La Fundación Casa de México en España presenta la exposición, GRACIELA ITURBIDE. CUANDO HABLA LA LUZ, que reúne un conjunto de 115 obras en tamaño grande, de series realizadas en su mayoría a lo largo de la geografía de su país, aunque hay ejemplos tomados en Europa e India, entre 1972 y 2017. Una muestra en la que el visitante no queda indiferente mientras observa la originalidad y brillantez de sus imágenes. Unas imágenes fruto de la captación de un instante irrepetible, como de posados preparados por la artista. A lo largo del recorrido podemos comprender su intencionalidad, como se ha dicho, de lo real a lo onírico y de la vida a la muerte. También, tiene como objetivo, en consecuencia, la búsqueda de lo surreal, una visión que proviene del subconsciente, que encuentra y obtiene de la realidad misma, que se convierte en simbólica o fantástica.
Graciela Iturbide documenta, sin grandes deformaciones formales, la realidad del pueblo mexicano, los interiores domésticos, las costumbres y ritos que provienen de las culturas prehispánicas, en un paisaje natural o urbano de enorme atractivo. Recordamos la imagen de una mujer adentrarse en el desierto de Sonora con un radiocasete en una de las manos; aquella mujer con iguanas en la cabeza como una auténtica diosa antigua; sus propios autorretratos, uno con serpientes, otro con pájaros muertos que sitúa frente a sus ojos; y muchos retratos, gran parte de ellos con el rostro tapado con máscaras, o de mujeres de espaldas donde sobresale su largo cabello, otros en cambio, captan personajes travestidos. En algunas imágenes parece que valorase mejor la presencia desconocida o incierta del retratado que su verdadera identidad. A veces el detalle de unas piernas o unos pies constituye el asunto principal.
El ser humano convive con los animales, y por tanto, están presentes en su fotografías, como futuro alimento antes de ser sacrificadas o en vías de preparación para su venta como carne. Igualmente, muchas aves en plena libertad formando bandadas que construyen geometrías en el cielo, que contrastan con las formas de árboles o postes telegráficos. La naturaleza desértica de muchos lugares resaltan la presencia de niños y adultos, en medio del polvo o del llano vacío. En medio de la soledad, se alzan las formas prominentes de cactus enormes. La mejor enseñanza de Graciela Iturbide en saber ver la realidad, en descubrir y combinar los elementos visibles a nuestros ojos, trasuntos de la memoria que puebla nuestro inconsciente y de la propia intrahistoria del tema representado.
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