EL NO-DO FRANQUISTA


 

La Filmoteca Española presenta la exposición, NO-DO. EL MUNDO DE AYER. IMAGEN Y PROGANDA DEL FRANQUISMO, que reúne documentos, filmaciones, fotografías, y objetos técnicos, sobre este noticiario que se proyectaba en los cines antes de ver las películas programadas desde 1943 hasta 1975. Duraba unos diez minutos y estaba integrado por materiales propios, elaborado por un equipo de directivos y operadores con sucursales en todo el país, y provenientes del extranjero, mediante el intercambio con otros países. La aparición de la televisión hizo que se transformarse en una revista de la actualidad con un carácter más general e intranscendente. La exposición se divide en tres secciones según los espacios amplios de la misma: una primera referida a sus contenidos ideológicos e históricos; otra a sus aspectos técnicos y sus fases de elaboración; y una tercera, a los aspectos humanos, de sus operadores, como del dictador, sin duda partícipe de alguna manera en el mismo, así como el valor del archivo para la memoria y la historia. 



El visitante en el primer espacio puede visionar el primer NO-DO de 1943, expresión del nuevo régimen político instaurado tras la Guerra Civil, fundamentado en una ideología totalitaria de carácter fascista, según la versión del falangismo, nacionalsindicalista y de Estado corporativo. Su líder se encarnaba en la figura de Francisco Franco, que aparece en las primeras imágenes, detrás de una entrada que alude al pasado imperial de la nación. También se explica que el noticiero no nació de la nada sino de otros previos y organismos existentes. Nacido en plena guerra mundial, la reflejó no sin dificultades, pues tuvo que mantenerse neutral cuando se refería al conflicto en Europa; a favor del anticomunismo alemán en el frente contra la URSS, y proamericano en el Pacífico. Mostró acontecimientos de la dictadura a lo largo de su existencia, positivos con respecto a la Guerra Fría y las bombas atómicas, y los distintos conflictos mundiales. Se opuso a los avances de la cultura pop encarnada en la música de los Beatles, o la revolución juvenil de los hippies o los avances en la igualdad de la mujer.



Apostó por el fenómeno turístico, que promocionó a España en el exterior y la sacó del atraso económico. Ocultó la emigración masiva a las ciudades y a otros países de Europa, para luego reconocerla. Tuvo al dictador como el mayor protagonista, el que más veces apareció en sus imágenes. Sabemos que los noticiarios se proyectaban semanalmente en el Palacio del Pardo, y él era un aficionado al cine, que practicaba en algunas ocasiones. Por otra parte, el noticiero, que veían obligatoriamente todos los ciudadanos, estaba sometido a una férrea censura, y seguía este procedimiento: primero se seleccionaban las noticias; acto seguido los reporteros la ilustraban con imágenes; luego se positivaban fuera del organismo oficial; de vuelta, se montaba y se introducía el sonido. Al principio, apenas se grababa en directo, luego con el desarrollo técnico, sí. Más relevante fue la redacción de las noticias, y la incorporación de los comentarios, por locutores de voz singular. Finalmente, la incorporación de los títulos de las secciones y la distribución. El proceso era muy rápido porque cada semana se llegaron a realizar hasta cuatro noticieros.



Podemos conocer que la partitura original del NO-DO la compuso el músico, Manuel Parada de la Puente; el estilo retórico y grandilocuente de la mayoría de las noticias se debe a la prosa de Alfredo Marqueríe. La maleta del operador Gregorio Sánchez, nos informa de la vida del personal de la entidad, junto al testimonio del redactor y realizador, Jaime Moreno, testigo de los años dorados. La exposición termina con la información de toda la producción en cifras: miles de noticieros, según distintas categorías, sus fechas; las temáticas de cada uno de ellos; el tipo de fotografías, blanco y negro o color, mas la cantidad de documentales y ediciones especiales. Hoy el archivo tiene una relevancia excepcional para el mundo académico y el público en general. Forma parte de la Filmoteca Nacional, y se está digitalizando a la máxima resolución. Traslado la frase del escritor William Faulkner parafraseada en la muestra: NO-DO no ha muerto. Ni siquiera es pasado.

UNA REVOLUCIÓN CINEMATOGRÁFICA



El cine desde sus comienzos ha mostrado dos tendencias paralelas. Por un lado, una corriente centrada en la realidad, en documentar lo que está sucediendo ante la cámara, y por otro, la que representa la ficción, la fantasía. Ambas se combinaron con el tiempo, y se beneficiaron de los avances técnicos, como la incorporación de sonido y la mejora de las cámaras de grabación. El cine se convertiría en una industria que disponía de grandes estudios y una red de salas específicas de proyección. Se convertiría en una disciplina artística, la séptima y en un medio de comunicación de masas. La edad de oro, uno de los momentos de mayor desarrollo de su historia, se produjo después de la Segunda Guerra Mundial en EEUU, representado por las grandes compañías situadas en Hollywood y el llamado Star System. Sin embargo, no tardaría en producirse un cambio sustancial en Francia hacia un cine más cercano a la vida cotidiana, sin grandes recursos técnicos, rodado en la misma calle. Nos lo cuenta la película, NOUVELLE VAGUE, dirigida por Richard Linklater, sobre la producción y el rodaje de Al final de la escapada, de Godard, una película que dio paso al movimiento cinematográfico de ese nombre en la década de los sesenta.






El nuevo movimiento surgió entorno a la revista Cahiers du Cinema, cuando un grupo de sus críticos, entre lo que se encontraban, Françoise Truffaut, Claude Chabrol, Jacques Rivette y Jean-Luc Godard, pasaron a dirigir sus primeras películas. Fue el último, que se encontraba rezagado, y un tanto preocupado y frustrado ante lo demás, quien dio la medida más radical de entender el cine. Para su primera película, se valió de sus compañeros; de un guion de Truffaut, que por aquel entonces recibía los elogios del Festival de Cannes por Los cuatrocientos golpes, y la participación de alguna manera de los demás, como actores o ayudantes en la producción. Por aquel entonces, el grupo recibió los sabios consejos del director italiano, Roberto Rossellini, para realizar una película, entre ellos, no valerse del guion, sino utilizar notas, que Godard seguiría, incluso cambiándolas de continuo. Entre lo primero que hizo también, fue la elección de los actores principales, que recayeron en Jean Paul Belmondo, un joven desconocido que había participado en su primer cortometraje, y la actriz norteamericana, ya famosa, Jean Seberg, persuadida por su marido.






La película nos cuenta un rodaje muy improvisado, establecido en 20 jornadas, de las cuales, en algunas, se rodaban apenas dos horas, y en otras, nada, según las directrices de Godard, que cada mañana a primera hora decidía lo que había que hacer. No utilizaba sonido directo, y se empleaba siempre luz natural. El técnico de fotografía era a la vez el que portaba la cámara casi siempre en el hombro o en vehículos improvisados para la realización del travelling, ya sea el techo de un coche, una silla de ruedas o una carretilla. Además, se rodaba en la calle, en medio de los transeúntes a los que había que avisar que era un rodaje en el momento, improvisación que era empleada interesadamente para dar autenticidad a las imágenes. Godard no daba importancia a aspectos técnicos como la continuidad de la línea de toma o rácord, sin importarle los cambios de vestuario, los objetos que aparecen en la escena o la mirada precisa de los actores. No seguía la línea temporal de la historia al rodar, sino la conveniencia y la necesidad de la producción. También el final de la película no llegó del todo hasta el montaje, limitado por un metraje que debía estar entorno a los 90 minutos.






El resultado fue la película, Al final de la escapada, À bout de souffle, un hito en la historia del cine, la ópera prima de Jean-Luc Godard, el director cinéfilo y periodista, que revolucionó el cine partiendo de la tradición cinematográfica y de la filosofía del arte. Desde ese momento, numerosos directores en Francia y en otros países, se vieron motivados a llevar a cabo sus proyectos. El cine en general cobró nueva vida, ahora lleno de una energía proveniente de los cambios socioeconómicos de la época, de la llegada y la comprensión de la modernidad, sin las ataduras impuestas por una industria clásica, que favorecía sus intereses económicos y limitaba la creatividad.
 

FAMILIAS SINGULARES


 

El paso del tiempo afecta a las relaciones familiares. Padres e hijos convivieron juntos una parte de sus vidas, sobre todo, durante su niñez. Luego cada uno siguió caminos diferentes, según sus profesiones o sus parejas. La brecha generacional, y las costumbres propias de cada época, se hace más profunda con el transcurrir de los años, hasta el punto, que el reencuentro se espacia cada vez más. Surge en ese periodo una distancia cada vez más amplia, una incomprensión de lo que fue y es cada uno. Nos lo cuenta la película, FATHER MOTHER SISTER BROTHER, escrita y dirigida por Jim Jarmusch mediante tres historias de encuentros familiares en tres países diferentes: EEUU, Irlanda y Francia. Una en una casa de campo frente a un lago; otra, en Dublín, y la tercera en París. El cuidado de las imágenes, los diálogos precisos en un estilo sobrio pero profundo, la hicieron merecedor del León  de Oro en el Festival de Venecia.



La película se inicia con el viaje en coche de un hombre y una mujer que van a visitar a su padre que vive en una casa de campo en un paisaje idílico. Los dos nos dan una idea de como es su progenitor: una persona desordenada que malvive lleno de deudas; sin oficio conocido, ni poseedor de una pensión. La hija hace tiempo que dejó de ayudarle económicamente, siendo el hijo quien está más pendiente de él, cubriendo sus necesidades económicas. Hace varios años que no se reunían juntos. Todos recuerdan la muerte de la madre, que persiste, en su memoria. Emily, la hija tiene a su vez dos hijas adolescentes; y Jeff, tiene una buena posición profesional. El interior de la casa se encuentra desordenada con libros y objetos amontonados, además de muebles más propios de otra época. Una vieja camioneta está aparcada en la puerta. La visita es breve, y tras brindar con agua y té, se despiden, pero todo no es más que apariencia. El padre es una persona culta y ordenada, que nada más irse sus hijos, llama a su nueva pareja para comer fuera ahora que su hijo le ha dado dinero.



Una madre, escritora de prestigio, se reúne con sus dos hijas una vez al año para tomar el té y merendar con pasteles. En esta ocasión, a la hija mayor se le avería el coche de camino, lo que le hará llegar tarde, pero no será más que momentáneamente. A la pequeña, la lleva su novia, a quien advierte de que haga una parada para pasar al asiento de atrás para parecer que es una conductora de Uber. Las dos hijas son muy diferentes: una más tradicional, con un buen puesto de trabajo en la administración de la ciudad; la otra, más ruda, dedicada al comercio online de ropa vintage. La merienda da para poco, unas breves preguntas de cómo les va a cada una. Queda claro que Lilith miente a su madre en cuanto a su situación económica como afectiva, mientras que Timothea, es más sincera. En la última historia dos hermanos mellizos se encuentran en París. Visitarán por última vez el piso de sus padres que han fallecido por última vez en un accidente de aviación en las islas Azores. 



Los dos hermanos recuerdan a sus padres como poco convencionales, sin llegar a conocerles en profundidad. Tuvieron una niñez feliz junto a ellos en el piso de París, luego sus trayectorias se apartaron. Billy, el hermano, se ha encargado de vaciarlo y trasladar los objetos a un trastero. Ha seleccionado un conjunto de ellos para enseñárselos a su hermana Skye. Le muestra fotografías cuando eran niños, de sus padres, sus carnets de identidad, de diversos lugares, su certificado de matrimonio, al parecer falso, sus partidas de nacimiento que los hace nacidos en Nueva York; unas gafas de sol de la madre, un reloj Rolex del padre, que se reparten. Las tres historias tienen en común algunos gestos y objetos: la visualización de patinadores sobre tabla; brindar con agua; y el famoso reloj de la marca suiza. Unas historias que acaban como empezaron, sobre unas relaciones distantes entre padres, madres e hijos e hijas, ahora convertidos en desconocidos, en un mundo frágil y cambiante.

BAJO EL SOL DE ARGEL


 

La responsabilidad del ser humano es en principio individual. Se atiene a sus circunstancias materiales, a sus propósitos y  a sus emociones. Es consciente de sus actos, de lo que le produce felicidad e infelicidad. De la misma manera, su propia vida la ejerce en un entorno social, entre unas relaciones familiares, una ciudad o un país. Lo más asombroso es no perder el equilibrio tanto en relación con sí mismo que con tu entorno. Cualquier acontecimiento fortuito podría romper toda tu trayectoria vital hasta ese momento, y lo que no valorabas suficientemente en un momento, lo echarías de menos hasta el más mínimo instante. La libertad, a pesar de sus limitaciones, es una cualidad personal que no se descubre hasta que se pierde. Es lo que le sucede al protagonista de la película, EL EXTRANJERO, escrita y dirigida por François Ozon, según la novela homónima de Albert Camus, que nos cuenta la prisión, el juicio y la condena del joven Mersault, así como los acontecimientos que han llevado a esta situación.



La acción se desarrolla en la Argelia colonizada por Francia en los años treinta del siglo XX. Un territorio que se considera como parte de la misma metrópoli. A los habitantes originarios les llaman nativos o árabes, y componen una mayoría de inferior categoría que los blancos y cristianos. Están sometidos a instituciones y personas, que aún nacidas en ese territorio, son ajenas a la cultura y costumbre originaria del mismo. Mersault, el protagonista, pertenece a esta minoría. Trabaja en una compañía de administrativo, y un día, recibe un telegrama con la noticia de que su madre ha fallecido en el asilo donde residía. Pide permiso, y allí se dirige para velar y acompañar el cadáver hasta el cementerio. De vuelta, conoce a Marie, con la que inicia una relación amorosa. Mersault es un buen trabajador, y pronto le ofrecen trasladarse a París para encargarse de la empresa comercial. Sin embargo, tiene poca ambición, incluso le da igual comprometerse o no con su novia.



Mersault y Marie son felices juntos, pero todo cambiará de manera brusca. El primero tiene un vecino que es un proxeneta y maltrata a su pareja, una mujer árabe. Su hermano quiere vengarse, y no es la primera vez que tratan de golpearle. Un día llega la policía al apartamento donde vive y rescatan a la mujer tras ser maltratada. Raymond Sintés, que así se llama el personaje, en prueba de su amistad, invita a Mersault y su novia a la casa de la playa de un conocido. Allí comen, y después, pasean por la playa, hasta que se encuentran con el hermano y sus colegas para vengarse de Raymond. Este es herido por una navaja, y tras ser curado, Mersault, se dirige a la playa, de nuevo, y mata a disparos, sin motivación aparente, al hermano. El protagonista, entonces, es apresado, juzgado y condenado a pena de muerte, donde se destaca su indiferencia, y la falta de emociones que caracterizan sus actos. Solamente le quedan, mientras espera la ejecución, los recuerdos de la felicidad que experimentó bajo el cálido sol de Argel.  

EL EXILIO ESPAÑOL


 

La Casa de América presenta la exposición, EL CUERPO ERRANTE. EXILIO ESPAÑOL 1939-1975, que reúne numerosos objetos, fotografías y documentos escritos y sonoros sobre los exiliados republicanos tras huir una vez terminada la Guerra Civil. Se presentan ejemplos de todo tipo: una madre que vio partir a su hijo; el de un padre que huyó; militares republicanos que retornaron en los años setenta; otros los vieron morir fuera y su familia mantuvo el contacto epistolar; un conjunto amplio que se unía en la distancia por su ideología y transmitía mensajes con la apariencia de visitas turísticas. La muestra tiene seis apartados ocupando dos pisos del edificio. El recorrido se inicia en el primero con el apartado, Entre líneas, que alude a la dificultad de saber y de mantener el contacto con aquellos que se fueron del país. Era necesario mantener una apariencia de visita turística unas veces o un lenguaje figurado para informarse de lo que sucedía. Muchas cartas no llegaron a su destino, fueron cartas muertas. Se cuenta el caso de José Luis López de Haro, médico republicano del Hospital minero, que se exilió en la República Dominicana, cuyo busto fue tiroteado durante la dictadura. Un busto que la familia le envió a su destino, y que luego a su muerte retornó.



Uno de los espacios más singulares corresponde a la sección, Un millón de palabras, sobre el caso de María Fernández Grandizo que escribió más de 1500 cartas a su hijo Manolo Laguna, exiliado en México. Fueron cuarenta años de mantener un contacto con uno de los supervivientes de su familia, pues su padre y su marido fueron fusilados. Parte de las misivas se exponen en facsímil colgadas del techo. Al fondo un baúl contiene las originales y alguna fotografía, junto a casetes de voz que las complementaron al final, ya en los años ochenta. El paso al siguiente espacio sorprende por las coloristas postales de los años sesenta y setenta, pero si se profundiza un poco en los originales expuestos y en los facsímiles, podremos ver que tienen en su reverso mensajes para ser leídos en la emisora del Partido Comunista, la Radio España Independiente. Más al fondo podemos oír y ver, ser testigos de reencuentros de exiliados: el de un padre con un hijo a quien no conocía; el del hijo del último fiscal general de la República con el país que vio nacer a su progenitor; las primeras exhumaciones de fusilados; y del primer encuentro entre aviadores republicanos en 1977.



La sección más impactante y trágica corresponde, ya en el segundo piso a Las pequeñas cosas, donde en un montaje original, el visitante puede abrir una especie de armario donde se encuentra la explicación y aquellos objetos que pertenecieron a personas fusiladas por la dictadura. Lo constituyen telas escritas, diarios de cartas, piedras ensangrentadas, objetos varios que portaba el asesinado antes de enterrarlo envueltos en un pañuelo, una foto cosida con hilo, otra de un niño donde la madre escribió los nombre de sus asesinos en 1939, o la historia más sorprendente, la de una imagen en cuyo reverso hay una carta para su esposa e hija, arrojada desde el camión donde le llevaban para fusilar para ser entregada a una dirección, fotografía que llegó a su destino; también la medalla de Ramón que apareció en mayo de 2022 junto al cuerpo de una persona exhumada en una fosa de Manzanares, que decía, Muero por la libertad



Según avanzamos en el recorrido, ya en el pasillo, se encuentra la sección, El tejido de la memoria, un conjunto de grandes fotografías de exiliadas o descendientes que cuentan sus pequeñas historias. Tienen un asiento donde sentarse para escucharlas como un auténtico documento oral. Finalmente se llega al último espacio, titulado, El exilio en un desván, formado por objetos conservados de los exiliados. Desde un recetario de comida, sin duda, muy añorada, hasta manuales escolares de las instituciones educativas creadas fuera de España, como el Colegio Madrid y el Instituto Luis Vives, mientras escuchamos las canciones cantadas por los alumnos.




MEMORIA FAMILIAR


 

Las antiguas casas son como seres vivientes. En su interior pasaron los años hombres y mujeres, niños y niñas de varias generaciones de la misma familia. Sucederían momentos de alegría como de tristeza, tanto en la infancia como en la juventud o en la vejez. Se daría a luz a nuevos integrantes. Otros dejarían este mundo. Los espacios son siempre los mismos. Tal vez un jardín de entrada; un salón principal al que se abren unas habitaciones; y una escalera que comunica con el piso superior. Eso favorece los recuerdos del pasado mientras los visitas. De la misma manera que el paso del tiempo influye a sus residentes, ocurre con los hechos históricos, a veces traumáticos, que se produjeron en el pasado, donde aquellos muros fueron testigos. Así les pasa a los protagonistas de la película, VALOR SENTIMENTAL, escrita y dirigida por Joachim Trier, que una antigua casa familiar es el lugar donde han crecido sus vidas y hechos fundamentales que les han marcado hasta el presente. La profundidad y la originalidad del argumento, junto a las interpretaciones, le hizo merecer el Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes.



La madre de Nora y Agnes ha muerto recientemente tras una larga enfermedad. Fue una prestigiosa psiquiatra que recibía a sus pacientes en el salón de la casa. Ellas escuchan las consultas si dejaban la chimenea abierta. Ahora se reúnen para decidir qué hacer con ella, aunque saben que es propiedad de su padre. Un padre ausente siempre entregado a su trabajo como director de cine. Agnes es profesora de historia y Nora actriz de teatro, que sufre a menudo problemas de ansiedad, miedo escénico, fruto de la soledad y la frustración de no haber logrado formar una familia como su hermana, que está casada y tiene un hijo. En el velatorio se encuentran de nuevo con su padre, que tiene la intención de rodar una película en la casa, cuyo argumento se basa en su propia vida. La protagonista es una madre independiente cuyo hijo es testigo de su suicidio. Su hija Nora rechaza el papel, todo lo que venga de su padre a quien acusa de haber abandonado la familia.



Gustav Borg, el padre, entonces elige a una joven actriz de Hollywood, pero tras la lectura del guion y los largos ensayos, descubre que no se hace del todo con un personaje escrito especialmente para su hija. Rachel, en consecuencia, renuncia a protagonizarla, sumiendo el proyecto en la incertidumbre. Además, de la negativa de Agnes para que su hijo participe. A partir de ese momento, se precipitan los sucesos, Gustav sufre un infarto, lo que causará que Nora, se replante, su actitud, y ambas hijas ayuden a su padre. Por otra parte, merece destacar el lenguaje narrativo de la película, donde las imágenes del presente se unen a las del pasado en flash back, junto a una voz en off, que narra los acontecimientos. Hechos que están presentes en la memoria o influyen en aquel de una u otra manera, y justifican o aclaran las acciones, los sufrimientos o las alegrías.

LA PINTURA DE MARUJA MALLO


 
El Museo Reina Sofía presenta la exposición, MARUJA MALLO. MÁSCARA Y COMPÁS, una retrospectiva amplia de la trayectoria y la obra de esta artista integrante de la Generación del 27, y representante del prototipo de mujer moderna, activa, libre y profesional. La componen numerosas pinturas, dibujos, documentos y objetos, que se presentan de manera cronológica en series, que trazan toda su carrera: desde el realismo mágico y las composiciones surrealistas de sus primeros años hasta las configuraciones geométricas de las últimas obras; desde los barrios populares de Madrid en los años veinte, hasta las lejanas tierras y playas de Galicia y América del Sur, para terminar en una reflexión superior donde se une ciencia, arte y mitología, evolucionando, como ella decía, de la geografía a la cosmografía. Mallo fue una artista intelectual, fundamentada en sus escritos y estudios prolijos conservados en su archivo. Desde joven estuvo vinculada a la prestigiosa Revista de Occidente, dirigida por el filósofo José Ortega y Gasset, a quien conoció, y para quien trabajó.






Fue una artista visionaria que logró reflejar las preocupaciones de su tiempo y anticipar las del futuro. El poder del arte permite revelar aspectos desconocidos de la realidad, considerada como un sistema ecológico integrado, desde una perspectiva humana, más allá de las diferencias económicas, raciales y de género. Su producción artística es bastante personal y heterogénea, donde se difuminan los límites entre lo popular y lo vanguardista. Lo popular entendido como expresión de la fuerza creadora del ser humano. De esta manera lo representa en sus primeras series, Estampas y Verbenas (1927-1928), en las que hace un retrato de la realidad política y social de la época, repleto de detalles concretos y presencias irreales. En Cloacas y Campanarios (1929-1932) tiene una visión totalmente diferente, apocalíptica, de paisajes oscuros, abandonados y secos, a veces poblada por esqueletos. Por aquella época, Mallo, se acerca al surrealismo, a cuyo grupo de autores conoce en París, donde expone con éxito e interés. Sin embargo, a pesar de él, prefiere regresar a España y comprometerse con el ideal pedagógico de la Segunda República.






En estos años, trabaja como profesora de dibujo en Arévalo, y se relaciona con artistas de la Escuela de Vallecas, como Benjamín Palencia y Alberto Sánchez. Igualmente, con el Grupo de Arte Constructivo de Joaquín Torres García. Además, crea una serie de platos para la Escuela de Cerámica de Madrid con decoraciones geométricas, producto de sus estudios matemáticos. El inicio de la Guerra Civil coincide con su estancia en Galicia, de la que logra partir al exilio argentino. Instalada a principios de 1937 en Buenos Aires, desarrolla la serie La religión del trabajo (1936-1939), formada por un conjunto de retratos de gran formato en honor a la mujer trabajadora, campesina y marinera. En el exilio practica el muralismo, la escritura y el teatro. Entra en contacto con otros escritores y artistas en su misma situación. Se siente fascinada por la diversidad de razas y las formas de la naturaleza marina. Las siguientes series son consecuencia de ella: Cabezas de mujer (1941-1952), Máscaras (1948-1957) y Naturalezas Vivas (1941-1944). Así, persigue la comunión entre naturaleza y arte, difuminando fronteras entre lo popular y lo culto. En 1945, Mallo se fotografía en Chile con un manto de algas. Expresa la simbiosis entre la forma humana y vegetal o animal.






Los cuadros de máscaras y sus sombras en paisajes de playa presentan una dimensión sombría del exilio que cada vez pesa más en sus protagonistas.  En sus últimas series, culmina su trayectoria artística e intelectual. En Moradores del vacío (1968-1980) y Viajeros del éter (1979-1982), supera el tiempo y el espacio terrenales, la misma naturaleza para convertirla en signo, una manifestación que supera las dicotomías tradicionales entre lo natural y la máquina, lo local y universal, lo humano y lo animal, para crear una imagen visionaria de la realidad, nuevos principios expresivos y una nueva mitología. Maruja Mallo vivió la Transición, y en 1979, hizo su primera exposición antológica en Madrid, a la que siguieron otras en galerías y museos, que dieron a conocer su obra. La entrevista de Paloma Chamorro para televisión en esa fecha, es excelente todavía para conocer su trayectoria y su personalidad.





VÍCTIMA DEL GENOCIDIO


 

El gobierno extremista de Netanyahu tras los sangrientos atentados contra las poblaciones israelíes cerca de Gaza y los secuestros de sus ciudadanos, inició una guerra contra Hamas, la facción palestina que controlaba ese territorio. Tras eliminar a sus máximos dirigentes, decidió atacaro por aire y tierra para liberar a los rehenes. Empezó a utilizar una capacidad de fuero superior a sus necesidades bélicas, sin discriminar a los terroristas de la población civil, supuestos centros de grupos armados, de colegios y hospitales. A la par, cerró las fronteras, prohibió la ayuda humanitaria, junto a la entrada de comida. De esta manera, casi dos millones de gazatíes quedaron prisioneros en su reducido territorio a expensas de las arbitrariedades de los israelitas, mientras eran desplazados de un lugar a otro, sin tener escapatoria de los mortales bombardeos. El nuevo presidente norteamericano Ronald Trump, en vez de limitar las acciones del ejército israelí y su armamento más letal, lo impulsó, e incluso potenció con el objetivo de expulsar a los palestinos de su territorio tras asesinarlos sistemáticamente. Los funcionarios de la ONU calificaron estos hechos como un autentico genocidio. Un clamor mundial se alzó contra los numerosos crímenes de guerra cometidos contra la población civil, especialmente mujeres y niños. 



La película, LA VOZ DE HIND, escrita y dirigida por Kaouther Ben Hania nos cuenta el crimen de guerra cometido contra la niña de seis años Hind Rajab, sus tíos y sus cuatro primos el 19 de enero de 2024, así como un médico y un conductor de ambulancia que fueron a auxiliarles. La singularidad fue que se conservan los audios de la joven protagonista grabados por la Media Luna Roja, tras contactar su tío desde Alemania al centro de emergencias situado en Cisjordania. Éste les proporcionó el teléfono móvil de la niña, y desde ese momento, un contacto casi continuo de muchas horas hasta el trágico final. Nos lo narra la película con pericia, pues dramatiza la acción con actores muy parecidos físicamente a los auténticos, circunstancia que deducimos al mostrar imágenes reales, también conservadas. Entre ellos sobresalieron el teleoperador Omar, su jefe, la supervisora, y la psicóloga que se puso al frente cuando los anteriores fueron desbordados por las emociones y el cansancio. Sin embargo, el verdadero centro de la película son los audios reales de Hind, su voz, los mensajes que transmite, muy elocuentes para su edad.



La niña fue la única superviviente en un automóvil donde iban también sus tíos y sus cuatro primos que murieron tras sufrir el ataque del ejército israelí de más de trescientos disparos. Ella se muestra casi todo el tiempo muy entera a pesar de estar rodeada de sus primos muertos. El móvil, la comunicación con su madre, su lejano tío, y el centro de emergencias, la llenan de esperanza. Los operadores tratan de mantener la comunicación a pesar de las interrupciones y los disparos de los tanques. Les cuesta poner en funcionamiento el rescate ya que hay un protocolo que pasa por un permiso de las autoridades israelíes para una ruta segura. Las horas pasan para un recorrido de ocho minutos entre la base de ambulancias y la niña. Esta pide ayuda, la inquietud es cada vez más intensa según se acerca la noche. Los momento más emotivos son cuando la supervisora le hace repetir, a modo de oración, el Corán, y la consciencia de la muerte, del peligro constante a su alrededor, y los ejercicios realizados por la psicóloga para mantener su ánimo. En un momento dado, logran contactar con la madre de Hind, que le habla a su hija, lo que será la mejor ayuda. Tras una larga y angustiosa espera, llega la autorización para que la ambulancia siga una ruta segura. Pero no llegará a su destino, será alcanzada por un proyectil. Doce días después, tras la retirada del ejército, serán recuperados los cadáveres. Las imágenes reales conservadas, son prueba de ello.

EL PINTOR ANTONIO RAPHAEL MENGS


 

El Museo del Prado presenta la magnífica exposición, ANTONIO RAPHAEL MENGS (1728-1779), una visión completa sobre el influyente pintor, de su obra y su pensamiento artístico, que reúne más de 150 ejemplos, entre pinturas, dibujos, grabados y esculturas, todo ello distribuido en un amplio espacio diseñado a la manera clásica, que hace sentir al visitante la presencia en un entorno acogedor y, a la vez, monumental y palaciego. Nos permite conocer, además, la trayectoria vital y profesional de forma asequible, con una explicación adecuada de cada una de las obras expuestas, que se organiza en diez secciones, unas de carácter temático, otras según su evolución personal. El artista fue una figura clave en el nacimiento del Neoclasicismo y uno de los más influyentes del siglo XVIII. Fue muy demandado por las cortes europeas, pero destacó su trabajo para la corte de Sajonia como primer pintor, y sobre todo, a partir de 1761 para el rey Carlos III, que le nombró pintor de cámara, produciendo sus ejemplos más notables.



La muestra se abre con la sección titulada Formación y entorno familiar, dedicada a la importancia de la figura dominante de su padre, Ismael Mengs, pintor, para que adquiriera una educación rigurosa. De hecho, sus nombres aluden a pintores que admiraba, y a los que seguirá su hijo. Una educación que incluyó, junto a sus otros vástagos, una estancia en Roma. En Dresde desarrolló sus primeras etapas de su carrera. La segunda, El permanente reto a Rafael, muestra la influencia decisiva del pintor de Urbino, modelo de aprendizaje de juventud y con el que medirse en su madurez. La prueba de ello es su Lamentación sobre Cristo muerto, sobre una tabla de las mismas dimensiones que la del Pasmo de Sicilia, que se muestran ante el público juntas. La Ciudad Eterna fue esencial para su trayectoria, y las dos secciones siguientes contribuyen a ello: Roma, caput mundi y Roma, la fascinación del mundo antiguo. En ella encontró los elementos fundamentales para su práctica pictórica y sus propuestas teóricas: las ruinas clásicas y obras maestras de importantes pintores; selecta clientela entre la que se encontraba el mismo papa y los viajeros británicos; y el contacto con el arqueólogo alemán Johann Joaquim Winckelmann, cuya amistad enriqueció sus ideas artísticas.



Una sección, El final de su relación con Winckelmann, se dedica al episodio que dio lugar a esta ruptura, en la que Mengs engañó al arqueólogo al pintar un fresco con el tema de Júpiter y Ganímedes que creyó original. En Meng, pintor filósofo, se muestra su faceta teórica y su fortuna crítica tras su muerte. A lo largo de su vida publicó un par de ensayos exponiendo su pensamiento artístico que consideraba la escultura grecorromana y la práctica del dibujo fundamentales para conseguir la belleza ideal. Su amigo, el español y diplomático, José Nicolás de Azara, reivindicó su memoria al colocar su busto en el Panteón, y editar sus obras, precedidas de una biografía y una lista de sus pinturas en España. Las siguientes secciones se dedican a su trabajo en nuestro país. En Pintor de Su Majestad Católica y de la corte de Madrid, se muestran numerosos retratos de la familia real, de los reyes y de sus hijos, además de relevantes personajes como el duque de Alba o la marquesa de Llano. Por otra parte, Mengs consideraba que en su escala de valores, la pintura al fresco era superior al óleo. De hecho, fue llamado para la decoración del Palacio Real Nuevo de Madrid. La siguiente sección, Las grandes obras: La pintura mural, explica la importancia de estas decoraciones para consolidar su fama de artista con una técnica sofisticada capaz de crear las obras más bellas.



La penúltima sección, Mengs, intérprete de la nueva devoción ilustrada,  se dedica a la pintura religiosa que realizó para el palacio y la devoción privada del rey y los miembros de su familia, cuadros que muchas veces les acompañaban en sus traslados. Unas pinturas donde se observan las influencias de Rafael, junto a las de Correggio y otros grandes maestros como Guido Reni o Diego Velázquez. La sección El legado de Mengs finaliza la exposición, y muestra cómo artistas de las nuevas generaciones, como Antonio Canova y Jacques-Louis David,  asumieron y desarrollaron sus ideas sobre la importancia de la belleza clásica. Incluso, Francisco de Goya mostró interés por la estatuaria antigua fruto de su influencia.



ANDY WARHOL Y JACKSON POLLOCK


 

El Museo Thyssen presenta la exposición, WARHOL, POLLOCK Y OTROS ESPACIOS AMERICANOS, que reflexiona a través de un conjunto magnífico de obras de dichos artistas y sus contemporáneos, sobre la relación entre sus formas de entender y aplicar la pintura, más allá de las clasificaciones historiográficas. Según éstas, uno es la máxima figura de la pintura abstracta, y otro, del arte pop. Pero sabemos que el primero evolucionó desde la figuración, y muchas veces mantuvo restos de la misma en sus lienzos, elaborados por medio de capas de pintura aplicadas de forma particular por el artista. También, que Warhol sintió siempre fascinación por Pollock, por tener una obra suya en su colección, o por su prematura muerte en accidente de coche, que le influiría para representar hechos similares. El relato de la exposición demuestra cómo Pollock en los años cuarenta se apartó de la figuración evidente, y Warhol, posteriormente, se inclinó por la representación de objetos de los medios de masa, sin ser campos opuestos, manteniendo fronteras difusas.



La exposición se divide en seis apartados. El primero, El espacio como negociación: Figura y fondo, otra vez, nos sitúa en un momento de partida en la evolución de Pollock cuando abandona la figuración hacia la abstracción progresiva. Se muestra, igualmente, la decisión del propio Warhol de elegir la botella de Coca-Cola, fría, sin pinceladas perdidas. Ambos, sin embargo, coincidentes, a su manera en cuestionar la relación tradicional entre esos elementos fundamentales. La segunda, denominada, Rastros y vestigios, no sólo se ciñe a los protagonistas, sino a una serie de artistas que podríamos situar entre la abstracción y la figuración, una vez roto los límites estancos establecidos por la historiografía. Unos heredan de Warhol, el gusto por la repetición y la imagen seriada, como Robert Rauschenberg, otros, la energía del trazo y la corporalidad del proceso pictórico como Marisol Escobar, artista venezolana, o Anne Ryan y Perle Fine.



En el tercer apartado, El fondo como figura, reflexiona cómo el primero se convierte en el segundo, transformando la visión tradicional. Sobresalen las obras de Warhol en las que emplea la técnica fotográfica, acompañadas por las de Sol LeWitt y Cy Tombly. Unas obras que juegan con los encuadres fragmentados, la simetría y las imágenes seriadas, una característica que la convierte en fondo. La trágica muerte de Pollock está presente en la cuarta sección, Repeticiones y fragmentos. Un suceso que alimentó en Warhol un interés obsesivo por la muerte y los accidentes, ilustrado con dos obras, Choque óptico de automóviles, de 1962, y Desastre blanco I, de 1963. Destaca, además, las diez serigrafías dedicadas a la silla eléctrica, que impactan en el espectador según entra en la sala. Si hay un apartado donde hay una aproximación entre los dos autores, es el quinto, llamado, Espacio sin horizontes, donde el artista pop emplea su orina, sus propios fluidos para pintar sobre lienzo y sobre cobre, en Pinturas de orina y Oxidaciones. De esta manera, sigue el procedimiento de Pollock al poner su cuerpo sobre la obra.



El último apartado, El espacio como metafísica, nos habla sobre la angustia existencial de la contemplación contemporánea. Una tensión y un vacío que se encuentra en el propio espectador. Para ello se establece el paralelismo entre la serie Sombras de Warhol y los campos de color de Mark Rothko. El primero vuelve al tema de la muerte, pero no solo biológica, sino la ausencia del sujeto y la despersonalización, la perdida de identidad en la sociedad moderna. El recorrido, además de este último espacio desolado, tiene un subespacio final de videos que retratan en primer plano a personalidades de su época como Bob Dylan, Susan Sontag, entre otros. Componen, así, un recorrido extraordinario, en primer lugar sobre la obra de Andy Warhol, de quien se muestra una perspectiva totalmente novedosa, acompañada de ejemplos significativos de Pollock, y de otros artistas, con quienes entabla un diálogo fructífero.