El Centro Cultural Conde Duque presenta la exposición, YO FUI A EGB, que reúne un variado número de objetos, desde revistas, tebeos, muñecos, radiocasetes, teléfonos, fotografías, juguetes, un plató de televisión, hasta reproducciones de cocinas y salones de las viviendas, la fachada de un quiosco de prensa, un ultramarinos y un bar de la época. Un periodo comprendido entre comienzos de los años setenta y noventa del siglo pasado, relacionado, según el título, con el tiempo que estuvo vigente la Educación General Básica, el equivalente a la Primaria y parte de la Secundaria Obligatoria actual. Correspondió al final del Franquismo, la Transición política y parte de la democracia. Una época que la exposición nos retrata a través de unos elementos significativos, productos de consumo o programas de televisión que fueron mayoritarios por únicos en un mundo totalmente analógico, sin que todavía existiese para el gran público la red de Internet, ni los ordenadores, ni los móviles, que hoy protagonizan nuestra vida, y tanto la están cambiando, porque los objetos e imágenes de consumo aluden a costumbres que hoy ya no existen o se han modificado.
La exposición ha sido prorrogada por el éxito de público, aunque el espacio que ocupa no es excesivo para tanta demanda y una época, unos 20 años del siglo XX, que tiene muchos más matices de los que recoge. Los más antiguos provienen de los años sesenta, de primer desarrollo del consumo en nuestro país tras la posguerra. Lo podemos concretar en la tienda de ultramarinos, un comercio que hoy ha desaparecido, sustituido por las grandes cadenas del comercio de proximidad. Algunos de sus productos los encontramos expuestos como el papel higiénico, Elefante o el jabón de manos, Heno de Pravia. También están desapareciendo los quioscos de periódicos, revistas, y muy importantes los cómics y tebeos para niños y jóvenes. Muchos juguetes y personajes de la televisión sirven para retratar, de igual manera, una época: el muñeco de Espinete o Mazinger Z, los Juegos Reunidos, los álbumes de cromos, y un largo etcétera. La televisión española solamente tenía dos canales, y era la principal pantalla en aquella época de las viviendas, así ciertos programas de éxito se convirtieron el emblemáticos como el Un, dos, tres, cuyo plató se reproduce en la muestra. Los veranos de la niñez se representan con las típicas bicicletas.
Un capítulo especial se dedica a las viviendas de la clase trabajadora, sobre todo, en la reproducción con su mobiliario de las cocinas y los salones donde se reunía la familia tradicional. La peculiar decoración nos traen recuerdos a todos los integrantes de la generación boomer y siguiente, aquellos que fueron niños en aquel periodo. Un periodo donde se produjeron rápidos cambios tanto políticos como sociales y económicos, pues el país se fue equiparando al nivel de vida europeo, y así en los años ochenta, se produjo una modernización de las costumbres y las tendencias del consumo. Observamos, de este modo, la imagen de Madonna o de Alaska, y otros actores y músicos de los años ochenta, con un cambio de vestuario y de estilos de música. Por otra parte, en la exposición se reproduce el interior de una escuela, ya en los mismos años cuando se habían sustituido los pupitres por mesas individuales, llenas de libros y utensilios obligatorios como el pegamento, los borradores y la plastilina. Un proyector de diapositivas que hasta hace bien poco se seguía empleando, contrasta con un potro de gimnasia y unas cartillas de caligrafía más antiguas.
Nuestro mundo ha cambiado profundamente en el siglo XXI, y muchos objetos y costumbres han desaparecido y transformado. La revolución digital, Internet y los móviles, ahora la AI; la globalización y la diversidad cultural en nuestros barrios; la democracia y el respeto a nuestros derechos humanos, contribuyen a ello. Una mirada hacia atrás nos traen imágenes de nuestra niñez en el pasado, nos hacen conscientes de a donde se dirige el futuro.
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