SOBRE LA VOCACIÓN RELIGIOSA



Nuestra época es cada vez más secularizada. Atrás quedaron los tiempos que la religión, la Iglesia regulaba la vida cotidiana según las fiestas de guardar, a pesar que todavía quedan hitos que se siguen para toda la población. Una parte minoritaria se declara practicante, de misa semanal o diaria, aunque fuese educado en el ámbito familiar o escolar en el catolicismo, la religión mayoritaria en nuestro país. Eso ha provocado la falta de jóvenes que quieran ser sacerdotes o monjas, y más de clausura, entregadas por completo a la oración. El caso de una chica joven que decide apartarse del mundo en un convento, nos lo cuenta la película, LOS DOMINGOS, escrita y dirigida por Alauda Ruiz de Azúa, por la que ganó la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián. Las circunstancias le son propicias al estudiar en un colegio religioso y cantar en el coro, donde se siente integrada y partícipe de todas las actividades espirituales. Tiene 17 años y está a punto de prepararse la prueba para entrar en la universidad.






Ainara, la joven protagonista, se encuentra en el mayor dilema de su vida, qué decidir para su futuro. Ella elige convertirse en monja de clausura. Antes tiene que convivir unos días en el convento sola a pesar de la excursión reciente con sus compañeras del colegio. La decisión provoca un debate intenso en la familia, en su entorno personal. Su padre respeta la decisión, pues ya tiene los años suficientes para estar segura de sus sentimientos. Sin embargo, es una postura interesada. Está viudo, hace mucho que murió su mujer. Tiene tres hijas, y una nueva novia con la que lleva su negocio de hostelería, para lo que se ha endeudado. Maite, la tía, es el principal contrapunto. No es creyente y piensa que es mejor primero conocer otras opciones e ir a la universidad, además, parece estar condicionada por las circunstancias de su educación religiosa y sin una madre que la guie. Tiene un chico del coro que la pretende, y un día, los encuentran besándose en la habitación.






El padre y la tía, las personas con las que convive, tienen dudas sobre su decisión y sobre sus creencias. Para ello, antes de dejarla pasar unos días en el convento para convivir con las monjas, hablan con la abadesa, que les informa de sus normas y de su opinión favorable hacia la joven. La muerte de la abuela, quien no quería apartarse de su nieta, inclina, sin ninguna duda a Ainara a convertirse en una monja de clausura, más ahora, que el padre se ha quedado sin recursos, y tienen que deshacer la casa donde vivían.
Ainara, por fin, consigue entregarse al amor de Dios, a una existencia espiritual completa, protegida siempre por la medalla que le dio su madre de la Virgen, mientras Maite, su tía, se opone decidida por ser un claro error por la educación recibida, que la impide desarrollarse, ser de una forma mas verdadera, mejor integrada en el mundo.

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