora y su abuelo, que viven en un antiguo rancho de ganado. Son reacios, por los peligros a ser atacados, a acogerle, pero pronto descubren las buenas intenciones de Hig, que son reparar la avioneta y despejar el monte para continuar la marcha. Entretanto, reciben un fiero ataque de gente a caballo rabiosa, que les obliga a todos a partir en la avioneta hasta el supuesto lugar idílico donde el protagonista pretendía llegar. Tal sitio, con un magnífico aeropuerto con vigilancia e instalaciones, era solo buena apariencia, pues reunían un conjunto de gentes depravadas capaces de comer a sus semejantes. Entonces, deciden volver al lugar de partida de Hig, que encuentran destruido, aunque Bangley ha logrado sobrevivir ante un fiero ataque de desalmados. Al final, deciden partir a donde vive una comunidad religiosa, la localización más seguro, y allí, apartados entre colinas, poder ayudarse mutuamente, mientras florece de nuevo aquel afecto perdido por la muerte que trajo la epidemia.