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EN EL CENTENARIO DEL LYCEUM CLUB FEMENINO


La Fundación Ortega-Marañón presenta la exposición, LYCEUM CLUB FEMENINO con motivo del centenario de esta asociación pionera del feminismo fundada en 1926, para superar la situación de desigualdad y privación de derechos civiles y políticos de la mujeres en tiempos de la dictadura de Primo de Rivera. Reúne 184 obras, entre originales y reproducciones, formadas por documentos, libros, fotografías, cartas y archivos de sonido, provenientes de numerosas instituciones tanto públicas como privadas nacionales e internacionales. Se distribuye en varias secciones que nos informan de su origen, organización, social y legado, hasta su cierre en 1936 con el inicio de la Guerra Civil. Comprender cómo fue forma parte de la historia de la cultura, de la misma democracia y los feminismos en España. 




Esta asociación compuesta por mujeres y bajo su iniciativa, tuvo como antecedentes otras iniciativas llevadas a cabo por ellas, y con las que luego colaborará, repartidas en tres corrientes: las que provenían del feminismo organizado, surgidas tras la Primera Guerra Mundial, de las que formaban parte, La Asociación Nacional de Mujeres Españolas o la Unión de Mujeres Españolas; aquella vinculada a los movimientos de renovación pedagógica, como el institucionismo, representada por la Residencia de Señoritas, creada en 1915 por la Junta de Ampliación de Estudios y dirigida por María de Maeztu, y el Internacional Institute for Girls in Spain, fundada en 1892 por Alice Gordon Gulick; el tercer flujo procedía del mundo de la enseñanza y del magisterio, que formada por maestras y pedagogas, estaban comprometidas con la modernización educativa y el reformismo social.




El 4 de noviembre de 1926 abrió oficialmente sus puertas el Lyceum en la Casa de las Siete Chimeneas, fruto de los esfuerzos para conseguir recursos económicos y asociadas de un núcleo de fundadoras entre las que se encontraban María Martos, María de Maeztu, Zenobia Camprubí, Victoria Kent, Amalia Galárraga, Pilar de Zubiarre y Carmen Baroja, entre otras. Cinco años después se tuvo que trasladar a la calle san Marcos, 44, debido al crecimiento de socias. El Lyceum estaba regido por una Junta Directiva cuyo mandato duraba dos años, compuesta por una presidenta, dos vicepresidentas, una secretaria, una vicesecretaria, dos vocales, una bibliotecaria, una tesorera y una contadora. A lo largo de su trayectoria tuvo tres presidentas, siendo María de Maeztu la que estuvo más tiempo. Internamente, a su vez, se organizaba en diferentes secciones: Social, Música, Artes Plásticas e industriales, Literatura, Ciencias e Internacional, así como la Hispanoamericana, siendo la primera la más relevante.




La actividad del Lyceum se concretó en iniciativas para mejorar las condiciones de vida de los sectores más vulnerables de la sociedad, bajo los ideales de solidaridad, educación y reforma social. Entre sus proyectos destacaron la Casa de los Niños y el Comité del Libro para el Ciego, actuaciones que respondían a problemas de la época como atender a los hijos de las familias trabajadoras, creando una guardería con todos los servicios, y la educación de las personas con discapacidad visual. Otro de los grandes proyectos fue la Biblioteca que llegó a albergar más de 3.000 volúmenes, que trascendía la sede del club mediante la iniciativa de la biblioteca circulante para niños organizada por la escritora Elena Fortún. Estos proyectos se financiaban por medio de las cuotas de las socias, las donaciones particulares, las actividades benéficas, y las subvenciones públicas como hizo la Segunda República.





El mayor patrimonio del club fueron sus socias caracterizadas por su diversidad, desde maestras, hasta escritoras, artistas y científicas, profesiones liberales, y procedentes de una élite cultural y política. Se desconoce el número total de asociadas, pero se cree que reunió hasta 700. Toda una extensa pared de la exposición nos muestra los retratos fotográficos y diversos objetos, ordenados por orden alfabético de muchas de ellas. La última sección se dedica a su final que sucedió durante los meses siguientes al estallido de la Guerra Civil. Tras la victoria franquista, parte de sus bienes fueron incautados o dispersados y su sede pasó a manos de la Sección Femenina de la Falange, que en 1941 instaló allí el Círculo Cultural Medina, destinada a actividades dirigidas a la mujer, pero bajo los valores del nacionalcatolicismo. Pero el Lyceum no desapareció por completo, pues sobrevivió durante el exilio y la dictadura en la memoria de sus protagonistas, que mantuvieron su amistad a través de cartas intercambiadas durante el tiempo o los pocos documentos personales que conservaron.

 

EL PRERRAFAELISMO FEMENINO


 

La Fundación Mapfre presenta la exposición, PRERRAFAELISMO. ITINERARIOS FEMENINOS (1850-1914), que reúne un conjunto numeroso de pinturas, dibujos, textiles y fotografías de este movimiento artístico realizado por mujeres, que ocupa toda la planta primera de la sede cultural. El movimiento Prerrafaelita surgió a mediados del siglo XIX como una perspectiva opuesta a la academicista en el arte británico. Frente a la erudición y los convencionalismos en favor de la consecución de la belleza formal, este grupo artístico defendía un arte producto de la observación minuciosa de la realidad y la sinceridad. El nombre procedía del rechazo a los cánones artísticos derivados del Renacimiento italiano, de Rafael, y cuando buscaban inspiración en la historia del arte, se fijaban en el arte previo, el de la Edad Media, el creado por los manuscritos medievales, o de autores como Piero della Francesca o Alberto Durero. El grupo estuvo compuesto exclusivamente por hombres hasta su disolución en 1853, pero su estilo artístico, su aportación estética, perduró durante la segunda mitad del siglo XIX. La exposición madrileña trata de mostrar cómo jugaron un papel fundamental las mujeres artistas que vieron en éste, su oportunidad de desarrollarse como tales, ante la dificultades que imponía la sociedad para formarse de manera tradicional en la academia.



Artistas como Elizabeth Siddal, Joanna Boyce, Marie Spartali Stillman, Evelyn De Morgan, Emma Sandys, Kate Greenaway, Fanny Bunn, May Morris o Julia Margaret Cameron, desarrollaron su actividad artística en la senda del movimiento prerrafaelita y contribuyeron a expandirlo a otros ámbitos como las artes decorativas. Siguieron así a los hermanos varones fundadores como  John Everett Millais, William Holman Hunt o Dante Gabriel Rossetti, así como con adeptos tales como Ford Madox Brown, Edward Burne-Jones o William Morris, que prolongaron esta revolución estética más allá del cambio de siglo. A ellas les costó más ser artistas pues existían los tradicionales prejuicios culturales, además de barreras institucionales que cerraban el paso a su formación y el acceso a exponer su obra. Lo consiguieron participando en redes informales de aprendizaje, talleres compartidos y vínculos personales. Al final de siglo, pudieron desarrollar su obra con mayores posibilidades. Los temas del prerrafaelismo, que se encontraban en la observación de su entorno, les favoreció: jardines, paisajes cercanos, interiores domésticos o vistas desde la ventana, así como modelos entre los miembros de las propias familias.



El recorrido expositivo se organiza en nueve secciones temáticas a la vez que muestran una evolución cronológica en la que va transformándose el lenguaje artístico como el contexto en el que trabajaron las mujeres artistas. Un contexto al principio poco propicio para conseguir luego el reconocimiento y mayores oportunidades. La primera sección, Un arte de la vida cotidiana, muestra las raíces del movimiento, entorno a 1848, cuando imperaba un realismo en las artes, que las artistas van a encontrar, siguiendo las ideas John Ruskin, en la observación directa de la realidad, la que tenían más próxima, los interiores domésticas, familiares, individuos anónimos, una calle o el campo. El segundo espacio, Realidades imaginadas, informa de cómo las artistas trataron episodios de la poesía de Alfred Tennyson o de relatos bíblicos desde una perspectiva realista, inspiradas en los manuscritos medievales, la obra de Alberto Durero y William Blake. En la tercera, Belleza y verdad en la naturaleza, reinterpretan la pintura de paisaje, tan querida por aquella época como una manifestación del medio natural ahora atacado por la industrialización.



La cuarta sección, Un mundo en un grano de arena, responde a la necesidad de reflejar a causa de los avances científicos y descubrimientos de la época victoriana, lo extraordinario en lo aparentemente insignificante. De esta manera las artistas se fijaron en representar distintas especies vegetales y animales, ampliando este género de pintura. En la quinta, Personajes de la realidad y de la ficción, se aborda el tema del retrato, tratado al principio sin artificio, para luego dotarle de intensidad cromática y complejidad ornamental, es decir, mayor profundidad. La sección sexta, Inocencia decorativa, se dedica a la representación de la infancia, un tema que adquirirá relevancia en este estilo de pintura, por la asociación con el rol tradicional de la mujer con la maternidad. La séptima, Lo útil y lo bello, una de las más relevantes, se refiere a la relación del prerrafaelismo con William Morris, de la que surge el movimiento Arts and Grafts, la aplicación de su estilo a las artes decorativas. Una relación que permitió la incorporación de mayor número de mujeres provenientes de diferentes campos del artesanado.



En la sección octava, Medievalismo, se trata de una característica central del prerrafaelismo como se observa igualmente en diversos espacios. Este periodo histórico atrae por la expresión del cristianismo, la sinceridad y la piedad frente a la sofisticación del mundo moderno. Las artistas en un estilo denominado neogótico, tratan de representar el romanticismo, el heroísmo, el ideal caballeresco y la vida cortesana asociada al rey Arturo y las vidas de santos. El recorrido termina con la sección novena, Esperanzas y sueños, en las que se exponen obras del prerrafaelismo evolucionado cuando las artistas han conseguido una mejor formación artística y se atreven con obras de mayor envergadura.




COMPROMISO CON EL ARTE


 

Se ha repetido muchas veces que los grandes actores mueren en el escenario. Estamos acostumbrados a verles trabajar hasta edades prolongadas, a diferencia de otras profesiones cuya retirada es más temprana. En ello interviene su capacidad para producir arte, crearlo o interpretarlo a partir de los textos inmortales de la literatura. Es todo un espectáculo escuchar su voz y disfrutar de los gestos con que acompañan sus palabras, que sin su aportación, carecerían de tanto sentido y valor artístico. A ello se une una elegancia natural, un carisma propio, surgido de su experiencia y el reconocimiento del público a través del tiempo. Una de estas intérpretes es la que retrata la película, ELEONORA DUSE, LA DIVINA, escrita y dirigida por Pietro Marcello, que cuenta el regreso de esta diva, tras permanecer doce años alejada de los escenarios por la necesidad de reafirmar su personalidad y sus carencias económicas, en una época de rápidos cambios tras la Primera Guerra Mundial y el surgimiento del Fascismo.



Eleonora Duse, la protagonista, decide volver a los escenarios ya mayor y enferma de tuberculosis, a pesar de la oposición de su hija Enrichetta. Acompañada siempre de su asistente, Desirée, lo primero que hace es reunir su compañía, un grupo de actores dispuestos a compartir su aventura, en una época convulsa de la historia de Italia, cuando los Camisas Negras se imponen violentamente en las calles. Las dificultades son máximas por la crisis económica del momento. Al principio, les va bien, Eleonora vuelve a recibir masivos aplausos en los mejores escenarios, entre ellos, de la misma Sara Bernard, presente entre el público en una ocasión. Sin embargo, sus intereses chocan pronto con los objetivos económicos y artísticos de otros. La colaboración con un amigo escritor le lleva al fracaso y a los abucheos del público. Entonces, decide pedir ayuda al que fuera su amigo, Gabriele D´Annunzio, el famoso poeta y escritor, hoy al servicio del régimen fascista.



De esta manera, no tarda en llegar la llamada de Mussolini, que en un breve encuentro le propone condonar sus deudas y premiarla con una pensión vitalicia. Por su parte, ella sugiere la construcción de un teatro singular que imaginó en sueños. Tiene también en mente llevar a los escenarios una obra de Gabriele D´Annunzio, pero éste le advierte que el Duce, la quiere manipular, ponerla a su servicio para reforzar su poder. Con graves síntomas de su enfermedad, permanece retirada en su palacio de Venecia, pero en un momento dado, decide volver a trabajar, que es su razón de existir, y marcharse a EEUU donde morirá en 1924 aclamada por el público. Al margen de la historia, la película destaca por la forma en la que el director la cuenta, mezclando las imágenes rodadas, donde lleva el protagonismo las palabras de la famosa actriz, con otras de la época, procedentes del archivo, que muestran el viaje del féretro del Soldado Desconocido en tren hasta Roma, que refuerza, la ya de por si, la belleza y elegancia de las imágenes de una época ya desaparecida.

EL VALOR DE LA EDUCACIÓN


 

La educación está en la base de la libertad del ser humano. Tener capacidad de leer o escribir en un primer paso, te permite aprender a un nivel superior por ti mismo o a través de una fuente de conocimiento. A partir de este paso, puedes desarrollar una mejor comprensión de la sociedad y de las opciones tanto laborales como políticas. La falta de una buena educación fundamenta la desigualdad, la servidumbre frente a la propiedad y los grupos de dominación. Por ello resultó revolucionario que los hijos de los campesinos a partir del siglo XIX, tuviesen obligatoria la asistencia a la escuela. Paralelo a la industrialización y el desarrollo de las ciudades, aquellos niños que tenían como objetivo ayudar a sus padres en las labores del campo, pudieron formarse y abrir sus mentes a nuevos horizontes y planteamientos en la vida. Llegarían en el futuro a cuestionarse, de esta manera, el orden social y ser conscientes de las injusticias de su tiempo. 



La película, LA PRIMERA ESCUELA, escrita y dirigida por Éric Besnard, cuenta los obstáculos y vicisitudes que tiene que superar la maestra Louise Violet para enseñar en un remoto pueblo de la campiña francesa. Por aquella época, se impone por el Estado, la enseñanza obligatoria. Así, los ayuntamientos deben propiciar esta política. Louise es enviada desde París a este lugar, que no tiene ni edificio propio para los niños. Así que tiene que utilizar una espacio hasta el momento dedicado a establo y pajar. Allí, igualmente, residirá con muchas incomodidades. Se encuentra en la misma casa del alcalde, que es a la vez, lugar de reunión de los pocos vecinos. La primera dificultad será convencerles de que envíen sus hijos a la escuela, a lo que se oponen; luego, el rechazo de muchas mujeres ante sus ideas, pues ella es una mujer independiente que en los ratos libres escribe cartas y realiza fotografías. El apoyo del alcalde, un hombre analfabeto, que vive sin pareja con su madre y una hija, será fundamental.



 

Tras muchas reticencias, la escuela se llena de niños y niñas del pueblo, salvo uno que sus padres no quieren y prefiere aprender el oficio de carpintero. El propio alcalde empieza a aprender a leer y escribir. Tal éxito llevará a que se construya un edificio para la escuela. Pero la felicidad dura poco. Los aldeanos se enteran progresivamente de los secretos de la maestra: ella participó en los sucesos de la Comuna de París y estuvo diez años presa antes de ser maestra. Más en privado confiesa que su marido y sus hijos murieron a manos de los soldados que quemaron sus casa. Ella se ha propuesto ahora, cambiar la sociedad a través de la educación, una forma igualmente revolucionaria. Sin embargo, percibe el rechazo de las mujeres del pueblo. Coincide con que la nueva escuela se quema. Piensa irse a otro destino, pero rectifica cuando averigua que ha sido el niño que le acosaban y sus padres le impedían estudiar. Al final, todo vuelve a la armonía, y ella, que mantiene su independencia ante las pretensiones del alcalde de ser su pareja, regala libros ilustrados a los alumnos en la última escena, exaltando el valor de las palabras y el conocimiento para ser libres.

LARGO VERANO DE JUVENTUD


 

Si reflexionamos sobre el paso del tiempo en un grupo familiar, podemos fijarnos en la casa que habitaron y el entorno natural. Descubrimos que se mantienen más o menos sin grandes cambios, mientras se han sucedido las distintas generaciones; cómo los espacios fueron ocupados por los abuelos y bisabuelos para pasar a los hijos, primos y nietos; y el trabajo agrícola ha evolucionado con las mejoras técnicas aplicadas. Además, se ve la incidencia de los hechos históricos y políticos de fondo a estos procesos. Esto les sucede a los protagonistas de la película, EL SONIDO DE LA CAÍDA, escrita y dirigida por Mascha Schilinski, que cuenta la vida y las sugestiones de cuatro jóvenes de épocas distintas pertenecientes a la misma familia localizada en una granja en el norte de Alemania durante cien años desde comienzos del siglo XX, que parecen heredar problemas y sensaciones del pasado.



Las cuatro jóvenes van descubriendo la realidad a la par que experimentan o son testigos de lo que ocurre a su alrededor. El relato se presenta entrelazado entre las distintas épocas a través de miradas femeninas, silenciadas o dependientes de las decisiones masculinas. El primer momento temporal corresponde a los prolegómenos de la Primera Guerra Mundial. Alma, una de las hijas más pequeñas de la familia, es testigo de cómo los padres lesionan gravemente al hijo varón para que no sea reclutado; también cómo toma conciencia de la muerte, por la costumbre de la familia de rezar ante las fotos de sus parientes recién fallecidos; además de la servidumbre sexual a la que se someten las criadas a cargo de sus compañeros o dueños, padecimiento que sufrirá su hermana mayor, que por una mala cosecha, será entregada a los señores de otra familia, sometimiento que la conducirá al suicidio.



El drama continúa en las distintas épocas. Erika está obsesionada con su tío que yace cojo en la cama mientras tiene que ayudar a las tareas de la casa. Son los años cuarenta, tras la Segunda Guerra Mundial. Su huida por el río, le hará perder su vida. Angelika vive ya en lo que fue la Alemania comunista. El río próximo a la casa es la frontera con el oeste capitalista. Ella es una joven adolescente inquieta acosada por su primo y su tío con los que practican la natación. Su madre lleva en el carácter, nunca ríe, la tragedia de su hermana Erika en el pasado. Un día, en el mismo momento de la foto familiar, escapa definitivamente de este entorno. En la última época, la actual, un joven matrimonio con dos hijas han llegado de Berlín a la casa para reformarla. Las dos hijas y la madre disfrutan del verano en el bello entorno natural de campos y bosques junto a río que fluye constante. Las dos hijas reviven en sus consciencias y en sus cuerpos, aquellas violencias y dramas que sintieron sus antepasadas: el riesgo de la muerte por suicidio o accidente; la ausencia de un allegado; y la realidad del deseo masculino. Este argumento, y la forma visual que emplea, tanto en el montaje, el sonido y la composición de la imagen, le hizo merecer el Premio del Jurado en el pasado Festival de Cannes. 

EL HIJO DE SHAKESPEARE


 

Hay escritores convertidos en auténticos genios por su obra literaria. En ella se trata con conocimiento profundo y extenso los temas más importantes de la existencia humana: el amor, la muerte, el paso del tiempo, la traición o los celos. Sabemos de su maestría en el manejo del lenguaje que le permite expresar los matices más recónditos que le sugiere su inventiva. También, nos preguntamos hasta que punto le ha influido su vida cotidiana, la realidad que ha experimentado, lo que nos hace interesarnos por su familia, su mujer o hijos, su lugar de nacimiento, dónde residió y sus ocupaciones habituales, además de la escritura. Tendemos a cuestionarnos, así, en qué medida la ficción, el arte, expresa al público una realidad concreta de su vida, o simplemente le ha influido, y en consecuencia sus extraordinarias dotes creativa lo han plasmado en portentosa escritura. Esta es el contexto de la película, HAMNET, dirigida por Chloé Zhao, basada en la novela homónima de Maggie O´Farrell, que cuenta la vida familiar de William Shakespeare, y cómo la muerte de su hijo varón, le inspira para crear su famosa tragedia, Hamlet.



Parece ser que el nombre de Hamnet en el inglés del siglo XVI, sonaría, y podría escribirse, como muchas palabras de la época que cambiaban alguna letra, de forma parecida a Hamlet. El primero fue el nombre de uno de los hijos mellizos que tuvo Shakespeare, el otro, una niña, la llamó Judith, aunque no los mayores, pues antes fue padre de otra hija a la que puso Suzanne. La historia comienza en Stratford, un pequeño pueblo donde nació Shakespeare en una familia de artesanos. El famoso autor sin ninguna actitud para el oficio de realizar guantes, se ocupaba en lo que mejor se le daba, la escritura, y para ganar dinero, en enseñar latín. Además tenía que pagar las deudas que había contraído su padre. Todo cambia cuando conoce a una joven campesina, Agnes, con fama de bruja, que pasa gran parte del día en el bosque con su halcón, de la que se enamora. A pesar de los obstáculos familiares, por una parte la madrastra de la joven y su hermano, por otra los padres de Shakespeare, se casan. Pronto llegarán los hijos, pero el famoso escritor no ve futuro en el pueblo para desarrollar su talento, y decide, marcharse a Londres.



Shakespeare regresa, sobre todo, en verano con su familia, que pasa largas temporadas sin él. De todas las maneras, les ha prometido que les llevará a vivir con él a Londres. El tiempo transcurre sin cumplir esa promesa, al contrario, compra una casa más grande en Stratford para que se traslade allí su familia. Por esa época se ha convertido en un autor aclamado de teatro y tiene una compañía. Agnes, no está de acuerdo en vivir separados, y un otoño, Judith cae enferma con una elevada fiebre. Parece que va a fallecer, cuando, será su hermano, Hamnet, quien contraiga la infección, y muera. Este hecho somete a la madre, y luego al padre, que regresa precipitadamente, a un gran dolor por la pérdida de su único hijo varón. Un día, Agnes se entera que su marido estrena nueva obra teatral. Le intriga que sea una tragedia, pues creía que iba a se una comedia. Entonces, decide partir a Londres para estar presente en el estreno. Allí descubre, que Hamlet está inspirada en su vida familiar, en el dolor por la pérdida, y en el amor y la muerte. El decorado de un bosque profundo donde entran y marchan los espíritus fantasmales, recuerda al paisaje de Stratford, donde ella hacía volar a su halcón, y lugar mágico de la naturaleza.



Hamlet, el protagonista de su tragedia, donde la muerte se hace más presente que nunca, pronuncia las famosas palabras, Ser o no ser, esa es la cuestión, en la que es mejor enfrentarse a las adversidades para derrotarlas, que sufrirlas para perecer por ellas. Una declaración de esperanza para él mismo y para su mujer abatidos por la pérdida de su hijo. De esta manera, el genial escritor, que vivía en una buhardilla de su teatro en Londres, llega a la cumbre de la literatura desde su dolor personal y de sus allegados, convertido en una belleza indescriptible para los lectores y los espectadores de su época, y de todos los tiempos. A ello contribuye la dirección de Chloé Zhao, la manera cómo lleva la historia a imágenes, sin efectismos, alusivas, centradas en la expresión de los sentimientos, donde combina la naturaleza material y humana con gran sensibilidad.

LA PINTURA DE MARUJA MALLO


 
El Museo Reina Sofía presenta la exposición, MARUJA MALLO. MÁSCARA Y COMPÁS, una retrospectiva amplia de la trayectoria y la obra de esta artista integrante de la Generación del 27, y representante del prototipo de mujer moderna, activa, libre y profesional. La componen numerosas pinturas, dibujos, documentos y objetos, que se presentan de manera cronológica en series, que trazan toda su carrera: desde el realismo mágico y las composiciones surrealistas de sus primeros años hasta las configuraciones geométricas de las últimas obras; desde los barrios populares de Madrid en los años veinte, hasta las lejanas tierras y playas de Galicia y América del Sur, para terminar en una reflexión superior donde se une ciencia, arte y mitología, evolucionando, como ella decía, de la geografía a la cosmografía. Mallo fue una artista intelectual, fundamentada en sus escritos y estudios prolijos conservados en su archivo. Desde joven estuvo vinculada a la prestigiosa Revista de Occidente, dirigida por el filósofo José Ortega y Gasset, a quien conoció, y para quien trabajó.






Fue una artista visionaria que logró reflejar las preocupaciones de su tiempo y anticipar las del futuro. El poder del arte permite revelar aspectos desconocidos de la realidad, considerada como un sistema ecológico integrado, desde una perspectiva humana, más allá de las diferencias económicas, raciales y de género. Su producción artística es bastante personal y heterogénea, donde se difuminan los límites entre lo popular y lo vanguardista. Lo popular entendido como expresión de la fuerza creadora del ser humano. De esta manera lo representa en sus primeras series, Estampas y Verbenas (1927-1928), en las que hace un retrato de la realidad política y social de la época, repleto de detalles concretos y presencias irreales. En Cloacas y Campanarios (1929-1932) tiene una visión totalmente diferente, apocalíptica, de paisajes oscuros, abandonados y secos, a veces poblada por esqueletos. Por aquella época, Mallo, se acerca al surrealismo, a cuyo grupo de autores conoce en París, donde expone con éxito e interés. Sin embargo, a pesar de él, prefiere regresar a España y comprometerse con el ideal pedagógico de la Segunda República.






En estos años, trabaja como profesora de dibujo en Arévalo, y se relaciona con artistas de la Escuela de Vallecas, como Benjamín Palencia y Alberto Sánchez. Igualmente, con el Grupo de Arte Constructivo de Joaquín Torres García. Además, crea una serie de platos para la Escuela de Cerámica de Madrid con decoraciones geométricas, producto de sus estudios matemáticos. El inicio de la Guerra Civil coincide con su estancia en Galicia, de la que logra partir al exilio argentino. Instalada a principios de 1937 en Buenos Aires, desarrolla la serie La religión del trabajo (1936-1939), formada por un conjunto de retratos de gran formato en honor a la mujer trabajadora, campesina y marinera. En el exilio practica el muralismo, la escritura y el teatro. Entra en contacto con otros escritores y artistas en su misma situación. Se siente fascinada por la diversidad de razas y las formas de la naturaleza marina. Las siguientes series son consecuencia de ella: Cabezas de mujer (1941-1952), Máscaras (1948-1957) y Naturalezas Vivas (1941-1944). Así, persigue la comunión entre naturaleza y arte, difuminando fronteras entre lo popular y lo culto. En 1945, Mallo se fotografía en Chile con un manto de algas. Expresa la simbiosis entre la forma humana y vegetal o animal.






Los cuadros de máscaras y sus sombras en paisajes de playa presentan una dimensión sombría del exilio que cada vez pesa más en sus protagonistas.  En sus últimas series, culmina su trayectoria artística e intelectual. En Moradores del vacío (1968-1980) y Viajeros del éter (1979-1982), supera el tiempo y el espacio terrenales, la misma naturaleza para convertirla en signo, una manifestación que supera las dicotomías tradicionales entre lo natural y la máquina, lo local y universal, lo humano y lo animal, para crear una imagen visionaria de la realidad, nuevos principios expresivos y una nueva mitología. Maruja Mallo vivió la Transición, y en 1979, hizo su primera exposición antológica en Madrid, a la que siguieron otras en galerías y museos, que dieron a conocer su obra. La entrevista de Paloma Chamorro para televisión en esa fecha, es excelente todavía para conocer su trayectoria y su personalidad.





EL RETRATO FEMENINO EN EL SIGLO XIX


El Museo del Romanticismo presenta la exposición, RETRATADAS. ESTUDIOS DE MUJERES, comisariada por Stéphany Onfray, que reúne ciento cincuenta y dos obras, entre fotografías, publicaciones y objetos, provenientes de colecciones españolas, una de las cuales es la de la propia comisaria, pretendiendo ofrecer una relectura del estudio fotográfico como espacio de expresión y creación para las mujeres.  Desde la invención en 1854 de las tarjetas de visita se multiplicaron los retratos de mujeres, tanto de cuerpo entero, solas, con hijos o formando en grupo, en las más variadas actitudes o indicando una actividad profesional o social. Fue un medio asociado a la burguesía ascendente y la aristocracia del momento. Luego se fue democratizando. 



La comisaria sugiere que la interpretación tradicional, que ha tenido a ensalzar la figura del fotógrafo y a reforzar la relación entre un sujeto activo y una modelo pasiva, debe ser revisada. Hay que hablar más bien de una autorepresentación subrogada, en la que las mujeres retratadas son las autoras simbólicas de sus propios retratos. De esta manera, la exposición nos invita a descubrir cómo las mujeres del siglo XIX se relacionaron con la fotografía, que fue activa con el nuevo medio, pues llegaron a ser fotógrafas, coleccionistas y espectadoras, y contribuyeron a transformar las representaciones y roles femeninos. Nos lo demuestra en los distintos apartados: Una habitación propia, Iconografía de lo femenino, El cuerpo como obra, Metafotografía, y Hacia la modernidad.



Los estudios fotográficos se concibieron al principio como espacios domésticos, de sociabilidad; los observamos en la exposición como una continuidad de los interiores burgueses. Reservaron un cuarto-tocador para las mujeres, una habitación propia para ellas para poderse cambiar y acicalarse, de cara a su representación. Por lo que esta se concebía como una actividad performativa vinculada a la experiencia femenina, pero también a su subversión. Además se aprecia, un ámbito femenino propio, que si bien no desafía el orden establecido, exploran discretas esferas de libertad y poder. Las poses, los gestos, el vestuario en los retratos funcionó como un sistema comunicativo no verbal respecto al espectador, por lo que la fotografía se convirtió en una experiencia total, propiciando una concepción más moderna y artística del medio.




La mayoría de las fotografías de la exposición son tarjetas de visita, el formato mayoritario de la época. La selección expuesta se centra en el ámbito español, especialmente el de la capital. Destaca el gabinete de Alonso Martínez y hermano, así como el de Martínez de Hebert por su número de obras. De Barcelona el también famoso de Napoleón. Las mujeres representadas pertenecen a la alta burguesía y a la aristocracia titulada, incluso hay algún ejemplo de la propia reina Isabel II. Los retratos se pueden agrupar igualmente por representar a la mujer en una actividad, como pintoras; en interacción con las propias fotografías, mirando un álbum; refiriéndose a la maternidad, con un hijo, o mostrando su fallecimiento; simulando su identidad a través del vestido; muy llamativas son las tarjetas de visita realizadas por fotógrafas, unas firmadas como viudas, otras como su propio nombre como Alexandrina Alba cuyo estudio estaba en la Puerta del Sol, número 4 de Madrid.



LUCHA POR LA LIBERTAD


 

Hubo un tiempo de guerra y opresión durante los años treinta y cuarenta del siglo pasado. Primero fue la Guerra Civil española que enfrentó al gobierno democrático de la Segunda República contra el ejército rebelde apoyado por el fascismo. Luego, tras su victoria en España, el combate mundial que cambió la historia y la vida de las personas de forma radical. Fue un tiempo de exilios y de lucha por mantener la libertad y la cultura  propia. Eso lo hacen los protagonistas de la película, KARMELE, escrita y dirigida por Asier Altuna, basada en la novela de Kirmen Uribe, que cuenta la historia de una mujer de ese nombre desde que fue expulsada con su familia del País Vasco en 1937 por el avance de las tropas franquistas hasta la posguerra que tiene que emigrar a Venezuela para mantener a sus hijos.



Karmele y su familia son fieles a sus costumbres y a su lengua materna, el euskera. Vive junto a la ría, pues el padre se dedica a la pesca y tiene un pequeño barco de su mismo nombre. Las tropas franquistas en su avance hacia el control del norte de España, se apropian de su casa y sus bienes. Mientras sus padres se establecen en el sur de Francia, ella ayuda como enfermera a la resistencia republicana. Tras su derrota pasa la frontera, y en el exilio, le contacta la embajada cultural vasca, para que apoye su causa y la de los presos, a través de la música y las danzas propias de su tierra. Sin embargo, después de realizar una gira por las principales ciudades, se declara la guerra contra la Alemania nazi. En ese periodo había conocido a su futuro marido, Txomin, un trompetista del grupo, al que unirá su destino.



La pareja, entonces, decide viajar a Venezuela, donde podrán seguir apoyando la causa vasca y la lucha contra el fascismo. Mientras hacen sus respectivos oficios, sirven como espías con el apoyo de los norteamericanos. A su regreso a casa, descubren que el fin de la guerra no supone la derrota del régimen de Franco, y los apoyos exteriores desaparecen en un nuevo orden bipolar impuesto por la Guerra Fría. De  todas formas, piensan continuar la lucha en un País Vasco asolado por la represión dictatorial, que les causará en última instancia su ruina.

EL REGRESO DEL HÉROE


 

Las guerras se sabe cuando comienzan, y hasta cierto punto sus razones o los motivos para iniciarlas, pero no cuando terminan. Las consecuencias para el destino de los seres humanos son fundamentales. Así está escrito desde los orígenes de nuestra civilización occidental en forma de mitos, como nos contó Homero en sus dos poemas épicos, La Ilíada y La Odisea, centradas en la guerra de Troya, donde héroes y hombres, según lo establecido por los dioses, se enfrentaron en una larga contienda. Fue el regreso de Ulises a su patria, Ítaca, el tema del segundo, tras superar numerosos obstáculos por el camino. Allí llegó a sus costas maltrecho y herido física y espiritualmente para encontrarse con su esposa Penélope y su hijo Telémaco. Nos lo cuenta la película, EL REGRESO DE ULISES, dirigida por Uberto Pasolini, centrada en los esfuerzos para hacerse de nuevo con el poder en la isla de la que era rey.



Ulises fue uno de los héroes griegos victoriosos en Troya. Ideó la estratagema de fabricar un enorme caballo de madera para entrar en la fuertemente amurallada ciudad asiática. Pero el regreso a su tierra por mar fue accidentado, lleno de los más diversos peligros que diezmaron a sus compañeros de lucha. En Ítaca, se encontró su reino arruinado. Su mujer, Penélope esperaba su regreso mientras era pretendida por despiadados guerreros para hacerse con sus riquezas. Un porquero le ayudó a recuperarse de sus heridas, y le informó de la situación. Él se consideraba ya otro hombre tras el largo y despiadado combate en la guerra. Se consideraba culpable de las muchas muertes producidas. También había perdido aquellos compañeros que le siguieron. Ante la situación desesperada del pueblo y el vandalismo de los pretendientes, decidió actuar, pues incluso querían asesinar a su hijo Telémaco.



Ulises con ayuda el porquero y vestido como un mendigo, logró introducirse en el palacio. Penélope tejía un vestido por el día, que por la noche deshacía. Era un manto para la boda, que tras su elaboración, sería el momento de decidir a quién escogería. Un día hablaron entre ellos, sin saber Penélope su identidad, interesada porque contaba haber luchado en Troya. La vieja nodriza cuando le aseaba tras la charla con su señora, le reconoció por unas cicatrices de su infancia. Pero le prometió que no diría nada. Posteriormente, Penélope comunicó a los pretendientes que era incapaz de escoger un nuevo marido e ideó una prueba para elegirle. Deberían primero tensar el arco de Ulises y luego disparar una flecha que atravesase unas hachas en fila con un agujero. Ninguno lo pudo hacer salvo el mendigo, que incluso logró completar la prueba. De esta manera, pudo descubrir su verdadera identidad, instante que aprovechó para matar a todos los pretendientes que habían puesto en jaque a su mujer y a su reino.

MUJERES DE TEHERÁN




Se ha dicho que la literatura, la lectura de los grandes clásicos, permiten ampliar la experiencia humana de por sí limitada por las condiciones de nuestra vida. El estudio de los libros ayudan a comprender el mundo y nos conducen a la libertad. Por ello, en determinadas épocas, se han prohibido o incluso quemado, antesala de la propia represión de las personas. Es lo que sucedió en la Revolución Islámica de Irán a finales de la década de los setenta del siglo pasado, cuando calló la monarquía del Sha de Persia, que en vez de abrir el país a un régimen de libertades, las limitó en favor de una dictadura religiosa o moral, donde los libros occidentales eran vehículos del mal. Esto nos lo cuenta la película, LEER LOLITA EN TEHERÁN, dirigida por Eran Riklis, basada en la novela autobiográfica de Azar Nafisi, una joven profesora universitaria de literatura que regresó con su marido a Irán con motivo de la llegada del Régimen de los Ayatolas.






Azar Nafisi va a vivir en primera persona la conversión obligatoria de su país en una dictadura islámica, donde la mujer va a ser relegada según la autoridad de los hombres. Será una experiencia progresiva como profesora de universidad. De vestir a la manera occidental, a tener que usar el hiyab, cubriéndose el pelo y el resto del cuerpo. De reflexionar sobre las vertientes de la condición humana, a ser limitada la perspectiva según la tradición islámica, donde no se separa el Estado y la religión, que se convierte en el único argumento que rige las relaciones sociales. Queda, por tanto, coartada cualquier esperanza o libertad individual. La persona, especialmente, las mujeres deben renunciar a su desarrollo, a su futuro, y supeditarse a la voluntad de su marido o padre. La lectura y el estudio de libros fundamentales de la literatura, pueden servir para escapar y contradecir la opresión del régimen autoritario.






La protagonista comienza su enseñanza con autores como Scott Fitzgerald y su obra El gran Gatsby, ambientada en los años veinte; luego con la novela, Lolita, de Vladimir Nabokov, que a las alumnas les inspira tratar temas como el adulterio o la libertad sexual, así como el control y dependencia de un hombre mayor frente a una joven indefensa. Ellas han sufrido en la universidad la represión a golpes de la policía, incluso el encarcelamiento, y para algunas la pena de muerte. Azar Nafisi, ante esta situación, tiene que abandonar la docencia pública, para refugiarse en las clases particulares en su casa, que se convierte en un ámbito de libre pensamiento. Allí, junto a unas pocas alumnas, puede seguir tratando obras de autores fundamentales como Henry James o Jane Austen, de cuya novela, Orgullo y prejuicio, extraen sabias reflexiones.




Para Azar Nafisi y este grupo de mujeres, los libros, son una forma de escapar de la represión dictatorial en el vestido, en el pensamiento; también, de los malos tratos que ejercen sus maridos enterados de sus reuniones; una forma de compartir experiencias y conocimientos personales, acallados por la sociedad. Sin embargo, llega el momento, que no queda otra solución que el exilio, salir del país que una vez abrió las puertas a la esperanza, a un futuro mejor, pero que en ese tiempo lo cercenó de manera definitiva.

MEMORIA RECONSTRUIDA DE UNA MUJER


 

El Museo del Romanticismo presenta la exposición, ADELAIDA, MERCEDES HAUSSMAN Y JORGE SANTIAGO, dentro del Festival PhotoEspaña 2025, que reúne un conjunto significativo de fotografías originales, carte de visite, cabinet y otros formatos entre mediados del siglo XIX y principios del XX correspondientes a la vida de Adelaida, pertenecientes a los estudios más relevantes de la capital y otras de autores desconocidos. De niña retratada por Pedro Martínez de Hebert, hasta de adulta, por los estudios de Eduardo Otero y Manuel Alviach. La podemos observar sola o con su marido y su amplia familia, ya mayor. Otras imágenes de la exposición son ampliaciones de originales antiguos, y en una vitrina podemos conocer los retratos de su marido y sus padres, pertenecientes a la pequeña nobleza y la burguesía de entonces, asociados a documentos originales como su dote de matrimonio, el libro de administración de un edificio en Lavapiés, que le proporcionaba rentas, o las esquelas mortuorias de su marido, Francisco de Arespacochaga y Montoro de 1898, y la papeleta de enterramiento de la propia Adelaida en el patio de San Millán por el año de 1920.



Por si no fuera poco con los documentos expuestos, se exponen un conjunto de supuestas imágenes de la vida de Adelaida, creadas por Jorge Santiago y Mercedes Haussman, mediante IA, que amplían el conocimiento visual de la protagonista, de sus ocupaciones y vida social, pues, además de verla posando para ser retratada por los mejores estudios madrileños desde niña, la vemos desarrollando una vida independiente como viuda, cuando tiene que administrar las rentas que mantienen su estatus social. Nos encontramos, así, de una memoria reconstruida, donde las limitaciones de los documentos originales, son ampliadas por esta potente herramienta digital de nuestros días, desarrollando nuestra imaginación, sin falseamientos innecesarios o deformantes. Subrayar que Adelaida fue una antepasada, familia, de Mercedes Haussman, la propietaria de la colección fotográfica y documental, y coautora de las imágenes digitales, .



LA FOTOGRAFÍA DE MARISA FLÓREZ


 

La sala Canal de Isabel II presenta la exposición, MARISA FLÓREZ. UN TIEMPO PARA MIRAR (1970-2020), que reúne un conjunto de 184 fotografías de esta fotógrafa y editora en un amplia trayectoria, que se inició en el diario Informaciones, para desarrollarse principalmente en EL PAÍS. Su labor profesional, que ha sido premiada a lo largo de los años, nos permite conocer un periodo extraordinario de la historia de España, al comienzo de la democracia, durante las primeras legislaturas. También los acontecimientos más significativos; los cambios y reivindicaciones sociales, y su principales protagonistas. Participó de aquellos hechos de nuestro pasado y se involucró con sus hacedores. Fruto de ello han sido numerosas imágenes icónicas que han pasado al acervo de una realidad vivida, como aquellas que retrataron  a la generación del rey; al encuentro entre el alcalde Tierno Galván y la actriz Susana Estrada, mostrando un pecho; o las que retrataban a un grupo de mujeres en la cárcel de Yeserías.



La exposición se organiza según los pisos en los cuales se distribuye. En el bajo, un espacio se dedica a su trayectoria profesional; y otros a diversos contenidos como el que representa a la llegada de las libertades con sus primeras manifestaciones; las referidas a la Casa Real; o a personajes como Lola Flores tras ser condenada por fraude fiscal, o al torero madrileño, José Tomás. Un capítulo especial corresponde a las primeras Cortes, que reunía a muchos personajes que habían estado en el exilio, resumen de las dos Españas, que una vez se enfrentaron en la Guerra Civil, y ahora se reencuentran para construir un régimen democrático. Marisa Flórez retrató a los políticos en busca del necesario consenso, hoy impensable en medio de una fuerte polarización, en la cafetería o charlando en los pasillos. Complementarios son los conjuntos dedicados a Dolores Ibárruri, La Pasionaria, como diputada y miembro del Comité Central del Partido Comunista; o el dedicado a los presidentes del Gobierno.



La sociedad española cambió progresivamente en estos años, según se producían acontecimientos importantes, y se aprobaban nuevas leyes que ampliaban las libertades. La cámara de Marisa Flórez nos documenta las manifestaciones por el derecho al aborto. También, los numerosos atentados terroristas de la época. Su fotografía sobre el asesinato del comandante Ynestrillas, con su coche con las puertas abiertas y los cuerpos en los asientos tumbados, resulta impactante. Por otra parte, su cámara dio importancia a los artistas, cantantes, directores y actores que protagonizaron esa época. Desde Luis Buñuel hasta Pedro Almodóvar. No podía faltar el regreso de una de las obras de arte más emblemáticas, y necesarias, El Guernica de Picasso, que requería de unas condiciones estrictas para su vuelta. Marisa Flórez nos documentó su llegada en avión con la autoridades esperando, hasta su depósito, enrollado primero, luego exhibido encerrado en una urna en el Casón del Buen Retiro.



La mayoría de las fotografías de la exposición son en blanco y negro, aunque hay un conjunto en color, principalmente de gran tamaño. Unas imágenes que nos informan de la variedad temática que abordó a lo largo de su carrera. Documentó, como fotoperiodista, acontecimientos significativos, centrados en los personajes. Sus retratos son magníficos, muy empáticos. Combina la sencillez con la fuerza expresiva, mediante la utilización de diversos planos, desde el primero hasta el general. Busca, muchas veces, un significado suplementario al de la propia imagen, al combinar distintos elementos. Por ejemplo, el presidente Adolfo Suarez, solo acompañado de una hilera de escaños vacíos; Felipe González de espaldas frente a un espejo; Blas Piñar, dirigente ultraderechista, pasa cerca de los diputados comunistas encabezados por Santiago Carrrillo, o el ataúd de Dolores Ibárruri portado por el que sería secretario general del partido, frente al los carteles de la dirigente fallecida.