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PROUST Y LAS ARTES


 

El Museo Thyssen presenta la exposición, PROUST Y LAS ARTES, que ilustra a través de un formidable conjunto de pinturas, dibujos, grabados y libros, la importancia y la significación de las artes en la obra de este escritor francés, principalmente en la serie, A la búsqueda del tiempo perdido, que nos permite conocer sus gustos personales, y los de las clases altas, entre finales del siglo XIX y comienzos del XX. De todas las maneras, su trayectoria se inicia con su interés por la pintura desde la adolescencia, como queda reflejado en su libro de poesía, Los placeres y los días, una época de su vida donde frecuentaba el Museo del Louvre, y numerosas colecciones y exposiciones particulares parisinas, interesándose por la pintura holandesa del siglo XVII, la italiana del Renacimiento y la francesa de su época. Le influyeron los pintores, Turner, Whistler y el teórico Ruskin. 



Proust, por tanto, combina sus intereses y gustos estéticos con sus propias relaciones sociales y afectivas. Las pinturas de las distintas secciones no lo ilustran, desde sus propios retratos, hasta de sus allegados y amigos. Lo mismo sucede con el París tras las transformaciones urbanísticas de Haussman, captado en sus matices por las pintura impresionista, que forma un grupo significativo de esta muestra. Monet es el modelo, entre otros, para su prototipo de pintor, Elstir. Por otra parte, podemos descubrir a través de distintos retratos y personajes, aquellos salidos de su pluma, como Charles Swann, representante en la novela de la alta burguesía culta, refinada, atraída por el coleccionismo artístico, la crítica y la historia del arte; o la duquesa de Guermantes y el barón de Charlus, aristócrata, poeta y homosexual. Desde este punto, nos dirige al interés del escritor por Italia, concretado en dos viajes que hizo a Venecia, bajo la dirección de los libros de Ruskin, interesado por la arquitectura gótica en un ambiente evocador.



Proust se interesó por la moda, que le permitiría contactar con artistas españoles como Mariano Fortuny hijo, y por razones personales, con Raimundo de Madrazo. El Retrato de la condesa de Noilles, de Ignacio Zuloaga, nos hace pensar hasta dónde llegaban sus contactos con la clase alta parisina. Después de Venecia, hay un espacio de la visita dedicado a las catedrales góticas, guiado por Ruskin, una vez más, y el historiador del arte francés, Émile Mâle. Proust, no sólo miró al pasado, sino también a los cambios de gusto de la época. Ya sabemos su conocimiento del arte impresionista, ampliamente representado, sino también por el simbolismo, y el desarrollo de las vanguardias entorno a la Primera Guerra Mundial. El escritor junto a Reynaldo Hahn, siguieron con pasión, los Ballets Rusos de Diághilev.



Los últimos espacios del recorrido ilustran con pinturas las creaciones de ficción de Proust, como Balbec, un lugar indeterminado de la costa francesa, y al pintor prototipo, Elstir, una mezcla de varios artistas del pasado, y de su propia época como el americano Harrison, su amigo Helleu, o Whistler, Moreau, y sobre todo, Monet. El último espacio muestra todos los volúmenes en primeras de ediciones de su magna obra, especialmente referido al tiempo transcurrido tras la Gran Guerra, el llamado, Tiempo recobrado, entendido como epílogo de su propia vida, personal e intelectual. Las imágenes del artista en su lecho de muerte, y los poderosos autorretratos de Rembrandt, subrayan el implacable y destructor paso del tiempo.




LOS IMPRESIONISTAS Y LA FOTOGRAFÍA

Reunión familiar, 1867, Fréderic Bazille

El Museo Thyssen de Madrid organiza la exposición, LOS IMPRESIONISTAS Y LA FOTOGRAFÍA, que reúne un significativo conjunto de pinturas y fotografías de la segunda mitad del siglo XIX, con el objetivo de mostrar el diálogo entre ambas. Un diálogo que se concretó en las afinidades temáticas y técnicas del impresionismo y la fotografía francesa del momento. La pintura se vio influenciada por la peculiar mirada y el reflejo de la luz de la cámara. Además, por su captación de la instantaneidad, de porciones del mundo real. De la misma manera, la fotografía nació como una nueva especialidad artística, que incorporó efectos pictóricos en cuanto la iluminación y la composición.

Autorretrato de Olympe Aguado y retrato de Manet

La muestra se divide en nueve episodios temáticos, que demuestra que la fotografía y la pintura impresionista compartieron un nuevo modo de mirar con el que arranca la modernidad. El primero se dedica al Bosque, al género del paisaje, donde coincidieron los pintores realistas y los fotógrafos. En los bosques de Fontainebleau o en los alrededores de París, tanto Courbet, como Corot, se confrontaron con Gustave Le Gray o Eugéne Cuvelier. Lo mismo haría después Camille Pisarro, que adoptaría unos encuadres y efectos de luz muy similares. En el siguiente episodio, Figuras en el paisaje, aquellas tienen como telón de fondo la naturaleza. Así las pintan Monet y Manet. El retrato familiar que pinta Fréderic Bazille al aire libre le emparenta con los retratos fotográficos en grupo de Édouard Baldus.

Claude Monet confrontado con fotografía del mar

El Agua es el tema del tercer episodio, donde se emparentan las fotografías de Le Gray y los cuadros de Monet. La instataneidad y la fragmentación visual serán la referencia para los cuadros que representan el agitado movimiento del mar detenido. Lo mismo que los reflejos de los árboles en las aguas fluviales, estarán en relación a las pintadas por Alfred Sisley. Por otra parte, los pintores impresionistas representaron las diversiones a las afueras de París. Así lo muestra el capítulo cuarto, tiulado En el campo, que expone su forma de acercarse a la escena de forma instantánea y fragmentaria emparejando a pintores como Renoir y Gustave Caillebotte con fotógrafos como Eugéne Atget o Achille Quinet.

La catedral de Ruán de Monet confrontado con la fotografía de Bisson Fréres

El tema del capítulo quinto son Los monumentos, que los fotógrafos inmortalizaron con carácter documental en la época. Las series de Monet sobre la catedral de Ruán no se explican sin las obras de aquellos. Lo mismo sucedió con la representación de las nuevas construcciones como puentes, fábricas o ferrocarriles. En el capítulo sexto, cuya temática es La ciudad se muestran dos aspectos novedosos. Por una parte, la influencia de las primeras vistas urbanas realizadas por Louis Daguerre, en la fotografía posterior y la pintura. Una perspectiva peculiar del exterior procedente del interior. Por otra parte, la representación de las grandes avenidas y bulevares de París, que Camille Pisarro transformó en visiones impresionistas en escorzo.

Retratos confrontados de Caillebotte y Degas

Si hay un tema propio de la fotografía en esta época, es El retrato. Tanto el daguerrotipo, como las cartes-de-visite, así como las obras más instrospectivas de Nadar, van a cambiar los retratos pictóricos. Manet y Degás adoptaron la nuevas convenciones que provenían de la fotografía. El segundo la practicó con una cámara Kodak. El episodio octavo se dedica al Cuerpo desnudo. La fotografía lo abordó desde las poses académicas hasta las más espontáneas o desinhibidas o las que trataban de congelar las figuras en medio de la acción. Los pintores, especialmente Degás, siguió su modelo. Finalmente, el episodio noveno se refiere a mostrar el uso documental y archivístico de la fotografía por parte de los pintores. Unas fotografías que ilustraban su carrera, como eran objeto de transformación en una obra pictórica al ser coloreada.

LA PINTURA DEL MEDITERRÁNEO

¡Al agua!, 1908, Joaquín Sorolla

La Fundación Mapfre de Madrid organiza la exposición, REDESCUBRIENDO EL MEDITERRÁNEO, sobre una etapa destacada de la pintura en el tránsito de los siglos XIX y XX. Corresponde al nacimiento de la modernidad, de una nueva forma de entender el arte en general, y por tanto de la pintura. En ese periodo intenso, los artistas toman como tema el ámbito natural y cultural del mar que propició el nacimiento del clasicismo. Desde esta vuelta al pasado común de los europeos, los pintores van experimentar nuevas maneras de representar la realidad, la luz y la naturaleza. 

Montaña de Sainte-Victoire, 1890, Paul Cézanne

El recorrido de la exposición está dedicado a España. Sobresale la actividad pictórica en Cataluña, Valencia e Islas Baleares. La ribera del mar Mediterráneo se convierte en el lugar de disfrute de una vida sencilla y natural, el lugar de unión entre el pasado y el presente que acaba de entrar en la era industrial. Es el momento del nouvecentismo, de la obra de Joaquín Torres-García y Joaquim Sunyer; de las escenas de playa con niños de Sorolla de intensa luz; de los paisajes rocosos y marinos de Mir y Anglada Camarasa. Tras ellos, el visitante se encuentra con los grandes pintores franceses que abrieron nuevas perspectivas desde finales del siglo XIX a la representación pictórica. Impresionistas como Monet y Renoir; postimpresionistas, como Van Gogh, Cezanne y Signac, todos ellos se dirigieron al sur a experimentar con el color y la luz.

Bañistas de Es Llaner, 1923, Salvador Dalí

Para los pintores franceses, el Mediterráneo fue el punto de encuentro en los caminos que cada uno decidió seguir. Primero empleando colores brillantes y puros como los fauvistas, Matisse, Derain, Dufy y Marquet, o experimentando con unas composiciones geométricas a la manera de Cézanne que darían lugar al cubismo por parte de Bracque. La siguiente sección de la exposición está dedicada a Italia, a aquellos artistas como Carlo Carrá y Giorgio de Chirico que nos remiten al clasicismo para avanzar hacia la modernidad. Finalmente, la muestra termina con las obras de dos grandes nombres de la pintura que desarrollaron su último periodo en el sur, entorno al Mediterráneo, Henry Matisse en Niza y Pablo Picasso en la Costa Azul, entendido como una vuelta a sus raíces.

IMPRESIONISMO AMERICANO

Mujer sentada con niño, Mary Cassat, 1890
El Museo Thyssen es uno de los organizadores de la exposición, IMPRESIONISMO AMERICANO, que se exhibe en Madrid hasta febrero. Reune un conjunto de obras de aquellos pintores que convivieron con los pintores franceses que recibieron ese nombre e incluso expusieron con ellos en París. Contribuyeron a difundir el nuevo estilo en los EEUU entre la clientela y a que otros artistas siguieran el mismo camino. También en 1886 se produjo la primera gran exposición en Nueva York impulsada por el marchate Durand Ruel. 

Dennis M. Bunker pintando en Calcot, Sargent, 1888
La nueva forma de pintar se centraba en el interés por representar los efectos de la luz sobre el paisaje natural y urbano, sin dejar de lado el retrato. Las sobras se colorean y la aplicación de la pincelada es más suelta y corta, formada por pequeñas aplicaciones de color que se funden en la retina del espectador.
La muestra se organiza en cinco secciones: Cassatt, Sargent y los impresionistas; Escenas urbanas. Nueva York, Boston y Chicago; Impresionismo whistleriano; y Escena y paisajes americanos.

Nocturno: Azul y plata, Chelsea, 1871, Whistler
Mary Cassat y John Sargent vivieron en París durante los años de nacimiento y desarrollo del impresionismo. La primera expuso en cuatro de las ocho exposiciones del grupo. Se interesó por la moda y el ocio de la nueva burguesía a través de imágenes de mujeres al igual que Morisot, Degas y Manet. Sargent llegó a practicar la pintura al aire libre después de visitar a Monet en Giberny. Un grupo de pintores norteamericanos se establecieron en esta ciudad a partir de 1887, pero sólo unos pocos mantuvieron una relación estrecha con el maestro, como Theodore Robinson y John Leslie Breck. Este estudió los efectos cambiantes de la luz mediante la representación de almiares a distintas horas, siguiendo el ejemplo del maestro.

Tres hermanas. Estudio bajo el sol de junio, 1890, E. Tarbell
Whistler forma un capítulo aparte, de un lado como influencia en los miembros del grupo impresionista, a los que nunca se unió estrictamente, como en otros compatriotas más tarde. Así a John Henry Twachtman, Thomas Wilmer Dewing y William Merrit Chase les cautivó sus paisajes que tendían a la monocromía y a la abstracción. En 1898 expuso por primera vez un grupo de pintores conocido como Los Diez vinculados al impresionismo. Representaban escenas de mujeres y niños al aire libre que daban una imagen optimista y luminosa de las clases medias y altas norteamericanas. Este grupo de cuadros forman el último capítulo que sobresale por la selección precisa y el gusto exquisito.

SOROLLA EN ESTADOS UNIDOS

Louis Comfort Tiffany, 1911
En estos primeros días de enero termina las exposición, SOROLLA Y ESTADOS UNIDOS, en la Fundación Mapfre de Madrid. Constituye una amplia muestra de la obra del artista valenciano que muestra el éxito internacional alcanzado primero en Europa donde se dio a conocer en la década de los noventa del siglo XIX, y luego en Estados Unidos, cuando ya había alcanzado todos los grandes premios y honores a los que un pintor español de su época podía aspirar. El conjunto se divide en nueve secciones: Sorolla en Estados Unidos antes de 1909; Huntington, mecenas; Retratos pintados en Estados Unidos y de estadounidenses pintados en Francia; Mar y playas en las exposiciones de 1909 y 1911; Retratos vendidos en Estados Unidos; Paisajes y jardines; El otro mecenas, Thomas Fortune Ryan; Estudios, apuntes y notas de color; y Dibujos y guaches.

Playa de Valencia, Luz de mañana, 1908
La mayor parte de las obras que componen esta muestra corresponden a la época de madurez del artista y fueron coleccionadas por las élites estadounidenses, que admiraban el estilo del pintor, por una parte enraizado en la tradición española de Velázquez, y por otra, plenamente moderno, según las corrientes de la época desde el impresionismo. Tuvo un éxito arrollador por las obras vendidas en las exposiciones de  1909 y 1911, por los encargos recibidos entre esas dos fechas, y posteriores hasta sus últimos años. En gran parte se debió a las demandas del mecenas e hispanista, Archer Milton Huntington, creador de la Hispanic Society of America. También se incluyen los nombres de Thomas Fortune Ryan o Louis Comfort Tiffany, siendo el primero otro de sus importantes benefactores.

¡Triste herencia!, 1899
La exposición es un compendio de las mejores pinturas y de los géneros tratados por el artista. A pesar de obras con un fuerte componente social, como ¡¡ Otra Margarita!! y ¡Triste herencia!, sobresalen los retratos, de los cuales era un maestro excepcional, que representan a los reyes españoles, a la aristocracia norteamericana, y a los intelectuales y escritores; y sobre todo, a través de las escenas de playa, una España mediterránea y luminosa, que le ha dado fama hasta convertirse en uno de los grandes nombres de la pintura de nuestro país. Por otra parte tienen una personalidad original, los paisajes y jardines, y finalmente, los dibujos y guaches.

Niños a la orilla del mar, 1903
El estilo de Sorolla apuesta por la captación de la luz y sus efectos según su incidencia en los cuerpos, la vegetación y el agua. La pincelada se manifiesta con libertad en la superficie del lienzo cuya principal preocupación es la percepción a través del color. La influencia de la fotografía se hace evidente en las composiciones. Un ejemplo claro son los guaches realizados desde la ventana del hotel Savoy de Nueva York. Se sabe que el se inició como ayudante en el estudio del fotógrafo Antonio García, padre de su mujer Clotilde. Así pues, el visitante de la exposición llega a tener la idea de un artista incansable totalmente inmerso en el arte de la pintura, que no puede dejar de dibujar ni cuando está en la mesa de un restaurante como lo demuestran las conservadas en cartulinas del menú.

LA PINTURA DE PISSARRO

Camino de Versalles, Louveciennes, sol de invierno y nieve, 1870
El próximo 15 de septiembre termina la retrospectiva dedicada al pintor, PISARRO en el Museo Thyssen de Madrid. Presenta 79 óleos ordenados cronológicamente según los lugares donde residió y que inspiraron su pintura, en cinco apartados: Antes del Impresionismo; Louveciennes-Londres-Louveciennes 1869-1872; Retorno a Pontoise 1872-1882; Los campos de Éragny 1884-1903, y En las ciudades. Fue una figura fundamental en el movimiento pictórico Impresionista, por una parte como organizador del mismo y participante de todas sus exposiciones entre 1874 y 1886, y por otra, como artista que contribuyó a la concrección técnica del mismo. A pesar de su relevancia, fue eclipsado por el éxito de su amigo Claude Monet. 

Autorretrato, 1903
Los primeros cuadros de la exposición muestran la influencia clara del paisaje realista, de autores como Corot, Courbet y Daubigny. Pronto el visitante observa la evolución al estilo propiamente impresionista por su interés primordial por la luz natural y los diferentes efectos que provoca, y el empleo de colores puros que se mezclan en la retina del espectador a distancia, como sucede en la visión humana. Entre 1885 y 1890, experimentó con el neoimpresionismo o puntillismo, junto a los pintores Seurat y Signac, también simpatizantes con él del pensamiento anarquista. Aunque en la exposición el espectador puede contemplar lienzos cuyo protagonista es la figura humana, el artista se centró en la representación del paisaje tanto rural como urbano.
Rue Saint-Honoré por la tarde. Efecto de lluvia,1897

En ellos se observa su técnica en la captación sensible de los efectos de luz causados por los cambios atmosféricos. La nieve, el sol, el agua, los reflejos sobre las calles de París o los campos y los caminos rurales, forman el objeto de su interés. Cuando la luz solar incide sobre un terreno en primavera el resultado es diferente si lo hace en invierno después de la nevada o el intenso frío. La visión se transforma ante el espectador. Lo mismo si hay neblina en la lejanía de un bosque húmedo o aquella que oculta los antiguos edificios de la ciudad. A veces en ésta, las calles se llenan de gente y vehículos o con motivo de un desfile, de atractivos uniformes y banderas, cambiando el colorido según la incidencia de las luces, provocando una llamativa impresión a nuestros ojos. Constituye, así pues, una pintura admirable por la emoción y serenidad que produce la representación particular de lo cotidiano del hombre y de la naturaleza.

LA PINTURA AL AIRE LIBRE

El Châteu de Chillon, Courbet, 1874
El museo Thyssen de Madrid organiza la exposición, IMPRESIONISMO Y AIRE LIBRE. De Corot a Van Gogh, dedicada a la pintura al óleo realizada al natural, fuera del taller, una práctica que alcanzó su máxima expresión con el impresionismo, pero cuyos orígenes aparecen con el nacimiento del mundo contemporáneo. El cambio hacia esta pintura hecha fuera del taller se va a producir a lo largo del siglo XIX. Considerada en el ámbito del neoclasicismo como pequeños estudios de jóvenes paisajistas, artistas del romanticismo como Constable, o del realismo como Corot, los pintores de la escuela de Barbizon, Rousseau, Diaz de la Peña o Daubigny, la llevarán al conjunto de su producción. Gustave Courbet se encontrará igualmente entre sus practicantes. Todos ellos muy bien representados en la exposición. Por supuesto, los impresionistas, entre los que sobresale la obra de Claude Monet y Sisley. Hasta llegar al postimpresionismo de Cezanne o Van Gogh, donde el paisaje deja de pertenecer cada vez más al dominio de la Naturaleza, para acercarse a la interpretación subjetiva del artista a través del color y la composición.
El conjunto se divide en siete secciones según la temática representada: Ruinas, azoteas y tejados; Rocas; Montañas; Árboles y plantas; Cascadas, lagos, arroyos y ríos; Cielos y nubes; y el Mar, entre las que destacan las cuatro últimas. Las obras de diferentes estilos y autores aparecen reunidas en el mismo espacio. Así, el visitante puede contemplar por un lado la continuación de la tradición de la pintura al aire libre y por otro los cambios operados a lo largo de los años, y constituye un acierto para la contemplación y disfrute del visitante.

IMPRESIONISTAS Y POSTIMPRESIONISTAS

Autorretrato, Van Gogh, 1887, Musee d´Orsay
La Fundación Mapfre organiza la exposición, IMPRESIONISTAS Y POSTIMPRESIONISTAS. EL NACIMIENTO DEL ARTE MODERNO, en colaboración con el Musée D´Orsay del que provienen las setenta y ocho obras maestras que la componen. El punto de partida es la última muestra que realizaron los pintores impresionistas en la galería del marchante Paul Durand en 1886. Supone la aceptación de los críticos y el público de las novedades introducidas por este grupo y la aparición de otras nuevas que serán la base de los estilos de vanguardia de comienzos del siglo XX. El público podrá disfrutar por un recorrido de pinturas entre la primera fecha y el nacimiento del nuevo siglo dividido en ocho apartados identificados por artistas de renombre o grupos de ellos.
Se inicia con la obra de Monet con ejemplos muy significativos: dos de la fachada de la catedral de Rouan, una sobre el estanque de nenúfares de Giverny y una vista del Parlamento de Londres donde las formas se disuelven por los efectos de la niebla y la luz. Un segundo apartado está dedicado a un Renoir preocupado por la representación de la figura humana, sobre todo femenina, en la que destaca el cuadro de Las bañistas. La pintura de Paul Cezanne enlaza el impresionismo y el postimpresionismo con su preocupación por la composición de los objetos, naturalezas muertas en el espacio bidimensional, empleando a su vez pequeños campos de color. Toulouse-Lautrec y Montmatre es el cuarto apartado en el que este artista retrata a las mujeres del Moulin Rouge con un estilo austero pero muy expresivo.
El apartado denominado Neoimpresionismo, título creado por el crítico de arte, Félix Fénéon, alude al nuevo estilo pictórico basado en pequeñas manchas de color puro que se unen en la retina del espectador, según los descubrimientos científicos de la época. Así pintan los amigos de Camille Pissarro, Geoges Seurat y Paul Signac, de los que se pueden contemplar varias obras. Van Gogh es otro de los grandes pilares del arte moderno y forma un capítulo propio, el de un pintor que apuesta por la expresión a través del color de la manera más arbitraria para hacerlo con mayor vigor. El artista ya no reproduce exactamente lo que ve, sino un significado simbólico, como en las obras, El merendero de Montmatre, El restaurante de la Siréne en Asniéres, y El salón de baile en Arlés. En esta ciudad convive con Gauguin. Las influencias son mutuas, pero duran pocas semanas, pues éste último se trasladará a Pont-Aven, Bretaña, donde concretará una forma peculiar de pintar, sintética y esencial, para representar lo salvaje, lo primitivo del lugar, que elimina los detalles y contornea las formas planas de color. Se aleja de la naturaleza y se encamina hacia la abstracción.
Termina la exposición con un capítulo dedicado a los Nabis, a la obra de los pintores, Paul Sérosier, Pierre Bonnard, Émile Vuillard, Maurice Denis y Paul Ranson, caracterizados por un estilo intimista, expresión de lo enigmático de la existencia humana, apostando a la vez por lo decorativo dentro del ámbito del Art Nouveau. Por tanto un sólido recorrido por la pintura francesa de finales del siglo XIX donde germina la nueva concepción del arte de vanguardia que se desarrollará en las diferentes trayectorias en el nuevo siglo XX.

IMPRESIONISMO FEMENINO

En el baile. 1875
Pequeña exposición, pero significativa que organiza el Museo Thyssen con el nombre de BERTHE MORISOT. La pintora impresionista, la primera monográfica dedicada a esta artista, en la que se exponen sobre todo un conjunto de pinturas, dibujos, pasteles y grabados provenientes del Museo Marmonttan Monet de París, al cual fue a parar el legado personal de la pintora tras la muerte de su hija, Julie, heredera de la obra que conservó siempre en propiedad.
La exposición se completa con pinturas que posee el Museo Thyssen especialmente de Manet, Degas, Renoir y Monet, que sirve para confrontar los estilos pictóricos de Berthe con sus compañeros impresionistas. La muestra se inicia con una biografía de la artista desde su nacimiento en la década de los cuarenta del siglo XIX, hasta su muerte en París en 1895. Se formó copiando a los grandes maestros en el Louvre, con los pintores paisajistas del realismo, como Camille Corot, y también con la influencia de Edouard Manet, su cuñado, del cual sería modelo y admiradora siempre.
Jugó un papel destacado en el desarrollo del Impresionismo al participar en las distintas exposiciones del grupo e incluso, junto a su marido, Eugéne Manet, a promover las mismas, como una auténtica animadora cultural. Llegó a ser destacada por intelectuales como Stefane Mallarmé y Paul Valéry, que escribió sobre su obra como el diario de una mujer expresado a través del color y el dibujo. Un estilo delicado, centrado en los paisajes, los interiores domésticos y en la figura femenina, donde capta mejor que ningún otro impresionista la femineidad de las retratadas desde su carácter más íntimo. Construye las imágenes a través de trazos largos y rápidos, un sello personal que le identifica de otros compañeros de grupo, y le aproximan a la manera de pintar de Manet.

JARDINES IMPRESIONISTAS


La exposición JARDINES IMPRESIONISTAS, organizada por el Museo Thyssen y la Fundación Caja Madrid en colaboración con otras instituciones extrajeras muestra un recorrido por el tema del jardín en la pintura desde mediados del siglo XIX hasta comienzos del siglo XX. Desde los precedentes inmediatos con artistas como Millet, Corot y Daubigny hasta los propios impresionistas que hicieron de la representación del paisaje en sus condiciones naturales uno de sus motivos principales, por lo que tendrían en el jardín público o privado un desarrollo particular.
La exposición está organizada en tres oposiciones o polaridades: entre la ciudad y el campo, el parque público y el jardín privado, lo decorativo y lo productivo. Podemos así observar obras de los grandes maestros franceses: Manet, Monet, Renoir, y Camille Pisarro que protagonizan todo el recorrido. A ellos se unen otros artistas de no menor renombre como Berthe Morisot, Sargent, y especialmente, Van Gogh, Gauguin y Cezanne cuando la trayectoria del tema evoluciona al postimpresionismo. De este momento destacan igualmente obras de Gustave Klimt y Pierre Bonnard.
El conjunto se completa y presta atención hacia la pintura naturalista europea y americana con obras procedentes de artistas alemanes, escandinavos, británicos o estadounidenses, en la que hay un capítulo especial de pintura española de la época, representada por nombres como Sorolla o Darío de Regoyos. El espectador comprueba entonces la fascinación que tuvo la representación en la pintura de la luz y el aire libre que potenciaron los impresionistas, que dejaría una huella en las primeras vanguardias del siglo XX: el fauvismo, el cubismo y el expresionismo alemán.

RENOIR EN EL PRADO


PASIÓN POR RENOIR. La colección del Sterling and Francine Clark Art Institute es una pequeña exposición que reune 31 obras de este pintor impresionista en el Museo del Prado. Fueron reunidas por el coleccionista norteamericano Robert Sterling Clark durante cuatro décadas. Supone la primera exposición monográfica del autor en España.
Las pinturas se centran en el estilo del último cuarto de siglo, el periodo de mayor interés para Renoir. En él podemos disfrutar de la variedad de géneros que toca el artista con especial dedicación a los motivos femeninos, anónimos o retratos, que fueron los que atrajeron a Clark. Representan mujeres en distintas poses donde se incluyen desnudos. Los largos cabellos y las distintas clases de vestidos son un pretexto para mostrar la maestría en el color y una pincelada amplia y suelta, más larga y precisa que la de otros pintores impresionistas.
Deslumbran sobremanera los retratos de Marie-Thérèse Durand-Ruel cosiendo y el de Thérèse Berard, donde capta la belleza de la juventud todavía adolescente siguiendo la tradición de la pintura francesa del siglo XVIII. Del conocimiento de la pintura europea, italiana, flamenca o Española dan cuenta otros lienzos de la exposición. En la forma estrictamente impresionista se puede contemplar paisajes como El puente de Chatou y La barca-lavadero de Bas-Meudon, donde deja su impronta personal, sugerente y delicada, en la captación de la luz y el color.
Con mayor libertad y gusto se sintió el autor en la representación de flores y bodegones donde podía demostrar éste enorme interés por el color. Son ejemplos los cuadros titulados Peonías o las Cebollas. La preocupación por la composición en el lienzo, Frutero con manzanas, le acerca a las obras de Cézanne.