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CONTRA UNA POLÍTICA INHUMANA


 

La práctica política debe tener en cuenta a los ciudadanos a quien va destinada. Debe respetar los más elementales derechos humanos y exponer claramente sus verdaderas intenciones. Sobre todo si va destinada a la población sin muchos recursos. La auténtica democracia impide gobernar para una élite, unos pocos privilegiados, frente a una mayoría carente de ellos. Estos días se celebran las elecciones a la Asamblea Nacional francesa. La estrella de la selección de fútbol ha llamado a la participación de la gente frente a las fuerzas políticas que tienen en sus programas ideas contrarias al lema republicano, de libertad, igualdad y fraternidad. Unos partidos que tienen como su principal enemigo a los migrantes, tanto legales como irregulares, la gran mayoría de bajo nivel económico, al borde de la exclusión, que viven en condiciones penosas en viviendas sociales degradadas. Este es el contexto de la película, LOS INDESEABLES, escrita y dirigida por Ladj Ly, que nos cuenta la problemática de los migrantes que residen en deteriorados edificios sociales en la ficticia ciudad de Montvilliers.



El ayuntamiento de Montvilliers pretende reformar los barrios pobres demoliendo los edificios normalmente altos, muy deteriorados por el paso del tiempo. Pretende expulsar a los vecinos proporcionándoles una pequeña indemnización que nos les permite afrontar la compra de una vivienda nueva. El nombramiento de un nuevo alcalde por la muerte prematura del anterior, va a endurecer esta medida con el agravante que se va a valer de todos los medios para echar a sus gentes, la mayoría inmigrantes. Un incendio de una vivienda será el pretexto para expulsar a todo un edificio sin ninguna consideración, sin tiempo para recoger sus enseres o buscarse una alternativa habitacional. No tiene en cuenta que el edificio esta ocupado por numerosas familias con niños en edad escolar. Además, coincide con la Navidad. Se vale que los vecinos son originarias de otros países poco involucrados en las elecciones que por esa época se celebran en la ciudad.



Haby, archivera del ayuntamiento, y activista de una asociación que ayuda a las familias pobres a encontrar una vivienda, hace frente a la política de reformar los barrios del alcalde. Cree, en principio, que no tiene en cuenta que muchas familias son numerosas, y las nuevas viviendas son pequeñas. Luego se opondrá a los métodos despiadados del alcalde provisional, que obvia claramente los derechos humanos al intentar expulsar a los habitantes por cualquier pretexto, sin ninguna notificación previa. Este hecho provocará la reacción violenta de su novio que asaltará la casa del regidor para quemarla en plena cena de Nochebuena. La protagonista piensa que la desesperación y la reacción vengativa no conducen a nada. Haby apuesta por la participación política para vencer en las urnas de manera democrática a los partidos que desprecian a los pobres y a los migrantes. Un mensaje de actualidad estos días ante la posible llegada de ideologías autoritarias al gobierno de muchos países de Europa.

SOLIDARIDAD CON LOS REFUGIADOS


 

Hubo un tiempo en el que la solidaridad de los trabajadores permitió afrontar las duras condiciones de las explotaciones mineras. Muchos pueblos fueron construidos en Inglaterra alrededor de las mismas. Durante la década de los ochenta el gobierno conservador de Margaret Thatcher ordenó su cierre en favor de la rentabilidad. Desde entonces comenzó el empobrecimiento y la degradación de los pueblos construidos para alojar a los mineros. Unos mineros que iniciaron una lucha contra las medidas de recorte y cierre basadas en la huelga. Las duras condiciones fueron afrontadas con la ayuda mutua entre los trabajadores. Uno de sus lemas fue que si comes juntos permaneces unidos. Hoy aquellos pueblos mineros son sociedades fracturadas, empobrecidas, sin apenas servicios públicos, donde las casas cada vez valen menos. Lo único que permanece son viejos recuerdos. En este contexto se sitúa la película EL VIEJO ROBLE, de Ken Loach, escrita por su colaborador, Paul Laverty.



Las guerras y la penuria económica en el mundo continúan hoy. Causan enormes movimientos de población inmigrante y refugiados políticos que huyen de la miseria y la violencia. Loach nos cuenta cómo un grupo de refugiados sirios son instalados en una población de antiguos trabajadores mineros. El gobierno les proporciona vivienda y ayuda para poder vivir. Un sector de la población les ampara, otra, les rechaza. Muestra racismo y xenofobia que a veces se traduce en violencia. Todo se dirime en el antiguo pub del pueblo llamado El viejo roble dirigido por T.J. Balllantyne, hijo de familia minera, que está a favor de que sean acogidos y puedan ganarse la vida. En cambio, un sector de sus clientes muestra un claro rechazo y los ve como competidores en el trabajo y desde el punto de vista cultural. El protagonista, tras la muerte de su mascota, decide implicarse en su colaboración cediendo el local abandonado del pub para dar de comer no solo a los refugiados, sino a las familias necesitadas del pueblo.



Sin embargo, un día, el grupo de vecinos xenófobos, boicotean el local, que hace costosa su reparación. Entonces se frena la importante labor social de proporcionar alimento a la población refugiada y a los pobres. Llega el momento de invocar el lema de los sindicatos mineros basado en la efigie de un árbol, el roble, centenario, que dice, solidaridad, fortaleza y resistencia, ahora interpretado en la lengua de los refugiados. Una solidaridad y cooperación frente al odio que surge en las sociedades occidentales, basado en bulos y propaganda racista, que identifica un chivo expiatorio para oprimirle. Si hubo solidaridad en la lucha contra el fascismo en los años treinta del siglo XX, ahora, esa debe ser la respuesta de las clases trabajadoras, empobrecidas, de nuestros días, para acoger a gentes que escapan de la violencia y la discriminación. Loach muestra la victoria de la convivencia al final de la película. La cooperación y solidaridad, una vez más, cuando la familia protagonista se entera que su progenitor ha muerto. Finalmente, en el desfile que conmemora las luchas antiguas y las modernas, hoy con nuevas reivindicaciones y visión multicultural.



EL DRAMA DE LOS DESAHUCIOS


 
La crisis financiera internacional fue provocada por el hundimiento del mercado inmobiliario, primero en EEUU y luego en España. Las viviendas redujeron considerablemente sus precios a los que habían llegado por una fuerte demanda de compradores alimentada por hipotecas a bajo precio. Numerosas personas se quedaron sin trabajo al caer la construcción y la venta de viviendas, con todas sus industrias asociadas. Un número elevado de trabajadores, se quedaron en paro y no pudieron pagar la hipoteca, que provocó que fueran desahuciados de sus hogares, pues éstos valían menos, en algunos casos, que la cantidad recibida por el préstamo. Por otra parte, las antiguas cajas de ahorro y algunos bancos quebraron, y los salarios retrocedieron, en un ambiente de deflación y recesión económica. Los gobiernos europeos impusieron una dura política de austeridad. Las consecuencias son las que muestra la película, EN LOS MÁRGENES, escrita y dirigida por Juan Diego Botto.




La película se desarrolla en 24 horas y cuenta tres historias entrelazadas por el personaje principal, Rafa, un abogado comprometido con la gente en riesgo de exclusión. La primera es una madre de origen marroquí que está todo el día fuera de casa, que tiene una niña, y que está en el punto de mira de los servicios sociales. El protagonista tiene que localizar a la madre como sea porque si no, pierde la custodia. La segunda es un desahucio que amenaza las vidas de otra familia. El padre ha perdido el trabajo y el salario precario de la mujer ha provocado que no pagasen la hipoteca. Quedan pocas horas para ser expulsados de su casa. Azucena, hace todo lo posible en su mano para hablar con el banco, y frenar el desahucio. De todas maneras, Rafa y una organización intentarán parar a la policía para que no les expulsen de casa.




En la tercera historia, los protagonistas, no reciben apoyo de nadie. Cuenta el caso de una madre que avaló a su hijo para un negocio. Ahora, solitaria en su vivienda ha recibido la carta del inminente desahucio de la misma. Trata de contactar, desesperada, con su hijo que malvive en trabajos precarios, que no quiere hablar con su madre por el sentimiento de culpa. No le va bien y subsiste a duras penas. El propio protagonista va a sufrir las consecuencias de desatender a la familia por su afán de solucionar todos los problemas a los que se enfrenta. La película, por tanto, muestra tres situaciones, que en los años posteriores al estallido de la burbuja inmobiliaria fueron comunes, y que tuvieron graves consecuencias sociales, de las que todavía no nos hemos recuperado del todo.

FUERA DE LAS NORMAS


A menudo estamos acostumbrados a ver a jóvenes sin futuro, que no tienen la formación suficiente para entrar en el mercado de trabajo. Por otro lado, nos encontramos con niños y adolescentes que están desahuciados por la sociedad. Ni los países más avanzados les proporcionan los suficientes tratamientos para que pueden superar su grave discapacidad. Solamente cuidados que palían los síntomas de abandono a los que se les somete para que no supongan un peligro para sus familias. Estos niños, que padecen autismo grave, requieren unas terapias a largo plazo que mejoren su comportamiento. La película, ESPECIALES (Hors normes), de los directores, Olievier Nakache y Eric Toledano, recogen el ejemplo de dos asociaciones dirigidas por dos amigos, Bruno Haroche y Malik que se encargan solucionar ambos problemas sociales. Una historia que se basa en hechos reales.


Bruno se encarga de recuperar casos de autismo muy graves, de niños que lo padecen, pero que no reciben un tratamiento efectivo. Se encuentran encerrados en habitaciones mientras toman una fuerte medicación. Apenas son capaces de comunicarse y de moverse. Malik le ayuda formando a jóvenes marginados de los barrios humildes de París como cuidadores de esos niños con quienes nadie quiere estar. Llegan a realizar una actividad complementaria. El problema con el que se enfrentan, no sólo se encuentra en la financiación para mantener su actividad, que les ocasiona tener casi todas las horas del día ocupadas, sino en las propias leyes que regulan los servicios de ayuda a los discapacitados. Ni tienen las instalaciones adecuadas, ni los cuidadores son titulados.


De esta manera, los protagonistas, especialmente, Bruno Haroche, de religión judía, se va a enfrentar a una inspección de las autoridades sanitarias que van a comprobar si respeta todas las normas para realizar los cuidados que ofrece a los niños autistas. Comprueban cómo su piso de acogida está saturado de niños que reciben ayuda. Que el hospital le llama a Bruno para que se encargue de casos difíciles, a pesar que no tiene autorización. Pero, ante todo, que su labor es imprescindible para la sociedad, porque ni el mismo Estado francés, no sabría que hacer con esos niños olvidados, desvalidos, que se encuentran en su casa de acogida, y que con suma dificultad y paciencia, jóvenes marginados tratan de que poco a poco mejoren, y se puedan comunicar con sus semejantes.


La película, por tanto, apuesta por el esfuerzo cooperativo y desinteresado de los miembros de la sociedad. El esfuerzo de unos beneficia a otros, sobre todo cuando sus mismas estructuras son incapaces de dar respuesta a unos problemas persistentes, pues en vez de solucionar la situación que viven los niños autistas, las normas refuerzan un bloqueo que les priva de una solución adecuada a sus carencias.

El DRAMA DEL NIÑO MIGRANTE


En el año 2018, unos 70 millones de personas emigraron de sus países, la mitad fueron menores de edad. Sobre esta importante migración, cada vez más de actualidad en España, trata la película, ADÚ, dirigida por Salvador Calvo. Cuenta tres historias que se cruzan de alguna manera. La de un activista medioambiental que trabaja en un parque natural de Camerún, cuidando a los elefantes que no sean cazados por los furtivos. La de un grupo de guardias civiles que vigilan la valla alambrada de Melilla ante los asaltos de los africanos que tratan de entrar en la ciudad, y sobre todo, el drama de Adú, que desde el país centroafricano antes dicho, pretende llegar a Europa donde se encuentra su padre.


Adú, un niño de seis años y su hermana mayor escapan de una aldea de Camerún rumbo a Europa. Los furtivos acaban de matar a su madre. Ellos son testigos de la caza indiscriminada de elefantes para obtener marfil. La ruta no va a ser fácil, porque los traficantes de hombres, les dejan en un aeropuerto para que se metan en el tren de aterrizaje de un avión y así llegar a su destino. En vez de París, el viaje termina en Senegal. Adú se queda sólo después que su hermana muriese por las bajas temperaturas del avión. En Dakar, escapa antes de ser encerrado por la policía junto a otro joven que huye de Somalia. En este momento, comienza un largo y difícil viaje en autobús, que atravesará Mauritania y el Sahara, hasta llegar al monte Gurugú, cerca de la valla de Melilla.


Centenares de subsaharianos viven en las cercanías de la ciudad española en condiciones infrahumanas. Les asiste la Cruz Roja, mientras esperan una oportunidad para saltar la valla. Sólo una minoría podrá sortear este peligroso obstáculo, bien defendido por las fuerzas del orden. Al final, se decidirán entrar en España por vía marítima ayudándose de unos flotadores. No lo hubieran conseguido sino es por una lancha de la guardia civil que los rescata cuando se encontraban a la deriva, perdidos en la noche. Adú ha conseguido su objetivo. Lograr entrar en Europa. Sin embargo, no se espera que su joven amigo sea devuelto en caliente por al territorio marroquí.


El viaje de Adú ha sido un infierno de miseria y abusos hasta llegar a su destino, que ha logrado, al final, por la fortuna, de ser rescatado entre las aguas del mar, su último obstáculo. La dos historias paralelas de la película se relacionan con ésta en la medida que hay un elemento común. Con el activista medioambiental, por la bicicleta que Adú y su hermana abandonaron en la selva de Camerún cuando los furtivos mataban un elefante. La bicicleta se la trajo la hija del activista como regalo a España. Alguno de los guardias civiles que rescataron a Adú del mar, protagonizó el incidente en la valla en la que un refugiado murió al caer, después de ser golpeado por estos mientras trataba de saltarla.

SOBRE LO EFÍMERO DE LA VIDA


Un pensamiento religioso más propio de sociedades antiguas afirma que los triunfos en la vida son efímeros. Los bienes materiales o los cargos más dignos alcanzados desaparecen con la muerte. La riqueza de los más poderosos equivaldría a la pobreza de los más débiles al final de los días. Un pensamiento transcendental que sirve de fondo para la película, (SIC TRANSIT) GLORIA MUNDI, del director francés Robert Guédiguian, que nos describe los problemas que padece una familia de Marsella para poder seguir adelante. Las condiciones laborales son cada vez más estrictas, incluso con los trabajadores a punto de jubilarse. Para la gente joven encontrar una fuente de ingresos segura constituye una tarea difícil.


Los protagonistas son Nicolás y Sylvie, un matrimonio ya mayor con dos hijas, una adoptada y otra natural, que tuvo la mujer con su primera pareja que ha permanecido muchos años en la cárcel. Su salida de prisión coincide con el nacimiento de su primera nieta, Gloria. Tienen que afrontar numerosos problemas. Sylvie trabaja de forma precaria en una contrata de limpieza por la noche. Nicolás conduce un autobus urbano. Ambos les quedan pocos años para jubilarse. Viven en un momento de mucha conflictividad laboral, por los salarios bajos y las duras condiciones laborales. El capitalismo globalizado impone sus leyes y condiciona el comportamiento de las personas.


Los protagonistas no se pueden permitir dejar de trabajar. Incluso sumarse a la huelga. Sus hijos les necesitan porque no encuentran un trabajo remunerado seguro, especialmente la madre de Gloria. Está en prácticas en una tienda de ropa y su marido es conductor de Uber. Los problemas vendrán cuando al marido le rompan el brazo unos taxistas rivales. Van a quedarse apenas sin ingresos. En ese momento, Mathilda, decide hacer todo lo posible para que el marido de su hermana, Aurore, que tiene una tienda de empeños con mucho éxito, la contrate para llevar otro local. Todo se vendrá abajo cuando las promesas se incumplan y la infidelidad quede al descubierto. Será Daniel, que una vez estuvo en prisión por asesinato, vuelva a la misma para que no le suceda a Mathilda, lo mismo que a su madre Sylvie tras su encarcelamiento.


La solidaridad familiar ha quedado como única en nuestras sociedades. La presión que ejerce el sistema económico determina al máximo la vida de las personas sometidas a la dura presión de los trabajos cada vez más precarios, a todas aquellas que las obligan a competir.  La búsqueda del dinero degrada moralmente a los protagonistas desesperados por conseguirlo. La película nos ayuda a comprender que ellos no son culpables, sino la sociedad que produce situaciones semejantes.

VIOLENCIA EN LOS SUBURBIOS


Ricos y pobres se unieron en la celebración del mundial del fútbol conquistado por la selección francesa. El centro de París fue el punto de reunión para festejar el éxito. Muchos jóvenes venidos desde el extrarradio cubrían sus espaldas con la bandera nacional. Todos llegaron a cantar La Marsellesa, el himno de la república. Sin embargo, fuera de estos momentos de alegría, la diferencia entre ricos y pobres se encuentra en la vida diaria, en el lugar donde residen en la gran ciudad. Las calles pulcras y bien cuidadas con edificios señoriales contrastan con las casas llenas de pintadas y la basura acumulada en los suburbios. La película, LOS MISERABLES, dirigida por el director, Ladj Ly, retrata la vida del barrio de Montferneuil, a las afueras de París, por la que recibió el merecido Premio del Jurado en el pasado Festival de Cannes.


La existencia en la banlieue no es segura. Las familias se hacinan en edificios modestos y descuidados. La municipalidad de París apenas tiene el control de sus calles. Son los propios habitantes con sus representantes quienes mantienen un cierto orden. La policía dispone de dos patrullas, una para el día y otra para la noche para resolver los problemas que puedan surgir. Los más jóvenes apenas estudian y vagan fuera de sus hogares cometiendo pequeños hurtos. Tres policías de la Brigada de Lucha contra la Delincuencia (B.A.C), protagonizan la historia. Está formada por dos miembros experimentados, y otro recién llegado, que se va a sorprender de los métodos tan poco ortodoxos que emplean. Un simple robo de un cachorro de león al circo ambulante que se establece en el suburbio desencadenará los acontecimientos.



Los policías no tardarán en averiguar quién cometió el robo. Fue un joven quien se lo quitó a los gitanos del circo. El problema va a ser que al llevarlo esposado uno de los protagonistas le dispara con una pelota que se emplea para disolver manifestaciones, mientras son atacados por un grupo de jóvenes. Los policías tratan de ocultarlo para no dar pie a una revuelta, pero se encuentran que la escena ha sido grabada con un dron. Entonces, tratan por todos los medios de encontrar el vídeo antes de que se publique en Internet. Para ello contactan con los grupos en los que se organiza la comunidad, los líderes religiosos y los empresarios de negocios turbios, que no quieren problemas en el barrio. Al final, obtienen la grabación, pero no será suficiente para calmar los ánimos de los más jóvenes, que se sienten agredidos, una vez más por las fuerzas del orden.


Los barrios pobres tienen escasos servicios. Allí logran sobrevivir aquellas personas con menos recursos. Se han convertido en espacios urbanos multiculturales por la fuerte inmigración. Los poderes públicos no deben condenarlos al abandono. Tienen que sembrar la cultura, el desarrollo humano, especialmente el cuidado de los más jóvenes, sino estarán abocados a la violencia, en señal de protesta, y la delincuencia como único futuro. Unos jóvenes criados en la calles que tienen como ejemplo a otros, como Mbappé y Dembélé, que han logrado llegar a lo más alto en la sociedad a través del deporte.

LA MODERNA EXPLOTACIÓN LABORAL


La revolución tecnológica de nuestro tiempo afecta a la vida cotidiana del ser humano. Desde los móviles a los procesos productivos de las fábricas. El impacto en los hábitos cotidianos no se ha echo esperar. Las relaciones de amistad, de amor, las de pareja o familiares hoy tienen como medio algún mecanismo digital. Internet se constituye como el soporte donde interactúa la información aportado por los mismos. Si por una parte, nuestra vida ha mejorado, al reducirse el tiempo y la rapidez con la que trabajas o compras una mercancía, por otra, nos hace esclavos o adictos por el poder y la fascinación que proporciona a quien la emplea. La película, SORRY WE MISSED YOU, dirigida por Ken Loach y con guión de Paul Laverty, cuenta con dramatismo la incidencia que tiene en las relaciones laborales y familiares. 



Ricky y Abby son la pareja protagonista. Se ganan la vida con empleos precarios. La mujer, asistiendo a ancianos en sus hogares por horas. El marido acaba de conseguir un puesto de repartidor de paquetes por cuenta propia en un almacén. Está al servicio del comercio online. Aparentemente, es un trabajador autónomo que tiene comprar una furgoneta endeudándose más y obligando a su esposa a utilizar el transporte público. En realidad, es un asalariado encubierto con una condiciones laborales al margen de la ley. La tecnología está al servicio de la empresa de paquetería que distribuye a las grandes marcas, que le obligan a entregar el producto con una precisión horaria extraordinaria, sin margen para el descaso o para hacer sus necesidades.


Tanto Ricky como Abby, trabajan a destajo. Les pagan según el tiempo y los servicios que proporcionen. Cuanto más realicen en el día, más ganan. La llamada economía colaborativa basada en las aplicaciones de la red, tal como aparece en pantalla, es un conjunto de prácticas del capitalismo salvaje para reducir los costes laborales en detrimento de las conquistas conseguidas por los trabajadores a lo largo del tiempo. Los señuelos son la posibilidad de encontrar trabajo y de realizarlo más libremente. La realidad es, en cambio, dramática porque Ricky recibe multas por faltar al trabajo, incluso de manera justificada. Las intensas y largas jornadas de los protagonistas afectan a su vida familiar, hasta tal punto que pierden el contacto con sus hijos.


Seb, el hijo mayor, es expulsado del instituto y llega a ser detenido por la policía. Liza, la hija pequeña, sufre por los acontecimientos que padece la familia. El matrimonio discute a diario. Todos echan la culpa al nuevo trabajo del padre. Convertirse en un repartidor de paquetes que explota el jefe del almacén. Lo que sería una manera de ganar dinero rápido por un tiempo, se convierte, un una forma de perderlo por los problemas humanos que tiene que afrontar, sobre todo cuando recibe una violenta paliza para robarle durante el reparto. Ricky, el padre, no pierde la esperanza, y mal herido, para reducir las deudas que le provoca estar de baja, decide volver al trabajo en contra de la opinión de su entorno. 


La nueva película de Ken Loach combina una precisa crítica de las nuevas formas de explotación laboral con un extraordinario despliegue de emociones que conmueven al espectador. Si una nos pone alerta ante situaciones más propias de la primera revolución industrial, las segundas, nos conciencian de priorizar los valores humanos frente a los espejismos falsos de felicidad asociados al mundo contemporáneo.


ENTRE RICOS Y POBRES


Las sociedades actuales son cada vez más desiguales a la vez que crece la mundialización de la economía. Europa apostó por las políticas de austeridad para hacer frente a la pasada crisis financiera internacional. Muchos estados occidentales se encuentran con un elevado nivel de endeudamiento, que les impide hacer políticas sociales redistributivas. Se apuesta, en cambio, por un liberalismo a ultranza para hacer funcionar la economía. Sin embargo, crece cada vez más la brecha entre los ricos y los pobres, entre el norte y el sur de las ciudades, entre el centro y la periferia donde no llega el dinero, los servicios públicos imprescindibles. Además, los numerosos inmigrantes que buscan un futuro mejor se mezclan en ella con los más desfavorecidos del país, creando otra diferencia a su vez, la cultural.


En este contexto se inscribe la película, COMO PEZ FUERA DEL AGUA del director italiano, Ricardo Milani, que aborda, en tono de comedia, la brecha económica y cultural en la sociedad romana actual, separada entre un cuidado centro urbano y una descuidada periferia. En uno vive Giovanni, que trabaja en un think tank, un grupo de investigación, para atraer dinero de la Unión Europea, con su hija, y, en otro, Mónica, que malvive con sus hermanas, y un hijo, mientras el marido cumple una larga prisión. Dos mundos diferenciados por el nivel cultural y económico se van a ver unidos por la relación que emprenden los dos hijos adolescentes. Los padres van a vivir al principio un auténtico choque de costumbres y gustos, manteniendo la esperanza que la relación dure poco tiempo.


Giovanni vive en un apartamento en el centro de Roma, perteneciente a un antiguo palacio. Le gusta las distintas manifestaciones artísticas. Visita las exposiciones y ve cine de autor. Mónica, en cambio, lo hace en un barrio marginal, en un edificio donde se juntan vecinos inmigrantes, donde la línea que separa lo legal del delito es muy débil. El primero, ha educado a su hija Agnese en los valores de respeto y solidaridad, que le ha permitido enamorarse de Alessio, a pesar de las diferencias sociales. Los dos padres llegarán a ponerse de acuerdo para vigilar a sus hijos, mostrando los mundos diferentes en los que viven, que provocará numerosas situaciones cómicas. Al final, los hijos volverán a su órbita. Serán los padres quienes mantengan el contacto. Además, Mónica seguirá el consejo de Giovanni, y emprenderá un negocio de comida rápida, que le proporcionará mayor independencia económica.

INFANCIA MALTRATADA


Hay padres irresponsables que han traído hijos al mundo sin haber pensado en la obligación que supone darles unas condiciones mínimas de vida. La infancia constituye una época esencial donde debe primar la felicidad cotidiana, indispensable para tener un futuro prometedor. El afecto de los progenitores, la educación escolar, la salud y una buena alimentación están en la base de una maduración provechosa. La película, CAFARNAÚM, escrita y dirigida por la libanesa, Nadine Labaki, nos cuenta una historia de niños en condiciones totalmente opuestas, en las que están maltratados por la sociedad. Denuncia las condiciones de vida de un grupo de personas pobres en la Beirut actual, transformada en aquella ciudad mítica, símbolo de la superpoblación y el caos.


Toda la película gira en la acusación de Zain, un chico de doce años que decide demandar a sus padres por haberlo traído al mundo cuando no podían criarlo adecuadamente. Está en la cárcel por haber apuñalado al marido de su hermana, tras dejarla embarazada con sólo once años. Era el propietario de una tienda de alimentación en la que él trabajaba en vez de ir a la escuela, con quien sus padres concertaron el matrimonio de su hermana Sahar, nada más que tuvo el primer periodo. De esta manera se granjeaban el favor de la persona que les alquilaba una casa para su familia numerosa. Zain, con más sentido común que sus padres, se oponía a este trato que legalizaba el abuso continuo de una niña desvalida. Por esta razón, el protagonista llega a escaparse del hogar familiar, donde el padre casi siempre bebido se aprovecha de la mendicidad de su numerosa prole.


Mientras estuvo fuera de casa, Zaín conoció a una joven inmigrante ilegal que se apiadó de él. Vivía en una humilde chabola con un bebé. Era chantajeada por un traficante de personas que a cambio de dinero, le prometía una nueva documentación para poder seguir trabajando en Líbano. La joven tenía que mandar dinero a Etiopía, su país de origen. Además de alimentar a su hijo fruto de una relación esporádica. Zain hace de canguro diariamente cuando la madre está trabajando. Todo termina cuando la madre es detenida sin papeles. Entonces, le invade la desesperación al protagonista. No sabe que hacer con el bebé. Llega incluso a perder la casa donde vivían. La única solución es entregarle al traficante a cambio de dinero y la promesa de hallar unos padres de adopción.


Zain regresa en ese momento con su familia y se encuentra con el triste destino seguido por su hermana. Por esta razón decide vengarse. La justicia le condena a la cárcel. Sin embargo, con la ayuda de los medios de comunicación, demanda a sus padres como principales responsables de todos estos hechos. La película, por tanto, se narra como un flash back durante la realización del juicio. Un proceso en el que la propia directora interpreta a la abogada defensora. Una historia que se presenta al espectador para que sea consciente de las duras condiciones de vida de la población pobre que vive hacinada en Beirut. Entre ellas, la explotación y el abuso de la infancia, o el tráfico de inmigrantes africanos o de refugiados sirios que escapan de la guerra. Dicha denuncia le hizo merecedora del Premio del Jurado del Festival de Cine de Cannes.

RETRATO DE LA PROSTITUCIÓN


La directora argentina, Anahí Berneri,  realiza un retrato crudo y directo de la prostitución en la película, ALANIS. Un retrato que tiene como protagonista a una joven de veinticinco años que es madre de un bebe de año y medio al que tiene que cuidar y alimentar. Nos muestra a la protagonista no como una mujer víctima de la explotación sexual directamente por una organización, sino como una mujer independiente, que toma decisiones, y que decide ganarse la vida vendiendo su cuerpo a los hombres. La película visualiza un trozo sólo de su vida, desde el momento que cierran el piso donde trabaja junto a una amiga, hasta que es admitida, unos días después en un local donde seguir con la actividad.


En las primeras escenas la policia cierra el departamento donde vivía y ejercía la prostitución junto otra compañera mayor. Se queda en la calle de esta manera, sin apenas dinero, por lo que tendrá que ir a la tienda de ropa de una tía que le dará alojamiento y cuidará del niño. Esta señora le propone que busque un trabajo para ganarse de nuevo la vida y poder sostener a su hijo. Tras un fallido intento como chica de la limpieza y cuidado de una anciana, ella decide volver a prostituirse, donde tendrá la oposición violenta de otras mujeres que ejercen en la calle. Finalmente, logra ser admitida en un piso a modo de burdel en el que puede realizar su actividad sin peligro.


La película recibió en el último Festival de cine de San Sebastián dos grandes premios, a la mejor dirección y a la mejor actriz protagonista. El primero para una realización cinematográfica entendida como un relato directo, muy realista, sin reflexiones morales de la prostitución, donde no hay la división tradicional del drama con planteamiento, nudo y desenlace, sino una porción de la narración. El segundo premio para la conmovedora interpretación de Sofía Gala Castiglione en el papel de Alanis, junto a su hijo en la ficción y el vida real, Dante. El cartel de la película en la que aparece amamantándole hace honor al contenido, el de una mujer madre que lucha por la supervivencia económica en los márgenes de la sociedad sin perder los rasgos de humanidad.

REGRESO A LA INDIA


La pobreza afecta especialmente a la infancia en los países en vías de desarrollo. Muchos menores se ganan la vida en la calle para poder sobrevivir. Además padecen el riesgo de sufrir violencia, de ser separados de su familia y romperse los lazos afectivos. Por otra parte, en los países más ricos, tenemos una alta consideración de los más pequeños, pero la baja natalidad hace que cada vez más parejas miren aquellos lugares donde los niños son abandonados en orfanatos por unos progenitores incapaces de sacarlos hacia adelante. La película LION, opera prima del director norteamericano, Garth Davis, cuenta la historia real de Saroo, un niño indio, que logra recomponer aquellos lazos familiares rotos por el destino y la miseria.


Saroo es un niño analfabeto que con su hermano mayor salen de casa todos los días para conseguir comida para ellos y para una hermana pequeña. El trabajo de la madre en una cantera no da para mucho. Viven en una aldea del norte de la India. Un día su afán por conseguir los objetos que los viajeros del tren tiran al suelo les lleva a una estación del ferrocarril, donde Saroo se queda dormido por el cansancio. Allí tenía que esperar, pero al no encontrar a su hermano, le hizo buscar por todas partes hasta por un tren parado donde volvió a dormirse. Este tren vacío se puso en marcha y ya no abrió las puertas hasta su lejano destino en Calcuta. En esta gran ciudad, el pequeño Saroo, se siente perdido. Sobrevive mendigando entre los montones de basura. Un día la policía le lleva a un orfanato.


Allí, tras muchas búsquedas por las autoridades, que no logran saber donde se encuentra la aldea de donde dice tiene su casa, le adopta una pareja australiana. En la isla de Tasmania tendrá a partir de esos momentos una vida acomodada que le proporcionará una buena formación académica. Mientras continua sus estudios en Melbourne, y el contacto con otros estudiantes de origen indio, empieza a añorar a su familia biológica. Se propone localizar la aldea perdida de donde procede. Sólo tiene un nombre mal pronunciado. También recuerda la estación con un depósito de agua donde se perdió. De esta manera comenzará una investigación angustiosa utilizando Google Earth. Sigue la líneas de ferrocarril que terminan en Calcuta, pero ésta no da resultados tras muchas noches sin dormir.


Una casualidad le llevará a la aldea donde nació, cuando por desesperación lleve la pantalla de búsqueda a mucha más distancia de la que estaba mirando. Allí encuentra la estación, luego la ciudad próxima, el puente y el río de sus recuerdos, la ciudad más grande cercana a su aldea, y finalmente ésta. Solamente le quedará regresar a la India, y localizar a su madre y hermanos. Así lo hará guiado por esos recuerdos de la infancia, sin perderse por el camino. Se encontrará con ellos pero el hermano mayor murió la misma noche que se perdió en la estación de tren. Descubre más cosas, que su nombre es Sheruu, que significa león, de ahí el título de la película. Tendrá en esos momentos dos familias cuyo encuentro real los espectadores serán testigos en los títulos de crédito.

MUERTE DE UN VIAJANTE


Al día de hoy la película, EL VIAJANTE, escrita y dirigida por el iraní, Asghar Farhadi, ha ganado el Premio Oscar a la Mejor Película de Habla No Inglesa y el de Mejor Guion en el Festival de Cannes, entre otros. Unos galardones que no son nuevos para el realizador, pero no por serlo, son inmerecidos. Otra vez logra a través de una historia sencilla, que el producto final, tenga diversas implicaciones a ojos del espectador. Alusiones a las costumbres sociales, morales o culturales, tratadas de una manera magistral que resultan enriquecedores y suceptibles de distintas lecturas o interpretaciones. La cámara en manos de Farhadi sigue los movimientos de los personajes, mientras que muchas cosas ocurren fuera de campo en el relato visual. 


Los protagonistas de la película son Emad y Rana, una pareja que vive en Teherán. Ambos son actores aficionados que en esos días representan la obra de teatro de Arthur Miller, Muerte de un viajante. Además, el protagonista es profesor de literatura moderna. Tienen un problema que va a desencadenar el argumento. La casa donde viven sufre de repente amenaza de ruína por las obras que se realizan en la inmediaciones. El director de la compañía les ofrece un ático en alquiler donde antes residía una mujer con un niño. Una mujer con mala fama por recibir en la casa a numerosos amantes. Uno de ellos causará el suceso al que tendrán que enfrentarse los protagonistas, cuando un día Rana abra la puerta sin preguntar, creyendo que es el marido.


Esta se encontraba en la ducha cuando un desconocido entra en el baño por error al pensar que allí estaba la antigua inquilina. La sorpresa le hace caer y producirse una fuerte herida en la cabeza. El marido recibe la noticia cuando estaba comprando para la cena. Los vecinos le habían llevado al hospital. Una vez de vuelta en casa, Emad, descubre que el agresor se había olvidado las llaves de una furgoneta y un móvil. Rana, muy afectada por el incidente, se niega a ir a la policía, por considerarlo ineficaz y tener que dar todo tipo de explicaciones. Entonces, el marido decide encontrar por su cuenta al que entró en la casa y vengarse de alguna manera.


Descubre al extraño a través de la furgoneta empleada por un joven para repartir pan. Con el pretexto de realizar una mudanza desde su antigua vivienda, es la ocasión para cumplir con sus propósitos de venganza. Sin embargo, se va a encontrar con el futuro suegro del jóven, un viajante, enfermo del corazón, que viene a sustituirle. Al informarle de lo que hizo el que será su yerno, Emad se da cuenta que quien entró en la casa fue éste. De esta manera lo retiene para llamar a su familia y contarle el adulterio que cometía. La intercesión de Rana, que estaba presente, hace que el suceso quede entre ellos. Pero los distintos reproches de Emad, provocan que su corazón no resista más y muera.


El argumento de la película atrae en todo momento al espectador. Le sume en una continua incertidumbre sobre las circunstancias en las que se produjo el accidente de la protagonista. Además, por los titubeos del marido, que tiene que afrontarlas y hacer de alguna manera justicia ante su autor. En el fondo se sitúa la sociedad teocrática de Irán, afectada por conflictos morales, que por un lado tiene a la familia tradicional, y por otro, las costumbres abiertas de los que carecen o incumplen aquella. No se emplea la ley civil para restituir el daño, más propia de países avanzados, sino las relaciones interpersonales privadas para mantener el juicio colectivo correcto de carácter moral.