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POESÍA AUTÉNTICA


 

Nos tenemos que preguntar para qué sirve el arte en una sociedad desigual, donde gran parte de la población vive el día a día, y se preocupa, sobre todo, de satisfacer sus necesidades más inmediatas. Podría decirse que forma parte de unas élites privilegiadas, de la expresión de unas inquietudes y espíritus superiores, que luego transfieren esas producciones al común, pero a menudo nos encontramos que el arte, con mayores o menores dificultades, surge desde cualquier persona dotada con el don creativo, con una inspiración especial bajo el signo de Saturno, independientemente si puede o no vivir del mismo. Lo que nos lleva a diferenciar entre el creador, el que tiene la capacidad sobresaliente de crear una obra de arte, ya sea una pintura, una escultura o una novela o poesía, y el mercado artístico que la valida, que la pone un precio y satisface económicamente al productor. El contraste entre un entorno, en general humilde y difícil, y unos escritores, poetas, que tratan de crear obras de arte y, a la vez, sobrevivir, lo plantea la película, UN POETA, escrita y dirigida por Simón Mesa Soto, que cuenta como un poeta fracasado, dado a la bebida, por necesidad económica encuentra un trabajo de profesor, por el que descubre a una alumna pobre con talento para la poesía, pero que en su afán de ayudarla, la perjudica.



Oscar Restrepo, el protagonista, es un poeta fracasado. Tuvo en su juventud su periodo de gloria, una futura carrera de escritor. Sin embargo, hoy vive en casa de su madre, con una hija adolescente de un matrimonio roto. Todo el mundo le considera inútil, sumido en la fatalidad, pues todo en lo que se implica acaba en el desastre. Su entorno quiere ayudarle para que salga de la postración, pero solamente piensa en ser poeta, cuando ya no escribe y está más ocupado en la bebida que en otra necesidad. Es consciente que necesita dinero para no depender de su madre, incluso de su hija, que no le aprecia por su estado personal. Ella es una buena estudiante y va a continuar sus estudios superiores. De esta manera, ayudado por su hermana, consigue un trabajo de profesor de filosofía, entre los que descubre, una joven que escribe poesía y dibuja en un cuaderno. Tras muchas reticencias, porque vive en un hogar humilde cuidada por su abuela junto a varios hermanos que ya tienen hijos, y su madre siempre fuera del hogar trabajando, y cuya única aspiración es dedicarse al cuidado de las uñas y el maquillaje, decide aceptar entrar en la sociedad poética y promocionar sus poemas, según el consejo de Oscar.



A los miembros de la sociedad les gusta la autenticidad de la poesía de Yurlady, su origen de la calle, de las sensaciones y sentimientos de la vida humilde que lleva. El mayor obstáculo, es su entorno familiar, que frena a la joven. Oscar, entonces, trata de motivarla para ser escritora y ser reconocida. Para ello le va ayudando económicamente. Todo parece ir bien, Oscar empieza a ganar dinero como profesor y parece que se está reconciliando con su hija, cuando, la fiesta de presentación de Yurlady para recibir un premio, acaba mal a causa de la bebida. Las consecuencias son demoledoras, la joven era menor de edad y no tenía permiso, ni del colegio donde estudiaba, ni de su madre. Además, apareció sentada sin conocimiento en la puerta de casa tras un regreso esperpéntico cargada por Oscar. A pesar de que por ello pierde su trabajo, las consecuencias no van a más porque Yurlady le defiende, reconoce sus buenas intenciones de premiar su talento, cuando ella no aspira a mucho, solamente a salir adelante en su pobre entorno. La sencillez, la veracidad con tintes cómicos y dramáticos, en los que se mezcla la cultura literaria, la poesía, con la dureza de la calle, fue merecedora del Premio del Jurado, Un Certain Regard, en el pasado Festival de Cannes.

POESÍA DE LA ESPERANZA


 

Pocas veces sucede, y de manera sorpresiva, que al final de la proyección de una película se presente la directora para entablar un coloquio con los espectadores. Esto nos sucedió al ver LOS REYES DEL MUNDO, de la realizadora Laura Mora, recientemente ganadora de la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián, que se presentó al público para hablar de las claves de su obra. Una película que hay que entender con una perspectiva poética, cuyas raíces se encuentran en Pasolini y en la filosofía de Thoreau. Los elementos son de extraordinario realismo con personajes, niños de las calles de Medellín, que se ganan la vida como pueden, en medio del conflicto colombiano, de la desigualdad, y las múltiples violencias producidas por el enfrentamiento entre ricos y pobres.



Los paramilitares al servicio de las clases superiores arrebataron las tierras a muchas familias para organizar grandes latifundios. Ahora el gobierno, tras el fin del conflicto, está restituyendo esas tierras. Unos jóvenes, cinco amigos, interpretados por actores debutantes, todos huérfanos, que se drogan para sobrevivir en la calle, emprenden un viaje a la remota región donde la abuela de uno de ellos tenía una propiedad con una casa para ser libres y construir su propio mundo, sin sufrir la opresión de la pobreza. Viajan en camiones de mercancías, algunos con sus bicicletas, atraviesan elevadas montañas y parajes inhóspitos. En una auténtica road movie se enfrentan a numerosos peligros, las gentes de todo tipo con las que se encuentran que los consideran una amenaza. 



Al final de su largo recorrido llegan a donde se habían propuesto. En el camino han desaparecido dos jóvenes, uno asesinado y otro fallecido por su propia violencia. Descubren que los papeles de su propiedad no les da el derecho a poseerla. Además hay en la cercanía una mina a cielo abierto de oro que incluye las tierras de la abuela. La directora presenta todo como un viaje poético y de ensueño hacia la utopía de la libertad y la igualdad. Dice que el mundo es horroroso, pero la vida es maravillosa. La violencia se contrapone con la belleza de los parajes naturales donde se puede vivir en armonía. Para ello es necesario la rebeldía y la lucha contra los poderosos que han desposeído a los pobres. Espera el sueño de los hombres, es decir de los opresores, para ser libres y existir en comunión con la naturaleza. 

LA BIOGRAFÍA DE HÉCTOR ABAD


 La violencia está muy presente en la sociedad de los países iberoamericanos. Muchos conflictos se resuelven con el asesinato de los oponentes, ya sea un dirigente sindical o un líder político que defienda a los más desfavorecidos. De la misma manera que han surgido guerrillas que combaten las profundas diferencias entre ricos y pobres, las oligarquías y las empresas que explotan el medio ambiente, han contratado grupos paramilitares para la defensa de sus intereses por más injustos que sean. Además, el combustible que ha incendiado más el conflicto y ha incrementado la violencia, ha sido el tráfico de drogas. La película colombiana, EL OLVIDO QUE SEREMOS, dirigida por el español, Fernando Trueba, con un guion de su hijo David, nos cuenta la biografía del médico Héctor Abad Gómez, defensor de la sanidad pública y de los derechos humanos, que fue asesinado por defenderlos.




La película se basa en la biografía del mismo título escrita por el hijo del protagonista, que llegó a ser escritor. El único varón de una familia de seis vástagos. La película, de esta manera, atiende especialmente a la relación entre el hijo y el padre, en una convivencia continua, pues el padre le llevaba a sus clases en la universidad donde enseñaba medicina. La biografía atiende a tres épocas, 1971, la parte más amplia de la historia, cuando el padre destaca como profesor y activista en la universidad en defensa de la sanidad pública colombiana; en 1983, cuando se jubila y su hijo estudia literatura en Italia, y en 1987, cuando es asesinado por unos sicarios, justamente cuando se iba a presentar como candidato a la alcaldía de Medellín por el partido liberal.




La película cambia, por tanto, de registro según avanza la biografía. La época feliz contada por su hijo, corresponde a la que se muestra en color a comienzos de los años 70. La familia vive de forma acomodada en un barrio próspero de Medellín. El sueldo del padre, y de la madre, de todas las maneras resulta justo para mantener a toda la familia. Al Héctor, médico y activista se le ve preocupado por la calidad de las aguas que transmiten enfermedades, y muy querido por los alumnos porque les enseña a pensar sobre todo. En esta época ya le acusaron de ser comunista y no seguir la religión católica. En blanco y negro son las dos siguientes etapas de su vida. La jubilación forzada que padece no le impide seguir luchando contra la injusticia y en favor de los más necesitados.




Finalmente, su mayor compromiso y la entrada en política, provocarán su asesinato en la calle cuando iba a asistir a una reunión del sindicato de maestros. Héctor Abad tenía el corazón en la izquierda y la razón en el centro, pero la defensa de aquellos que sufrían constantes abusos, no impidió que la violencia política se ejerciese contra él. Una vez que apareció en una lista de posibles objetivos de los paramilitares, se esperaba un suceso de tal magnitud. En el traje que llevaba cuando murió, su hijo encontró un escrito donde hablaba de la muerte, y del olvido al cual estamos condenados.

VIOLENCIA EN LA SELVA


Los seres humanos sometidos a condiciones extremas de supervivencia pueden llegar a alcanzar un comportamiento violento e irracional. Cualquier tipo de respeto a sus semejantes desaparece. Todo se ve sometido a un ritmo vertiginoso próximo a la locura. El deseo, el amor, la vida o la muerte, constituyen hechos accidentales. Este frenesí afecta a los protagonistas de la película, MONOS, del director colombiano, Alejandro Landes, que cuenta la historia de un grupo de jóvenes guerrilleros que deben mantener el secuestro de una doctora norteamericana, primero en un lugar apartado de las montañas, luego en plena selva tropical. Apenas tienen contacto con el mundo exterior, un mando que les visita de vez en cuando y una radio por la que reciben órdenes.


La convivencia se hace difícil para un grupo de jóvenes que recientemente abandonaron la adolescencia. Los más fuertes son en realidad los jefes del grupo guerrillero, compuesto tanto por chicos como por chicas. Las duras condiciones de vida, por la lluvia y la humedad, primero en las montañas, y luego en la selva, hace que convivan con el barro y la suciedad. Cualquier dificultad se soluciona ejerciendo la violencia de unos contra otros. En ello influye el alcohol que beben y las armas que portan. Tratan de mantenerse unidos, ser fieles al objetivo que les ha reunido de servir a una autoridad guerrillera que se enfrenta al gobierno, pero no lo consiguen. 


Las primeras bajas en este clima de convivencia radical no se harán esperar. La proximidad del ejército gubernamental, les obligará a trasladarse a un lugar recóndito de la selva. El aislamiento someterá al grupo a un estrés añadido, a una locura de creerse independientes de cualquier autoridad, aunque sea rebelde. Las disensiones surgen entre ellos cuando el líder persigue este objetivo. De igual manera, cuando la doctora secuestrada logra escapar del cautiverio en el segundo intento. En ese momento, una de las jóvenes logra huir. Recibe ayuda de un familia que vive en la selva con la que su compañeros no tendrán clemencia. Ella, salvando la fuerte corriente del río, ya exhausta, será rescatada por el ejército.


Se ha dicho de la película, que el director hace todo un ejercicio de estilo visual. Así aparece al espectador, donde se combina, los paisajes, la naturaleza salvaje, y los jóvenes protagonistas, sometidos a condiciones imposibles, mediante planos generales y primeros planos, los negros nubarrones de las montañas, y la luz intensa tamizada por la frondosa vegetación de la selva. La película, de esta forma, te arrastra a la experiencia límite que viven los protagonistas, por la que fue merecedora del Premio Especial del Jurado en el Festival de Sundance.