Federico García Lorca es uno de los más grandes escritores de la literatura mundial. Poeta, autor teatral con talento para el dibujo y la música, fue el máximo exponente de la Generación del 27. Tras su asesinato en agosto de 1936, su carrera quedó truncada, pero su obra se mantiene vigente hoy como símbolo de libertad frente al autoritarismo, expresión de un deseo que le causó un verdadero martirio frente a la intolerancia y el fanatismo. Todavía su cuerpo no ha sido encontrado, y dignamente sepultado, en las decenas de fosas de tantos fusilados en el barranco de Víznar al comienzo de la Guerra Civil. No se ha conservado la voz del poeta en ninguna grabación sonora, pero si imágenes de documental y fotográficas, que nos informan del prestigio literario que tuvo en vida, y las extensas relaciones con intelectuales y políticos del momento, sobre todo comprometidos con el proyecto de la Segunda República. Tal vez fue la razón de su destino trágico, que un grupo violento fascista inserto en la sociedad conservadora de Granada, fuera intencionalmente a asesinarle, sin poder mediar las súplicas para dejarle con vida.
El legado del poeta granadino se encuentra en la base de la película, LA BOLA NEGRA, escrita y dirigida por Los Javis, sobre una obra de Alberto Conejero, que muestra en tres tiempos de nuestro pasado, la continuación de una pieza teatral de Lorca, de ese título, donde su principal personaje era un joven homosexual de buena familia, la primera vez que el poeta trataba de forma directa este tema en la Granada de 1932; la relación de Rafael Rodríguez Rapú, herido y prisionero de los militares sublevados en Santander con un joven soldado, primero en 1937 y luego en 1939; y la investigación que hace su nieto del legado en forma de documentos de ese soldado en 2017. Las tres historias se cuentan fragmentadas de forma paralela hasta su resolución. Carlos, en la primera, es ese joven que es discriminado para entrar en el casino de Granada porque las habladurías le califican como homosexual, y por ello, recibe una bola negra, la negativa de ese rancio grupo de hombres y religiosos a esta institución. Una historia que llega hasta el inicio de la Guerra Civil, donde las metáforas literarias se mezclan con un pasado convulso.
La segunda historia es la de Sebastián, un joven campesino y músico de un pueblo de Santander, que es enrolado en el ejército sublevado, tras escapar indemne de él tras ser bombardeado por la aviación italiana. Descubrirá su homosexualidad cuando tenga que ocuparse de un prisionero especial, un teniente republicano, desesperado por encontrar su muerte. Le están intentando hacer confesar, pues creen que es un personaje importante, y le tratan de recuperar de las heridas para luego fusilarle. Sebastián acabará enamorado de él, y Rafael, le contará que tuvo como amante al mismo Lorca tras conocerse en La Barraca, de la que era secretario. Por ello porta un poema de su mano que le dio cuando se despidieron antes de que se fuera de Madrid a Granada contra su voluntad. Además, le pide que entregue a su familia una carta de despedida y recupere la última obra de teatro que escribió el poeta malogrado. En el tercer episodio, su nieto, historiador, y también homosexual, recibe tras su muerte como legado, esa carta y la obra de teatro, que le informan de la personalidad de su ancestro, hasta ahora desconocida para su misma madre a la que abandonó embarazada.
Las tres historias que nos remiten a la Guerra Civil y a la derrota de los postulados de la democracia republicana, de la libertad, la igualdad y no discriminación por el fascismo de los militares sublevados, ya de por sí valiosas, se articulan con un excelente lenguaje audiovisual, a través de variedad planos y movimientos atractivos de cámara, que hacen cada secuencia un conjunto sólido y novedoso ante el espectador. Además, se complementa con imágenes cuidadas de luz y textura en una magnífica ambientación y puesta en escena, reforzadas por una música que amplia su impacto emocional intenso. La película, de esta manera, se hizo justa merecedora del Premio a la mejor dirección en el pasado Festival de Cannes, y una carrera de galardones todavía por recibir.





















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