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EL ARTISTA ANTE LA CÁMARA


 

El Museo del Prado presenta la exposición, EL ARTISTA ANTE LA CÁMARA, dedicada a un conjunto de fotografías en la sala 60 que tienen como objetivo la figura del artista y sus espacios de creación. La difusión de la fotografía afectó al arte de muchas maneras, uno de ellas fue la representación de sus autores a través del retrato, como reconocimiento profesional y proyección personal. A finales del siglo XIX, la visita a los estudios, se convirtió en una costumbre social, a la que no fueron ajenos. También, el nuevo medio, dejó testimonio de sus espacios de creación, tanto de los principales, rellenos de sus instrumentos de trabajo, como de otros adyacentes donde acumulaban sus trabajos o sus propias colecciones. La fotografía como medio preciso y realista documentó a los mismos artistas en otros de especial significación histórica como el Alcázar de Sevilla. De todo ello da cuenta esta pequeña exposición compuesta por obras provenientes de los archivos de los artistas o de coleccionistas que las donaron al museo.



Se exponen obras de distintos formatos, desde las de menor tamaño, carte de visite, tarjeta promenade o tarjeta París, e incluso Imperial, de mayor tamaño, destinadas al retrato individual, o para las de grupo. El ejemplo más relevante es la realizada en el estudio de Ángel Alonso Martínez y hermano de un conjunto de artistas que homenajean a Federico de Madrazo. Los vemos en un espacio acristalado, propio de la época, al necesitar la fotografía luz natural. Otros estudios relevantes retrataron artistas y sus espacios, como los de Eduardo Otero, Fernando y Edgardo Debas, Kaulak, Manuel Compañy, Cristobal Portillo, José Padró y Manuel Alviach, entre otros, que presenta la efigie de Vicente Palmaroli que dirigió el Museo del Prado desde 1894. Unos retratos que nos informan de los procesos empleados, desde el papel a la albúmina, a la copia en gelatina, incluyendo el ferrotipo y el plantinotipo. Retratos estáticos o interactuando, en poses propias del estudio, o en el mismo taller con las herramientas necesarias, o más informales, a veces rodeados de la familia.



La exposición abarca, de esta manera, un conjunto desde finales del siglo XIX a las primeras décadas del siglo XX, que nos informan de la evolución de técnicas y procedimientos, de las transformaciones estéticas que afectaron a la manera que los artistas tenían de proyectar su imagen. Podemos, así, trazar un mapa visual de la presencia del artista en su estudio y en otros alternativos de creación. Uno de los más espectaculares fue el atelier de Mariano Fortuny en Roma; igualmente, destacan las imágenes de los estudios de Federico Madrazo en Madrid, la documentación del modelado del frontón de la Biblioteca Nacional por Agustín Querol, la escena de Mariano Benlliure con el escritor Federico García Sanchís en el taller del escultor, y el capítulo dedicado a la presencia femenina, representada por el retrato de María Luisa de la Riva en su estudio parisino, la pintora Fernanda Francés y las alumnas de Cecilio Pla. Por otra parte, otras imágenes recogen el proceso creativo de una misma obra, como la escultura dedicada a Mariano Moreno, encargada a Miguel Blay en 1909.



LA PINTURA DE VILHELM HAMMERSHOI


 

El Museo Thyssen presenta la exposición, HAMMERSHOI. EL OJO QUE ESCUCHA, que reúne un conjunto de pinturas relevantes de este pintor danés, que tras conseguir la fama entre el siglo XIX y XX, cayó en el olvido según se consolidaron las vanguardias históricas. En sus 51 años de vida creó una obra reducida, unas 400, que nos informan de un trabajo lento y minucioso. Se ha dicho de su carácter poco social e introvertido, aspecto que se refleja en los temas representados. Uno de sus aspectos más llamativos es el silencio que evocan sus cuadros, que se ha puesto en relación metafórica con su pasión por la música. Significarían así pausas, asociadas con el tiempo interrumpido, con momentos existenciales. Prefiere, además, los espacios vacíos, las figuras ensimismadas y las repeticiones de temas o secuencias del mismo donde se producen pequeñas variaciones de elementos. Su universo es el de su entorno más cercano, un entorno iconográfico reducido. De la misma manera, su paleta de colores es limitada: grises, negros, ocres y sobre todo un llamativo blanco, reservado para la luz y las líneas arquitectónicas. En general, el aspecto de su pintura es fría, oscura, una interpretación muy personal de la belleza que el captura en la realidad cotidiana.



La exposición se articula en seis secciones, según su biografía y temática representada. Así se abre con Obertura, centrada en su etapa de formación en la Academia de Bellas Artes; luego el rechazo por parte de los salones oficiales, para intentar se reconocimiento de manera independiente. Las obras de este periodo muestran la influencia del esteticismo de James McNeill Whistler y su proximidad a las corrientes simbolistas, aunque no tiene una intención deliberada de representar símbolos ocultos. En el apartado de Retratos y figuras, se vuelca con su círculo social cercano: familiares, otros artistas o mecenas y músicos. No es su género preferido, pues atiende principalmente al concepto general, que a la identidad del representado, reforzado por un fondo neutro o con pocos datos decorativos. Las figuras las muestra en reposo, sin atender a la acción. Otras veces, muestra las figuras de espaldas o con el rostro borroso. La representación de su omnipresente esposa, Ida, corresponde a otro apartado. Ella desde su matrimonio en 1891, le acompañaría en sus viajes y estancias en el extranjero, además de ser la modelo más habitual de sus pinturas.



Ida aparece sucesivamente retratada a lo largo del tiempo, de cuerpo entero o medio, absorta en pequeñas tareas dentro de sus sucesivos hogares. El propio pintor, en ocasiones se retrata junto a ella, como en Retrato doble. El artista y su mujer, donde él aparece de espalda al otro lado de la mesa formando una escena ambigua y enigmática. La siguiente sección se refiere a uno de sus motivos más recurrentes, Interiores. Conversaciones silenciosas, al fijarse, una y otra vez, en los espacios interiores de sus casas en Copenhague, amplias, semivacías y con escasos muebles, en las que se dejan ver la figura enigmática de su mujer oculta. Nos recuerdan a los interiores de la pintura holandesa del siglo XVII, representada por Vermeer o Pieter de Hooch. Muy diferentes son, en cambio, cuando los interiores los representa completamente vacíos, atraído por la belleza de los elementos arquitectónicos, puertas y ventanas, bajo la incidencia de la luz. En Paisajes rítmicos, la siguiente sección, el autor se interesa por los espacios urbanos y rurales, pero con un sentido marcado por las líneas y las arquitecturas en distintos planos, sin personajes.



El recorrido de la exposición termina con la sección, Años finales, donde el artista se interesa por la representación de la figura humana en grandes formatos. Sobresalen los desnudos femeninos a tamaño natural o en composiciones íntimas. También aborda, de nuevo, su autorretrato, esta vez, pintando, una suerte de testamento, resumen de su trayectoria y actividad personal y profesional.



LA REPRESENTACIÓN DEL MUNDO


 

La Fundación Telefónica presenta la exposición, EL SUEÑO DE LA RAZÓN. DEL SIGLO DE LAS LUCES A LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL, que a través de 300 obras procedentes del Museo de la Universidad de Navarra, se muestra desde las primeras representaciones del mundo mediante el dibujo y el grabado hasta la invención y desarrollo de las primeras manifestaciones fotográficas. Un recorrido que se pone en diálogo con tres obras realizadas con las nuevas tecnologías entorno a la Inteligencia Artificial. Se parte de la idea que los objetivos del ser humano, no solamente son representar la realidad, sino percibirla mejor y comprenderla. Esta necesidad, producto de un nuevo espíritu científico, se desarrolló notablemente desde el surgimiento de la Ilustración en el siglo XVIII, que concibe la razón como guía del pensamiento humano hacia el progreso continuo. Las primeras representaciones del conocimiento humano las encontramos en los 28 tomos de La Enciclopedia francesa, dirigida por Diderot y d´Alembert, donde los más diversos temas quedaron dibujados y grabados en imágenes.



En el mismo siglo XVIII, se realizaron numerosas expediciones científicas dirigidas al estudio de la Naturaleza, del reino animal, vegetal y mineral. Sus primeras imágenes las podemos descubrir  en la visita. Al mismo tiempo, observamos el interés hacia las disciplinas de la historia y el arte, englobadas con el nombre genérico de Antigüedades. Fruto de ese espíritu científico fue el descubrimiento de las ciudades romanas de Pompeya y Herculano. La Ilustración encontró en la cultura grecolatina un referente para sus pretensiones de regeneración social y política, sin obviar otras culturas como la egipcia, nabatea o precolombina, cuyo conocimiento salió a la luz, después de expediciones científicas y publicaciones sobre América y el Próximo Oriente, que la exposición muestra al público. En este ámbito, se recogen numerosas vistas de Roma, dibujadas y grabadas por Piranesi, arquitecto y erudito veneciano, centradas en sus famosas ruinas como en los edificios renacentistas y barrocos del entramado urbano, unas estampas muy apreciadas por los viajeros del Grand Tour.



El siguiente gran apartado del recorrido corresponde a los grabados de la Descripción de Egipto, realizados con motivo de la campaña de Napoleón en esa región a causa de la guerra contra Inglaterra por el control del comercio mundial. Una primera sección está dedicada a las ruinas de los templos y tumbas de la antigua civilización; otra al Egipto moderno, en concreto a El Cairo; y la tercera, a la flora y fauna. Dieciséis años después, el 19 de agosto de 1839, se anunciaba en la Academia de Ciencias de París, la invención de la fotografía, que supuso una revolución técnica en la representación del mundo. De esta manera, la exposición muestra, además de las primeras experiencias de Talbot y Atkins, las mismas iconografías del Próximo Oriente, bajo distintos procedimientos fotográficos, como el daguerrotipo, el calotipo y finalmente, el colodión, que suponía mejor difusión de la imagen a través del positivado el papel de albúmina. Las imágenes fotográficas ocupan tres grandes espacios del recorrido, donde nos encontramos, muchas veces los mismos lugares, una y otra vez captados en distintos momentos. Una visita que culmina con las imágenes realizadas por los primeros fotógrafos de estudio que se establecen en la región.

EL RETRATO FEMENINO EN EL SIGLO XIX


El Museo del Romanticismo presenta la exposición, RETRATADAS. ESTUDIOS DE MUJERES, comisariada por Stéphany Onfray, que reúne ciento cincuenta y dos obras, entre fotografías, publicaciones y objetos, provenientes de colecciones españolas, una de las cuales es la de la propia comisaria, pretendiendo ofrecer una relectura del estudio fotográfico como espacio de expresión y creación para las mujeres.  Desde la invención en 1854 de las tarjetas de visita se multiplicaron los retratos de mujeres, tanto de cuerpo entero, solas, con hijos o formando en grupo, en las más variadas actitudes o indicando una actividad profesional o social. Fue un medio asociado a la burguesía ascendente y la aristocracia del momento. Luego se fue democratizando. 



La comisaria sugiere que la interpretación tradicional, que ha tenido a ensalzar la figura del fotógrafo y a reforzar la relación entre un sujeto activo y una modelo pasiva, debe ser revisada. Hay que hablar más bien de una autorepresentación subrogada, en la que las mujeres retratadas son las autoras simbólicas de sus propios retratos. De esta manera, la exposición nos invita a descubrir cómo las mujeres del siglo XIX se relacionaron con la fotografía, que fue activa con el nuevo medio, pues llegaron a ser fotógrafas, coleccionistas y espectadoras, y contribuyeron a transformar las representaciones y roles femeninos. Nos lo demuestra en los distintos apartados: Una habitación propia, Iconografía de lo femenino, El cuerpo como obra, Metafotografía, y Hacia la modernidad.



Los estudios fotográficos se concibieron al principio como espacios domésticos, de sociabilidad; los observamos en la exposición como una continuidad de los interiores burgueses. Reservaron un cuarto-tocador para las mujeres, una habitación propia para ellas para poderse cambiar y acicalarse, de cara a su representación. Por lo que esta se concebía como una actividad performativa vinculada a la experiencia femenina, pero también a su subversión. Además se aprecia, un ámbito femenino propio, que si bien no desafía el orden establecido, exploran discretas esferas de libertad y poder. Las poses, los gestos, el vestuario en los retratos funcionó como un sistema comunicativo no verbal respecto al espectador, por lo que la fotografía se convirtió en una experiencia total, propiciando una concepción más moderna y artística del medio.




La mayoría de las fotografías de la exposición son tarjetas de visita, el formato mayoritario de la época. La selección expuesta se centra en el ámbito español, especialmente el de la capital. Destaca el gabinete de Alonso Martínez y hermano, así como el de Martínez de Hebert por su número de obras. De Barcelona el también famoso de Napoleón. Las mujeres representadas pertenecen a la alta burguesía y a la aristocracia titulada, incluso hay algún ejemplo de la propia reina Isabel II. Los retratos se pueden agrupar igualmente por representar a la mujer en una actividad, como pintoras; en interacción con las propias fotografías, mirando un álbum; refiriéndose a la maternidad, con un hijo, o mostrando su fallecimiento; simulando su identidad a través del vestido; muy llamativas son las tarjetas de visita realizadas por fotógrafas, unas firmadas como viudas, otras como su propio nombre como Alexandrina Alba cuyo estudio estaba en la Puerta del Sol, número 4 de Madrid.



UN SIGLO DE LA CÁMARA LEICA


 

El Centro Cultural de la Villa, Fernán Gómez, presenta la exposición, LEICA. UN SIGLO DE FOTOGRAFÍA, que forma parte de los actos conmemorativos de los cien años desde la presentación de la cámara Leica I en la Feria de Leipzig de 1925. Una cámara inventada por el técnico y fotógrafo aficionado, Oskar Barnack, y fabricada en serie por el empresario Ernst Leitz, asumiendo un riesgo importante que resultó provechoso, pues supuso una revolución en el medio desde ese momento, al utilizar una película de 35 mm, horizontal. Los pesados aparatos pasaron a ser ligeros y portátiles para captar la realidad de la calle y cualquier acontecimiento relevante que sucediese. Por estas razones, y por la calidad de las imágenes resultantes, en imprescindible para los grandes fotógrafos del siglo XX, hasta nuestros días. Aquellos que buscaban reflejar un instante afortunado, o la crudeza de los enfrentamientos bélicos.



Sabemos que fue la cámara empleada por Robert Cappa, Agustí Centelles y Antoni Campaña, en la Guerra Civil española, de la que la presente exposición muestra dos imágenes icónicas. Fue, por tanto, esencial, para el fotoperiodismo contemporáneo que se abría paso por aquellas fechas. Los fotógrafos españoles de posguerra, igualmente la emplearon, como Oriol Maspons, Joan Colom, Ricard Terré, Gabriel Cualladó, Gonzalo Juanes, Alberto Schommer, Ouka Lele, Cesar Lucas, Navia, Paco Gómez, Alberto García-Alix, y un largo número de ellos de los que se muestran imágenes. Lo mismo podemos decir de los maestros internacionales, con fotografías icónicas de Elliott Erwitt, Sebastiao Salgado, René Burri, Steve McCurry, Bruce Davison, Joel Meyerowitz, y Alberto Korda, entre otros, representado por el retrato más famoso del Che Guevara.



La presente exposición se organiza en distintas secciones temáticas, desde las primeras imágenes del archivo de la marca, hasta mostrar imágenes de la gente, la sociedad, la calle, el paisaje, o la mujer. Una sala específica está dedicada a los distintos modelos y aportaciones realizadas por Leika a lo largo de la historia. Una cámara gigante es el centro de la misma. En un lateral, los distintos modelos que salieron al mercado hasta la actualidad. En la pared del fondo nos cuenta su desarrollo. Sabemos que sus innovaciones aparecen recientemente en las cámaras de los móviles, y como complementos de otras marcas proporcionando un prestigio añadido, que como sabemos, ha sido labrado a través del tiempo, desde hace cien años, añadiendo fiabilidad y prestigio, para una cámara de alta gama.



LA FOTOGRAFÍA DE DUANE MICHALS


 

La Fundación Canal presenta la exposición, DUANE MICHALS. EL FOTÓGRAFO DE LO INVISIBLE, que reúne 150 obras de este original y precursor maestro de la fotografía conceptual. Un artista que trata de llevar a imagen su pensamiento desde distintas perspectivas. Pretende, así, un cambio formal en contraposición al método de Cartier-Bresson, interesado en capturar el instante decisivo que encuentra en la realidad. Con él nos apartamos de ella, para adentrarnos en los terrenos de la imaginación, en la visualización de conceptos abstractos de la existencia o la filosofía, los sueños, de la intuición, la indignación y la revelación, que constituyen los capítulos en los cuales se puede organizar su obra. En consecuencia, pretende, igualmente, un cambio de contenidos, unos básicos, otros más profundos, e incluso personales sobre su familia. Para ello, utiliza recursos técnicos como la doble exposición, el movimiento de la imagen, los difuminados. El resultado es sencillo, pero efectivo y sugerente para el observador.



Duane Michals apuesta por una fotografía narrativa. Por un lado, presenta varias imágenes en forma de secuencia sobre un tema propio como La condición humana, El abuelo se va al cieloEl espíritu abandona el cuerpo, Encuentro casual, El sueño de la chica joven o El hombre del saco. Por otro, utiliza un texto escrito que acompaña una imagen, que explica, añade elementos para su comprensión, como en Aquí hay cosas que no se ven en la fotografía o La parte más hermosa del cuerpo de un hombre y de una mujer. Su original visión queda manifiesta, de la misma manera, cuando realiza retratos de personajes relevantes y famosos, en los que busca proximidad con un contexto natural, lejos de cualquier posado convencional. De ellos sobresalen los de Pasolini, Andy Wharhol, Joseph Cornell, y Tilda Swinton. Pero, los que mejor reflejan al personaje, son los realizados del pintor Magritte, de quien declaró que le liberó, le enseñó un camino singular para la fotografía en diálogo con el surrealismo. Una biografía y un vídeo explicando alguna de sus series, culminan la visita de las mejores imágenes de este artista hoy nonagenario.



MEMORIA RECONSTRUIDA DE UNA MUJER


 

El Museo del Romanticismo presenta la exposición, ADELAIDA, MERCEDES HAUSSMAN Y JORGE SANTIAGO, dentro del Festival PhotoEspaña 2025, que reúne un conjunto significativo de fotografías originales, carte de visite, cabinet y otros formatos entre mediados del siglo XIX y principios del XX correspondientes a la vida de Adelaida, pertenecientes a los estudios más relevantes de la capital y otras de autores desconocidos. De niña retratada por Pedro Martínez de Hebert, hasta de adulta, por los estudios de Eduardo Otero y Manuel Alviach. La podemos observar sola o con su marido y su amplia familia, ya mayor. Otras imágenes de la exposición son ampliaciones de originales antiguos, y en una vitrina podemos conocer los retratos de su marido y sus padres, pertenecientes a la pequeña nobleza y la burguesía de entonces, asociados a documentos originales como su dote de matrimonio, el libro de administración de un edificio en Lavapiés, que le proporcionaba rentas, o las esquelas mortuorias de su marido, Francisco de Arespacochaga y Montoro de 1898, y la papeleta de enterramiento de la propia Adelaida en el patio de San Millán por el año de 1920.



Por si no fuera poco con los documentos expuestos, se exponen un conjunto de supuestas imágenes de la vida de Adelaida, creadas por Jorge Santiago y Mercedes Haussman, mediante IA, que amplían el conocimiento visual de la protagonista, de sus ocupaciones y vida social, pues, además de verla posando para ser retratada por los mejores estudios madrileños desde niña, la vemos desarrollando una vida independiente como viuda, cuando tiene que administrar las rentas que mantienen su estatus social. Nos encontramos, así, de una memoria reconstruida, donde las limitaciones de los documentos originales, son ampliadas por esta potente herramienta digital de nuestros días, desarrollando nuestra imaginación, sin falseamientos innecesarios o deformantes. Subrayar que Adelaida fue una antepasada, familia, de Mercedes Haussman, la propietaria de la colección fotográfica y documental, y coautora de las imágenes digitales, .



LOS RETRATOS DE NICHOLAS NIXON


 

La Fundación Mapfre de Madrid presenta la exposición, NICHOLAS NIXON. LAS HERMANAS BROWN (1975-2022), una pequeña pero significativa muestra de la serie completa de retratos que realizó desde la primera fecha, y anualmente, a su mujer y sus cuñadas. Son cuarenta y ocho fotografías en blanco y negro realizadas con una cámara de gran formato y luz natural. La mayoría son de medio cuerpo, y muestran, el paso del tiempo, una realidad visible, sin duda, y otra, oculta, llena de emociones tras esos rostros expresivos, a veces captados a contraluz. La continuidad de la vida aparece con un progresivo envejecimiento donde se mantienen los vínculos familiares y afectivos. 



Nicholas Nixon representó a su mujer Bebe, y a sus cuñadas, Heather, Mimi y Laurie, siempre en el mismo orden. La primera, era la mayor, de 25 años cuando comenzó la serie. La más joven, Mimi, tenía 15, y siempre aparece junto a ella en el centro de las composiciones. Las demás tenían veintitantos. Hoy, tras casi veinticinco años, tres se encuentran en la setentena, y la pequeña pasaría de los sesenta. Al principio, todas rebosan una juventud similar, luego el paso del tiempo ha hecho mella en sus rostros. Seguramente, han tenido una vida individual intensa, con sus propias familias respectivas, pero, los lazos primigenios, se mantienen inexorables. La exposición, por tanto, permite conocer una experiencia personal del fotógrafo y sus allegados, y además, una creación estética propia del mundo contemporáneo.




UN MAESTRO DE LA FOTOGRAFÍA DE MODA


 

El Museo del Traje presenta la exposición, FERRATER. FOTO. MODA. FUERZA, que constituye una retrospectiva de la obra de este fotógrafo que revolucionó esta disciplina desde hace cinco décadas. A través de su trayectoria podemos contemplar, por una parte, la evolución personal del artista, además de definir sus características propias, su estilo personal, junto con sus inquietudes; por otra, la evolución de las técnicas fotográficas, de las marcas y de la publicidad. Cabe definir dos recorridos distintos: las paredes muestran grandes fotografías de sus proyectos, y pantallas, que exhiben vídeos de sus spots y Fashions films; y las mesas, que contienen fotografías más pequeñas o impresas en revistas, porfolios o libros, según el periodo de su biografía desde finales del siglo XX, hasta comienzos del XXI. También se centra en aspectos temáticos y técnicos, como su metodología de trabajo en equipo. La diferencia entre fotografía de encargo y sus trabajos más libres.



José Manuel Ferrater Lambarri es uno de los grandes nombres de la fotografía de moda en España, creador de un estilo propio con reconocimiento nacional e internacional, de la que da cuenta la presente retrospectiva. Trabajó para las marcas más señeras y las revistas del medio más prestigiosas; se le requirió para desarrollar su estilo publicitario en otros productos como los perfumes o los automóviles. No solo fue un fotógrafo, también diseñador gráfico, interesado en la la arquitectura, y sobresaliente en el vídeo. En los años noventa, en el punto álgido de su carrera, decidió dedicarse a otras facetas artísticas sin olvidarse de la fotografía. Se interesó por el dibujo, la pintura expresionista con influencia de Francis Bacon, la escultura, la poesía y la narrativa. Buscó una obra de arte total que denominó, La Causa.



Las características esenciales de su estilo fotográfico superan las convenciones del género más próximas a la fotografía documental. Se resumen en varios conceptos. El primero es Fuerza, asociado al dinamismo y la expresividad, la emoción, la osadía y la transgresión que debe transmitir la imagen de la modelo. Un movimiento que estimula el propio autor para que sea devuelto al espectador. Prefiere un contexto transgresor proveniente de lo marginal. El segundo es Estructura, es decir, cuidar la composición, determinada por la luz, preferiblemente natural, unido a las posturas de los modelos, con planos inesperados, líneas de fuga y escorzos. Prefirió siempre el blanco y negro al color, que causa desorden y ruido. La tercera característica, es el Relato, que imprime a sus fotografías de moda, que no las quiere idealizadas, ni exclusivamente para mostrar las prendas, sino insertas en la vida. Forma secuencias que muestran una visión del mundo, una forma de vivir, en escenarios cotidianos; personas fuertes, modernas y libres, que son dueñas de su destino. Cuenta historias alegres como tristes.



La cuarta característica de su estilo es su maestría en el Retrato, una representación de la persona verdadera, de su psicología auténtica. Ante su cámara han pasado modelos famosas, diseñadores, artistas, deportistas y numerosas personalidades públicas, donde también hace un retrato de sí mismo. Fisonomías perfectas y disruptivas, jóvenes y mayores, la belleza no es unívoca, está siempre presente, pues está asociada a la humanidad. A veces su fotografía de moda, del vestuario es un retrato en primer plano, que es más definitorio. José Manuel Ferrater como fotógrafo de moda, en definitiva, supo captar siempre las tendencias del futuro a través de sus imágenes transgresoras, pero llenas de humanidad, verdaderas, tomadas con pocos disparos, pero finalmente elaboradas. Supo representar una sociedad más justa, abierta a los distintos roles de género, saltándose muchas veces, las imposiciones de las empresas. Entendió, y se adaptó, ya sexagenario, el mundo digital que se desarrollaba, sin dejar de mostrar su enorme talento artístico. 



LA FOTOGRAFÍA DE BÁRBARA BRÄNDLI


 

En la sala de exposiciones, CentroCentro se presenta la muestra, BÁRBARA BRÄNDLI. POÉTICA DEL GESTO, POLÍTICA DEL DOCUMENTO, con motivo del Festival PhotoEspaña. Una amplia retrospectiva del trabajo de esta fotógrafa nacida en Suiza, pero que desarrolló su carrera en Venezuela a partir de 1959, tras su matrimonio. Su larga trayectoria nos informa su primera actividad como modelo de moda y publicidad, a través de sus imágenes en portadas de revista y reportajes. Además sus estudios de danza clásica, le influyeron en la importancia de la expresividad del cuerpo. Estas experiencias serían fundamentales para su manera de entender la fotografía, que debía de ser documental, no sobre un objeto pasivo sino en movimiento. Pretendía no capturar la realidad simple del motivo, que no tendría mucho interés, sino aportar algo de lo que el ojo no ve. De esta manera, tras emprender su carrera profesional, se dedicó especialmente al mundo de la danza y al teatro, luego retratar las comunidades indígenas de la Amazonía y los Andes sujetas a procesos de modernización.



Brändli desarrolló una actividad fotográfica como profesional del medio, por una parte, donde se inscriben los retratos y reportajes realizados, y por otra, como autora con sus propios proyectos que se concretaron en libros donde la palabra, el texto, completaban las imágenes. Son proyectos de varios años, donde la artista, no se limita a cazar, por así decirlo, unas formas de vida, sino a establecer relaciones con las comunidades con las que entra en contacto. La fotografía, así, es una herramienta fundamental para construir vínculos humanos, al servicio de una documentación colaborativa, ética y afectiva de los modos de vida representados, construida desde el respeto, la complicidad y el reconocimiento entre el fotógrafo y el fotografiado. La muestra exhibe imágenes de Sistema Nervioso (1975), Los hijos de la luna (1974), Las manos (1979), y Los páramos van quedando solos (1981). La calidad y la constancia de su trabajo documental ha sido valorado por investigadores e historiadores. De tal manera que forma parte de las colecciones mas destacadas del mundo.


LA CARTE DE VISITE EN MADRID


 

La Biblioteca Regional de la Comunidad de Madrid organiza la exposición, UN RETRATO ROMÁNTICO. LA CARTE DE VISITE, que reúne numerosos ejemplos de este formato fotográfico pionero, que tenía como función el retrato individual, aunque también en grupo, en una época concreta, la primera, entre 1858 y 1865, aunque igualmente se extiende unos pocos años después. Nos proporciona, igualmente información sobre los rudimentos técnicos; sus formas de exposición; y los gabinetes más antiguos que ejercieron en Madrid. Además, de álbumes, expositores, cámaras, y la reproducción de un estudio completo de la época. Informa sobre los elementos esenciales de estas pequeñas fotografías, que tuvieron tanto éxito, por su pequeño formato para llevarse consigo e intercambiar en las relaciones sociales. También fue un modo de propaganda, de dar a conocer la imagen de los principales personajes de la política y de la cultura del momento. Una época que conoció el reinado de Isabel II y la Revolución de 1868, y la fracasada monarquía de Amadeo de Saboya.

La exposición, además, nos ofrece una historia de esta pequeña fotografía, inventada por el francés Disdéri en 1854, cuando creó una cámara con varios objetivos, un ejemplo de ella la podemos encontrar en la muestra. Un fotógrafo que llegó a tener gabinete en la capital española, pero que al parecer fracasó, como su empresa en Francia. El formato de la carte de visite tiene las siguientes medidas: 60 x 105 milímetros, aunque pronto, en 1867, la Casa Laurent, creó el formato Cabinet, de 110 x 168 milímetros. Son imágenes provenientes de un negativo en cristal, cuya imagen se positiva en un cartón. Las imágenes de los retratados pueden ser de cuerpo entero, las más corrientes, o de busto, rectangular u ovalado. Pueden incluir, también el difuminado de los bordes. A partir de 1860, empezaron a utilizarse como fondos murales decorados que simulaban espacios abiertos o de interior, a veces de gran aparato. Las empresas fotográficas imprimieron su sello en la parte posterior, primero a mano, pegado, impreso o litografiado, que nos informaba de su prestigio y trayectoria, pues algunos presumían de servir a la monarquía.

El éxito de este retrato en pequeño formato se demuestra por los 70 estudios acreditados en el periodo considerado. Los más importantes estaban en el centro del centro de la capital, siendo los más modestos, los situados en los alrededores del mismo. La Puerta del Sol, La Carrera de San Jerónimo, La Calle Mayor, fueron lugares habituales de localización. Se encontraban en el último piso del edificio para aprovechar la luz natural, por las prolongadas exposiciones para capturar la imagen. Estos gabinetes fotográficos, no sólo se limitaron a realizar fotos en blanco y negro, sino que llegaron a iluminarlas con colores, lo que requería un profesional especializado. También, lograron no limitarse a una simple pose, sino hicieron fotocomposiciones a partir de los negativos. En la muestra observamos ejemplos de las principales variantes. Estudios famosos, a los que se dedica un espacio concreto, fueron: Ángel Alonso Martínez y Hermano; Charles Clifford y Jane Clifford; Eusebio Juliá; Jean Laurent, y Pedro Martínez Hebert, aunque quedan acreditados otros también conocidos o menos por el aficionado.



Finalmente, llama la atención, los apartados y vitrinas dedicados a las cámara y utensilios de los fotógrafos; los dedicados a la exposición de fotografías, numerosos y variados en formatos y muebles, que nos informan de los común de estas imágenes en la época; algunas profusamente decoradas. Interesantes, como va dicho, la reproducción de un estudio, y lo más entretenido para el visitante, la posibilidad de hacerse un retrato a la manera de carte de visite, con fondos dispuestos para el público y trípodes que simulan una cámara antigua donde colocar los móviles actuales. 


SOROLLA RETRATISTA


 

El Museo del Prado organiza la exposición, RETRATOS DE JOAQUÍN SOROLLA EN EL MUSEO DEL PRADO, con motivo de la celebración del centenario de su muerte, que reúne en tres salas del mismo la mayoría de las obras que posé del autor, un total de 23 de las que 18 son retratos. La ocasión nos permite contemplar obras que habitualmente no se encuentran expuestas o recientemente adquiridas y restauradas, especialmente en la sala dedicada a la misma, presidida por el retrato de La actriz María Guerrero como La dama boba, confrontado a la entrada con el retrato fotográfico de Sorolla realizado en 1901 por Antonio Peris, con quien se formó. La pequeña muestra nos informa de la evolución del artista en este género del que será una referencia internacional.



Muchos de los retratos son donaciones familias de la alta sociedad de su tiempo al museo, fruto de la valoración del artista valenciano en tanto considerado como continuación de los grandes maestros españoles del género como El Greco, Velázquez y Goya. De hecho estudió las formas y maneras de cada uno de estos grandes pintores, especialmente del segundo, pues hizo obras con referencias expresas a ellos, a su manera de aplicar la pincelada, a sus composiciones, al color, e incluso a su vestuario. Sorolla mostró su enorme talento como aquellos en la representación del natural y en la captación de la personalidad del retratado. También mostró una gran sensibilidad cromática de negros, grises y blancos.



El artista estuvo comprometido a principios del siglo XX con el regeneracionismo, y dentro del mismo con la Institución Libre de Enseñanza, que le permitió el conocimiento y la amistad de una serie de personajes fundamentales de ese tiempo. De esta manera se exhiben los retratos de Manuel Bartolomé Cossío, escritor, y autor de la primera monografía de El Greco, primer patrono del Museo del Prado, y sucesor de Francisco Giner de los Ríos en la dirección de aquella prestigiosa institución, cuyo retrato también se encuentra en la exposición. El primero de ellos es de formato vertical, el más habitual casi de cuerpo entero, y el segundo horizontal, que favorece la captación de una pose instantánea en movimiento.



El artista estuvo relacionado, igualmente con otros escritores e intelectuales de su tiempo a los que retrató, como Rafael Altamira, Jacinto Felipe Picón y Pardiñas, Francisco Rodríguez de Sandoval, y pintores, como Manuel Rico, cuyo retrato ha sido recientemente adquirido, o Aureliano de Beruete con quien le unió una estrecha amistad, y de quien recibió una extraordinaria influencia como mentor. Su retrato preside la sala 62A del museo de los artistas del siglo XIX, convertido en una obra maestra.

LA FOTOGRAFÍA DE JUDITH JOY ROSS


 La Fundación Mapfre organiza una completa retrospectiva de la fotógrafa estadounidense, JUDITH JOY ROSS, que reúne 200 imágenes y documentos sobre la artista, procedentes de su archivo personal, y constituyen un amplio recorrido de cuarenta años. Primero como estudiante procedente de la clase trabajadora, luego como docente y finalmente como fotógrafa a tiempo completo, nos demuestra su concepción original del medio. Una concepción centrada en el retrato de individuos que encuentra en la calle, dentro de las campañas sobre temas escogidos en las que organiza su actividad. Por ejemplo, Eurana Park, aquel en el que jugaba en la infancia, los visitantes del Monumento a los Veteranos del Vietnam o los miembros del Congreso durante y después del escándalo Irán-Contra.




La mayor parte de los proyectos de Ross están impulsados por una cuestión moral, cívica o existencial: la formación de la identidad de una persona, los motivos por los que la vida merece ser vivida, por qué existe la injusticia o la barbarie de la guerra. Presenta una doble necesidad: reconciliarse con el pasado y el presente, y comprender este mundo a través de los individuos que habitan en él. Logra capturar el sentido de la vida y a la vez alcanzar la belleza. Por otra parte, su obra constituye un medio de comunicación con los retratados a los que hace transcender por el arte fotográfico. Su mirada es neutra, pero al tratar temas comprometidos toma partido por aquellos que ven un sinsentido la guerra.



Los congresistas que tomaron decisiones fundamentales para el país y sus asesores quedan retratados. Por otro lado, los manifestantes en contra de las guerras de Irak y Afganistán dentro de su proyecto, Protestad contra la guerra. Además, muchos niños y jóvenes en parques y barrios de Pensilvania, que suponen una reflexionan sobre el paso del tiempo, y que el medio fotográfico los hace pervivir. La mayoría captados en plano medio o tres cuartos, a veces con la mirada perdida en la lejanía. La artista también dirige su cámara a los lugares donde vivió la infancia como la antigua tienda de su padre o la casa de campo familiar de Rockport, que inmortaliza para el espectador.