La educación está en la base de la libertad del ser humano. Tener capacidad de leer o escribir en un primer paso, te permite la capacidad de aprender a un nivel superior, por ti mismo o a través de una fuente de conocimiento. A partir de este paso, puedes desarrollar una mejor comprensión de la sociedad y de las opciones tanto laborales como políticas. La falta de una buena educación fundamenta la desigualdad, la servidumbre frente a la propiedad y los grupos de dominación. Por ello resultó revolucionario que los hijos de los campesinos a partir del siglo XIX, tuviesen obligatoria la asistencia a la escuela. Paralelo a la industrialización y el desarrollo de las ciudades, aquellos niños que tenían como objetivo ayudar a sus padres en las labores del campo, pudieron formarse y abrir sus mentes a nuevos horizontes y planteamientos en la vida. Llegarían en el futuro a cuestionarse, de esta manera, el orden social y ser conscientes de las injusticias de su tiempo.
La película, LA PRIMERA ESCUELA, escrita y dirigida por Éric Besnard, cuenta los obstáculos y vicisitudes que tiene que superar la maestra Louise Violet para enseñar en un remoto pueblo de la campiña francesa. Por aquella época, se impone por el Estado, la enseñanza obligatoria. Así, los ayuntamientos deben propiciar esta política. Louise es enviada desde París a este lugar, que no tiene ni edificio propio para los niños. Así que tiene que utilizar una espacio hasta el momento dedicado a establo y pajar. Allí, igualmente, residirá con muchas incomodidades. Se encuentra en la misma casa del alcalde, que es a la vez, lugar de reunión de los pocos vecinos. La primera dificultad será convencerles de que envíen sus hijos a la escuela, a lo que se oponen; luego, el rechazo de muchas mujeres ante sus ideas, pues ella es una mujer independiente que en los ratos libres escribe cartas y realiza fotografías. El apoyo del alcalde, un hombre analfabeto, que vive sin pareja con su madre y una hija, será fundamental.
Tras muchas reticencias, la escuela se llena de niños y niñas del pueblo, salvo uno que sus padres no quieren y prefiere aprender el oficio de carpintero. El propio alcalde empieza a aprender a leer y escribir. Tal éxito llevará a que se construya un edificio para la escuela. Pero la felicidad dura poco. Los aldeanos se enteran progresivamente de los secretos de la maestra: ella participó en los sucesos de la Comuna de París y estuvo diez años presa antes de ser maestra. Más en privado confiesa que su marido y sus hijos murieron a manos de los soldados que quemaron sus casa. Ella se ha propuesto ahora, cambiar la sociedad a través de la educación, una forma igualmente revolucionaria. Sin embargo, percibe el rechazo de las mujeres del pueblo. Coincide con que la nueva escuela se quema. Piensa irse a otro destino, pero rectifica cuando averigua que ha sido el niño que le acosaban y sus padres le impedían estudiar. Al final, todo vuelve a la armonía, y ella, que mantiene su independencia ante las pretensiones del alcalde de ser su pareja, regala libros ilustrados a los alumnos en la última escena, exaltando el valor de las palabras y el conocimiento para ser libres.



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