Uno de los problemas más relevantes de la Iglesia católica actual es el de los abusos contra menores cometidos dentro de su seno. Un problema que viene de muchos años atrás y que se ha venido alargando en el tiempo por la impunidad que han tenido sus protagonistas, a causa del silencio y encubrimiento ejercido por las autoridades eclesiásticas, que prefirieron trasladarles de ubicación en muchas ocasiones. Para tomar consciencia y reparar a las víctimas, se han hecho prolíficas investigaciones en distintos países que han aflorado miles de casos desde hace más de cincuenta años. Hoy se han impuesto, incluso desde el papado, rigurosos protocolos para hacer aflorar las denuncias contra eclesiásticos y ponerlas en manos de la justicia, no sin reticencias y obstáculos a la hora de la asunción de responsabilidades de aquellos que tuvieron conocimiento de los casos y los encubrieron. La película, LA LUZ, escrita y dirigida por Fernando Franco, cuenta el caso de un sacerdote que abusó en el pasado de tres de sus alumnos, y atormentado, confiesa públicamente los hechos a la vez que denuncia a las autoridades eclesiásticas.
Manuel que dirige una parroquia en el norte de España piensa abandonar el sacerdocio y hacer una nueva vida con un feligrés amigo suyo. Hace más de treinta años que fue trasladado desde el sur, al abusar de tres de sus alumnos. En privado, vive atormentado por los hechos, y trata, en secreto su inclinación pedófila. Le llama la atención que no logra de las autoridades el permiso para colgar los hábitos, hasta que descubre que ha sido denunciado por una de sus víctimas, por lo que decide pedirles perdón personalmente. Una de ellas, no quiere saber nada; otra, le reafirma que siendo en su momento el número uno de la clase, hoy sufre todavía las consecuencias sin haber podido desarrollar sus capacidades. Del tercero, se había olvidado, pero se entera, a través de la prensa, que se había suicidado. El obispo le aconseja que deje pasar el tiempo, y que la burocracia canónica por un lado y la parte civil por otro traten a su modo el caso, sin incrementar el escándalo, que seguramente se verá encauzado.
Sin embargo, el protagonista, decide confesar y arrepentirse ante los fieles de su parroquia de los hechos, para los que lee su diario de aquella época que todavía conserva, a la vez que denuncia las decisiones de la Iglesia y del colegio religioso, que cuando supieron de los hechos, simplemente le encubrieron y le trasladaron lejos. El piensa que la mejor solución para los casos de pederastia como el suyo es ponerlos en conocimiento de inmediato y asumir las consecuencias. De esta manera, él aparece también en televisión con esa pretensión. Las consecuencias son inmediatas y es expulsado del sacerdocio. Sin el trabajo en la parroquia, fuera ya de la Iglesia, vuelve a su pueblo con su madre. Espera la justicia penal con la pretensión de declararse culpable, sin perder la fe religiosa. Lo que no espera es que ahora los vecinos le consideran una persona peligrosa, y el final será trágico.



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