MUJERES DE TEHERÁN




Se ha dicho que la literatura, la lectura de los grandes clásicos, permiten ampliar la experiencia humana de por sí limitada por las condiciones de nuestra vida. El estudio de los libros ayudan a comprender el mundo y nos conducen a la libertad. Por ello, en determinadas épocas, se han prohibido o incluso quemado, antesala de la propia represión de las personas. Es lo que sucedió en la Revolución Islámica de Irán a finales de la década de los setenta del siglo pasado, cuando calló la monarquía del Sha de Persia, que en vez de abrir el país a un régimen de libertades, las limitó en favor de una dictadura religiosa o moral, donde los libros occidentales eran vehículos del mal. Esto nos lo cuenta la película, LEER LOLITA EN TEHERÁN, dirigida por Eran Riklis, basada en la novela autobiográfica de Azar Nafisi, una joven profesora universitaria de literatura que regresó con su marido a Irán con motivo de la llegada del Régimen de los Ayatolas.






Azar Nafisi va a vivir en primera persona la conversión obligatoria de su país en una dictadura islámica, donde la mujer va a ser relegada según la autoridad de los hombres. Será una experiencia progresiva como profesora de universidad. De vestir a la manera occidental, a tener que usar el hiyab, cubriéndose el pelo y el resto del cuerpo. De reflexionar sobre las vertientes de la condición humana, a ser limitada la perspectiva según la tradición islámica, donde no se separa el Estado y la religión, que se convierte en el único argumento que rige las relaciones sociales. Queda, por tanto, coartada cualquier esperanza o libertad individual. La persona, especialmente, las mujeres deben renunciar a su desarrollo, a su futuro, y supeditarse a la voluntad de su marido o padre. La lectura y el estudio de libros fundamentales de la literatura, pueden servir para escapar y contradecir la opresión del régimen autoritario.






La protagonista comienza su enseñanza con autores como Scott Fitzgerald y su obra El gran Gatsby, ambientada en los años veinte; luego con la novela, Lolita, de Vladimir Nabokov, que a las alumnas les inspira tratar temas como el adulterio o la libertad sexual, así como el control y dependencia de un hombre mayor frente a una joven indefensa. Ellas han sufrido en la universidad la represión a golpes de la policía, incluso el encarcelamiento, y para algunas la pena de muerte. Azar Nafisi, ante esta situación, tiene que abandonar la docencia pública, para refugiarse en las clases particulares en su casa, que se convierte en un ámbito de libre pensamiento. Allí, junto a unas pocas alumnas, puede seguir tratando obras de autores fundamentales como Henry James o Jane Austen, de cuya novela, Orgullo y prejuicio, extraen sabias reflexiones.




Para Azar Nafisi y este grupo de mujeres, los libros, son una forma de escapar de la represión dictatorial en el vestido, en el pensamiento; también, de los malos tratos que ejercen sus maridos enterados de sus reuniones; una forma de compartir experiencias y conocimientos personales, acallados por la sociedad. Sin embargo, llega el momento, que no queda otra solución que el exilio, salir del país que una vez abrió las puertas a la esperanza, a un futuro mejor, pero que en ese tiempo lo cercenó de manera definitiva.

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