La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando presenta la exposición, MADRID EN EL SIGLO DE ORO. CRISOL DE DESTINOS Y DESEMBARCO DE GENIOS, que reúne unas 70 piezas del periodo, que incluyen pinturas, esculturas, dibujos, documentos, libros, monedas, textiles, mobiliario y artes decorativas, para ilustrar el esplendor cultural en la ciudad durante los siglos XVI y XVII, sobre todo, desde 1561 cuando Felipe II la convirtió en la capital de la Monarquía Hispana. Si en 1500 la ciudad tenía unos diez mil habitantes, un siglo después, cien mil. Allí se trasladaron todo tipo de gentes, desde los artesanos, hasta la alta aristocracia, pasando por comerciantes y banqueros. Además, no faltaron renombrados escritores y artistas junto a científicos. La exposición en general es modesta, ante la imposibilidad de reflejar tan amplia y variada época. Aparece organizada en distintos apartados: el primero se refiere al mismo concepto, creado por los ilustrados del siglo XVIII, y luego su perduración hasta la actualidad.
El segundo espacio se dedica a Madrid como centro de un imperio plurinacional que se extendía por tres continentes. La corte ejerció su atracción para gentes con la intención de prosperar procedentes de todos los lugares. En ella se concentraron los sitios reales: el Alcázar, donde se asentaba el gobierno; El Escorial, Aranjuez, El Pardo y la Zarzuela. Combinaban lugares de representación y de ocio cinegético. Nos hacemos una idea de los mismos a través de pinturas y maquetas. Destacaron los reyes, Felipe II, Felipe IV y su mujer, Isabel de Borbón, y el que fuera poderoso valido, el conde-duque de Olivares, de los que se muestran interesantes pinturas. La corte madrileña, y en general, la maquinaria del imperio, necesitaron de los ingentes recursos que provenían del comercio, del oro, y sobre todo de la plata de las minas americanas. Las monedas, que podemos conocer en la exposición, fueron elementos esenciales de cambio. En la región también se asentaron banqueros y comerciantes extranjeros, portugueses, alemanes y genoveses, que sustentaban las necesidades de la corona. En compensación se establecieron aquí y recibieron prebendas y privilegios.
En la ciudad llegaron igualmente científicos y matemáticos, cuyos tratados se difundieron en aquella época. El teatro fue uno de los espectáculos más importantes cuyos ingresos sirvieron para la asistencia social. Las calles, entonces, se convirtieron en una fiesta llena de celebraciones, algunas de ellas han pervivido hasta la actualidad. Mostraron el poder de la monarquía y la jerarquía social, la unión entre ocio y religión, entremezclando realidad y ficción. El último espacio, el sexto, de dedica al arraigo y al mantenimiento del icono cultural, de lo que representó el Siglo de Oro, desde su autoconciencia en la misma época por medio de Lope de Vega, hasta los escritores de la Generación del 27, y de nuestra época reciente.








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