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PINTURA GÓTICA A LA MANERA ITALIANA



El Museo del Prado presenta la exposición, A LA MANERA DE ITALIA. ESPAÑA Y EL GÓTICO MEDITERRÁNEO (1320-1420), que reúne más de cien obras de diversas técnicas, pintura, escultura, miniatura, dibujos, orfebrería, tejidos y mobiliario, para tratar cómo los modelos del Trecento italiano fueron abordados y reformulados por los artistas hispanos, dando lugar a un lenguaje visual híbrido, sofisticado y original. En Italia en el siglo XIV se produjo una transformación artística fundamental de mano de pintores como Giotto, Duccio, Simone Martini y los hermanos Lorenzetti, que tuvo una recepción excepcional en nuestro país, fruto de los intercambios comerciales, artísticos y políticos, donde el mar Mediterráneo no supuso una frontera insalvable. Los artistas viajaron desde la Península Transalpina hasta la Corona de Aragón e incluso a Castilla; los nobles, mercaderes y las oligarquías locales importaron obras y las transportaron de un punto geográfico a otro.



La exposición que reúne obras de artistas italianos como Ambrogio Lorenzetti, Lupo di Francesco, Barnaba da Modena, Gherardo Starnina y Fra Angélico, entre los más conocidos, junto a hispanos, como Ferrer y Arnau Bassa, los hermanos Serra, Pedro de Córdoba y Arnau Alcañiz, no solo se ajusta a las categorías historiográficas tradicionales, las que nos hablan del gótico bajomedieval y sus distintas tendencias, sino que propone otros análisis, lo que nos habla de la importancia y la profundidad de sus propuestas a través de un estudio preciso del periodo y las obras, cuya procedencia da cuenta de más de treinta instituciones españolas y veinticinco extranjeras. En general, el lenguaje trecentista italiano se convirtió en una auténtica lingua franca, como se subraya en la exposición abierta a todo tipo mezcolanzas e influencias, creándose propuestas estéticas híbridas. Lo mismo sucede en el aspecto iconográfico donde se producen curiosas variaciones y nuevos significados adquiridos por otros contextos visuales y mentales. También, con nuevos formatos para pintura sobre tabla, en concreto por el desarrollo del retablo monumental, soporte predilecto para la pintura polimatérica en la que el oro juega un papel simbólico y óptico fundamental.



El recorrido de la exposición sigue un orden cronológico y temático desde principios del siglo XIV durante una centuria, organizado en cinco secciones y espacios principales. La primera se denomina Antes de la peste negra. Declinaciones del arte italiano, que se centra en la obra del artista Joan Loert en el reino de Mallorca, y Ferrer y su hijo Arnau Bassa en la Corona de Aragón, a partir de la tercera década del siglo. Destacan estos últimos, con un lenguaje más complejo e innovador, que reinterpretan la influencia italiana, junto a la francesa y la neobizantina, especialmente Ferrer, que parece que estuvo en en aquel país. Su importancia reside en su clientela, la corte real y la Iglesia. Arnau evolucionó a un manierismo formal y soluciones más sofisticadas. La segunda sección, titulada, El Puente de Aviñón. Intercambios mediterráneos, destaca la importancia de la sede papal como un centro artístico de primer orden donde se estableció Simone Martini y su círculo, un grupo de artistas que llegarían a establecerse en la corona de Aragón. También, son relevantes las obras adquiridas por eclesiásticos hispanos como el mismo papa Benedicto XIII o el cardenal Gil Álvarez de Albornoz. Incluso, la misma corte de Castilla, apostó por la importación de obras de esta influencia en un auténtico cambio del gusto.



La tercera sección se titula, Entre la corte y el convento. Nuevas imágenes y nuevos temas, centrada en el papel de la monarquía en la reelaboración de imágenes con gran carga simbólica como la Verónica de la Virgen, que era una importante reliquia del tesoro del rey, o la Virgen de la Humildad. De la misma manera, fue destacado el papel para la creatividad iconográfica de los conventos franciscanos femeninos donde habitaban damas de la nobleza. Este apartado se completa con la obra de los hermanos Serra, destacados artistas que contribuyeron al desarrollo de los retablos monumentales, donde plasmaron un estilo elegantes, que combinaba el oro y el color, para expresar nuevos temas devocionales. El cuarto apartado se titula, La mirada cautiva. Técnicas fascinantes, y se dedica a las técnicas y materiales lujosos de este mundo tardomedieval, muy preciado por las élites políticas y religiosas, los nobles y mercaderes. Los comprobamos con numerosos objetos textiles bordados con oro y plata, esmaltes traslúcidos, esculturas policromadas y doradas, pinturas que exaltan las texturas, y arquetas nupciales de hueso tallado y taracea.



El último apartado denominado, Viajes de ida y vuelta. A la manera de España, establece un giro inesperado en el relato de la exposición, que refuerza la idea de la complejidad formal y estilística de un mundo abierto a múltiples influencias, centrado en la obra del pintor florentino, Gherardo Starnina, documentado en la catedral de Toledo primero, y luego en el reino de Valencia, en el que su estilo trecentista basado en el volumen y el espacio, se transformó en otro más colorista y de línea fluida, proveniente del gótico internacional, de Pere Nicolau y Marçal de Sas. Un estilo que llevaría de vuelta a la propia Florencia, y se vería seguido por Lorenzo Mónaco y Fray Angélico, como se observa en la Virgen de la Granada, una obra espectacular del Museo del Prado de hacia 1426, que pone fin a un estudio detallado y profundo de un periodo significativo de nuestra pintura.




TESOROS DE LA HISPANIC SOCIETY

Archer Milton Huntington, José María López Mezquita, 1926

El Museo del Prado organiza una amplia exposición dedicada a las colecciones de la Hispanic Society Museum and Library de Nueva York. Constituyen el conjunto más importante fuera de la Península Ibérica de arte español y de América Latina de obras de arte y libros, representativos por su calidad y cantidad. Fueron reunidos por Archer Milton Huntington, filántropo, coleccionista e hispanista  en apenas cincuenta años con la intención de fomentar la apreciación rigurosa de nuestra cultura y profundizar en su estudio, a través del arte y la literatura. La institución abrió sus puertas en 1908 en la Ciudad de los Rascacielos desarrollando desde esa fecha esta labor sobresaliente.

Retrato de niña, Velázquez, 1638

La exposición de Madrid presenta unas 220 obras, especialmente 74 pinturas y 13 esculturas, desde la Prehistoria hasta el siglo XX, distribuidas en dos ámbitos, divididos a su vez en 10 secciones. La primera parte llega hasta el siglo XIX y supone un recorrido por la producción artística en España y Latinoamérica. Llama la atención por la riqueza y profundidad de los fondos al mostrar desde vasos campaniformes del calcolítico, mosaicos y esculturas romanas,  pinturas medievales, tejidos islámicos, hasta ejemplares singulares de su biblioteca, con importantes documentos firmados por reyes y artistas. Podemos citar  los privilegios firmados por Alfonso X el Sabio y Juan II y los escritos que llevan la firma del emperador Carlos V a su hijo Felipe II o a Tiziano, o la carta de la reina Isabel de Inglaterra.

Mapamundi, Giovanni Vespucci, 1526

La pintura del Siglo de Oro y el siglo XVIII muestra su mayor protagonismo con importantes ejemplos del Greco, Antonio Moro, Luis de Morales, Zurbarán, Murillo, Alonso Cano, Juan de Valdés Leal, Goya y sobre todo Velázquez, del que se exponen tres retratos, uno del Conde-duque de Olivares, otro de una niña, y el de Camillo Astalli. Además, se puede ver una carta de éste a Damián Gotiens. El recorrido de esta primera parte termina con el arte colonial y la sección cartográfica en la que destaca el Mapamundi de Giovanni Vespucci. 

Retrato de Juan Ramón Jiménez, Joaquín Sorolla, 1916

La segunda parte, situada en la planta superior,  es más ligera para el visitante. Ofrece una amplia selección de la pintura española del finales del siglo XIX y principios del XX, con obras de Beruete, Anglada Camarasa, Nonell, Rusiñol, Solana o Viladrich. Destaca sobre todo en esta última parte, la excepcional galería de retratos de la intelectualidad española de la época con la cual Huntington estableció relación, realizada por Joaquín Sorolla e Ignacio Zuloaga.

EL ARTE DENTRO DE LA PINTURA

Huyendo de la crítica, Pere Borrell del Caso, 1874

El Museo del Prado organiza la exposición, METAPINTURA. Un viaje a la idea del arte, en la que se nos muestra un recorrido introspectivo o de reflexión sobre la concepción de la Pintura y la Escultura que se realiza dentro de las propias obras artísticas, desde finales de la Edad Media hasta los inicios de la Contemporánea. Estas se convirtieron en ventanas de una realidad exterior o espejos en los que sus autores reflejaron una serie de cuestiones referidas a su actividad, al arte mismo. El recorrido o viaje es progresivo, a través de quince etapas donde se habla de la relación de éste con el artista y la sociedad. Reúne un conjunto de 137 obras, principalmente pinturas, aunque también hay dibujos, estampas, libros y esculturas. La mayoría provienen del Prado, lo que se inscribe en una muestra que propone una perspectiva diferente sobre sus propias colecciones.


El origen de la pintura, Matías de Arteaga, 1665

El recorrido termina en 1819, fecha de la creación del Museo del Prado, lo que supuso para España que la pintura o la escultura debían ser protegidas por el Estado y servir a la educación y la cultura del país. Un viaje donde el visitante se da cuenta de la importancia que han tenido las Colecciones Reales y el arte español para la institución. En un principio se concebía al arte como universal sin fronteras hasta llegar a ser entendido dentro de nuestra historia nacional. Para mostrar las distintas perspectivas de análisis y el desarrollo, el conjunto se organiza en quince etapas o secciones. Las dos primeras aluden a las concepciones, religiosa o pagana, mitológica de la imagen. Son los orígenes. La misma divinidad es un artista, incluso la propia Naturaleza. Necesitan la pintura para mostrar su propia imagen. San Lucas fue pintor de la Virgen.

Autorretrato, Murillo, 1670

El mito de Narciso alude a la creación de una imagen artística, la reflejada en el agua donde se ahogó.  En la sección, Cuando no basta el arte: el poder de la imágenes, se alude a su poder mágico o religioso. Cobran vida y se aparecen a los hombres con los que establecen una relación milagrosa. En La pintura como signo, se muestran varios ejemplos de cuadro dentro del cuadro, que nos ayudan a comprender el significado de la obra donde se encuentran. Le sigue, Los límites del cuadro, la escena o los personajes representados parecen sobrepasar los marcos de la representación pictórica. La parte intermedia de la exposición nos informa que Las Meninas pintada por Velázquez y el Quijote de Cervantes, la primera representada por una fotografía de Laurent y el segundo por los ejemplares de la primera edición, son los mejores ejemplos de obras autorreferenciales, uno de una novela sobre la novela, y otro de una pintura sobre la pintura.

El Archiduque Leopoldo Guillermo en su galería de pinturas de Bruselas, David Teniers, 1647-51

En la segunda parte de la exposición nos plantea nuevas perspectivas entorno a la representación pictórica y a los propios artistas. Son las secciones tituladas, Historia y Tradición: Tiziano; Arte Infinito, donde se expone Las Hilanderas de Velázquez, como ejemplo paradigmático; y el Rostro del Arte, un conjunto sobresaliente de autorrretratos y retratos de artistas. Sabemos cómo quieren ser percibidos, nos falta, donde deben exponerse sus obras. Así se presenta la sección, Los lugares del arte, que muestra los grandes palacios de la monarquía absoluta conteniendo conjuntos extensos de pinturas que estimulan nuestro sentido visual. 


Giovanni Battista Casseli, Sofonisba Anguissola, 1557-58
La llegada de la Ilustración y el fin de la Edad Moderna, es el momento para surgir un nuevo relato o interpretación sobre el arte. Lo comprobamos en las últimas secciones, denominadas, La Historia del Arte; Goya y la crisis de la imagen religiosa; Hacia un nuevo artista: entorno afectivo y subjetividad; y Mitos modernos: amor, muerte y fama. La obra y la personalidad del artista aragonés son esenciales. Jovellanos llevará a cabo la primera historia moderna de la pintura española. Los usos tradicionales de la imagen religiosa se pone en cuestión. Los artistas representan con frecuencia su entorno afectivo, y se prima la subjetividad en los artistas, lo relacionado a su personalidad y la fama. La última sección se titula, El fin del viaje, lo preside el retrato de la reina Isabel de Braganza, esposa de Fernando VII, impulsora del Museo del Prado.

LA COLECCIÓN ABELLÓ

El joven gallero, Murillo, 1660
El Centro Cibeles del Ayuntamiento de Madrid organiza una exposición dedicada a la COLECCIÓN ABELLÓ. Ocupa los mismos espacios donde anteriormente estuvo la colección Masaveu. Reúne por primera vez una muestra de aquella, un total de 160 obras desde el Gótico hasta finales del siglo XX. La componen principalmente pinturas y dibujos. El comisario de la misma, Felipe Garín, destaca como principales características el centrarse, no sólo en los ejemplos españoles, los más abundantes, sino en otros de fuera de nuestras fronteras. En segundo lugar, que no existe un límite temporal, sino aquél, se puede añadir,  marcado por el buen gusto y la selección precisa de las piezas.

El Olfato, Ribera, 1615
El tercer aspecto destaca el papel relevante del dibujo a lo largo del recorrido, de la evolución temporal, que se equipara en valor al de las pinturas. El dibujo recupera el desinterés tradicional que los coleccionistas privados tuvieron hasta hace poco. En general, un conjunto muy rico, de obras excelentes, muy atractivas para el aficionado al arte. A su vez, este conjunto se divide en espacios sobresalientes. El recorrido arranca con una sala dedicada a vistas de Madrid, principalmente llevada a cabo por artistas de las escuela madrileña del siglo XVII. Tras el paso por un pequeño vestíbulo en el que se enfrenta el Retrato de Felipe II de Jooris van der Straten y el de Mujer sentada de Juan Gris, se llega a la sala del Gótico y el Renacimiento con obras de Pedro Berruguete, Juan de Flandes, Luis de Morales, Lucas Cranach el Viejo, y una tabla que el coleccionista logró recuperar para el patrimonio histórico artístico español, Salvador Mundi entre san Pedro y san Juan, de Fernando Yáñez de la Almedina.
 

Después del baño, mujer secándose, Degas, 1895
El grupo de pinturas y dibujos del siglo XVII tiene gran interés. Entre ellos, los cuadros de Ribera, Murillo, El joven gallero, y el extraordinario, La familia de la Virgen de Zurbarán. En las obras del siglo XIX, tanto en los ejemplos españoles como de fuera, el conjunto resulta igualmente bastante atractivo. De Ramón Casas, Mariano Fortuny  y de Isidro Nonell se exponen varios ejemplos, a los que se une los de Sorolla, Mir, Toulouse-Lautrec y Edgar Degas, representado por un dibujo preparatorio y el cuadro a pastel del mismo, titulado, Después del baño, mujer desnuda secándose. De comienzos del siglo XX atraen dos autores representados por un grupo de obras: Pierre Bonnard, y sobre todo, Amedeo Modigliani con un Retrato y dibujo de Constantin Brancusi y el Violonchelista de 1909.

Constantin Brancusi, Modigliani, 1909
Hay una sala dedicada a Picasso y sus contemporáneos compuesta de tres oleos del artista malagueño y dibujos, acompañados por obras de Fernand Léger, Maria Blanchard, Juan Gris, Georges Bracque, Salvador Dalí, Paul Klee, Henri Matisse y Marc Chagall, entre otros. La riqueza y la personalidad de la exposición queda reflejada en el último espacio compuesto por obras de Miró, Tápies, Millares, Palazuelo y Mark Rothko, excepcional en las colecciones españolas. Despide al visitante un conjunto de obras de Francis Bacon presidido por el enorme Tríptico de 1983.

LA INFLUENCIA DEL GRECO

EL GRECO, Laocoonte, h.1610-1614, Washington
El Museo del Prado organiza la exposición, EL GRECO Y LA PINTURA MODERNA con motivo del centenario de la muerte del pintor. Una muestra de gran interés para los aficionados a este arte por cuanto supone una revalorización de la importancia que tuvo el artista cretense, primero en sí mismo, luego para el surgimiento del gusto contemporáneo. Si observamos su influencia podemos entender mejor el valor de su manera de pintar. Un artista poco apreciado desde el siglo XVII hasta que a finales del siglo XIX un grupo de artistas españoles y franceses se fijaron en las portentosas innovaciones de sus imágenes.

La dama del armiño/ Copia de Paul Cézanne
Los primeros que se sintieron atraídos fueron Édouard Manet, que viajó en 1865 a Madrid y Toledo, Paul Cézanne y Pablo Picasso, para quien fue el maestro antiguo más influyente desde sus primeras creaciones hasta su obra final. El Museo del Prado guarda el mejor conjunto de pinturas del Greco, por lo que hizo la primera exposición monográfica en 1902. Una fecha a partir del cual su fama creció fruto del ejemplo que suponía para otros artistas como por la demanda de los coleccionistas y museos noreamericanos que adquirieron un número importante de obras. La exposición actual reúne 26 obras del autor, algunas de primera calidad que ya no se encuentran en España.

El caballero de la mano en el pecho/Paul Alexandre, A. Modigliani
Entre ellas, La dama del armiño, que fue copiada por Cézanne; una versión de El Expolio, las extraordinarias, San Martín y el mendigo; La visión de San Juan; Laocoonte y el retrato de Fray Hortensio Félix de Paravicino. Sorprende al visitante la extensión y profundidad de su influencia. En la exposición se muestra un cuadro de los Bañistas y el retrato de Madame Cézanne del artista francés como ejemplos fehacientes. Pablo Picasso lo tuvo muy presente al comienzo de su carrera, en la época azul sobre todo, en el origen mismo del cubismo al pintar Las señoritas de Aviñón. Al final de su carrera. Sirvió de ejemplo a otros artistas de vanguardia como André Derain, Amedeo Modigliani, Robert Delaunay y Diego Rivera.

La visión de San Juan/ Las señoritas de Aviñón, Picasso
Lo que atraía del Greco era un cúmulo de aspectos. En primer lugar la originalidad y calidad de sus retratos, ya famosos en su época. Luego las visiones místicas acompañadas por la estilización y conformación particular de las anatomías, con un gusto singular por el color. De esta manera, no extraña que fuera una gran referencia para los expresionismos centroeuropeos de la primera mitad del siglo XX. Para artistas como Oskar Kokoschka, Egon Schiele, Max Beckmann y August Macke, para artistas de origen judío como Marc Chagall y Chaïm Soutine.
Mis amigos, Ignacio Zuloaga, 1920-36
El pintor español Ignacio Zuloaga adquirió varias obras suyas entre las que destacaba La visión de San Juan, obra que el propio Picasso vio en su estudio, y que el primero pintó como fondo para el cuadro, Mis amigos, que agrupaba una serie de personalidades de la filosofía y literatura de las generaciones del 98 y del 14, que también apreciaban al pintor cretense. Por otra parte, llama la atención que fuera el maestro antiguo que más obsesionó al artista norteamericano, Jackson Pollock, y que su huella se pueda apreciar en la expresión angustiada de las pinturas de Alberto Giacometti, Francis Bacon y de Antonio Saura.