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EL PRADO EN EL SIGLO XXI


 

El Museo del Prado presenta la exposición, PRADO. SIGLO XXI, que realiza un recorrido por la importante transformación llevada a cabo en el museo en el presente siglo, la más relevante de su historia, que viene respaldada por su relevante pasado, pero que mira constante su adaptación a los cambios del presente y prevé el futuro. Una institución que no es estática, sino en constante transformación de acuerdo a los nuevos tiempos. Las cifras, de entrada, son contundentes: unos tres millones y medio de visitantes en 2025, y casi un millón y medio de seguidores en las redes sociales; apertura de puertas 362 días al año; más de 14.000 obras adquiridas en estos 25 años, así como más de diez mil volúmenes de fondo antiguo y setenta y un mil monografías y revistas incorporadas; más de 250 exposiciones temporales en la propia sede, y más de 300 libros editados y publicados, entre otras cifras relevantes. A ello se une una ampliación de espacios y edificios extraordinaria que se culminará con la incorporación del Salón de Reinos para conformar el Campus Prado que implica modificaciones en el urbanismo madrileño.



La exposición se articula en cuatro ámbitos distribuidos en dos salas, que reúnen 98 obras entre pinturas, esculturas, estampas, dibujos, fotografías, libros y documentos de archivo, así como paneles explicativos, sobre distintos aspectos concretos de la gran transformación de los últimos años. El museo ha tenido una acertada política de adquisiciones de piezas desde el siglo II hasta comienzos del XX. Desde un retrato en mármol del emperador romano Marco Aurelio, hasta otro en pintura de Picasso, junto a escultura y pintura medieval, obtenidas mediante compras del propio museo, compartidas con el Ministerio, o a través de donaciones, legados o micromecenazgo. Un crecimiento de la colección que ha incorporado dos pinturas de Velázquez, y otras de El Greco, Zurbarán, José de Ribera, Alonso Cano, como esculturas de Juan de Mesa y Luisa Roldan. En el siglo XVIII, tenemos la incorporación relevante del retrato de José Nicolas de Azahara, de Antonio Rafael Mengs, y al final de siglo, el relevante retrato de La condesa de Chinchón de Goya, así como dibujos y documentos del autor aragonés.



El siglo XIX y XX ha sido potenciado con significativas adquisiciones como el Díptico con 42 vistas monumentales de ciudades españolas de Genaro Pérez Villamil, junto con cuadros de Federico Madrazo, Mariano Fortuny, Martín Rico, Darío de Regoyos, Joaquín Sorolla, y Ramón Gaya. Entre tanto en el recorrido se nos informa de los cambios en el diseño de las cartelas de las obras a lo largo del tiempo, de las mismas entradas, contribución esencial a la financiación de la institución, de los sistemas de iluminación y control de la temperatura. El tercer ámbito está dedicado a las nuevas líneas de enriquecimiento para una colección en evolución, que se centran en distintos apartados como en piezas relacionadas con el proceso creativo, ya sean dibujos, cuadernos, estampas, bocetos y tratados artísticos. También se ha puesto el objetivo de reunir miniaturas en diversos soportes; pinturas realizadas por artistas mujeres, que han estado silenciadas dentro de la historiografía; además, la creación de una colección de fotografía relacionada con las obras y artistas del Prado; y, unido a la organización del Área de Biblioteca, Documentación y Archivo, con sede en el Casón del Buen Retiro, la adquisición de numerosos fondos de todo tipo, desde libros hasta documentos.



El último ámbito de la exposición se ocupa de las áreas de actuación de un museo moderno, que nos informa de la labor relevante llevada a cabo por el Área de Edición del Museo del Prado, tanto a nivel cuantitativo como cualitativo; el trabajo del Centro de Estudios para la formación e investigación en historia del arte y museografía; del prestigio y la necesidad de los servicios de Restauración y Documentación técnica y Laboratorio; de la difusión de las colecciones por parte del área de educación; de la interacción con las instituciones que tienen en depósito obras fuera del museo; de los proyectos que llevan reproducciones de las principales pinturas a las calles de nuestro país o fuera de nuestras fronteras; y la comunicación en redes sociales.



LA PINTURA DE MARUJA MALLO


 
El Museo Reina Sofía presenta la exposición, MARUJA MALLO. MÁSCARA Y COMPÁS, una retrospectiva amplia de la trayectoria y la obra de esta artista integrante de la Generación del 27, y representante del prototipo de mujer moderna, activa, libre y profesional. La componen numerosas pinturas, dibujos, documentos y objetos, que se presentan de manera cronológica en series, que trazan toda su carrera: desde el realismo mágico y las composiciones surrealistas de sus primeros años hasta las configuraciones geométricas de las últimas obras; desde los barrios populares de Madrid en los años veinte, hasta las lejanas tierras y playas de Galicia y América del Sur, para terminar en una reflexión superior donde se une ciencia, arte y mitología, evolucionando, como ella decía, de la geografía a la cosmografía. Mallo fue una artista intelectual, fundamentada en sus escritos y estudios prolijos conservados en su archivo. Desde joven estuvo vinculada a la prestigiosa Revista de Occidente, dirigida por el filósofo José Ortega y Gasset, a quien conoció, y para quien trabajó.






Fue una artista visionaria que logró reflejar las preocupaciones de su tiempo y anticipar las del futuro. El poder del arte permite revelar aspectos desconocidos de la realidad, considerada como un sistema ecológico integrado, desde una perspectiva humana, más allá de las diferencias económicas, raciales y de género. Su producción artística es bastante personal y heterogénea, donde se difuminan los límites entre lo popular y lo vanguardista. Lo popular entendido como expresión de la fuerza creadora del ser humano. De esta manera lo representa en sus primeras series, Estampas y Verbenas (1927-1928), en las que hace un retrato de la realidad política y social de la época, repleto de detalles concretos y presencias irreales. En Cloacas y Campanarios (1929-1932) tiene una visión totalmente diferente, apocalíptica, de paisajes oscuros, abandonados y secos, a veces poblada por esqueletos. Por aquella época, Mallo, se acerca al surrealismo, a cuyo grupo de autores conoce en París, donde expone con éxito e interés. Sin embargo, a pesar de él, prefiere regresar a España y comprometerse con el ideal pedagógico de la Segunda República.






En estos años, trabaja como profesora de dibujo en Arévalo, y se relaciona con artistas de la Escuela de Vallecas, como Benjamín Palencia y Alberto Sánchez. Igualmente, con el Grupo de Arte Constructivo de Joaquín Torres García. Además, crea una serie de platos para la Escuela de Cerámica de Madrid con decoraciones geométricas, producto de sus estudios matemáticos. El inicio de la Guerra Civil coincide con su estancia en Galicia, de la que logra partir al exilio argentino. Instalada a principios de 1937 en Buenos Aires, desarrolla la serie La religión del trabajo (1936-1939), formada por un conjunto de retratos de gran formato en honor a la mujer trabajadora, campesina y marinera. En el exilio practica el muralismo, la escritura y el teatro. Entra en contacto con otros escritores y artistas en su misma situación. Se siente fascinada por la diversidad de razas y las formas de la naturaleza marina. Las siguientes series son consecuencia de ella: Cabezas de mujer (1941-1952), Máscaras (1948-1957) y Naturalezas Vivas (1941-1944). Así, persigue la comunión entre naturaleza y arte, difuminando fronteras entre lo popular y lo culto. En 1945, Mallo se fotografía en Chile con un manto de algas. Expresa la simbiosis entre la forma humana y vegetal o animal.






Los cuadros de máscaras y sus sombras en paisajes de playa presentan una dimensión sombría del exilio que cada vez pesa más en sus protagonistas.  En sus últimas series, culmina su trayectoria artística e intelectual. En Moradores del vacío (1968-1980) y Viajeros del éter (1979-1982), supera el tiempo y el espacio terrenales, la misma naturaleza para convertirla en signo, una manifestación que supera las dicotomías tradicionales entre lo natural y la máquina, lo local y universal, lo humano y lo animal, para crear una imagen visionaria de la realidad, nuevos principios expresivos y una nueva mitología. Maruja Mallo vivió la Transición, y en 1979, hizo su primera exposición antológica en Madrid, a la que siguieron otras en galerías y museos, que dieron a conocer su obra. La entrevista de Paloma Chamorro para televisión en esa fecha, es excelente todavía para conocer su trayectoria y su personalidad.





EL OCASO DE UNA BAILARINA


 

La jubilación de cualquier profesión está relacionada con una determinada edad. Si las competencias vienen dadas por la actitud física, ese momento llega antes, que otras en las que prima sus competencias intelectuales. No es lo mismo un deportista de élite, un atleta o futbolista, que un magistrado, profesor o médico, aunque el componente psicofísico es evidente. También influye el paso del tiempo. No es lo mismo una sociedad y los intereses de la población hoy que hace más de treinta años. La persona se mantiene según pasan los años, pero estos efectúan cambios constantes en la realidad y las circunstancias donde se desarrolla una profesión. Es lo que le sucede a la protagonista de la película, THE LAST SHOWGIRL, dirigida por Gia Coppola, que el espectáculo que protagoniza en Las Vegas desde hace más de tres décadas va a ser cerrado por falta de público. Un espectáculo concebido para los gustos del público de finales del siglo XX.



La actriz Pamela Anderson da vida a una experimentada bailarina erótica, Shelly, que ve cómo su vida va a cambiar radicalmente tras la noticia del cierre del espectáculo de la que es la vedette principal. En ese corto periodo de tiempo hace un repaso de su vida junto a otras bailarinas, unas jóvenes y otras jubiladas, que también deben buscarse una alternativa. De hecho la película comienza con la audición a la que asiste para buscarse un nuevo espectáculo, que al final de la película se descubre que es rechazada por su edad, por no requerirse unas actitudes, de ser joven y sexy, de las que hoy carece. La espera, en cambio, a sus cincuenta y siete años, un empleo de camarera o cajera de supermercado. Sin embargo, ella logra reconciliarse con su hija, hoy universitaria, que tuvo de dar en adopción porque no podía cuidarla. Además, se sabe que la tuvo tras una aventura con el director del espectáculo, que nunca se interesó por ella.



Shelly ha vivido durante tres décadas para su espectáculo de Las Vegas. Era lo que deseaba y en lo que se sentía realizada. Ha sido una estrella durante esos años, y eso no lo cambió por nada, ni siquiera por su hija. Hoy llega la retirada impuesta por los empresarios, que ven que ya no interesa al público ver un elenco de mujeres exhibiendo su cuerpo y atrevidos trajes, en medio de luces sugerentes. Quieren espectáculos atrevidos de variedades, próximos al circo. A pesar de su edad, puede compartir trabajo con las más jóvenes, sin desmerecer de atractivo físico. Pero los procesos de jubilación tienen una parte difícil en los que se recuerda los mejores momentos y se es consciente que lo vivido no se volverá a repetir. Se piensa que has seguido ejerciendo una profesión, cuando tu cuerpo y el mundo han cambiado de forma irreversible. Los procesos humanos que se discuten en estos periodos de cambio se muestran sin parangón en la presente película por la que recibió el merecido Premio Especial del Jurado del Festival de San Sebastián.

LA PINTURA DE GABRIELE MÜNTER


 

El Museo Thyssen presenta la exposición, GABRIELE MÚNTER. LA GRAN PINTORA EXPRESIONISTA, que reúne fotografías, pinturas, grabados y dibujos de esta artista alemana, una de las pocas mujeres artistas que en su época consiguieron dedicarse al arte al mismo nivel que sus compañeros varones, y lograr una cierta fama. Independiente a un destino determinado por las obligaciones familiares del cuidado de la casa y de la prole, consiguió su sitio en la historia del arte. Múnter mostró pronto su talento. Lo demostró primero a través de la fotografía a finales del siglo XIX cuando adquirió en su viaje a EEUU, lugar donde habían emigrado sus padres, una pequeña cámara portátil. Esas imágenes serán llevadas con un criterio propio a sus pinturas. La presente exposición tiene un recorrido cronológico y temático. La artista se formó en Münich y París, y viajó por Europa en diversos momentos de su vida, así como residió en distintos países.



La trayectoria profesional y artística de Múnter está registrada desde muy joven, y la exposición la divide en distintos apartados. Se conservan las antiguas fotografías que tomó de su viaje por EEUU a finales del siglo XIX, y luego otras a comienzos del XX, en Alemania, Francia y Túnez. El primer estilo de la artista pertenece a un impresionismo tardío con la aplicación empastada del color. Luego, tras su formación viajera, y el conocimiento de las vanguardias emergentes, al expresionismo, un estilo que pretende simplificar el tema representado, mediante el color plano y el subrayado lineal. Un tema entendido como un extracto, una simplificación, que mira al interior o espiritualidad del artista, que supone, una busqueda de lo auténtico, en la naturaleza y en los dibujos infantiles. También en la pintura popular de Baviera hecho sobre cristal. Fue miembro y fundadora del grupo vanguardista, El jinete azul, junto a su pareja, Wassily Kandinsky, además de Franz Marc, August Macke  y Paul Klee.



Münter conoció a Kandinsky muy a comienzos del siglo XX, siendo ella alumna de la escuela privada Phalanx, y él, profesor. Desde allí no se separaron, y viajaron juntos entre 1904 y 1908 por Europa y el norte de África. Vivieron un año en París, luego se instalaron en Murnau en las estribaciones de los Alpes bávaros. De ahí, a la renovación del arte de Münich, con la formación del grupo expresionista. El estallido de la Primera Guerra Mundial, hizo que se exiliara en 1915 a Escandinavia. Conoció en este periodo el éxito, hizo viajes, pero también, pasó por dificultades económicas que le obligaron a realizar retratos por encargo. En 1920 regresó a Alemania. Se inicia un periodo sin domicilio fijo y se dedica mucho a dibujar a mujeres libres y emancipadas que frecuenta en el periodo de la República de Weimar. En 1931, se instala de nuevo en Murnau. La dictadura nazi le obliga a reducir su actividad pública ante un régimen político que considera su arte como degenerado. Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, se produce un redescubrimiento de su arte y la reivindicación de su figura.



Los temas de su pintura son variados. Paisajes naturales y urbanos; escenas de interior; naturalezas muertas y retratos, unas obras que ella consideraba como las tareas más audaces y difíciles, las más espirituales y extremas. Cualquier observador se sorprenderá de la fuerza y captación psicológica de los mismos, de su fuerza por su ejercicio de introspección. Lo podemos aplicar a sus autorretratos o al sobresaliente de Marianne von Werefkin, y otros muchos, en interiores con floreros o próximo a una ventana, o incluso, en exteriores. Su estilo de pintura propio fue siempre el expresionismo, superando sus inicios de un impresionismo tardío, y ciertos ejemplos, posteriores, en la abstracción a la que evolucionará Kandinsky, o la Nueva Objetividad.


LA MUJER DE PIERRE BONNARD


 

El arte y los artistas se ven influenciados por el entorno social que les rodea, la época que les ha tocado vivir. Igualmente influye las personas, los familiares que se relacionan con ellos. Los llamados pintores postimpresionistas dejaron de reproducir miméticamente la naturaleza para representar la interpretación que el artista tenía de ella. Los más importantes fueron Cézanne, Van Gogh y Gauguin, pero otros muchos a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, emplearon el color para mostrar una perspectiva original de la realidad, entre los que destacaron el grupo vanguardista de los Nabis, formado por artistas jóvenes entorno a la figura de Paul Sérusier. La película, BONNARD, EL PINTOR Y SU MUSA, escrita y dirigida por Martin Provost, cuenta la trayectoria de uno de ellos, tal vez el más famoso, junto a la mujer con la que convivió y representó en más de un tercio de su obra.



Pierre Bonnard era un joven pintor emergente y prometedor en el París de la última década del siglo XIX. Muy bien relacionado socialmente con otros pintores y con adinerados que le mantenían en su oficio, que por aquellos años no daba apenas para vivir. Provenía de la burguesía, pero no compartía sus valores, por ello quería apartarse de su familia. Su vida y su pintura cambiaron cuando contrató a una chica de origen humilde para que posara, que le influyó tanto que se convirtió en su modelo, musa y compañera. Marthe, decía que era huérfana, sin familia. La realidad es que su madre vivía humildemente en una buhardilla junto a su hermana. Los primeros tiempos de su relación los vivieron apasionadamente. Ella protagoniza sus lienzos desnuda, y se pregunta por qué las mujeres posan así ante los artistas. Pierre le responde que prevalece la mirada masculina del pintor y del público.



Según asentaban su relación, pronto pudieron tener más recursos económicos. Marthe rehuía la vida social de París. Además no quería ser señalada por esa mujer de rasgos difuminados que enseñaba su anatomía. Un día de excursión junto al río Sena en medio de un idílico paisaje, mientras amenaza tormenta, descubren una casa de alquiler donde se refugian de la intensa lluvia. Será el lugar donde vivan a partir de ese momento, donde tengan un amor libre al que aspiraban los dos. Prevaleció el deseo del artista de no casarse ni tener hijos. También será el entorno que Bonnard representará en sus cuadros durante muchos años. Allí recibirá a sus amigos artistas y mecenas con los que compartirá el atractivo paisaje y comidas al aire libre. Un entorno feliz y luminoso captado a partir de colores brillantes. 



La película tiene otros tres momentos de la vida de Bonnard y Marthe a modo de capítulos. El segundo se fecha en 1914 justo antes del comienzo de la Gran Guerra, donde se observa la crisis de pareja que empiezan a sufrir. Sus amigos, Cluaude Monet y Éduard Vuillard, son testigos de esas desavenencias. El tercero corresponde al verano de 1918, poco antes del final de la guerra en la que participó el pintor. Por esa época, se trasladan de nuevo a París, donde Marthe no se encuentra a gusto. Pero los celos le consumen por el tiempo que el artista pasaba sólo en la capital. Pronto descubre a la nueva musa del artista. Una joven estudiante de Bellas Artes. Después de trasladarse a su casa campestre, formarán un trío amoroso. Marthe consiente la situación en favor de Bonnard, que recupera la antigua pasión. Pero,  la joven, quiere ser la única mujer del pintor y casarse con él. En principio, el pintor no acepta, pero quiere tenerla en secreto.



Ya en los años veinte, Bonnard viaja a Roma para visitar a su familia. Un pretexto para convivir con Renée, su nueva y joven compañera, que está empeñada en casarse y tener hijos. Justo antes de la ceremonia, el pintor decide volver junto a Marthe, a quien echaba de menos, y que estaba aislada, enferma, en su casa de campo. Había roto algunas obras de su pareja y había empezado a pintar. Tras su vuelta, ella se recupera mentalmente. Bonnard le pide el matrimonio, que acepta. Luego consigue un cierto éxito al exponer su obra al público. En ese periodo le llega a Bonnard la noticia que Renée se había suicidado tras su vuelta a Francia. El pintor se culpa de sus actos. Finalmente, el cuarto capítulo corresponde a los años cuarenta. Viven a orillas del Mediterráneo ya ancianos. Bonnard sigue pintando y cuidando de Marthe, que tiene problemas mentales, atormentada por sus recuerdos. Un día ella muere, cinco años después lo hará el propio pintor. Termina una vida juntos unidos por la pasión y la pintura en una singular y compleja relación mutua.

LA FOTOGRAFÍA DE BÁRBARA BRÄNDLI


 

En la sala de exposiciones, CentroCentro se presenta la muestra, BÁRBARA BRÄNDLI. POÉTICA DEL GESTO, POLÍTICA DEL DOCUMENTO, con motivo del Festival PhotoEspaña. Una amplia retrospectiva del trabajo de esta fotógrafa nacida en Suiza, pero que desarrolló su carrera en Venezuela a partir de 1959, tras su matrimonio. Su larga trayectoria nos informa su primera actividad como modelo de moda y publicidad, a través de sus imágenes en portadas de revista y reportajes. Además sus estudios de danza clásica, le influyeron en la importancia de la expresividad del cuerpo. Estas experiencias serían fundamentales para su manera de entender la fotografía, que debía de ser documental, no sobre un objeto pasivo sino en movimiento. Pretendía no capturar la realidad simple del motivo, que no tendría mucho interés, sino aportar algo de lo que el ojo no ve. De esta manera, tras emprender su carrera profesional, se dedicó especialmente al mundo de la danza y al teatro, luego retratar las comunidades indígenas de la Amazonía y los Andes sujetas a procesos de modernización.



Brändli desarrolló una actividad fotográfica como profesional del medio, por una parte, donde se inscriben los retratos y reportajes realizados, y por otra, como autora con sus propios proyectos que se concretaron en libros donde la palabra, el texto, completaban las imágenes. Son proyectos de varios años, donde la artista, no se limita a cazar, por así decirlo, unas formas de vida, sino a establecer relaciones con las comunidades con las que entra en contacto. La fotografía, así, es una herramienta fundamental para construir vínculos humanos, al servicio de una documentación colaborativa, ética y afectiva de los modos de vida representados, construida desde el respeto, la complicidad y el reconocimiento entre el fotógrafo y el fotografiado. La muestra exhibe imágenes de Sistema Nervioso (1975), Los hijos de la luna (1974), Las manos (1979), y Los páramos van quedando solos (1981). La calidad y la constancia de su trabajo documental ha sido valorado por investigadores e historiadores. De tal manera que forma parte de las colecciones mas destacadas del mundo.


MUJERES ARTISTAS


 

El Museo Thyssen nos trae una exposición imprescindible, requerida en la actualidad desde amplios sectores de la sociedad, profesores, estudiantes y público en general, que se incluya la obra de las mujeres en el canon de la Historia del Arte, hasta nuestros días, borradas prácticamente. Esta exposición se titula, MAESTRAS, constituido por un recorrido feminista por la contribución de artistas mujeres desde finales del siglo XVI a las primeras décadas del siglo XX. Un recorrido formado por ocho temas o apartados que suponen la conjunción entre los periodos históricos y lo géneros artísticos. Las mujeres no gozaron de la igualdad con los hombres, que instituyeron una sociedad patriarcal, por ello, no conocíamos suficientemente sus miradas propias y sus nuevas iconografías. Esta muestra viene a remediar esa carencia, una exposición de mujeres que representan a mujeres y sus intereses



Las obras de arte se componen sobre todo de pinturas y esculturas. Se exhiben sobre el color feminista, violeta oscuro en una distribución a veces abigarrada. El recorrido comienza de forma excelente con los cuadros de Artemisia Gentileschi, artista que sufrió en su propia existencia la violencia machista. Representan heroínas bíblicas y personajes históricos, centrados sobre todo en Judit con la cabeza de Holofernes, o Susana y los viejos. Muestra una versión nueva de estos temas, que observamos de la misma manera en pintoras como Lavinia Fontana, Fede Galizia y Elisabetta Sirani. Este primer apartado se denomina Sororidad I. La causa delle donne, que alude desde este concepto a la solidaridad entre las mujeres en su lucha por sus derechos, la llamada querella de las mujeres.



La segunda perspectiva, Botánicas. Conocedoras de maravillas, parte del progresivo desarrollo científico, que supera el saber ancestral que tenían las mujeres sobre los beneficios de las plantas. En este momento surgirán un grupo de artistas pioneras del bodegón y de la ilustración botánica apoyadas por mecenas mujeres. Tenemos ejemplos en Italia con Fede Galizia y las hermanas Rachel y Ann Ruysh en Holanda. Aportan un sentido holístico a sus iconografías, unas visiones de ecosistema donde las plantas se unen a pequeños animales donde se supera el sentido religioso de la naturaleza muerta como vanitas. La sección, Ilustradas y académicas, muestra la influencia de la Revolución francesa en la lucha de las mujeres por sus libertades. Ser ciudadanas las equipara a los hombres, lo mismo que su visión artística. Pintoras como Élisbeth Vigée-Le Brun y Angelica Kauffman, y escultoras como Marie-Anne Collot destacan en el género del retrato, expresión de la afirmación de la individualidad femenina.



En el apartado, Orientalismo/costumbrismo, las mujeres dejan su huella el la representación de territorios no occidentales o de costumbres nacionales. Lo hacen con respeto y sin la sexualización degradante de sus modelos por parte de sus colegas masculinos. Además pintoras como Henriette Browne y Alejandra Gessler pueden entrar en los harenes dando una visión distinta. Esta mirada propia se observa en las iconografías de Trabajos, cuidados, que representan a la mujer en el campo o en la ciudad. Son igualmente consumidoras o pescadoras. La pintora Henriette Browne inmortaliza a las cuidadoras de enfermos. Se reivindica así un trabajo no remunerado, no suficientemente valorado. Una de las mejores secciones corresponde a la titulada, Nuevas maternidades, ejemplo de la visión diferente de pintoras como Mary Cassat o Suzanne Valadon, entre las más conocidas. Una mirada de la dependencia absoluta del bebé desde la ternura, pero también de la dureza de la crianza y las labores domésticas.



El apartado Sororidad II. Complicidades, expone nuevas iconografías de la confianza y la amistad entre mujeres, un mundo propio al margen de la mirada masculina. Las obras de Berthe Morisot y Marie Bracquemond son un ejemplo. Unas amistades de las mujeres, que además superan los lazos personales y privados, son una forma de poder social y político en favor de una comunidad feminista. Por tanto, representar las relaciones entre ellas de apoyo mutuo, compañerismo y lealtad, supone rechazar la masculina de carácter sexual, que objetualiza sus cuerpos. La última sección, Emancipadas, corresponde a las artistas de vanguardia, después de los avance en derechos de comienzos del siglo XX. Muestran la sororidad con nuevos lenguajes artísticos. Nos encontramos con un numeroso conjunto de obras realizadas por mujeres que luego fueron borradas por el canon, que hoy se trata de cambiar. Artistas como María Blanchard, Camille Claudel, Natalia Goncharova, Sonia Delaunay, Maruja Mallo, Frida Kahlo y Ángeles Santos.


EL OCASO DE LA DIVA




Llegar a lo más alto en la música, por prestigio y fama, está reservado a unos pocos. Si se parte de un nivel social bajo, el mérito es doble. El problema reside en mantenerse en la cumbre sin sucumbir al poder que te confiere dicho estatus. Saber compaginarlo con la vida personal. Respetar a las personas más cercanas con quien trabajas. No hacerlo corres el riesgo de volver de nuevo a un nivel inferior. Tienes que tener presente que tu puesto es deseado por muchas personas que no te creen infalible. Y otras harían lo posible para quitarte del pedestal con tal de vengar una humillación o unas palabras hirientes. Si la organización es democrática no puedes actuar con soberbia y autoritarismo. Cualquier episodio oscuro del pasado tarde o temprano saldrá a la luz, si ha supuesto un daño intencionado y hay otras personas que lo conocen, pero han sido invalidadas. En este contexto se desarrolla la película, TÁR, escrita y dirigida por Todd Field.






La película cuenta con brillantez la caída desde los más alto de Lydia Tár, una prestigiosa directora y compositora de música clásica. Ha recibido todos los premios en este ámbito. Ha dirigido las orquestas titulares más importantes. Ha recalado, según sus deseos, en la afamada Filarmónica de Berlín, la primera mujer en hacerlo, y de orientación homosexual. Vive con su pareja, la primera violinista de la orquesta, y tiene una hija. Le gusta rodearse de jóvenes que fueron aprendices becarias para formarse en la dirección orquestal. En este momento de gloria está a punto de publicar sus memorias. También en grabar en vivo la Sinfonía nº 5 de Mahler. Cuida especialmente los ensayos, el momento, según ella de mayor creatividad de un director, cuando puede indicar a los músicos los tiempos y los matices de sus instrumentos. Un director no es un robot frío, sino que aporta sus sentimientos, lo que quiere decir el compositor. 






Lydia Tár ha tenido una vida entregada a la música desde joven. Su maestro fue Leonard Bernstein. Llegó a estudiar incluso las músicas indígenas de la selva amazónica. En una de estas expediciones de investigación con dos de sus pupilas fue cuando se produjo el suceso que ahora le atormenta y le causará su desgracia. En sueños le viene a la cabeza escenas de su relación íntima con una de ellas. Luego haría todo lo posible para apartarla de su lado. Su suicidio empieza a minar su prestigio porque todo sale en los medios. El escándalo coincide con la toma de decisiones en la Filarmónica de Berlín, cuyo poder en el fondo es colegiado entre patrocinadores y músicos. Su matrimonio, igualmente, se tambalea porque deja a su esposa al margen, sin informarle de nada. Le boicotean la presentación de sus memorias en Nueva York. Finalmente, es despedida, y al comienzo de la grabación de la sinfonía, agrede al nuevo director, que había conspirado contra ella.






Lydia Tár, interpretada por Cate Blanchet, aparece en todas las escenas de la película, que relata su declive hasta volver a la casa de su infancia. Le ha perdido el autoritarismo en el ejercicio del poder. Su falta de empatía con los demás. Anteponer sus intereses personales sobre los deseos de su entorno. Además aprovecharse, de alguna manera, de aquellas jóvenes becarias que pretendían hacer carrera en la dirección orquestal. Pudo mantenerse en la cima de prestigio mientras no alteró un cierto orden tradicional donde la fama va a acompañada de discreción y respeto por las auténticas fuerzas del poder. Una vez vulnerado, le hicieron perder toda la vanidad de la que hacía bandera. Al mostrar las múltiples aristas de una persona, desde la cumbre hasta la caída, ya le ha valido a la actriz, un Globo de Oro. Su derroche de energía le hace seria aspirante al Oscar.
 

LA MUJER EN EL ANTIGUO EGIPTO


 

El otoño madrileño se ha volcado con el antiguo Egipto. Junto a la exposición del Caixaforum, nos encontramos con otra muestra dedicada a la civilización del Nilo. En este caso financiada por una empresa de servicios, el Grupo Eulen, y situada en el Palacio de las Alhajas, que fue sede de muchas muestras de la Fundación Caja de Madrid. Se titula HIJAS DEL NILO. MUJER Y SOCIEDAD EN EL ANTIGUO EGIPTO, y hace un recorrido sobre el papel de la mujer en esa civilización, organizada en cinco secciones, un primer ámbito general; otro dedicado a aquellas que fueron gobernantes, Mujeres reales; el tercero, como participantes de la religión, Diosas y templos; un cuarto, para mostrar su influencia en los rituales funerarios, De la muerte a la eternidad, y finalmente, el dedicado a su importancia en el siglo XX, denominado Egiptomanía.



La sociedad del antiguo Egipto era bastante igualitaria, a diferencia de otras en este periodo de la historia. Las mujeres no se encontraban subordinadas al hombre para ejercer oficios desde los más humildes hasta los más prestigiosos. Las leyes las hacías iguales en la familia y en la propiedad privada. Prueba de ello son los múltiples restos de esculturas y pinturas que demuestran tal poder de la mujer, que fue exaltado en un Himno a Isis, recogido en el Papiro de Oxirrinco. La exposición recoge principalmente piezas pequeñas que muestran los convencionalismos estilísticos, de la perspectiva frontal, el hieratismo, y de los colores para representar los cuerpos de las figuras. La mujer tenía acceso a oficios en apariencia reservados a los hombres como ser escriba o médico. Si bien la mayoría de la población era campesina, caracterizada por un trabajo duro, el papel que desempeñaban en la familia era relevante, al tener derecho a la propiedad, tras el divorcio o la herencia respecto al marido.



En la exposición podemos observar el cuidado del cuerpo, por la búsqueda de la belleza y la salud, mediante los cosméticos, las joyas y el vestuario de lino, cómodo en una región de altas y contrastadas temperaturas. La mujer debió ser protagonista en el ámbito musical asociado a funciones religiosas y de ocio. Se valoraba la maternidad y la fertilidad dentro de la familia. Los hijos eran imprescindibles para asegurar la mano de obra en la agricultura, de ahí su protección por numerosos amuletos. Igualmente, el erotismo y la sexualidad demostrada en las representaciones del cuerpo desnudo y de actos orgiásticos. Por otro lado, la mujer tenía un papel relevante en la política al ser Gran Esposa Real, y madre obligatoria de faraones. Sin embargo, en la historia de Egipto, hubo mujeres que pudieran considerarse como reinas como Nefertiti, Nefertari, Hatshepsut y Cleopatra VII, que aparece en las monedas junto al romano Marco Antonio.



Las mujeres tienen un papel relevante en la religión egipcia. Por una parte, como diosas, que atendían, no solo a la maternidad, como Isis y Horus, que se ha relacionado posteriormente con la Virgen María y el Niño Jesús en el Cristianismo, sino también con la guerra y la muerte. Por otra, con las ceremonias dentro de los templos, asociadas a la música en los rituales. El recorrido de la exposición tiene un punto álgido con el video que reproduce la tumba de Nefertari, en la sección dedicada a las tumbas. Su tumba fue una de las más hermosas encontradas, propia de la esposa del gran Ramsés II. Finalmente, en el ámbito de la Egiptomanía, descubrimos la figura de Eduardo Toda, cónsul español en El Cairo, y pionero de la arqueología, que excavó la tumba de Sennedjem, un constructor de la tumba de Amenofis I, que también se reproduce con primor en la exposición, creando un conjunto muy atractivo al visitante.

LA FOTOGRAFÍA DE ILSE BING



La Fundación Mapfre de Madrid organiza la exposición, ILSE BING, que constituye una retrospectiva de la fotógrafa nacida en Fráncfort en el seno de una familia judía, que abandonó sus estudios científicos para dedicarse a este arte, por una parte como medio de vida en el ámbito del fotoperiodismo o en la moda, por otro, como expresión de si misma. La muestra presenta unas 200 obras organizadas en 10 secciones, según su trayectoria personal y de carácter temático, que definen un estilo personal influenciado por las tendencias de la época, como la Bauhaus y la Nueva Objetividad durante la República de Weimar, y el surrealismo parisino. Un estilo personal, libre y poético, extensión de una sensibilidad íntima, que surge en su misma adolescencia cuando realizó el primer autorretrato frente al espejo de un armario en 1913.




La persecución de los judíos y la efervescencia cultural de la capital francesa le llevaron al exilio. En París pudo desarrollar todas las facetas de su arte a partir de 1930. Captó las calles, sus gentes y edificios, especialmente la Torre Eiffel, tomada desde un ángulo contrapicado sobre todo. Los lugares de diversión como el Moulin Rouge, y un aspecto que le atraía desde antiguo, el movimiento de los cuerpos. Igualmente, los más diversos objetos, naturales y humanos, que el azar los juntaba, formando una unión surreal. Por aquellos años, entró a trabajar para Harper´s Bazaar, centrándose en la moda femenina. De esta manera, pudo desarrollar un enfoque innovador para resaltar la textura de las prendas representadas. Los mismos procedimientos empleó para la imágenes publicitarias al servicio de la diseñadora italiana Elsa Schiaparelli.






El avance de la guerra mundial, le llevó, tras un primer viaje en 1936, a EEUU. Desde entonces, 1941, desarrollará toda su actividad allí, hasta su muerte en 1998, aunque abandonaría la fotografía en 1959, para dedicarse a la poesía y las artes plásticas. La vida de inmigrante exiliada no debió ser fácil para conseguir los recursos económicos para salir adelante. Un toque de melancolía afecta a sus imágenes. Despliega su mirada personal al captar las calles y los rascacielos de Nueva York en forzados enfoques, subrayando el contraste entre la arquitectura popular y los lujosos edificios, entre la riqueza de unos y la pobreza y marginalidad de otros. Ilse, reflejada en la estación del tren, aparece alienada por esta arquitectura portentosa, y muy frágil, al mostrase como una sombra fugitiva. 






Llama la atención los retratos que realiza, principalmente de niños, a cuya imagen daba tanta importancia como a los adultos. Expresa una delicadeza especial, la fuerza que emana de su personalidad. Una sensación de tristeza dota a las fotografías de paisajes y estructuras de las calles en Norteamérica. En la representación de la naturaleza al aire libre, como la dominada por el ser humano influye su estado de ánimo. Atrás quedan la realizadas años antes en Francia, que expresaban calma y equilibrio, ahora inquietud, como las formas agrestes de las rocas y las ramas secas de los árboles en las montañas de Colorado.
 

LA INSPIRACIÓN DEL NOVELISTA

 

 

El escritor construye su mundo literario en la realidad de la que toma los elementos fundamentales. Será el argumento y la situación de la escena la que le aproxime al mundo cotidiano. Cualquier argumento y situación han permitido al novelista reflexionar sobre las inquietudes del ser humano. Es lo que hace el protagonista de la película, FANTASÍAS DE UN ESCRITOR, dirigida por Arnaud Desplechin, basada en la novela de Philip Roth, Engaño, sobre un escritor norteamericano que reside en Inglaterra en 1987, y tiene una relación extraconyugal con una mujer inglesa más joven, en las cual los dos protagonistas, hablan de sí mismos, y de la existencia. La película se estructura en capítulos donde en distintas épocas del año, ellos son los protagonistas principales, aunque hay otra mujeres de experiencias pasadas y presentes.



En el estudio, los dos amantes dan rienda suelta a su deseo, y hablan durante horas sobre sus problemas personales, sobre todo la joven inglesa que no se lleva bien con su marido y tiene un trabajo que le aburre. Philip, el escritor, le trata de ayudar aconsejándole que rompa su matrimonio si le hace daño. Además, le expresa sus inquietudes, que ya tiene casi sesenta años y comienza el declinar de su vida. Su cultura judía, que le rodea en diferentes publicaciones en su lugar de trabajo. El antisemitismo de la sociedad inglesa. Philip, además de abrir su corazón y su mente a su amante, toma notas en un cuaderno con lo que escucha, a veces expresiones fruto del deseo, muy personales. Está trabajando, en cierto modo, a la vez que tiene una relación con la joven. 



Así se lo dice Philip a su mujer cuando ésta le lea su cuaderno de notas. Ella no cree que sean escritos de trabajo, para poderlos incorporar a una novela. Opina que son demasiado reales, y que debería, por lo menos cambiar los nombres. Lo hará cuando publique la obra literaria resultante. Es el último capítulo de la película. En una librería de Londres, y rodeado de numerosos ejemplares para firmar, se encontrará con la joven amante, ahora feliz en su matrimonio, que se reconoce en el personaje femenino. La película, por tanto, supone una reflexión sobre las relaciones entre el hombre y la mujer. El papel de la vida personal en la inspiración de un escritor, en la que las mujeres son sus protagonistas como alumnas, amantes, amigas y esposas.

DUELO ENTRE ACTORES


 La película, COMPETENCIA OFICIAL, dirigida por Mario Cohn y Gastón Duprat reúne a tres grandes de la interpretación, para realizar una parodia del mundo del cine y el ego de los actores. Penélope Cruz, Lola Cuevas, hace de directora prestigiosa; Antonio Banderas, Félix Rivero, de actor de fama internacional que ha participado en varias producciones de Hollywood, y Óscar Martínez, Iván Torres, actor argentino, de maestro de actores, de lo más auténtico en representar papeles. Todos ellos han sido contratados por un empresario multimillonario que quiere dejar como legado una película por prestigio social. Desde el principio se va a producir un choque fuerte de personalidades subidas al máximo. La directora somete a los actores a un duro ensayo donde les hace pruebas de todo tipo antes de comenzar el rodaje. 




Este periodo de ensayos sometidos a los dictados de la directora es el desarrollo de la película. En ellos se van a producir numerosas situaciones cómicas, a veces dramáticas, y otras violentas, protagonizadas por los dos actores principales. Cada uno representa un mundo diferente, a pesar de trabajar en el mismo medio. Uno, Félix Rivero, como actor de producciones cinematográficas dedicadas a entretener. Su vida de hecho, está sometida a su propia fama. Lujoso vestuario y continuos cambios de pareja. Otro, Iván Torres, es maestro de actores, y el mismo actor, principalmente de teatro, que se inició en la interpretación hace muchos años. Muestra una depurada técnica de representación llena de autenticidad. Han sido elegidos por ser los mejores, pero desde el principio van a chocar por las diferencias radicales entre ellos.




La directora les va a someter a numerosas situaciones para sacar lo mejor frente al papel que tienen que interpretar. Las discusiones por sus métodos serán continuas. Incluso llegará el momento que Félix fingirá que le han diagnosticado un cáncer, que obligará a paralizar los ensayos y adelantar el rodaje. De esta forma, demostrará su credibilidad como actor. Se llegará a plantear que fuera Iván quien interpretara los dos papeles. Otra situación cómica sucede cuando tienen que besar Violeta, que acaba siendo besada por la propia directora para indicarles cómo se hace. Al final, una vez terminados los ensayos, un accidente provocado en una fiesta, hace que la película se ruede sin uno de los protagonistas. Paradojas del destino, que evidencian que en el mundo del cine, siempre triunfan los intereses más materiales, frente a los intelectuales o culturales.