LA FOTOGRAFÍA DE HELEN LEVITT


 

La Fundación Mapfre de Madrid presenta la exposición, HELEN LEVITT, un recorrido por la trayectoria completa de esta fotógrafa estadounidense, a través de nueve secciones y alrededor de 220 imágenes. Una artista nacida en Nueva York de familia ruso-judía, a quien no le gustaba viajar sino centrarse en la los barrios más humildes de la Ciudad de los Rascacielos donde se formó y residió. Sus primeras fotografías se fechan de la década de los treinta, aunque ella mantiene su estilo peculiar casi durante toda su carrera. Sus fotografías no llevan título y su datación es aproximada. Trabajaba en la calle y captaba a sus gentes que hacían su vida a la puerta de su casas o cerca de los comercios. Se la denominó como fotógrafa de niños, aunque su espectro es más amplio; son las gentes en general situadas en distintos planos, interactuando unas personas con otras, o relacionados con algún elemento del paisaje urbano significativo. En un principio le influyó Henry Cartier-Bresson y la mirada surrealista, para crear imágenes en apariencia espontáneas y simpáticas, pero en el fondo ambiguas y enigmáticas, captadas con un realismo descarnado.



Gran parte de su obra es en blanco y negro, realizada con una cámara Leica, aunque a partir de finales de los años 50, empieza a utilizar el color. Un color brillante que resalta de unas imágenes nítidas para las que parece no ha pasado el tiempo; unas imágenes hoy icónicas, todas presentes en la exposición. Unas enmarcadas y otras proyectadas en forma de diapositivas, una de su forma preferida de dar a conocer su obra. En ellas llama la atención los encuentros paradójicos, los contrastes semánticos: niños que escalan una puerta decorada con columnas; una mujer gruesa encajada en una cabina telefónica con sus hijos pequeños; juegos interminables de niños en grupo o solitarios en las aceras y entre los coches aparcados; los grafitis escritos y pintados con tiza. La gran ciudad, por tanto, está llena de vida, no solamente en el interior de las modestas casas, sino en la calle, que se convierte en arte bajo la mirada original de Helen Levitt, que descubre con la cámara, convertida en un auténtico bisturí, una realidad superior, oculta que nos sorprende.



En los años cuarenta realizó con una amiga un viaje a Ciudad de México, bajo el ejemplo de Cartier-Bresson, el único que realizó al extranjero, donde supo captar desde su mirada personal las realidades sociales más crudas. La fotografía en color la ocupó durante las décadas de los sesenta y setenta. Desde  finales de la misma, volvió al blanco y negro, para situar su escenario en el metro de Nueva York.  Después, la artista siguió fotografiando de forma intermitente hasta principios de los años noventa, tanto en la ciudad como fuera de ella. Levitt, también se interesó por el cine, y dirigió el documental The Quiet One y codirigió, In the Street, sobre las calles del Harlem hispano, que prologaban en imágenes en movimiento aquello que había captado en fotografías. Unas obras que serían muy influyentes para el cine realizado por artistas como John Mekas y Andy Wharhol.




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