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LA PINTURA DE VILHELM HAMMERSHOI


 

El Museo Thyssen presenta la exposición, HAMMERSHOI. EL OJO QUE ESCUCHA, que reúne un conjunto de pinturas relevantes de este pintor danés, que tras conseguir la fama entre el siglo XIX y XX, cayó en el olvido según se consolidaron las vanguardias históricas. En sus 51 años de vida creó una obra reducida, unas 400, que nos informan de un trabajo lento y minucioso. Se ha dicho de su carácter poco social e introvertido, aspecto que se refleja en los temas representados. Uno de sus aspectos más llamativos es el silencio que evocan sus cuadros, que se ha puesto en relación metafórica con su pasión por la música. Significarían así pausas, asociadas con el tiempo interrumpido, con momentos existenciales. Prefiere, además, los espacios vacíos, las figuras ensimismadas y las repeticiones de temas o secuencias del mismo donde se producen pequeñas variaciones de elementos. Su universo es el de su entorno más cercano, un entorno iconográfico reducido. De la misma manera, su paleta de colores es limitada: grises, negros, ocres y sobre todo un llamativo blanco, reservado para la luz y las líneas arquitectónicas. En general, el aspecto de su pintura es fría, oscura, una interpretación muy personal de la belleza que el captura en la realidad cotidiana.



La exposición se articula en seis secciones, según su biografía y temática representada. Así se abre con Obertura, centrada en su etapa de formación en la Academia de Bellas Artes; luego el rechazo por parte de los salones oficiales, para intentar se reconocimiento de manera independiente. Las obras de este periodo muestran la influencia del esteticismo de James McNeill Whistler y su proximidad a las corrientes simbolistas, aunque no tiene una intención deliberada de representar símbolos ocultos. En el apartado de Retratos y figuras, se vuelca con su círculo social cercano: familiares, otros artistas o mecenas y músicos. No es su género preferido, pues atiende principalmente al concepto general, que a la identidad del representado, reforzado por un fondo neutro o con pocos datos decorativos. Las figuras las muestra en reposo, sin atender a la acción. Otras veces, muestra las figuras de espaldas o con el rostro borroso. La representación de su omnipresente esposa, Ida, corresponde a otro apartado. Ella desde su matrimonio en 1891, le acompañaría en sus viajes y estancias en el extranjero, además de ser la modelo más habitual de sus pinturas.



Ida aparece sucesivamente retratada a lo largo del tiempo, de cuerpo entero o medio, absorta en pequeñas tareas dentro de sus sucesivos hogares. El propio pintor, en ocasiones se retrata junto a ella, como en Retrato doble. El artista y su mujer, donde él aparece de espalda al otro lado de la mesa formando una escena ambigua y enigmática. La siguiente sección se refiere a uno de sus motivos más recurrentes, Interiores. Conversaciones silenciosas, al fijarse, una y otra vez, en los espacios interiores de sus casas en Copenhague, amplias, semivacías y con escasos muebles, en las que se dejan ver la figura enigmática de su mujer oculta. Nos recuerdan a los interiores de la pintura holandesa del siglo XVII, representada por Vermeer o Pieter de Hooch. Muy diferentes son, en cambio, cuando los interiores los representa completamente vacíos, atraído por la belleza de los elementos arquitectónicos, puertas y ventanas, bajo la incidencia de la luz. En Paisajes rítmicos, la siguiente sección, el autor se interesa por los espacios urbanos y rurales, pero con un sentido marcado por las líneas y las arquitecturas en distintos planos, sin personajes.



El recorrido de la exposición termina con la sección, Años finales, donde el artista se interesa por la representación de la figura humana en grandes formatos. Sobresalen los desnudos femeninos a tamaño natural o en composiciones íntimas. También aborda, de nuevo, su autorretrato, esta vez, pintando, una suerte de testamento, resumen de su trayectoria y actividad personal y profesional.



LA PINTURA AL AIRE LIBRE

El Châteu de Chillon, Courbet, 1874
El museo Thyssen de Madrid organiza la exposición, IMPRESIONISMO Y AIRE LIBRE. De Corot a Van Gogh, dedicada a la pintura al óleo realizada al natural, fuera del taller, una práctica que alcanzó su máxima expresión con el impresionismo, pero cuyos orígenes aparecen con el nacimiento del mundo contemporáneo. El cambio hacia esta pintura hecha fuera del taller se va a producir a lo largo del siglo XIX. Considerada en el ámbito del neoclasicismo como pequeños estudios de jóvenes paisajistas, artistas del romanticismo como Constable, o del realismo como Corot, los pintores de la escuela de Barbizon, Rousseau, Diaz de la Peña o Daubigny, la llevarán al conjunto de su producción. Gustave Courbet se encontrará igualmente entre sus practicantes. Todos ellos muy bien representados en la exposición. Por supuesto, los impresionistas, entre los que sobresale la obra de Claude Monet y Sisley. Hasta llegar al postimpresionismo de Cezanne o Van Gogh, donde el paisaje deja de pertenecer cada vez más al dominio de la Naturaleza, para acercarse a la interpretación subjetiva del artista a través del color y la composición.
El conjunto se divide en siete secciones según la temática representada: Ruinas, azoteas y tejados; Rocas; Montañas; Árboles y plantas; Cascadas, lagos, arroyos y ríos; Cielos y nubes; y el Mar, entre las que destacan las cuatro últimas. Las obras de diferentes estilos y autores aparecen reunidas en el mismo espacio. Así, el visitante puede contemplar por un lado la continuación de la tradición de la pintura al aire libre y por otro los cambios operados a lo largo de los años, y constituye un acierto para la contemplación y disfrute del visitante.

ARQUITECTURAS PINTADAS

Claudio de Lorena
La exposición ARQUITECTURAS PINTADAS. Del Renacimiento al siglo XVIII, está organizada por el Museo Thyssen y la Fundación Caja Madrid, y reune un magnífico conjunto de obras pictóricas en el que los paisajes urbanos, ruínas y edificios ocupan un lugar relevante en las mismas. De hecho constituyeron un género própio desde el Renacimiento. Se encuentran organizadas en distintas salas y apartados, ocho en el primer espacio y cinco en el segundo.
La arquitecturas en un principio fueron escenarios donde sucedían escenas religiosas, vidas de santos y de los evangelios. Con el desarrollo del Renacimiento y la representación matemática del espacio, consiguieron una entidad propia de tanto valor como la historia pintada. En este periodo artístico, empezó a ser relevante la representación de las ciudades históricas, ideales y legendarias como Jerusalem y Babilonia. Ya en el periodo Barroco, sobresalen las arquitecturas imaginarias y fantásticas, o la propias arquitecturas de la Antigüedad como paisaje, donde destacan los nombres de Annibale Carraci, Nicolas Poussin, Claudio de Lorena y Viviano Codazzi, inspirados por la ciudad de Roma y sus alrededores, que junto con Nápoles, sirven también para transmitir metáforas del poder absoluto.
Las pinturas del siglo XVIII siguen mostrando el atractivo por las ciudades y las arquitecturas históricas, principalmente de Italia, donde una serie de artístas se convierten en sus afamados retratistas, como Canaletto, Antonio Jolí, Francesco Guardi y Bernardo Bellotto. Representaciones fieles de las calles y plazas de Venecia, Roma o Nápoles, o formando extraordinarios caprichos, mezclas de edificios provenientes de distintas localizaciones. Finalmente las ruínas se revalorizan de nuevo por el hallazgo arqueológico de Pompeya y Herculano, fruto del interés erúdito o también desde una perspectiva poética, e incluso, fantástica según los trabajos de Giovanni Battista Piranesi.

EL PAISAJE BARROCO

Claudio de Lorena. 1644. Paris. Museo del Louvre
El Museo del Prado organiza y presenta la exposición en colaboración con el Grand Palais y el Museo del Louvre de Paris, ROMA. Naturaleza e Ideal. Paisajes 1600-1650, que se puede ver en Madrid entre el 5 de julio y 25 de septiembre de 2011. Reune más de un centenar de pinturas y dibujos de treinta y seis artistas europeos que trabajaron en Roma en la primera mitad del siglo XVII y contribuyeron a crear el género del paisaje. La muestra se divide en seis apartados: Annibale Carracci, Paul Bril, Adam Elsheimer; La evolución del paisaje boloñés; La evolución del paisaje nórdico y su proyección europea; La Galería de Paisajes del palacio del Buen Retiro; Claudio de Lorena (1600-1682) y Nicolas Poussin (1594-1665), que siguen una secuencia cronológica, resaltando la importancia de cada protagonista.
Queda demostrada la contribución de Annibale Caracci y la escuela boloñesa por un lado, y de los autores nórdicos por otro, en la creación de un tipo diferente de pintura, autores conocidos para el gran público y otros no tanto, pero igualmente atractivos. El espectador puede observar pinturas y dibujos basados en el natural o reinterpretados de forma ideal a partir del mismo. La naturaleza es la verdadera protagonista, junto con historias mitológicas o de la Antigüedad y religiosas, también de género, que se desarrollan con pequeños figuras. Hay artistas que sólo pintan éstas y otros sólo paisajes, o ambas cosas a la vez.
La exposición responde a la pregunta de por qué fue en Roma donde se creó y se desarrolló este género de forma extraordinaria. En primer lugar porque la Ciudad Eterna reunía un conjunto de vestigios arquitectónicos de la Antigüedad clásica extraordinario y éstos van a ser representados por los pintores continuamente, aplicando distintos colores y luces cambiantes. En segundo lugar, por la existencia de un gran número de coleccionistas y aficionados a este nuevo tipo de pintura, que atrajeron a su vez, un gran número de importantes pintores que coincidieron en el tiempo y trabajaron juntos muchos de ellos. Asimismo, se destaca la importancia para el desarrollo del género, de la labor coleccionista de Felípe IV, rey de España, que encargó a diversos artistas residentes en Roma, pinturas de paisaje para decorar el nuevo palacio del Buen Retiro de Madrid.
Los paisajes se representan normalmente con sucesivos planos paralelos que tienen a su vez distintas luces, sea el primer plano o el fondo. Sobresalen los que incluyen un punto de fuga montañoso o la linea del horizonte con el mar. Unos son agrestes de afiladas rocas y rios que caen en cascada, y otros, representan puertos repletos de arquitecturas clásicas a la puesta del sol. En ellos vemos figuras de algún santo solitario, que vive en penitencia o momentos de la huida a Egipto. Igualmente nos encontramos con escenas mitológicas del baño de Venus, o de los trabajos de Hércules, como las más repetidas junto a las de ninfas y sátiros en perpetua bacanal. También escenas de género, pastoriles con personajes de la época y animales. La técnica predominante es la pintura al oleo sobre lienzo y cobre, éste especialmente para los pequeños formatos.