FAMILIAS SINGULARES


 

El paso del tiempo afecta a las relaciones familiares. Padres e hijos convivieron juntos una parte de sus vidas, sobre todo, durante su niñez. Luego cada uno siguió caminos diferentes, según sus profesiones o sus parejas. La brecha generacional, y las costumbres propias de cada época, se hace más profunda con el transcurrir de los años, hasta el punto, que el reencuentro se espacia cada vez más. Surge en ese periodo una distancia cada vez más amplia, una incomprensión de lo que fue y es cada uno. Nos lo cuenta la película, FATHER MOTHER SISTER BROTHER, escrita y dirigida por Jim Jarmusch mediante tres historias de encuentros familiares en tres países diferentes: EEUU, Irlanda y Francia. Una en una casa de campo frente a un lago; otra, en Dublín, y la tercera en París. El cuidado de las imágenes, los diálogos precisos en un estilo sobrio pero profundo, la hicieron merecedor del León  de Oro en el Festival de Venecia.



La película se inicia con el viaje en coche de un hombre y una mujer que van a visitar a su padre que vive en una casa de campo en un paisaje idílico. Los dos nos dan una idea de como es su progenitor: una persona desordenada que malvive lleno de deudas; sin oficio conocido, ni poseedor de una pensión. La hija hace tiempo que dejó de ayudarle económicamente, siendo el hijo quien está más pendiente de él, cubriendo sus necesidades económicas. Hace varios años que no se reunían juntos. Todos recuerdan la muerte de la madre, que persiste, en su memoria. Emily, la hija tiene a su vez dos hijas adolescentes; y Jeff, tiene una buena posición profesional. El interior de la casa se encuentra desordenada con libros y objetos amontonados, además de muebles más propios de otra época. Una vieja camioneta está aparcada en la puerta. La visita es breve, y tras brindar con agua y té, se despiden, pero todo no es más que apariencia. El padre es una persona culta y ordenada, que nada más irse sus hijos, llama a su nueva pareja para comer fuera ahora que su hijo le ha dado dinero.



Una madre, escritora de prestigio, se reúne con sus dos hijas una vez al año para tomar el té y merendar con pasteles. En esta ocasión, a la hija mayor se le avería el coche de camino, lo que le hará llegar tarde, pero no será más que momentáneamente. A la pequeña, la lleva su novia, a quien advierte de que haga una parada para pasar al asiento de atrás para parecer que es una conductora de Uber. Las dos hijas son muy diferentes: una más tradicional, con un buen puesto de trabajo en la administración de la ciudad; la otra, más ruda, dedicada al comercio online de ropa vintage. La merienda da para poco, unas breves preguntas de cómo les va a cada una. Queda claro que Lilith miente a su madre en cuanto a su situación económica como afectiva, mientras que Timothea, es más sincera. En la última historia dos hermanos mellizos se encuentran en París. Visitarán por última vez el piso de sus padres que han fallecido por última vez en un accidente de aviación en las islas Azores. 



Los dos hermanos recuerdan a sus padres como poco convencionales, sin llegar a conocerles en profundidad. Tuvieron una niñez feliz junto a ellos en el piso de París, luego sus trayectorias se apartaron. Billy, el hermano, se ha encargado de vaciarlo y trasladar los objetos a un trastero. Ha seleccionado un conjunto de ellos para enseñárselos a su hermana Skye. Le muestra fotografías cuando eran niños, de sus padres, sus carnets de identidad, de diversos lugares, su certificado de matrimonio, al parecer falso, sus partidas de nacimiento que los hace nacidos en Nueva York; unas gafas de sol de la madre, un reloj Rolex del padre, que se reparten. Las tres historias tienen en común algunos gestos y objetos: la visualización de patinadores sobre tabla; brindar con agua; y el famoso reloj de la marca suiza. Unas historias que acaban como empezaron, sobre unas relaciones distantes entre padres, madres e hijos e hijas, ahora convertidos en desconocidos, en un mundo frágil y cambiante.