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EL SUEÑO DEL DESCUBRIDOR



Hubo un tiempo, a comienzos de la Edad Moderna, que reinos como Portugal y España, se embarcaron en empresas allende de los lejanos océanos, antes no explorados, para conquistar nuevos territorios y aprovechar sus riquezas. A estas potencias europeas, le seguirían otras con los mismos objetivos. Tras el descubrimiento de América, el mundo por conocer, quedaba dividido entre el occidente para Portugal y el oriente, para España. Se pensaban que nuevos retos quedaban por explorar más allá del continente americano, después de atravesar el océano Pacífico. A comienzos del siglo XVI, los portugueses habían circunvalado el continente africano y habían sobrepasado la misma India, lugares remotos poblados por indígenas, que constituían puntos intermedias que conducían a China. En este tiempo se produjo la primera vuelta al mundo, que fue financiada por la corona española, pero que estuvo capitaneada en parte hasta su muerte por el capitán portugués, Fernando de Magallanes. Su historia la cuenta la película, MAGALLANES, escrita y dirigida por Lav Díaz.






Magallanes fue uno de los grandes exploradores portugueses de los primeros tiempos, que siguió las rutas trazadas por Vasco de Gama, para extender los dominios e intereses de su reino a lugares donde no habían llegado europeos. A principios de la segunda década del siglo XVI, lo vemos al servicio del Duque de Alburquerque en las islas de Malasia haciendo frente a la violenta oposición de los nativos, de donde volvería maltrecho a su país. Mientras se recupera en Lisboa, toma conciencia de realizar una expedición hacia esas islas pero siguiendo la ruta occidental. Sin embargo, el rey portugués no acepta el proyecto, como en épocas pasadas lo hiciera con Cristóbal Colón. Ante la frustración y falta de incentivos, Magallanes se dirigió a la Monarquía Hispana, a cuya frente se encontraba Carlos I, que aceptaría y financiaría la exploración a esos lejanos territorios. Para ello nombró al portugués caballero de la orden de Santiago, y le situaría al frente de una expedición, que conjugaba el interés de conquistar y a la vez, establecer las bases para su provecho económico.






 La ruta occidental va a resultar más agotadora y difícil de lo esperado. Eso hace mella en las tripulaciones desde los simples marineros hasta los funcionarios al servicio de la corona. Una vez atravesado el Atlántico, empiezan las primeras disensiones con el mando de Magallanes, que él reprime con mano de hierro. A unos lo ejecuta, a otros los abandona por el camino.  De una flamante flota constituida por más cien hombres, apenas llegan un reducido número a las islas asiáticas, pobladas por indígenas primitivos y azotados por una epidemia de la que morían los más jóvenes. Magallanes en principio logra frenar la enfermedad, pero, pronto, va a intentar dominar a los indígenas, destruyendo los rasgos propios de su religión, en favor del cristianismo. Ante la violencia manifestada por los exploradores, los nativos se rebelan aniquilando a la mayor parte de ellos, entre los cuales se encuentra Magallanes. Termina, así, una historia contada desde la necesidad de supervivencia de los indígenas frente a unos exploradores ciegos por su afán desmesurado de dominación. Una historia contada de forma peculiar, de la que destaca la belleza de la imágenes de la selva y del mar, azotados por tormentas y vientos continuos, en la que sobresale el plano estático, sin apenas movimiento de cámara, que refuerza, por su ritmo lento, el propio del la naturaleza frente al agitado de las acciones humanas.

UNA VIDA EN TÁNGER


 

Hoy vivimos tiempos de migraciones. Las necesidades económicas o las circunstancias políticas hacen a las personas buscar un nuevo país o territorio para desarrollar su vida. Sin embargo, sus raíces o su cultura la llevan consigo, añoran sus costumbres, a sus familiares que quedaron atrás, por ello cualquier cambio de residencia o de país está protagonizado por gente joven abierta a labrarse un nuevo futuro. Las personas mayores, en cambio, se aferran más a sus recuerdos, al lugar donde nacieron y han tenido una vida, donde están aquellos que fueron sus parejas, vecinos y amigos, y yacen los restos de sus antepasados, a pesar de encontrarse en otro país, fruto del colonialismo. Es lo que le sucede a la protagonista de la película, CALLE MÁLAGA, escrita y dirigida por Maryam Touzami, que cuenta el apego de una mujer a la tierra donde nació en el protectorado español en Marruecos, ante las pretensiones de su hija de vender la casa que compró con su marido, y redescubrir, de nuevo, el amor y el deseo.



María Ángeles vive sola y viuda en Tánger, ciudad internacional en el que fue protectorado español. Lleva una vida sencilla en la casa donde vivió con su marido en la calle Málaga. Desde sus balcones se ve el ambiente bullicioso de los pequeños mercados donde compra lo necesario para el día a día, también, la casa donde nació. Está rodeada de vecinos que la aprecian, y todavía le quedan, algunas amigas, con las que poder hablar de los recuerdos de su infancia. A otras las tiene presente en sus frecuentes visitas al cementerio. Su rutina se ve alterada por las pretensiones de su hija de vender el amplio apartamento donde vive, que está a su nombre, porque necesita el dinero para comprarse una casa en Madrid donde reside con sus hijos, tras divorciarse de su marido, y no llegarle el suelo para el alquiler. Al principio se opone, porque no quiere abandonar la ciudad que la vio nacer y a sus pocos amigos, y trasladarse a España. Luego lo acepta, pues iría a una residencia de ancianos próxima. Para ello su hija vende los muebles a un anticuario, y el apartamento lo pone en venta. 



María Ángeles en el fondo, no acepta el cambio, y decide volver a su casa vacía y recuperar su libertad. También, empleará sus pocos ahorros en recuperar sus muebles, primero el dormitorio, luego el tocadiscos. La falta de recursos, le obligará a montar un bar en ella, donde los clientes ven el futbol, para obtener dinero, y completar la compra de los bienes. Mientras, entabla amistad con el anticuario, que le ayuda a desarrollar el negocio, y surge entre ellos una relación amorosa. Sin embargo, el piso estaba a la venta pendiente de un comprador, que en un momento dado acuerda un precio con su hija en la distancia, sin saber que su madre ha vuelto al piso y ha recuperado la mayoría de sus enseres. Al final, todo queda de esta manera cuando la hija toma conciencia que sus madre no quiere salirse de la casa donde pasó toda una vida, primero junto a su marido, y ahora con su nueva pareja.

BAJO EL SOL DE ARGEL


 

La responsabilidad del ser humano es en principio individual. Se atiene a sus circunstancias materiales, a sus propósitos y  a sus emociones. Es consciente de sus actos, de lo que le produce felicidad e infelicidad. De la misma manera, su propia vida la ejerce en un entorno social, entre unas relaciones familiares, una ciudad o un país. Lo más asombroso es no perder el equilibrio tanto en relación con sí mismo que con tu entorno. Cualquier acontecimiento fortuito podría romper toda tu trayectoria vital hasta ese momento, y lo que no valorabas suficientemente en un momento, lo echarías de menos hasta el más mínimo instante. La libertad, a pesar de sus limitaciones, es una cualidad personal que no se descubre hasta que se pierde. Es lo que le sucede al protagonista de la película, EL EXTRANJERO, escrita y dirigida por François Ozon, según la novela homónima de Albert Camus, que nos cuenta la prisión, el juicio y la condena del joven Mersault, así como los acontecimientos que han llevado a esta situación.



La acción se desarrolla en la Argelia colonizada por Francia en los años treinta del siglo XX. Un territorio que se considera como parte de la misma metrópoli. A los habitantes originarios les llaman nativos o árabes, y componen una mayoría de inferior categoría que los blancos y cristianos. Están sometidos a instituciones y personas, que aún nacidas en ese territorio, son ajenas a la cultura y costumbre originaria del mismo. Mersault, el protagonista, pertenece a esta minoría. Trabaja en una compañía de administrativo, y un día, recibe un telegrama con la noticia de que su madre ha fallecido en el asilo donde residía. Pide permiso, y allí se dirige para velar y acompañar el cadáver hasta el cementerio. De vuelta, conoce a Marie, con la que inicia una relación amorosa. Mersault es un buen trabajador, y pronto le ofrecen trasladarse a París para encargarse de la empresa comercial. Sin embargo, tiene poca ambición, incluso le da igual comprometerse o no con su novia.



Mersault y Marie son felices juntos, pero todo cambiará de manera brusca. El primero tiene un vecino que es un proxeneta y maltrata a su pareja, una mujer árabe. Su hermano quiere vengarse, y no es la primera vez que tratan de golpearle. Un día llega la policía al apartamento donde vive y rescatan a la mujer tras ser maltratada. Raymond Sintés, que así se llama el personaje, en prueba de su amistad, invita a Mersault y su novia a la casa de la playa de un conocido. Allí comen, y después, pasean por la playa, hasta que se encuentran con el hermano y sus colegas para vengarse de Raymond. Este es herido por una navaja, y tras ser curado, Mersault, se dirige a la playa, de nuevo, y mata a disparos, sin motivación aparente, al hermano. El protagonista, entonces, es apresado, juzgado y condenado a pena de muerte, donde se destaca su indiferencia, y la falta de emociones que caracterizan sus actos. Solamente le quedan, mientras espera la ejecución, los recuerdos de la felicidad que experimentó bajo el cálido sol de Argel.  

LA MEMORIA COLONIAL




Los museos occidentales han iniciado un proceso de reparación histórica referido al conjunto de obras que poseen producto de la conquista y dominación de territorios fuera de Europa. Un fenómeno iniciado a finales del siglo XV con el descubrimiento de América y la apertura de las rutas atlánticas al Extremo Oriente. Esta expansión del mundo conocido se tradujo en explotación económica e imposición de la cultura y la sociedad europea a territorios y poblaciones que se creían más atrasadas o inferiores. La exposición, LA MEMORIA COLONIAL EN LAS COLECCIONES THYSSEN-BORNEMISZA, se encuentra en esta perspectiva. que pretende abrir nuevos puntos de vista a la interpretación de obras de arte que fueron realizadas por los países colonizadores. Constituye, así, un ejercicio de resignificación del pasado colonial desde una perspectiva no eurocéntrica. Incluye 75 obras, 58 pinturas, esculturas y obras sobre papel de los siglos XVII al XX, y 17 recientes, llevadas a cabo por artistas contemporáneos no europeos.






El colonialismo no acabó con el fin de la trata y la esclavitud en el siglo XIX, ni con la independencia de las antiguas colonias europeas entre el XIX y XX, sino que tiene una fuerte relación con el presente en problemas como la desigualdad económica entre países y las migraciones. Se hace por tanto necesario ofrecer una mirada desde distintos puntos de vista de los cuadros, una mirada crítica, que el Museo Thyssen concreta en la perspectiva decolonial, que recoge consideraciones sociales, políticas y culturales aparte de las tradiciones europeas. Para ello la exposición se organiza en 6 apartados: Extractivismo y apropiación; La construcción racial del otro; Esclavismo y dominación colonial; Evasión a nuevas arcadias; Cuerpo y sexualidad; y Resistencia. Cimarronaje y derechos civiles. En el primero vemos obras hasta nuestros días que reflejan el interés por los recursos naturales de las tierras colonizadas, la explotación del trabajo indígena, la llegada de objetos manufacturados y las influencias e interpretaciones de sus formas culturales.






La flota holandesa fue una de las más poderosas a mediados del siglo XVII. Los bodegones dan cuenta de cerámicas chinas y vasos de América. Se reflejan bosques con animales exóticos en una suerte de paraíso terrenal. El impacto de la estampa japonesa fue relevante en el siglo XIX. Los artistas de la vanguardia se inspiraron en las formas de los llamados pueblos primitivos. Las pinturas y esculturas dan cuenta de todo ello. El segundo apartado muestra las representaciones a partir de un pensamiento racista. La idea de una superioridad sobre los pueblos atrasados o inferiores, militarmente, en conocimiento y en valores. Lo que justificaba su sometimiento y tutela. Lo observamos en las pinturas de Delacroix, de Charles Wimar, y de Paul Gauguin, donde mujeres de la Martinica se asimilan a animales y al paisaje. El siguiente apartado se centra en el esclavismo africano desde el siglo XVII, por el cual millones de africanos y africanas fueron embarcados a América. Destacan dos lienzos de empresarios esclavistas. Uno de Frans Hals, Grupo familiar en un paisaje, en el que aparece un joven sirviente de color posando en Harlem junto a la familia de Jacob Ruychaver, director del castillo de Elmina en Ghana, lugar central de la trata. Otro de Thomas Lawrence, Retrato de David Lyon, heredero de una familia de ricos terratenientes en Jamaica.






En el apartado cuarto, el paisaje colonial es el protagonista. Un paisaje que expresa la creencia que Dios eligió a los europeos para su explotación. Imágenes idílicas de un paraíso que ocultan la realidad de la violencia colonial, mientras los pobladores originarios ocupan un lugar secundario. La otra cara del colonialismo es el patriarcado, complementado con la orientación heterosexual occidental. Si el europeo es racional y civilizado, los indígenas estaban condicionados por su cuerpo, donde las mujeres fueron consideradas de libre disposición para el colono europeo, que dio lugar a la violencia sexual, y provocó un amplio mestizaje en el continente americano. Por otra parte, la mujer racializada funciona como un eslabón entre  el hombre racional europeo y la naturaleza salvaje. De ahí su representación desnuda en medio de un paisaje de pintores como Max Pechstein y Otto Mueller. Finalmente, la sexta sección, nos muestra unas manifestaciones artísticas producto de su emancipación y su lucha por los derechos civiles. También la progresiva libertad de africanos y afrodescendientes. Los artistas racializados expresan sus raíces y sus maneras alternativas de interpretar el mundo.